Cuando la bandera chilena
flameó en el Lago Titicaca
Por Julio Velasco Urbina, Escritor Chileno
Junio 2011

Al terminar ya la guerra del Pacífico, en 1882, solo
quedaban algunas fuerzas guerrilleras hostilizando a nuestro
ejército, especialmente en el sur del Perú.
Como
no sólo molestaban, sino que podían constituir
una potencial base de nuevos problemas, se acordó
enviar una expedición militar hacia la zona de Arequipa
y Puno, regiones en que hacía de las suyas un jefe
montonero llamado Albarracín.
No
tuvieron mayores problemas estas tropas en combatir, cercar,
y luego destruir a los núcleos guerrilleros, y limpiaron
toda la región, llegando nuestros soldados hasta
el mismo borde del gran lago Titicaca, frontera acuática
natural con Bolivia. Ya este último país se
había retirado de la guerra, pero todavía
no se firmaba la paz.
Habría sido fácil para el ejército
chileno seguir por tierra, ya sea bordeando el gran lago,
o directamente desde Arica hacia La Paz. La capital de Bolivia
se debatía en medio de revoluciones políticas,
y la resistencia habría sido mínima, ante
fuerzas aguerridas y disciplinadas como las chilenas, veteranas
de cien victorias.
Sin
embargo, había entre los gobiernos conversaciones
de arreglo que podrían poner fin a la guerra, y así
la orden a las tropas de seguir a la capital boliviana no
se dio nunca. Y se perdió la oportunidad histórica
de ver nuestra bandera flamear en el Palacio Quemado, y
a nuestros soldados desfilando por las calles de La Paz.
Parece claro que una ocupación militar de la capital
boliviana, remachando la derrota, no habría dado
lugar a elevar, después del retiro de nuestras tropas,
planteamientos reivindicacionistas improcedentes sobre el
litoral recuperado por Chile en la guerra, y que hasta hoy
día entraban nuestras normales relaciones con ese
país hermano. (Bueno, la historia está llena
de oportunidades perdidas por falta de visión en
el momento oportuno).
Pero,
volvamos al Lago Titicaca, que es el tema de nuestro vistazo
a la historia. Las tropas chilenas estaban en el puerto
de Puno, sobre el lago, y como todos sabemos, en dicho lago
existían y existen centenares de lanchas de totora,
hechas por los lugareños, tanto bolivianos como peruanos,
que ocupan para sus traslados y comercio entre las riberas
y las islas.
Seguramente
a algún guerrillero peruano o boliviano se le ocurrió
usar varias de estas embarcaciones para hostilizar a los
chilenos, y hacían incursiones armadas, sobre todo
de noche, disparando desde el lago hacia nuestros campamentos.
Tanto
molestaron estas acciones guerrilleras lacustres, que el
mando de la expedición solicitó ayuda a nuestra
Armada, y la ayuda llegó en la siguiente forma:
En
el puerto de Mollendo se desarmó una lancha torpedera
de la Armada, llamada Colo-Colo y se llevó por tren
hasta Puno. Allí, los mecánicos navales la
rearmaron, y la botaron al agua. La comandaba el teniente
Angel C. Lynch y completaba la dotación un guardiamarina
y 25 tripulantes. La nave desplazaba 30 toneladas y estaba
equipada con 3 torpedos de botalón y una ametralladora
Hotchkiss. Gemela de la "Tucapel", era la más
moderna torpedera de la Armada y única nave de guerra
chilena que ha navegado en el lago de mayor altitud de todos
los grandes lagos del mundo, a 3.812 metros. La Colo-Colo
había participado en combate durante el bloque del
Callao, junto a otras unidades. Fue desmontada y dada de
baja en 1885.
Y
esa lancha, haciendo flamear nuestra bandera por sobre las
aguas del Titicaca, hizo varias expediciones, pero no necesitó
causar mayores daños, porque su sola estampa navegando
sobre el lago determinó la rendición incondicional
de las montoneras que hostilizaban nuestros campamentos.
Un
hecho poco conocido de nuestra historia naval y militar,
pero que nos enseña como reaccionaban los chilenos
del 79, frente a los grandes y pequeños desafíos
del destino.
El gráfico que acompaña estas líneas
y que representa a la Colo-Colo navegando en el Titicaca
corresponde a una réplica del dibujo original del
firmante del mismo, E. Blanche N.
Fuente:
Francisco Bardón Muñoz
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