El enigma del papel de la conciencia
en la realidad cuántica sigue vigente
Desde la revolución cuántica,
la Física apunta a transformarse en una Ontología
científica
Desde
que, hacia 1930, nació la sospecha de que el observador
consciente jugaba un papel en la definición de la
realidad cuántica, la comunidad de los físicos
ha estado oscilando entre (minoritariamente) atreverse a
transgredir el materialismo oficial, aunque sin aportar
una argumentación metacientífica -es decir,
filosófica- lo sufucientemente sólida, y (mayoritariamente)
esconder el problema, el "enigma cuántico",
debajo de la alfombra. Cuando se cumple un año de
la publicación por Tusquets de la traducción
española de "Quantum enigma. Physics encounters
consciousness", de Bruce Rosenblum y Fred Kuttner,
en necesario ahondar en las consecuencias ontológicas
de las paradojas del mundo subatómico.
Por
José Luis San Miguel de Pablos.
Tendencias21
/Onda-Partícula.png)
Imagen ilustrativa de la dualidad onda-partícula,
en la que se puede ver cómo un mismo fenómeno
puede tener dos percepciones distintas.
Fuente: Wikimedia Commons.
Se
ha cumplido un año de la publicación por Tusquets
de la traducción española de Quantum
enigma. Physics encounters consciousness, de Bruce Rosenblum
y Fred Kuttner. Estos dos autores -físicos de la
máxima cualificación que trabajan en la Universidad
de California- han decidido romper el acuerdo tácito
existente en la comunidad de los científicos cuánticos,
de no ahondar en las consecuencias ontológicas (y
no sólo "a todos los efectos prácticos")
de las paradojas del mundo subatómico.
Aunque
el enigma cuántico ha ocupado a los físicos
durante ocho décadas, sigue sin estar resuelto. Puede
que nuestra formación y nuestro talento como físicos
no nos conviertan en profesionales especialmente cualificados
para su comprensión. Por eso, aunque nos cueste,
debemos abordar el problema con modestia.
La interpretación de lo que ocurre en la frontera
donde la física sólida se difumina es objeto
de debate entre los físicos que la han abordado en
serio
Y es innegable que la física se ha encontrado
con la conciencia. Según las interpretaciones más
al uso, dicho encuentro no tiene por qué convertirse
en una relación. No obstante, ninguna interpretación
lo evita.
Así
lo expresó el premio Nobel Eugene Wigner: "Cuando
el dominio de la teoría física se amplió
para abarcar los fenómenos microscópicos mediante
la formulación de la mecánica cuántica,
el concepto de conciencia saltó de nuevo a la palestra.
No era posible formular las leyes de la mecánica
cuántica de manera plenamente consistente sin ninguna
referencia a la conciencia."
Aun
así, el estamento físico no acepta que el
estudio de la conciencia misma esté entre sus competencias.
Y con buen criterio. La conciencia está demasiado
mal definida, demasiado sesgada emocionalmente. No es de
la clase de cosas de que nos ocupamos los físicos.
Pero la discusión de la relación entre mecánica
cuántica y conciencia es ineludible. (El enigma cuántico,
p. 19)
Estudio
de la conciencia desde la física
Acerca
del enigma a que se refieren Rosenblum y Kuttner casi todo
el mundo "ha oído campanas"
como
si se tratara de un secreto de familia que nadie puede impedir
que salga a la luz, por más que se le intente silenciar
o quitarle importancia. De lo que, en definitiva, se trata
es de las implicaciones del célebre papel del observador
en la definición de los modos de realidad física
(¿onda
o partícula?) o hasta de la realidad objetiva
misma (colapso
observacional).
A
partir de ahí, los autores insisten en que el encuentro
con nuestra dimensión subjetiva, con la conciencia
-o mejor, consciencia- es de todo punto ineludible en física
cuántica. Los sorprendentes experimentos que se proponen
y realizan para verificar sus postulados no dejan escapatoria:
"nosotros", los observadores conscientes, somos
decisivos en orden a la definición de lo que es real
a nivel cuántico. Y la interpretación-actitud
de Copenhague no pasa de ser, aseguran, un intento voluntarista
de contornear un problema que es altamente perturbador a
la hora de conducir investigaciones orientadas a objetivos
prácticos.
