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Este
año se cumplen 500 años desde la publicación,
en 1511, de la obra que Erasmo de Rotterdam dedicó
a su amigo Tomás Moro, llamada "Elogio
a la Locura".
En
dicha obra (ícono del movimiento humanista),
Erasmo señalaba que para ser feliz y eficaz
en este mundo, hay que ser un poco estúpido,
necio o loco (Erasmo los utiliza como sinónimos,
pero usaré "necio" por ser el que
más se ocupa en su obra).
Decíamos,
entonces, que Erasmo consideraba que hay que ser un
poco necio para tener éxito y ser feliz en
esta vida y, específicamente en algunos lugares
de su libro, se refiere a esta verdadera "virtud"
aplicada al ámbito de la política.
Sin
la necedad humana, señala Erasmo, no habría
sociedad posible ni convivencia pacífica entre
los hombres, porque sin una cuota de necedad "el
pueblo no soportaría largo tiempo a su príncipe,
el señor a su criado, la criada a su dueña,
el discípulo a su preceptor, el amigo a su
amigo, la esposa a su marido
."
Señala
Erasmo también que "el que aspire a vivir
entre los hombres, debe abstenerse de toda sabiduría",
porque los sabios o muy inteligentes no tienen ninguna
capacidad humana para sobrevivir en contacto con otros
hombres, porque esos sabios, "mientras filosofaban
acerca de las nubes y de las ideas y contaban los
pasos de una pulga y se extasiaban con el zumbido
de un mosquito, no aprendían aquellas cosas
que les eran más necesarias para la vida".
Así,
enfatiza Erasmo, el sabio es "del todo inhábil
para las cosas ordinarias y como discrepa enteramente
de las opiniones y de las costumbres del vulgo, resulta
absolutamente inútil para sí, para los
suyos y para la patria; por lo cual se comprende también
que tal diferencia de conducta y de sentimientos debe
hacerles aborrecible para todo el mundo".
Incluso
se arriesga a decir que "Nunca ha habido gobiernos
más funestos para las naciones que aquellos
en que el Poder cayó en manos de algún
filosofastro o de algún aficionado a las letras".
Concluye
Erasmo que un gobernante o político, para sobrevivir
en las arenas del
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poder,
debe tener la habilidad de la mayoría de los
hombres que "o se avienen a hacer como que no
ven, o se engañan con mucha cortesía",
pues ésta sería la única forma
de representar bien la comedia humana y, sobre todo,
la comedia de la política y el poder.
Quinientos
años después de la obra de Erasmo de
Rotterdam podemos ver la actualidad de su mensaje.
La "necedad política" de estos últimos
años sigue los mismos parámetros y responde
a las mismas lógicas, sólo difiere el
envoltorio.
La
"locura o necedad" que Erasmo describía
hace 500 años, llevada a sus extremos en política,
no es más que la descripción del "neopopulismo"
que hoy vivimos. Ese neopopulismo basado en el juego
de las emociones más que en los argumentos
de la razón y donde los actores públicos,
más que intentar hacer política, lo
que hacen es vender "emociones" políticas.
Son
sólo argumentos emocionales (o necios) los
que se utilizan para argumentar contra las represas,
a favor del aborto o del matrimonio entre personas
del mismo sexo y, sobre todo en los últimos
días, también en la discusión
sobre la educación.
Se
argumenta no con la razón, sino en base a situaciones
límites, que sólo destacan casos excepcionales
y que, dado su propio carácter excepcional,
no pueden servir de referencia para regular lo general.
Se
ha perdido la búsqueda de la verdad en el debate
público, porque muchas veces para los políticos
y para los propios ciudadanos, el saber la "verdad",
"
es a costa de la alegría de la
vida, pues en último resultado, el espíritu
humano está hecho de tal manera que le es más
accesible la ficción que la verdad".
Pero,
sin duda, lo más penoso de esta situación
es la respuesta que nos da Erasmo ante la pregunta
de si esta falta de sabiduría, competencia
y conocimientos hace infeliz o desgraciado al hombre
(en nuestro caso al político). Su respuesta
es lapidaria: "
del mismo modo que el caballo
no es desgraciado porque desconozca la gramática,
así el hombre tampoco lo es porque sea necio,
puesto que la necesidad hallase conforme con su naturaleza".
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