UNA PALABRA
Edmundo
Moure Rojas
Mayo 2011
Una
palabra llega sin aviso y te sobresalta, o agita un recuerdo
en la memoria, o te trae un rostro mientras estás
sumido en el afán cotidiano. Las palabras son hermosas;
también terribles; a menudo rotundas; a veces dulces,
tristes, nostálgicas, odiosas
Y es que estamos
hechos de palabras que nos nombran y con las que nominamos
el mundo, los seres, para hacerlos nuestros en acto amatorio
u homicida, porque también el que mata o lo intenta
ejecuta un acto de apropiación. Por eso Cristo, el
más lúcido de cuantos poetas hayan existido,
nos dice que lo que sale de nuestra boca hecho verbo puede
ser la más letal de las armas o la más benéfica
bendición, según sea el secreto dictado del
alma.
Caminaba
hoy por los andurriales de Pudahuel, a través de
este "parque industrial" cuyos sitios eriazos
sirven de botadero de basuras y refugio de canes hambrientos,
cuando vi una palabra hecha nombre de empresa: "Primus",
antigua marca de anafes caseros e industriales, y me acordé
de Padre Cándido, que llamaba "primus"
al artilugio de hacer fuego, de boca azulada, al anafe de
color cobre que solía encender para que funcionase
el alambique para destilar alcohol y preparar aguardiente
(Linda palabra, alambique, árabe de origen, cuya
forma serpenteante nos da el adjetivo "alambicado",
que designa a un individuo retorcido, complicado, lleno
de sinuosidades).
Vuelvo
al "primus" que pronunciaba mi padre, al aparato
encendido y recuerdo la ocasión en que, ayudándole
a sostenerlo, mientras manipulaba con fuerza la válvula
propulsora, me saltó a la cara un chorro de parafina
y alcohol encendidos, quemándome la cara y un brazo,
pero Cándido reaccionó con presteza, cogiendo
una frazada húmeda que colgaba -de modo providencial,
se dirá- y me envolvió en ella, minimizando
el efecto de quemaduras leves que sólo marcarían
en mí un terror al fuego jamás superado, que
a veces vuelve en sueños, donde quizá un ángel
o un demonio -según sea la pesadilla- te sopla al
oído una palabra que se hace imágenes, formas,
sonido, olores, seres vivos en la memoria que te hablan
con palabras antiguas.
Para
conjurar ese miedo de la infancia, acudo a una bella imagen
del poeta Cunqueiro: "Un buen narrador sería
capaz de escuchar al fuego contándose a sí
mismo sus propias historias".
Porque
la palabra fuego se hace hogar cuando partimos el pan.
Edmundo
Moure R.