Ahora
bien, la frase arreglalotodo "funciona y basta"
deja de tener sentido una vez que los efectos cuánticos
más alucinantes (superposición
de estados, entrelazamiento,
indescernibilidad ontológica en el condensado Bose-Einstein
)
se ponen de manifiesto también a escala macroscópica.
Productos
mediáticos como la película ¿Y
tú qué sabes? han sido negativos para
el desbloqueo del "tema prohibido" que se aborda
en el libro. Porque si bien pudo llamar superficialmente
la atención del público, la ínfima
calidad del film y el batiburrillo de ideas delirantes que
contiene han contribuido, más que nada, a reforzar
los prejuicios. Muy diferente es el caso de obras de calidad,
como El
Tao de la Física, de Fritjof Capra, o "Física
y Vedanta", del profesor Charan Panda (Universidad
de Orissa, India), libro este último cuya traducción
española acaba de publicar Etnos y que he tenido
el placer de llevar a cabo.
La
falsa solución de la decoherencia
La
penúltima moda supuestamente resolutoria (o más
bien "disolutoria") del enigma, la basada en la
decoherencia,
no es un hallazgo tan brillante como algunos creen.
Quienes
piensan que las interferencias múltiples de las realidades
del nivel cuántico con las del mundo macroscópico
bastan para operar la reducción de lo indefinido
a definido y de lo ubicuo a localizado, no tienen en cuenta
dos cosas: 1) que al final de toda cadena de interacciones
(con el instrumental y sus partes, etc.) siempre hay alguien
observando... Los contadores Geiger y demás aparatos
no son ojos, sino dispositivos artificiales que se limitan
a extender la potencia de los ojos auténticos, los
cuales -conviene recordarlo- no son, a su vez, nada más
que unos delicados dispositivos naturales que transmiten
imágenes al foco de consciencia del individuo, que
es lo que verdaderamente ve.
Y
2) que las interacciones múltiples que originan,
se supone, la reducción al nivel clásico por
decoherencia, no pueden ser causaciones clásicas
-es decir, "influencias" y "rozamientos"
varios -como algunos autores parecen querer dar a entender-
sino que tendrían que ser necesariamente condicionamientos
cuánticos, esto es, observaciones, o quizá
nociones de presencia, mucho más básicas que
lo que entendemos por "observación" (dicho
en otras palabras, la solución a la famosa paradoja
del gato de Schrödinger podría ser que el
propio gato, con su noción gatuna del entorno, fuese
el que redujera la superposición de estados a uno
solo, mucho antes de que el físico "cartesiano"
se dignase abrir la caja).
"El
papel de la consciencia -insisten los autores de El enigma
cuántico- es imposible de suprimir ni de obviar en
el nivel cuántico. Es justamente en esto en lo que
consiste el enigma." Pues bien, después de leer
y releer este libro, y de haber traducido Física
y Vedanta (cuyo título original es Maya
in Physics una idea se me ha ido imponiendo, una idea
tenaz que razonablemente no puedo rechazar y que deseo compartir.
Ubicua
consciencia
¿Y
si la consciencia no fuese algo excepcional -esa "rara
emergencia"
- sino realidad ubicua? ¿Y
si esa extraña "propiedad" de los organismos
superiores, no fuese eso exactamente, sino una dimensión
cósmica que centra o focaliza el "órgano
mágico" llamado cerebro?
Esta
idea no es, por lo demás, original en absoluto. Me
la he estado encontrando, negro sobre blanco, todo el tiempo
que he estado traduciendo Maya in Physics. Es de hecho una
convicción que asumen, hoy en día, millones
de personas: todos los seguidores de la corriente más
metafísica del hinduísmo. Y la hizo suya,
por cierto, Erwin
Schrödinger.
El
misterio de la consciencia es, en efecto -y a esto se refieren
también Rosenblum y Kuttner - inseparable del enigma
cuántico, por distintas que sean las dos cosas. Y
hasta es posible que si alguien supiera definir rigurosamente
la consciencia, el enigma cuántico se desvanecería.
Pero
viviéndola nadie sabe definirla. Sí
que se ha logrado, al menos, formular de manera clara el
problema fuerte que su misma existencia y su "producción"
por el cerebro plantean.
