La
muerte en la hoguera de Miguel Servet impulsó
la libertad de conciencia
Un
nuevo trabajo revisa la historia oficial del científico
y teólogo, nacido en 1511
Cuando
se cumplen los 500 años del nacimiento de Miguel
Servet, Daniel Moreno Moreno ha publicado un trabajo de
en la revista PENSAMIENTO sobre su figura. Aunque parte
de la fama posterior de Servet se debe a su trabajo sobre
la circulación pulmonar descrita en su obra Christianismi
Restitutio, el científico y teólogo del siglo
XVI también buscó un nuevo lenguaje teológico.
Tal vez por eso, fue repudiado tanto por los católicos
como por los protestantes. Finalmente, Servet fue arrestado
en Ginebra, sometido a juicio y condenado a morir en la
hoguera por orden del Consejo de la ciudad. Para el estudioso
Marian Hillar, la ejecución del erudito español
serviría para que la libertad de conciencia se convirtiera
en un derecho civil en la sociedad moderna.
Por
Leandro Sequeiros.
Tendencias21
Miguel Servet. Fuente: Wikimedia Commons.
La
teología tiene un cometido difícil: expresar
con un lenguaje humano conceptos que pertenecen a otro nivel
de conocimiento y experiencia. Tal vez, uno de los problemas
de la reflexión y sistematización histórica
sobre el hecho religioso es la imperfección del lenguaje
humano para expresar conceptos abstractos. Todo lenguaje
es metáfora de realidades inasibles.
Desde
el inicio de la teología cristiana, los estudiosos
tuvieron que recurrir a conceptos filosóficos para
intentar formular y expresar los contenidos de la fe. La
filosofía griega fue de gran ayuda para este cometido.
Pero ya en el siglo XVI, Miguel Server quiso purificar las
expresiones teológicas desposeyéndolas de
lenguaje griego. Tal vez sea esta la aportación del
experto David Moreno Moreno.
En
un brillante estudio publicado en la revista PENSAMIENTO
[(2010, número 249): Dos complementos al sistema
teológico del joven Servet: Cristología y
Soteriología] recupera a Servet. Parte del estudio
de la profesora brasileña Elaine
Cristine Sartorelli, que en la ponencia presentada en
el Internacional Servetus
Congress "Miguel Servet con todo el corazón"
(celebrado en Barcelona entre los días 20 y 22 de
octubre de 2006) titulada "Estrategias de construcción
y legitimación del ethos de un abogado del verdadero
cristianismo en Restitutio de Miguel Servet", propuso
una línea original de acercamiento a los textos servetianos:
estudiar los recursos retóricos utilizados por Servet
para persuadir al lector de que él, Servet, es el
portador de una revelación, de modo que ha de mezclar
en su argumentación lógica ciertas referencias
a sí mismo que constituyen una auténtica autobiografía
intelectual.
Y
siendo cierto que Servet pudo inspirarse en los ejemplos
de san Pablo o de san Agustín, hay algo nuevo en
el tono de sus propias confesiones: el descubrimiento de
la subjetividad propio de la Modernidad. Servet escribe
en primera persona, con el corazón en la mano, sin
artificios retóricos. "La estética del
texto cristiano depende, por tanto, de la ética del
predicador", escribe Elaine Sartorelli, quien aclara
que la utilización de tales recursos retóricos
no pone en cuestión la sinceridad de Servet: "quiero
aclarar antes de nada que no hay ninguna connotación
negativa en el empleo del vocablo retórica"
en mi texto, pues lo empleo en el sentido de que si ningún
discurso es gratuito, aún lo es menos aquel que se
presenta como portador de la Verdad"-concluye.
Desde
este marco interpretativo, el estudio de Daniel Moreno Moreno
(profesor en el IES Miguel Servet de Zaragoza) en la revista
Pensamiento,
pretende reinterpretar el libro de Miguel Servet Dialogorum
de Trinitate libri duo. De iustitia regni Christi, capitula
quattor (de 1532). Tiene entonces su autor 21 años.
Este estudio completa su estudio anterior "Sobre la
verdadera solución de Miguel Servet al misterio de
la Trinidad" (publicado en 2008), dedicado a analizar
el De Trinitate erroribus libri septem de Servet (publicado
en 1531).
1.
La juventud intensa de Miguel Servet
Servet
fue ajusticiado en Ginebra cuando contaba 42 años.
Pero los 25 primeros años de su vida tuvieron una
densidad trepidante. Miguel Servet, llamado también
Miguel de Villanueva, Michel de Villeneuve o, en latín,
Michael Servetus (su nombre auténtico era Miguel
Serveto y Conesa, alias "Revés"), nació
según casi todos los autores en Villanueva
de Sigena, provincia de Huesca, el 29 de septiembre
de 1511. Y falleció en la hoguera en Ginebra, el
27 de octubre de 1553.
