El astrónomo Martin Rees gana el Premio de la Fundación
John Templeton
El científico resulta galardonado por el impacto
de sus investigaciones en cuestiones esenciales de la filosofía
y la teología
La
Fundación John Templeton es una organización
religiosa que trabaja por catalizar los descubrimientos sobre
las grandes cuestiones de la humanidad, como la complejidad,
la evolución o la creatividad. En la presente edición,
su premio anual, que supone un montante de más de un
millón de euros, ha recaído en un científico
ateo, Martin Rees. Según John Templeton hijo, el premio
ha sido concedido a Rees porque sus investigaciones en el
campo de la astronomía están transformando las
consideraciones filosóficas y teológicas y fomentando
el progreso espiritual, al expandir la visión del ser
humano.
Por Leandro Sequeiros.
Tendencias21 - 9 de Junio 2011 -
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Martin Rees. Fuente: Wikimedia Commons.
El Premio de la Fundación
John Templeton, conocido como Templeton
Prize for Progress Toward Research or Discoveries about Spiritual
Realities, es concedido desde 1972 por dicha Fundación,
creada por John Templeton.
Desde
1998, además, la Fundación John Templeton apoyó
al Instituto Metanexus
de Philadelphia, una red que llegó a conectar a más
de 300 grupos distribuidos por todo el mundo, cuyo objetivo
es investigar y difundir el mensaje de que es necesario tender
puentes entre las fronteras de las ciencias y las religiones.
Los
que estamos conectados en esta red de Metanexus, no podemos
más que alegrarnos por la concesión de este
premio, considerado de mayor cuantía económico
que el Nobel. El documento oficial lo concede a Martin Rees
por sus "profundos conocimientos sobre el cosmos, que
han suscitado cuestiones vitales sobre las mayores esperanzas
de la humanidad y sus peores temores."
Un premio merecido
Martin
Rees, nacido en York, en el Reino Unido, en 1942, obtuvo
su doctorado en Física por la Universidad
de Cambridge, en 1967. En la actualidad es profesor de
Cosmología y Astrofísica en dicha universidad.
Dentro de sus líneas de investigación se encuentran
la astrofísica de altas energías y la formación
de la estructura
del Universo. Ha estudiado el papel desempeñado
por la materia
oscura en la formación y propiedades de las galaxias,
mediante la simulación informática y la distribución
de los cuásares y su relación con los agujeros
negros. Ha publicado más de quinientos artículos
y siete libros, cinco de ellos de divulgación científica.
Rees
ya fue galardonado en 1987 con la Medalla de oro de la Real
Sociedad Astronómica, en 1989 con el Premio
Balzan; y en 2005 con el Premio
Crafoord. Tiene un escaño en la Cámara de
los Lores y fue presidente desde 2005 hasta noviembre de 2010
de la Royal
Society, la institución científica más
antigua y prestigiosa de occidente. Ha escrito numerosos libros
y artículos sobre las cuestiones filosóficas
planteadas por la cosmología y la física de
los primeros instantes del universo, así como sobre
las actividades humanas que determinarán el futuro
de la Tierra.
El
Premio Templeton es un premio internacional otorgado anualmente
a las personalidades que contribuyen a la investigación
o los descubrimientos de realidades espirituales.
El
premio lleva el nombre de su fundador, Sir John Templeton,
un empresario estadounidense de origen británico, nombrado
caballero en 1987 por Isabel II en reconocimiento a su labor
como filántropo. Hasta 2001 se llamó Premio
Templeton para el progreso de la religión, y desde
2001 hasta la actualidad se le ha llamado Premio Templeton
para el Progreso hacia la investigación o descubrimientos
sobre realidades espirituales.
Realidades espirituales
El
altruismo de John Templeton generó siempre controversia.
Los críticos señalaban que sus "realidades
espirituales" suponían de por sí una contradicción,
dada la supuesta incompatibilidad entre ciencia y Dios. Para
muchos, la idea de "progreso" en la religión
resultaba extraña, al igual que la cesión de
ayudas para "descubrimientos" en este campo. Pero
John Templeton no se rindió, y su Fundación
se dedicó a promover la aplicación de la metodología
científica al estudio de temas religiosos.
La
física teórica, la biología evolutiva
y las ciencias cognitivas se aplicaron a este objetivo. Así,
por ejemplo, la Fundación promovió un estudio
de coste multimillonario acerca del perdón o un estudio
de dos años de duración destinado a demostrar
el efecto de la oración en 600 pacientes que habían
sido sometidos a cirugía.
Y,
aunque los críticos siguieron manteniendo que la reconciliación
entre ciencia y religión no era posible, y que estos
estudios eran ingenuos y estaban motivados sólo por
el deseo de situar a las creencias religiosas al mismo nivel
que el conocimiento científico, otros pensadores defendieron
la intención de la fundación, señalando
que la ciencia no debía tener el monopolio sobre la
verdad, y que ciencia y religión podían cooperar
de manera productiva.