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Lo
ha hecho David
Chalmers, que sigue profundizando incansablemente
en el tema y lanzando interesantes propuestas desde
el Consciousness Center de la Universidad Nacional
de Australia, que él dirige. Y nos lo ha recordado
hace pocas semanas la neuróloga británica
Susan
Greenfield en una entrevista diario La Vanguardia
(La Contra, 22/06/2011):
El
gran misterio es: ¿cómo ese pedazo
de carne que es el cerebro consigue generar consciencia?
Ni siquiera somos capaces de imaginar qué esperamos
obtener como respuesta a esta pregunta
¿una
fórmula? ¿una imagen? No sabemos.
Ni idea.
La
concepción de lo Divino impersonal en la corriente
hindú Advaita es pertinente en relación
a esta cuestión, aparte de ser -reconozcámoslo-
impresionante en su escueta sencillez. Dice Charan
Panda:
La
Vedanta afirma que Brahman es Conciencia Pura. ¿Es
la conciencia un atributo de Brahman? (
) La
Vedanta Advaita no acepta en absoluto semejante idea.
Un atributo es algo que posee un objeto, y no puede
haber atributo sin objeto que lo posea. Esto es verdad
para cualquier cosa que haya sido producida, pero
deja de serlo cuando se trata de la Realidad primaria
y fundamental. La Vedanta Advaita afirma que Brahman
es Conciencia Pura y que no es ningún objeto
que posee un cierto atributo, para el caso, la conciencia.
(pp. 266-267)
|
/Enigma_Cuántico.png) |
Y
un poco más adelante:
Manu
opina que la existencia de Brahman no puede ser demostrada
por caminos lógicos, y que, en este sentido, Brahman
es incognoscible (avijñaya). (
) Y sin embargo,
las escrituras sagradas hindúes nos señalan
que sí es posible conocer a Brahman. La posibilidad
de conocer algo (lógicamente) incognoscible parece
una absoluta contradicción, pero no lo es.
El
fondo de uno mismo es Brahman. Y no hay nada más
que ese fondo absoluto de uno mismo, el ser de Sí
Mismo. Y el ser propio, es decir, Uno Mismo, es experimentado,
vivido, sin mediación alguna. Se trata, pues, de
"experiencia inmediata". Brahman es
Uno
Mismo, esa conciencia (absoluta) de la que cada individuo
tiene experiencia directa, ¡sin mediaciones que valgan!
(pp. 275-276)
Transgredir
el materialismo oficial
Desde
que, hacia 1930, nació la sospecha de que el observador
consciente jugaba un papel en la definición de la
realidad cuántica , la comunidad de los físicos
ha estado oscilando entre (minoritariamente) atreverse a
transgredir el materialismo oficial, aunque sin aportar
una argumentación metacientífica -es decir,
filosófica- lo sufucientemente sólida, y (mayoritariamente)
barrer el problema, el enigma cuántico, debajo de
la alfombra.
"La
consciencia en cuanto tal no es un tema de la competencia
de los físicos", dicen Rosenblum y Kuttner.
Tienen razón. Pero su mismo libro nos demuestra que
los físicos no son -y además no es deseable
que sean- sólo físicos. Y nos empuja a defender
con el máximo vigor la necesidad de los investigadores
transdisciplinares, unos "especialistas" que si
no existen ya en mayor número y juegan ya un mayor
papel es simplemente porque el Mercado ("los mercados")
no los valora. O más bien los valora negativamente,
siendo así que su presencia social relevante contribuiría
grandemente a cuestionarlo y a debilitar su poder
Pero dejemos este tema, que es desde luego harina de otro
costal.
¿Qué
podrían aportar los noólogos a la resolución
del enigma cuántico? Antes de esbozar cualquier respuesta,
digamos que debe ser por una buena razón por la que
la física del nivél básico, la cuántica,
nos da este "pequeño aviso" referente a
la consciencia. Algo tendremos que entender por ese lado
Como que la metodología de la aproximación
cognitiva a la consciencia no puede ser la misma que la
que, históricamente, ha suministrado la física
a las ciencias "objetivas", y sobre cuya base
se ha construido el método científico.
Lo
inmediato no puede ser conocido del mismo modo que lo que
necesita mediación, y esto explica el azoramiento
de los científicos cuando tocan el tema de la consciencia:
su estricto monismo metodológico les atenaza, impidiéndoles
tratar con naturalidad algo para lo que su método
simplemente no sirve.
Como
nos recuerda Panda, lo inmediato no se demuestra, dado que
cualquier demostración carece entonces de sentido.