Dos facetas de su personalidad son las más destacadas:
las de teólogo y científico. Los intereses
intelectuales y apasionados de Servet abarcaron muchas ciencias:
astronomía, meteorología, geografía,
jurisprudencia, teología y el estudio de la Biblia,
matemáticas, anatomía y medicina. Parte de
su fama posterior se debe a su trabajo sobre la circulación
pulmonar descrita en su obra Christianismi Restitutio.
Participó en la Reforma
Protestante y desarrolló una cristología
contraria a la Trinidad.
Repudiado tanto por los católicos como por los protestantes
fue arrestado en Ginebra,
sometido a juicio y condenado a morir en la hoguera por
orden del Consejo de la ciudad, cuando en ella predominaba
la influencia de Juan
Calvino.
Fue
hijo de Antón Serveto, noble infanzón y notario
del Monasterio
de Sigena, y de Catalina Conesa, que por línea
materna descendía de la familia judeoconversa de
los Zaporta. Tenía dos hermanos menores: Pedro, quien
continuó con la notaría paterna, y Juan, que
fue ordenado sacerdote.
Joven
con dotes sobresalientes para las letras y gran conocedor
del latín, griego y hebreo, Miguel abandonó
su población de origen para ampliar estudios, quizá
en el castillo de Montearagón. Es aceptado como pupilo
por fray Juan
de Quintana, quien llegaría a ser confesor de
Carlos I. Tras una estancia en Tolosa (Francia) para realizar
estudios de Derecho, donde entra por primera vez en contacto
con círculos próximos a la Reforma, viaja
con Quintana por Italia y Alemania como parte del séquito
imperial y presencia la coronación de Carlos V como
emperador en Bolonia (1530).
Primeras
obras teológicas
Posteriormente,
Servet abandona a su mentor e inicia un periplo por varias
ciudades de Centroeuropa afines al naciente protestantismo.
Establece una relación cada vez más difícil
y polémica con algunos líderes reformadores,
como Ecolampadio
de Basilea, y se dirige más tarde a Estrasburgo,
donde se relaciona con Bucer,
y a Hagenau
(ciudad alsaciana entonces perteneciente al Sacro Imperio
Romano Germánico).
En
1531, con 20 años, publica De Trinitatis Erroribus
libri septem (Sobre los errores acerca de la Trinidad en
siete libros), que produjo gran escándalo entre los
reformadores alemanes. Tampoco fue bien acogido en su patria,
ya que Servet tuvo la osadía de enviar una copia
al obispo de Zaragoza, quien no tardó en solicitar
la intervención de la Inquisición.
El
año siguiente, 1532, publicó Dialogorum de
Trinitate (Diálogos sobre la Trinidad), acompañado
de una obra suplementaria, De Iustitia Regni Christi (Sobre
la Justicia del Reino de Dios). Otro opúsculo atribuido
a Servet, aunque de datación imprecisa, es Declarationis
Iesu
Christi Filii Dei (Declaración de Jesucristo
Hijo de Dios), también conocido como "Manuscrito
de Stuttgart".
Según
el profesor Daniel Moreno, uno de los textos de Servet que
gana en intensidad leído desde la perspectiva de
Elaine Sartorelli, es el comienzo de la segunda obra publicada
por Servet en 1532, Dialogorum de Trinitate, y su obra suplementaria,
De Iustitia Regni Christi. De ello se trata más adelante.
Pero conviene ahora presentar la panorámica vital
de Servet.
Tiempo
de ocultación y de conflictos
Después
de abandonar a fray Juan de Quintana, su mentor, Miguel
Servet se dirige París, donde un encuentro previsto,
pero finalmente no efectuado, con Calvino
se transforma en el inicio de una relación epistolar
entre ambos. Servet llega luego a Lyon con una nueva identidad,
Michel de Villeneuve, personaje supuestamente originario
de Tudela de Navarra, para evitar las persecuciones de la
Inquisición
española.
Estuvo
empleado en una imprenta, primero como corrector de pruebas.
En 1535 le encargaron la publicación y anotación
de la Geografía de Claudio
Tolomeo, lo que llevó a cabo dando pruebas de
su gran erudición. En Lyon fue la etapa más
feliz de su vida. Conoció al médico Symphorien
Champier, quien le anima a estudiar Medicina y fue a
París.
En
1537 se matricula en la Universidad
de París para estudiar Medicina. Allí
estudia junto a los grandes médicos de la época,
y dado su saber probado, termina enseñando Matemáticas
y Medicina en la Universidad. Sin embargo, pronto se encuentra
en dificultades, puesto que dicta un curso de Astrología,
en el que defendía la influencia de las estrellas
en los eventos futuros (astrología judiciaria), lo
cual, junto con un opúsculo en el que describe el
uso de jarabes para administrar los remedios de la época,
le enfrenta con la comunidad universitaria.