Una
mina de oro
John
Templeton dedicó una gran parte de su fortuna a la
Fundación John Templeton, que actualmente cuenta con
una donación de aproximadamente mil millones de euros.
La Fundación destina cerca de 45 millones de euros
anuales a premios.
La
mayor parte de las aportaciones económicas de dicha
fundación van a la investigación científica
de importantes universidades, en campos como la física
teórica, la cosmología y las ciencias sociales,
así como en estudios relacionados con el amor, el perdón,
la creatividad, y la naturaleza y el origen de las creencias
religiosas.
La
Fundación también apoya y fomenta el diálogo
abierto e informado entre científicos y teólogos
para encontrar respuestas a esas grandes cuestiones que preocupaban
al hombre de negocios, desde los diversos campos de investigación.
Templeton,
que fue presbiteriano, señalaba que se podía
conocer relativamente poco de Dios a través de las
escrituras y de la teología actual, pero que "las
revelaciones científicas podrían convertirse
en una mina de oro para la revitalización de la religión
en el siglo XXI".
Actualmente,
el Premio Templeton es entregado por el príncipe Felipe
de Edimburgo en una ceremonia que tiene lugar en el Palacio
de Buckingham. El Premio rinde homenaje a una persona viva
que haya hecho una contribución excepcional a la afirmación
de la dimensión espiritual de la vida, ya sea a través
de una idea, descubrimiento, o la práctica de determinadas
obras. Hombres y mujeres de cualquier credo, profesión
u origen nacional pueden ser nominados para el Premio Templeton.
La
distinguida lista de anteriores ganadores incluye a representantes
del cristianismo, el judaísmo, el islamismo, el hinduismo
y el budismo. Entre ellos hay varios premios Nobel. El Premio
ha sido otorgado a físicos, teólogos, ministros,
filántropos, escritores y reformistas, por trabajos
que han variado desde la creación de nuevas órdenes
religiosas y movimientos sociales hasta estudios humanísticos
y de investigación sobre los orígenes del universo.
Algunos
galardonados han demostrado el poder transformador de virtudes
como el amor, el perdón, la gratitud, y la creatividad.
Otros han proporcionado nuevos conocimientos científicos
sobre las cuestiones relativas al infinito, en última
instancia la realidad, y el propósito en el cosmos.
Por último, otros han utilizado las herramientas de
las humanidades para proporcionar nuevas perspectivas sobre
los dilemas espirituales de la vida moderna.
En
2009, el Premio Templeton fue dotado con 1.000.000 libras
esterlinas (equivalente a 1.117.800 euros). El importe del
Premio se ajusta cada año, para que sea superior al
del Premio Nobel, y es el mayor premio que se otorga a una
persona por su mérito intelectual. Con anterioridad
había sido concedido a la Madre Teresa de Calcuta,
a Chiara Lubich, a Alexander Solzhenitsyn, a Roger de Taizé,
y en 2010 al biólogo español Francisco José
Ayala.
La
Fundación Templeton ha sido acusada de presentar una
parcialidad política hacia el conservadurismo. Otra
línea de críticas es la proveniente de algunos
sectores de la comunidad científica que acusan a la
fundación de confundir investigación científica
con creencia religiosa. Así, el biólogo Richard
Dawkins que en su libro El
espejismo de Dios se refiere al mismo como "una enorme
suma de dinero otorgada [...] generalmente a un científico
dispuesto a decir algo agradable sobre la religión".
Sean
M. Carroll, investigador del California Institute of Technology,
ha criticado a sus colegas por recibir las becas de investigación
Templeton, a pesar de que no apoyaban las creencias Templeton.
2011: Martin Rees recibe el Premio Templeton
Falta
poco para que Martin Rees reciba oficialmente el Premio Templeton
de manos del Príncipe Felipe de Edimburgo. Rees, que
confiesa no ser un hombre religioso, ha afirmado que nunca
soñó con ser un ganador de este premio, teniendo
en cuenta a quiénes les había sido concedido
en ocasiones anteriores.
Ahora
que ha sido galardonado, se ha atrevido a confesar que sus
contribuciones sobre la filosofía y la ética
en la investigación científica podrían
estar "inspiradas" por las contribuciones de la
religión a las artes. Uno de sus últimos libros
publicados en castellano es Nuestra
hora final: ¿será el siglo XXI el último
de la humanidad?, en el que reflexiona sobre el futuro
de la humanidad en este planeta.
En
un comunicado
de prensa, la Fundación destacó el trabajo
de Rees y señaló que las "grandes cuestiones"
que él ha formulado (como "¿cuál
es el tamaño del universo? ¿Cómo surge
la materia? o ¿Cuál es el futuro de la humanidad?")
están dando una nueva y decisiva forma a consideraciones
filosóficas y teológicas que afectan a temas
centrales sobre el sentido de la vida. Rees, desde su postura
no religiosa, postula un rearme ético y espiritual
para salvar el planeta.
