A los indignados
en un mundo de quimeras.
La
primera revolución no es contra los gobernantes,
ni los acreedores ni los esclavizadores. La primera
revolución es contra uno mismo.
J. Krishnamurti, 1966
Francisco Bascuñán
Walker
Octubre2011
Es fácil comprender porque estamos indignados, cansados
y escépticos de promesas y frases vacías.
Nos han esclavizado con créditos, con juguetes electrónicos,
con programas basura. Hasta nuestros más profundos
sueños son parte del hipnotismo, soñamos con
más de lo mismo
más dinero, más
y mejores cosas, más coberturas de salud y seguros.
Nuestra mente está atrapada en este mundo de quimeras
y sólo tenemos reflejos fugaces de la verdad frente
a la muerte
cuando entendemos que, en cualquier opción,
nos vamos sin nada.
Entonces,
si nos sabemos atrapados, lo mejor que podemos hacer es
tratar de escapar, de huir del sistema, de romper nuestras
cadenas
. Pero cómo, si tanto nuestros gobernantes
como nuestros reclamos parecen no afectar en nada la situación
¿qué hacer para escapar?
Si
observamos nuestra opresión nos daremos cuenta que
no es sólo de cuerpo (créditos, deudas, imágenes
de nosotros mismos irreales e inalcanzables) también
nuestras emociones están dominadas por el miedo (miedo
a no tener), nuestra alma está dormida, sin conciencia
de nuestra esclavitud.
Romper
la esclavitud en cualquier caso significa hacerse cargo
de uno mismo, ya no más amos que velen por nosotros.
Para avanzar en el doloroso camino de independencia y libertad,
necesitamos dar un paso a la vez.
Este
escrito está dirigido a aquellos que decidieron enfrentarse
al carcelero y luchar por salir de donde están atrapados.
Es un instructivo para dirigir tus primeros pasos en tu
revolución interior.
Paso
1. Empuña tu espada y pronuncia una oración.
Para salir de tu prisión debes enfrentarte a tu captor,
no hay otra alternativa, debes luchar. Seguramente piensas
que tu carcelero es muy poderoso y que no tienes alternativa
frente a él, eso no es verdad.... Sólo es
parte de su defensa, él te ha hipnotizado y te ha
hecho creer que es invencible. Enfrentarlo no quiere decir
que vencerás, debes prepararte a luchar y estar dispuesto
a perderlo todo en esa batalla. Tu fuego interior debe estar
añorando librarse de él por sobre todo lo
demás.
Pero no te confundas, observa y descubre tu verdadero enemigo,
porque aunque debes salir de la cárcel y enfrentar
a tu carcelero, puede no ser tu verdadero enemigo, alguien
más está detrás, alguien más
es su verdadero amo.
Pregúntate: ¿cuál es mi prisión
ahora? ¿Y quién mi carcelero?
Debes
identificar aquello que necesitas realmente y velar
por que tu trabajo sea capaz de proveerte de eso. Liberarte
de las necesidades no reales impuestas por los esclavizadores
que te llevan a consumir más allá de tus
capacidades con créditos. EL CREDITO es la forma
más básica de esclavitud moderna.
Acéptate a ti mismo tal cual eres. Gasta sólo
lo que ganes y no más. Lao Tse decía que
el más rico era el que gastaba menos, no el que
ganaba más. Una política individual de austeridad
te conduce a un estado de tranquilidad.
Paso 2. El plan. Para hacer un plan debes comprender
que cada acción tiene una consecuencia, cada decisión
forja un destino. Tu vida ahora es el resultado de tus
propias acciones, Fue tu comportamiento quien te metió
en esta prisión, no hubo mala suerte, solo Tú
en acción.
Deja de reclamar, deja de victimizarte, deja la culpa...
no pienses más en lo que te llevo hasta aquí,
mejor enfócate en el plan, en cómo saldrás.
Cambia tus pensamientos y cambiaras tus hábitos,
cambia tus hábitos y cambiaras tu rutina, cambia
tu rutina y cambiaras tu destino.
Pregúntate:
que pensamientos me condujeron hasta aquí.... Y cámbialos.
No
juzgar ni reclamar. Tanto programa de televisión,
prensa amarillista y farándula nos ha hecho creer
que entre más llamamos la atención, entre
más grito y decir las cosas "tal cual son"
son una virtud. La verdad es que al enfocarnos en los
defectos ajenos lo único que hacemos es perder
energía y alterar nuestra armonía interior.
No reclamar puede ser una disciplina casi imposible en
el día de hoy, pero nos enfoca y nos aleja de la
victimización. Ya no estamos caminando con el rebaño,
juzgando según la opinión de los medios,
repitiendo y repitiendo sin pensar. Victimizarse es abandonar
el camino de las soluciones. Al dominarnos nosotros mismos
dirigimos la energía enfocándonos en caminos
de salidas, más que en buscar culpables de quien
nos metió en esto.
Paso 3. Reúne tus ejércitos. Para vencer
en tu batalla debes juntar fuerzas, debes acrecentar tu
energía. El entrenamiento de tu voluntad es imprescindible,
debes trabajar día con día para fortalecerla.
La voluntad se trabaja como un músculo, elige hacer
algo que te cueste, cualquier cosa que sea moderadamente
difícil para ti. No tan difícil como para
que se lesione tu voluntad ni tan fácil como para
que no sea un entrenamiento. Enfócate en eso y tómalo
como una disciplina personal, diaria, implacable.
Recuerda que la finalidad de tu disciplina no es exterior
sino interior. No va dirigida a su fin, sino a su ejecución.
Es un trabajo de concentración, esfuerzo y sacrificio.
Debes abandonar la dispersión, ella sólo te
puede conducir al fracaso.
Enfócate y llama a todos tus ejércitos a librar
la batalla pero no dejes que la ira te envuelva, más
bien usa esa energía como fuerza para acrecentar
tu voluntad.
Paso 4. La batalla. Tu corazón arde de valentía.
Ha llegado la hora de enfrentar a tu carcelero, párate
frente a él y sin temor míralo a los ojos,
no pierdas tranquilidad, solo míralo y observa que
aunque es poderoso no es invencible y hoy morirá
bajo tu espada. Debes comprender que él es parte
de tu destino, que cumple su tarea y no merece tu odio.
Sabes que La lucha es a muerte, no hay segundo lugar, levanta
tu espada y destruye a tu captor. Hoy al final del día
serás libre, nada más.
Paso 5. Luego de la batalla. Si has vencido, respira
el fresco aire de la libertad. Camina con prudencia y con
tranquilidad planea tu próximo paso. Si has sido
vencido, reúne lo que quedó de tus fuerzas
y con tranquilidad planea tu próximo paso. Nada que
llorar, nada que celebrar, sólo la eterna rueda de
mil batallas que un guerrero debe librar para volver a casa.
Cada
día libramos batallas contra enemigos invisibles,
luchamos contra un sueño impuesto que la sociedad
de consumo quiere hacernos creer que es nuestro propio
sueño.
Cada vez que nos liberamos de una cadena, de un carcelero,
de un vicio, de una deuda, de un afán insensato,
de poseer cositas y juguetes... cada vez que eso pasa
te haces más liviano y más autónomo
podrás descubrir nuevos mundos y nuevos destinos
para tu alma, destinos mejores, mundos más luminosos,
más alegres más llenos de bondad y misericordia.
El camino a la tierra prometida parte en ti mismo, ahora.