¿Se llama esto misticismo? Sí, seguramente
Y es, al final, el único camino válido para
tratar con la consciencia, en serio y desde dentro. No objetualizándola,
lo que implica perder de vista su esencia (como el científico
daltónico que "sabía mucho de los colores"
sin haber visto jamás ninguno). Pero se trata de
un misticismo rompe-esquemas, "muy normalito",
que consiste simplemente en ver lo que es ser consciente.
No en "pensar acerca de ello", sino sólo
en percatarse de esta luz, vivida a cada instante, de
ser. Esta sencila meditación es, por supuesto, a-religiosa.
Y no podría ser de otro modo, porque, lejos de la
retórica manipuladora con que envuelven el término
los confesionalismos, la mística auténtica
no es sino un aspecto más de la vida (y de la Vida,
claro, también).
Pero,
se objetará, el profesor Charan Panda pertenece a
una confesión religiosa, el hinduísmo. Es
verdad, y él hace gala de ello de la primera a la
última página de Física y Vedanta.
Conviene tenerlo en cuenta, pero el que sea así no
reduce el interés de lo que expone, que se refiere
a cómo concibe la relación entre el absoluto-conciencia
y el absoluto-divinidad una tradición como la védica,
más interiorista que revelacionista. Es como relación
de identidad, tal como acabamos de ver.
La
Física como Ontología científica
Volviendo
al tema del artículo ¿aporta o no algo, finalmente,
en el aspecto estrictamente científico, la aproximación
directa a la consciencia
, algo que contribuya a esclarecer
el enigma cuántico? Pienso que sí. Aporta
una certeza fundamental: que la consciencia es. Que es SER.
El cógito de Descartes, la meditación cumbre
de las Meditaciones, al ser vivenciado y constatado introspectivamente
por un gran número de personas, deviene público
en cierto modo. Y es, de paso, liberado del superfluo "pienso",
que no hace sino desviar la atención de la auténtica
constatación esencial y simplicísima: soy.
Pero
¿en qué puede esto contribuir a desentrañar
el enigma cuántico? Veamos
La base última
accesible de la fysis ES. Y está, además,
indisolublemente entrelazada con algo, la consciencia, que
también ES
Un encuentro, pues, con o? ("on",
ser) por dos caminos distintos. Procede, llegados aquí,
plantear otra pregunta: ¿y si la Física, mucho
más claramente desde la revolución cuántica,
apuntara (sin que ni siquera lo sepa la inmensa mayoría
de los físicos) a transformarse en Ontología
científica, movida a ello por la vocación
irrenunciable de esa Philosophia Naturalis que en el fondo
siempre ha sido? Ahora bien, si, como decía Aristóteles,
el ser es uno pero se dice de muchas maneras, a él
se llegará sin duda por diferentes caminos
,
dos al menos, con un seguro punto de convergencia: aquel
donde -como titulan Rosenblum y Kuttner un capítulo
de su libro- "el misterio se encuentra con el enigma".
Si
esta conjetura va bien encaminada, la sorprendente implicación
de la "consciencia observante" en la definición
de lo que es real en el mundo cuántico -un hecho
que constituye justamente el enigma que da título
al libro que comentamos- nos estará hablando de la
no-escisión del Ser en sujeto (subjetividad) y objeto,
a niveles profundos. Algo que intuía Jung al postular
la existencia de un UNUS MUNDUS, de un plano-sustrato en
el que el "espíritu" y la "materia"
no están diferenciados.
Es
en ese sentido en el que entiendo que la hipótesis
de una "conciencia ubicua" con focalizaciones
múltiples, los seres -la intuición paralela,
en suma, de Brahman y el Alma del Mundo- puede permitir
entender racionalmente -aunque no al modo racionalista-
el gran enigma que nos mete, a nosotros mismos, dentro del
experimento cuántico.
El presente artículo de José
Luis San Miguel de Pablos hace referencia, en primer lugar,
al libro El enigma cuántico (Bruce Rosenblum y Fred
Kuttner, Tusquets Metatemas, 2011), y secundariamente a
Física y Vedanta (Charan Panda, Etnos, 2011). Véase
asimismo el capítulo 18 ("El encaje de Nous
y Fysis") del libro del autor "Filosofía
de la Naturaleza. La otra mirada" (Kairós, 2010).
José
Luis San Miguel de Pablos.
Jueves 10 Noviembre 2011