Tal
vez a más de un lector pueda sorprenderle esta cuestión.
Pero en estos años son ya varios los ateos que, sin
creer en Dios, afirman
la necesidad de la espiritualidad. Tal vez sea de interés
seguir el hilo de las ideas de este científico, que
dirige también su mirada a otros campos humanizadores.
1. Martin Rees habla sobre el Universo
Como profesor de Astronomía y Cosmología, Rees
ha intervenido con frecuencia en programas de radio televisión
y ha publicado algunos trabajos de divulgación, que
incluso han sido traducidos al castellano: "Seis números
nada más", Editorial Debate (2001); "Nuestro
hábitat cósmico", Ediciones Paidós
Ibérica (2002); "Universo: la guía visual
definitiva", (2006) Pearson Alhambra.
En
su libro "Just Six Numbers" (Sólo Seis Números)
Rees plantea que la perfecta sintonización universal
que ha permitido el desarrollo de la vida humana no es un
mero accidente ni un acto de creación divina, sino
un hecho: entre la posible infinidad de universos que pueden
existir, las constantes en el nuestro simplemente resultan
ser las correctas.
En
un comentario
en El Cultural se decía, en 2002, acerca de esta obra:
"El principio "antrópico" nos dice -cito
a Laín- que "el universo está físicamente
constituido para que en su evolución haya aparecido
la realidad del hombre". Ello significa que está
regido por unas leyes, estampadas ya en el momento de la gran
explosión inicial, que se concretan en un conjunto
unificado de ecuaciones y en unos pocos números.
Seis
de ellos representan las medidas de determinadas magnitudes
y su valor hace que el universo sea como es. Una pequeña
variación de cualquiera de esos valores habría
producido un universo diferente en el que no tendríamos
cabida. A describir esos números y sus funciones dedica
este libro un eminente cosmólogo y lo aborda con un
lenguaje llano y sin excesivos tecnicismos para hacérnoslo
a todos inteligible y grato.
El
primero de los números, N, expresa la razón
entre la fuerza que mantiene unidos a los átomos y
la fuerza de la gravedad que hay entre ellos. Tan débil
es la gravedad que el número N es del orden de un uno
seguido de treinta y seis ceros. De haber sido menor, nos
aplastaría la gravedad, las galaxias se habrían
formado más rápidamente y serían de tamaño
diminuto y no habría habido tiempo para la evolución
biológica. Otro número, "epsilon",
mide la fuerza que une las partículas del núcleo
atómico. Tiene un valor de 0,07; si fuera menor, no
se habría llegado a formar helio a partir del hidrógeno,
se enfriarían las estrellas y no habría elementos
que dieran origen a las plantas; pero si fuera mayor, el hidrógeno
no habría sobrevivido al Big Bang y no tendríamos
agua ni una biosfera basada en el carbono.
La
cantidad de materia de nuestro universo respecto de la densidad
crítica nos da un número, "omega",
cuyo valor actual es 0,3. Si en el momento inicial hubiera
sido demasiado bajo, las estrellas y galaxias no se habrían
formado nunca, y si por le contrario hubiera sido demasiado
elevado, y la expansión por tanto demasiado lenta,
el universo se habría contraído rápidamente.
Un cuarto número, "lambda", controla la expansión
del universo. Es un número muy pequeño, cercano
al cero, lo que ha permitido la evolución cósmica,
pero será cada vez más dominante sobre la gravedad
a medida que el universo, expandiéndose, sea más
oscuro y vacío.
La
estructura de las galaxias se mantiene gracias a la gravedad;
la cantidad de energía necesaria para romperlas y dispersarlas
está en relación con la de su masa en reposo
en la proporción de uno a cien mil. Ese es el número
Q. Si fuera menor, las galaxias tendrían estructuras
muy débiles y el universo sería inerte; y, si
fuera mayor, sería un lugar turbulento y violento,
con zonas colapsadas en enormes agujeros negros. El último
número es sencillamente el 3, el de la dimensión
de nuestro espacio.
Así,
la gravedad obedece a la ley del inverso del cuadrado de las
distancias y gracias a ello las órbitas de nuestro
sistema solar son estables y no se desvían por una
leve variación de la velocidad de un planeta. Una dimensión
menor le haría o bien caer en el Sol si disminuía
mínimamente su velocidad o se alejaría rápidamente
en espiral si aumentaba. Y un espacio de dimensión
menor que 3 es claro que haría imposible la incorporación
a él de nosotros mismos y de las demás estructuras
complejas de nuestro mundo cotidiano.
"Hay
-resume el autor- unas pocas leyes físicas fundamentales
que establecen las reglas. Nuestro origen a partir de una
simple explosión depende con gran precisión
de los valores de seis números cósmicos. Si
estos número sno hubieran estado bien ajustados, el
despliegue gradual de nuestras capas de complejidad se habría
abortado". Gracias, pues, a ellos, a lo que representan,
podemos nosotros no sólo estar hoy aquí sino
asomarnos, pienso que con asombro, al profundo misterio de
la existencia de un universo como el nuestro".
