Confesiones en Política
-Crisis Política y Estado en Forma-
Francisco
Bascuñán Letelier
Agosto 2011
(609 palabras)
Me encanta la política, no así los partidos
políticos.
Como
toda obra humana, su resultado es el reflejo de sus creadores.
Si
deseo llevar a cabo una obra de teatro, elijo los actores
adecuados: respetables, idóneos y capaces para su
realización. También, si se quiere construir
una obra de ingeniería, digamos: un puente, elegimos
profesionales y trabajadores competentes, que posean conocimiento
sobre el tema, que puedan hacer equipo, etc. De actuar en
forma diferente, la obra de teatro será un desastre
y el puente si no se cae va a pasar raspando. De hecho,
no hace muchos años atrás, construyeron un
puente con dos pilares en circunstancias que estaba diseñado
con tres. Literalmente le sacaron un pilar. Obvio, el puente
se cayó. ¡Qué escándalo! era
que no. Nadie preso por su puesto.
Los
partidos políticos no son una excepción. Para
formar parte de un partido político, y para ser elegido
representante del pueblo, entra cualquier persona sin preparación
alguna, donde pareciera que la ignorancia y la frescura,
fuese parte connatural, inmanente e insustituible, de ese
pueblo que pretenden representar, lo que no podría
estar más alejado de la realidad. Las puertas de
entrada de los Partidos Políticos no tienen ninguna
restricción, y así, un sujeto ya adentro,
considerado formalmente como 'político', no se auto
exige para lograr excelencia. Sucede algo muy parecido a
una barra de fútbol, que mientras más brava
mejor; que el equipo juegue bien o mal, da lo mismo; la
cosa es que gane de cualquier forma.
Considero
que el principio fundamental de un Partido Político
debiera ser el de contar con un idea básica de gobierno
para el bien de la nación. Y el objetivo fundamental,
debiera ser el lograr la realización de esos ideales;
para lo cual, uno de sus objetivos secundarios, y sólo
uno de ellos, es el de llegar al gobierno para lograrlo.
Además,
creo que en democracia, un objetivo transversal de todos
los demócratas debiera ser la concepción de
la pluralidad de ideas, como bien común; con la sola
excepción de que esas ideas correspondan a la eliminación
del resto de las ideas. En general una idea es intransigente
por naturaleza, si no, se pierde la naturaleza de la idea.
Es por ello que en democracia, la pluralidad de ideas se
lleva a cabo mediante representantes que, al revés,
sí deben ser transigentes porque tienen el compromiso
y el deber de llevar a cabo lo posible. Lo excelente es
enemigo de lo bueno.
Por
lo tanto, para la concreción de una idea se requiere
la conjunción de dos voluntades: una, el respeto
hacia los demás; y dos, el respeto de los demás
hacia quien realiza la idea. Y esto, a tal punto que si
dentro el conjunto de medidas que toma un gobierno, alguna
de ellas concuerda con las demás, éstas debieran
de ser universalmente aceptadas y aplaudidas. Lo importante
es que se materialice la idea, que se termine de construir
el puente en forma segura y que sirva para que lo cruce
todo el mundo.
Esta
base primaria y fundamental, comúnmente no se encuentra
en los Partidos Políticos actuales, donde no siempre
priman las idea para el bien común, sino más
bien el objetivo de llegar al poder a como de lugar, como
fin último; y peor aun, algunas veces, afortunadamente
sólo algunas veces, para usufructo personal.
Poner
la carreta delante de los bueyes, ha traído como
consecuencia el descrédito de los Partidos Políticos,
arrastrando a la política en general y muy particularmente
a la pérdida de la fe pública, ambas tan necesarias
para establecer un 'Estado Unitario y en Forma'.