2. Martin Rees sobre multiversos
Uno
de los temas polémicos en la literatura de Marin Rees
se refiere a la justificación de los multiversos. El
profesor Fernández Rañada ha publicado un extenso
comentario sobre este tema. Muchas de las ideas de Rees se
condensan en su libro "Antes del principio: el cosmos
y otros universos", Tusquets Editores (1999), un libro
de conclusiones inquietantes para algunos.
En
el blog "¿vivimos engañados?" se dice:
"Dos
científicos afirman que podríamos vivir en una
falsa realidad virtual como en Matrix.
Dos
científicos británicos sugieren que la realidad
tal como la conocemos podría ser una ilusión
o una supermanipulación creada por una mega supercomputadora,
como en la conocida película 'Matrix', informa AFP".
Martes,
23 noviembre 2004 IBL News.
"El
físico Martin Rees y el matemático John Barrow,
dos respetados científicos británicos, se preguntan
si toda la materia y la inteligencia, tal como las conocemos,
no son sino la creación de una mega-supercomputadora
que se encuentra en alguna parte del Universo. "Hace
algunas décadas, las computadoras sólo podían
simular modelos muy simples. Ahora pueden crear mundos virtuales
con muchísimos detalles", declaró Rees
a la AFP.
Martin,
un astrónomo que trabaja en la prestigiosa Universidad
de Cambridge, se atreve a ir más lejos en estas elucubraciones
y se pregunta si podríamos estar en una simulación
semejante. En ese caso, el universo no lo comprendería
todo, sino tan sólo una parte de un conjunto que Rees
y Barrow llaman el 'multiverso'.
Barrow,
otro profesor de Cambridge, sostiene en un artículo
académico que durante mucho tiempo se supo que una
civilización ligeramente más avanzada que la
nuestra podría simular "universos en los cuales
entidades conscientes podían surgir y comunicarse entre
ellas".
En
una sociedad mucho más experta en informática
y con una tecnología mucho más avanzada, "en
lugar de limitarse a simular su clima o la formación
de galaxias, como hacemos nosotros, ellos podrían ir
más lejos y observar el surgimiento de estrellas y
sistemas planetarios", sostuvo. "Luego, una vez
que incorporaran las reglas de la bioquímica en sus
simulaciones astronómicas, serían capaces de
observar la evolución de la vida y la conciencia",
agregó. Los dueños de las máquinas del
universo podrían "observar el crecimiento de las
civilizaciones y comunicarse entre sí, discutir sobre
si existe un Gran Programador en el Cielo que podría
intervenir según su voluntad, desafiando las leyes
de la naturaleza que se observan habitualmente", insistió
Barrow.
La
teoría de los dos científicos de Cambridge no
cuenta con mucho respaldo entre sus pares. Seth Lloyd, profesor
de ingeniería mecánica cuántica en el
Massachusetts Institute of Technology (MIT), subrayó
que una simulación semejante requeriría una
computadora tan grande que la imaginación no llega
a concebirla, en un artículo publicado el fin de semana
pasado en el Sunday Times".
3. Martin Rees sobre el principio antrópico
Uno
de los temas más polémicos de Martin Rees por
sus implicaciones filosóficas y teológicas es
el llamado principio antrópico. Ya hace 20 años,
Rees trató esta cuestión con John R. Gribbin:
en "Coincidencias cósmicas: materia oculta, especie
humana y cosmología antrópica", Ediciones
Pirámide (1991).
Un
artículo de interés de Rogelio Tomás
Pontón señala lo siguiente:
"El
surgimiento de la vida sobre el planeta Tierra o sobre cualquier
otro planeta de nuestro universo, solo es posible si se da
una serie de circunstancias muy especiales. Esto es lo que
se conoce como "principio antrópico". El
mismo fue definido por Martin Rees, astrónomo presidente
de la Royal Society, a través de seis números.
Esos números o relaciones numéricas se dieron
desde el primer momento de la existencia del universo hace
casi 15.000 millones de años.
De
haberse registrado ligeras variaciones de esos números,
la vida, tal como la conocemos, no habría surgido (para
los seis números se puede consultar nuestro artículo
"Principio antrópico o principio de Copérnico",
publicado en las actas del Congreso "Filosofar Hoy",
organizado por UCEL en octubre de 2005)".
Según
Rees, hay tres posibles respuestas al surgimiento de esos
números:
a)
La mera casualidad
b) La existencia de un Diseñador inteligente
c) La existencia de un multiverso
Rees
se inclina por la opción "c", es decir por
la existencia de un multiverso, o sea un conjunto infinito
o cuasi infinito de universos. En la mayor parte de esos universos,
la vida no habría surgido, pero en algunos, como el
nuestro, sí.
Rees
desecha la "mera casualidad", aunque no se le escapa
a nadie que la teoría del multiverso también
se basa en la ley de los grandes números. La opción
"b", es decir la existencia de un Diseñador
inteligente, es desechada por Rees porque el científico
estima que está "más allá de lo
que puede decirnos la ciencia". De todas maneras, cabe
preguntarse si la teoría del multiverso no escapa también
del ámbito científico. Esos pretendidos universos
están más allá de nuestros sentidos y,
probablemente, jamás podremos entrar en contacto con
ellos.
Claro
que algunos científicos aseguran que una de las interpretaciones
de la mecánica cuántica, la de Hugh
Everett, podría servir de base para la teoría
del multiverso. Lo que este gran físico estadounidense
defendió es que, cada vez que un sistema cuántico
tiene ante sí más de un camino, el universo
se divide en numerosos universos segregados, en cada uno de
los cuales sólo se concreta una de las posibilidades
existentes.
Nosotros
habitamos precisamente el universo en el que las cosas acontecen
como las observamos, y no nos es posible comunicarnos con
ninguno de los otros universos, en los que duplicados nuestros
observan la actualización de otras alternativas (para
la teoría de Everett se puede consultar el artículo
de Michael Clive Price mencionado en la bibliografía).
Un
distinguido físico y músico argentino, Alberto
Rojo, profesor en la Oakland University de Michigan, ha escrito
un interesante artículo titulado "El
jardín de los mundos que se ramifican: Borges y la
mecánica cuántica", que se puede bajar
de Internet. En él, después de hacer una breve
pero clara introducción a la interpretación
de los universos múltiples, muestra como el mundo de
ficción de Borges se anticipó en el tiempo -
en su escrito "El jardín" de 1941 - a la
teoría de Everett de 1957.
Por
otra parte, cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿Es
lógico imaginar números infinitos o cuasi infinitos
de universos para explicar que en nuestro universo se han
dado los números que explican el surgimiento de la
vida compleja? El físico Max Tegmak, uno de los principales
partidarios de la teoría del multiverso, manifiesta
que "todos los universos lógicamente posibles,
existen", lo que ha sido interpretado por algunos como
una reminiscencia de la llamada prueba ontológica de
la existencia de Dios que desarrolló hace mil años
el teólogo Anselmo de Canterbury en su obra "Proslogion".
Si
se demostrase empíricamente la existencia de los "otros"
universos esa relación no sería válida,
pero mientras eso no ocurra (y estimamos que será muy
difícil que esa demostración se logre), la proposición
"todos los universos lógicamente posibles, existen"
sería equivalente a la proposición de Anselmo
cuyo núcleo dice que "Dios es un ser tal que nada
superior a Él puede concebirse; suponer que Dios no
existe más que en nuestra mente y no en la realidad
equivaldría a afirmar que no es el ser más grande
que puede concebirse, porque existir realmente es más
grande que existir sólo en la mente" (Kolakowski,
"Si Dios no existe.. ", Tecnos, 1985, pp. 92-93).
Como
vemos, el teólogo medieval dedujo del mero concepto
de "un ser tal que nada superior a Él puede concebirse",
su existencia. "Según la tradición que
proviene de Kant y de Hume, la falacia del argumento ontológico
consiste en que intenta demostrar que el juicio "Dios
existe" es analíticamente verdadero, mientras
que ningún juicio puede ser al mismo tiempo analíticamente
verdadero y existencial en su contenido"(ibídem,
p. 95). Sin embargo, nos podemos preguntar si hay otro ejemplo
de juicio que combine esas dos propiedades: ser analítico
y existencial en su contenido.
"Un
candidato a esta quimera imposible es, sospecho, el juicio
"algo existe". La razón por la que puede
decirse que este juicio es analítico y, por tanto,
"necesario" es que su negación "nada
existe" no es solo falsa, sino también ininteligible
y absurda: en efecto, si hay algo absurdo, es eso.
Basándose
en este supuesto, uno puede argüir que "algo existe"
es igual a "necesariamente algo existe". Uno se
siente tentado a considerar idéntico este último
enunciado con "algo existe necesariamente", lo que
equivaldría a la afirmación de Anselmo: la propia
idea de existencia lleva a la convicción de que hay
un ser necesario. Es verdad, sin embargo, que no es lícito,
en términos de lógica modal, inferir "algo
existe necesariamente" de "necesariamente algo existe".
Si tal inferencia no es permisible, se sigue que podemos sostener
la última y negar la primera"(ibídem, p.
96). Como muy bien sostiene Kolakowski, no hay regla lógica
que pueda decidir esta cuestión entre un empirista
y un metafísico.
El
siguiente documental realizado en el 2004 y conducido por
Martin Rees se llama "What We Still Don't Know"
(Lo que aún no sabemos). En este capítulo, Martin
Rees, con su habitual y sugestivo críptico estilo,
indaga en la filosofía cosmológica de nuestra
existencia. Me encantó pues me muestra que las elucidaciones
y reflexiones en clave especulativa y abierta como las que
suele expresar en este blog acerca de la naturaleza de la
existencia, la multiplicidad de un8versos (i.e. la naturaleza
holográfica de la realidad), la complejidad, la vida
simulada, el transhumanismo, la conciencia, el Ser, etc. forman
parte (cómo no) del debate actual de la ciencia formal,
explorando las fronteras de lo que creemos es la realidad.
4.
Martin Rees sobre el futuro de la humanidad
El
título de uno de sus libros más influyentes
es una pregunta: "¿Nuestro último siglo?"
(Our final century?). En él, Rees argumenta que la
civilización no tiene más del 50% de posibilidades
de sobrevivir hasta 2100 sin sufrir un gran revés.
En 2004, esta obra se publica en castellano como "Nuestra
hora final: ¿será el siglo XXI el último
de la humanidad?" (Editorial Crítica), que será
uno de los libros más conocidos de Martin Rees. En
este documental de 17 minutos, "Martin Rees pregunta:
¿es este nuestro último siglo?" expone
las ideas más sobresalientes.
Francisco
García Olmedo, en El Cultural, opina que: "Martin
Rees, Señor de Greenwich, ha cambiado su solemne capa
de Astrónomo Real por el cónico capirote de
astrólogo popular para turbarnos con la conjetura de
que tal vez sea éste nuestro último siglo. Al
cambiar el telescopio por la bola de cristal, no sólo
adopta una nueva profesión sino una escala de tiempos
distinta.
Como
eminente astrónomo y cosmólogo ha tenido que
moverse en la perspectiva temporal del millón de milenios,
la unidad de oro de todos los cálculos sobre la hora
última que ha de llegarle a cada reino: sólo
faltaría uno para que sangre y savia se extingan sin
remedio, tal vez dos para que se vacíen los mares con
sus restantes tesoros, y no más de siete para que todo
acabe fundido en un sol rojo y gigante. Ahora nos viene a
decir Rees que, en unas décadas, el conocimiento habrá
avanzado hasta el punto de que, tanto la especie colectivamente
como un solo individuo -lúcido o lunático- tendrán
el poder de dar por concluida nuestra jornada.
De acuerdo: tenemos suerte de haber sobrevivido tanto tiempo.
Entre otros peligros, hemos sobrevivido al de devastación
nuclear. Sin embargo, son nebulosos los peligros que, según
Rees, nos puede plantear la nueva ciencia. Es cierto que,
por primera vez en la historia de la especie, el ser humano
ha dado un salto más allá de la capacidad de
modificación de su forma de vida para incidir directamente
sobre su propia naturaleza, y que esta nueva capacidad no
estará exenta de peligros -ningún avance de
la humanidad lo ha estado-, pero está lejos de ser
evidente que éstos vayan a tener las dimensiones apocalípticas
que les atribuye, y más dudoso aún que una hipotética
máquina superinteligente pueda convertirse en la última
invención de los humanos.
¿Qué
podemos esperar del terror y del error en el nuevo siglo?
Coincidimos con el autor en que del terror sólo podemos
esperar incidentes de magnitud creciente en las próximas
décadas. Sin embargo, no creemos que cualquier científico
en su sano juicio pueda aceptar que las consecuencias del
error científico, que se han producido en el pasado
y se producirán en el futuro, hayan seguido o vayan
a seguir el mismo patrón cuantitativo y temporal que
las del terror. Resulta difícil admitir que a medida
que aumentamos nuestro conocimiento sobre el mundo natural
vaya a aumentar en paralelo nuestra capacidad de equivocarnos.
Terror y error nunca deberían ponerse en el mismo saco.
Rees hace en Nuestra hora final un ejercicio intelectual válido
y coherente, pero al mezclar problemas virtuales con los reales
e inmediatos, envuelve a éstos en una niebla que puede
despistar al lector menos avisado. Bastante acuciantes son
ya los retos del aquí y ahora, tales como el conflicto
entre población y medio ambiente o el desmán
del terrorismo".
5. Martin Rees opina sobre si estamos solos en el universo:
En
un artículo en El Correo (25 de enero de 2010) con
el título: "Martin Rees y el hallazgo o no de
vida extraterrestre en diez años: la evolución
periodística de un titular" leemos:
"El hombre podrá saber si está solo
en el Universo en diez años". Cuando he leído
ese titular en El País a primera hora de la tarde,
me ha parecido increíble. ¿Quién era
el osado que se atrevía a hacer semejante afirmación?
En realidad, nadie. El despacho -procedente de Europa Press
y titulado originalmente "El hombre podrá saber
si está solo o no en el Universo en diez años,
según la Real Sociedad de Astronomía británica"-
citaba como fuente al cosmólogo Martin Rees, quien
habría declarado eso a la BBC. Sin embargo, si uno
leía la noticia, Rees, astrónomo y presidente
de la Royal Society -a secas, sin de Astronomía-, no
había dicho eso.
En el original en inglés -titulado "Astronomers
hopeful of detecting extraterrestrial life" (Astrónomos,
esperanzados en detectar vida extraterrestre)- no he conseguido
encontrar ninguna referencia al plazo de diez años.
Sí aparece en la versión española de
la BBC -titulada "Vida extraterrestre, "más
cerca que nunca""-, donde puede leerse: "En
los próximos diez años, pronosticó [Rees],
tendremos una idea más clara de si estamos solos o
no en el Universo". Esa frase es la que coge Europa Press
para el arranque del teletipo publicado por El País:
"El presidente de la Real Sociedad de Astronomía
de Reino Unido, Martin Rees, sostiene que la tecnología
"ha avanzado tanto" que en los próximos diez
años el hombre tendrá una idea más clara
de si está solo o no en el Universo". Coincidirán
conmigo en que eso no es lo mismo que decir que "el hombre
podrá saber si está solo en el Universo en diez
años".
La
noticia tiene su origen en la conferencia
sobre vida extraterrestre que se celebra hoy y mañana
(enero de 2010) en Londres dentro de los actos del 350 aniversario
de la Royal Society, en la que Rees ha dicho que, gracias
a los próximos telescopios espaciales, "seremos
capaces de descubrir si esos planetas [que giran alrededor
de otras estrellas] tienen continentes y océanos, y
conocer qué tipo de atmósfera tienen",
y que, "si encontramos vida, incluso en su forma más
sencilla, en otra parte [del Universo], sería claramente
uno de los grandes descubrimientos del siglo XXI". El
astrónomo real británico cree que "ahí
fuera puede haber vida e inteligencia en formas que ni siquiera
podemos concebir", pero no que vayamos a encontrarla
o descartar su existencia en los próximos diez años,
como ya ha quedado claro, sino que en el futuro próximo
se va a avanzar en una búsqueda que comenzó
hace 50 años.
¿Por
qué he dudado desde el principio de que Rees hubiera
afirmado algo como lo que dice el titular de la agencia española?
Es muy sencillo. Los astrónomos suelen decir que hay
en nuestra galaxia un mínimo de unos 100.000 millones
de estrellas y que hay unos 100.000 millones de galaxias.
¿Cómo iba a decir un astrónomo que en
los próximos diez años vamos a saber si estamos
o no solos en esa inmensidad? Es imposible. Así que
sólo quedaba ver de dónde salía esa idea,
cómo se ha pasado de "Astrónomos, esperanzados
en detectar vida extraterrestre" a "El hombre podrá
saber si está solo en el Universo en diez años".
Parece claro que la mutación ha ocurrido en la agencia
Europa Press y se ha consolidado en El País y en Diario
Directo porque, indudablemente, el segundo titular es mucho
más llamativo que el primero, aunque sea falso.
6.
Martin Rees y Dios
Un
interesante artículo publicado en The
Guardian en abril de 2011, dice, entre otras cosas: Richard
Dawkins, autor de The God Delusion (El espejismo de Dios)
y teórico del gen egoísta, pretende ser el científico
más famoso en Gran Bretaña. Sin embargo Martin
Rees, astrónomo real, expresidente de la Royal Society,
es sin duda hoy el más distinguido.
El
año pasado, Dawkins publicó un artículo
agresivo contra el astrónomo llamándolo un "Quisling
conforme" (un nazi encubierto) a causa de sus opiniones
sobre la religión. Y ahora, Rees aparentemente devuelve
el golpe. Él ha aceptado el Premio Templeton 2011,
otorgado por realizar una contribución excepcional
a la investigación de la dimensión de la vida
espiritual.
Dawkins
no es ajeno a la retórica mordaz a la hora de religión.
Pero "Quisling" es fuerte incluso para sus estándares.
Fue lanzado originalmente en contra de colaboradores nazis
durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Es Rees, un colaborador?
¿Cuál fue el delito que justifique tal aprobación?
La Royal Society prestó su prestigio a la Fundación
Templeton por la celebración de eventos patrocinados
por el fondo, que soporta una variedad de proyectos de investigación
de la ciencia del bienestar y la fe.
Dawkins
y Rees difieren notablemente en el tono con que se debe dar
el debate entre ciencia y religión llevado a cabo.
Dawkins dedica su talento y recursos para desafiar, cuestionar
y burlarse de la fe. Rees, por otra parte, aunque es ateo,
mantiene los valores de la herencia sostenida por la iglesia
y otras tradiciones de fe. Confiesa el gusto por la oración
vespertina coral en la capilla del Trinity College. Las voces
etéreas de coristas ensayando, literalmente, se puede
escuchar desde la puerta principal. Sin embargo, para Dawkins
esto hace al hombre un "ferviente creyente en la fe".
Y eso es una traición a falta de la ciencia.
Rees
los persigue, también, a través de la cosmología,
un tema que fascina a muchos claramente por razones similares.
¿Hay vida como la nuestra en otros planetas? ¿Cuál
es la naturaleza de nuestra conexión con las estrellas?
Es en parte por sus ideas sobre estas cuestiones que ha ganado
el premio. Pero si él es modesto acerca de lo que puede
lograrse para la creencia religiosa por la ciencia, que insiste
en que los científicos no se adentran en territorio
teológico que no entienden.
El
año pasado, cuando su compañero cosmólogo
Stephen Hawking, declaró en un nuevo libro El
Gran Diseño que la filosofía está
muerta, porque la física es triunfante, Rees aconseja
al lector que no tome nota demasiado. "Conozco a Stephen
Hawking lo suficientemente bien como para saber que ha leído
muy poco filosofía, y teología incluso menos",
dijo.
Otros
ganadores del premio expresan advertencia intelectual similar,
personas como Paul Davies, John Barrow y John Polkinghorne.
Curiosamente, los ganadores anteriores muestran actitudes
muy diferentes hacia la fe también. Si Rees es un ateo,
Polkinghorne es un cristiano y un sacerdote anglicano. Davies
no es, aunque él cree que es perfectamente válido
para perseguir las cuestiones de significado en el contexto
de lo que se está descubriendo sobre el cosmos. Después
de todo, ¿no es sorprendente que nuestro universo haya
producido entidades dentro de él que hacen preguntas
tales, es decir, nosotros mismos?
Pero
Rees, con los considerables recursos de la Fundación
Templeton, ha recibido la aceptación del corazón
de la comunidad científica británica.
Cuando
la historia cultural de nuestro tiempo llegue a ser escrita,
Templeton 2011 se podría mencionar, al menos en una
nota al pie, como marcando un punto de inflexión en
la "guerra de Dios". El poder de las voces como
la de Dawkins y Sam Harris - que estarán en la escena
británica de la próxima semana - en realidad
puede haber tocado techo, y ahora estar en decadencia. La
ciencia puede decirse, en efecto, ha rechazado su defensa.
Rees trae una actitud preferible el debate".
7. Martín Rees y las tendencias de la humanidad
y las religiones para el siglo XXI
¿Cuando
termina la humanidad? Rees coincide con los pronósticos
de Stephen Hawking quien asegura: "en los dos próximos
siglos, sigo siendo optimista", "quizás sea
antes, y la cuestión se decidirá en los próximos
cien años"". "Todo dependerá
de nuestra capacidad de reemplazar la explotación contaminante
por las alternativas sostenibles".
Para
la Fundación Templeton que otorga el Premio a Rees,
el científico plantea grandes preguntas que están
reformando las consideraciones filosóficas y teológicas
ubicadas en el centro de la vida, fomentando el progreso espiritual
que el Premio ha buscado reconocer durante mucho tiempo. John
Templeton hijo, presidente de la Fundación, señala
que de todos los descubrimientos hechos por Rees durante su
carrera, son las preguntas que ha propuesto lo que lo califican
para recibir el Premio.
Sus
preguntas tienen un impacto mucho más allá de
la simple afirmación de los hechos y expanden la visión
de las personas más de lo que cualquier telescopio
jamás podría. Al escudriñar en los confines
de las galaxias, ha dicho Templeton, Rees ha abierto una ventana
a nuestra propia humanidad, invitando a todos a luchar con
las preguntas más fundamentales de nuestra naturaleza
y existencia.
Conclusión
Rees
se considera un producto de la cultura y la ética cristiana.
Explica su posición ante el núcleo religioso
en el que creció como lo haría un antropólogo:
crecí en la tradición de la Iglesia Anglicana
y con las costumbres de esta tribu, que es la suya.
Por
su parte, Stephen Hawking declaró meses atrás:
"Veo un gran peligro para la raza humana. En el pasado
su supervivencia ha estado al borde del precipicio en muchas
ocasiones, como ocurrió en la crisis de los misiles
cubanos en 1963. Pues bien, estos momentos delicados van a
multiplicarse en el futuro, y necesitaremos actuar con mucho
cuidado para tener éxito. Pero yo soy optimista. Si
podemos evitar el desastre en los próximos dos siglos,
nuestra especie podrá estar segura a medida que vaya
colonizando el espacio. El egoísmo y la agresividad
que han provocado el problema ambiental también podrían
impulsar la búsqueda de otros hogares en el universo,
lugares que iremos de nuevo exterminando, debido de nuevo
a nuestra avaricia".
En
una entrevista publicada por "The Daily Telegraph",
el autor de "Una breve historia del tiempo" declaró
"estar más preocupado, a largo plazo, por la biología"
que por las armas nucleares. Éstas, añade, "necesitan
grandes instalaciones mientras que la ingeniería genética
puede realizarse en un pequeño laboratorio. Es imposible
controlar todos los laboratorios del mundo". "El
peligro es que, accidental o voluntariamente, se cree un virus
que destruya" a la raza humana", explica
Hawking, profesor de Matemáticas en la Universidad
de Cambridge.
Miércoles
1 Junio 2011
Leandro Sequeiros
6.140 palabras
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