Deja
de nuevo París y reside en diversas localidades de
Francia, hasta que en Lyon se encuentra con el arzobispo
de Vienne del Delfinado, Pedro
Palmier, al que había conocido previamente en
París. De esta forma entra a su servicio como médico
personal en 1541.
Portada de su obra Christianismi restitutio
(edición de 1553)
2.
La obra Restitución del Cristianismo (1553)
En
Vienne de Isère, Servet se dedica a proseguir sus
estudios y publicaciones y prepara en secreto la que será
su obra cumbre. Prosigue su correspondencia con Calvino,
a quien envía en 1546 una primera versión
de su libro, Christianismi
Restitutio (Restitución del Cristianismo), de
carácter fundamentalmente teológico, en espera
de sus comentarios. Tiene Servet 34 años.
El
concepto de cristianismo ahí expuesto es cercano
al panteísmo.
Cristo está en todas las cosas. El mundo está
lleno con él. Se mostraba también contrario
al bautismo de los niños, puesto que el bautismo
debe ser un acto maduro y consciente de discipulado cristiano,
lo que le acerca a las posiciones anabaptistas. Sobre la
edad adecuada para recibir el bautismo, sugirió seguir
el ejemplo de Jesús: Jesucristo fue él mismo
bautizado cerca de los treinta años.
Curiosamente
el libro pasaría a la posteridad por contener en
su "Libro V" la primera exposición en el
Occidente cristiano de la función de la circulación
pulmonar o menor: según Servet, la sangre es
transmitida por la arteria pulmonar a la vena pulmonar por
un paso prolongado a través de los pulmones, en cuyo
curso se torna de color rojo y se libera de los vapores
fuliginosos por el acto de la espiración.
Servet
sostenía que el alma era una emanación de
la Divinidad y que tenía como sede a la sangre. Gracias
a la sangre, el alma podía estar diseminada por todo
el cuerpo, pudiendo asumir así el hombre su condición
divina. Por tanto, los descubrimientos relativos a la circulación
de la sangre tenían un impulso más religioso
y teológico que médico y científico.
De ahí que la descripción de la circulación
pulmonar esté dentro de una obra de teología
y no de una de fisiología. Para Servet no había
diferencia entre ambos ámbitos, dado que para él
todo obedecía a un mismo gran designio divino.
En
respuesta, Calvino
le conmina a leer su propio libro Institutio
religionis Christianae (Institución de la Religión
Cristiana), publicado en 1536. Servet leyó el libro
de Calvino e hizo anotaciones muy críticas en los
márgenes del libro, devolviéndole la copia
corregida, lo que desagradó enormemente al reformador,
quien avisó que si Servet ponía los pies en
Ginebra "no saldría vivo de ella".
Finalmente,
Christianismi Restitutio es publicado anónimamente
a principios de 1553, de nuevo con gran escándalo.
Un calvinista de Ginebra escribe a un amigo católico
revelándole que el autor del libro es el hereje Miguel
Servet, oculto bajo la falsa identidad de Villeneuve. Se
sospecha que detrás de esta denuncia podría
estar el propio Calvino, quien había tenido acceso
al texto gracias al mismo Servet. La Inquisición
de Lyon recibe parte de la correspondencia intercambiada
entre ellos, tras lo cual Servet es detenido, interrogado
y encarcelado en Vienne.
El
7 de abril de ese año, 1553, sin embargo, logra evadirse
y el 17 de junio es sentenciado a muerte in absentia, siendo
quemado en efigie.
Juicio de Servet en Ginebra y muerte
Posiblemente
mientras iba rumbo a Italia, por alguna razón Servet
acaba haciendo una estancia en Ginebra, donde fue reconocido
en la iglesia donde predicaba el propio Calvino (13 de agosto
de 1553). La ciudad se regía por los principios de
la Reforma tal como Calvino los había definido en
sus Ordenanzas eclesiásticas, basadas en su obra
magna, Institución de la religión cristiana.
Servet fue detenido y juzgado por herejía (por su
negación de la Trinidad y por su defensa del bautismo
a la edad adulta).
Servet
sufrió grandes penalidades durante su cautiverio,
como atestigua su carta al Consejo de Ginebra de 15 de septiembre
de 1553. Durante el juicio, sostuvo diversos debates de
carácter teológico.
El
22 de septiembre, Servet escribe una última alegación
en la que culpa a Calvino de hacer acusaciones falsas de
herejía contra él y solicita que también
sea detenido e interrogado como él, y concluye: "Estaré
contento de morir si no le convenzo tanto de esto como de
otras cosas de que le acuso más abajo. Os pido Justicia,
Señores, Justicia, Justicia, Justicia."
Finalizado
el proceso, fueron consultadas las iglesias reformadas de
los cantones de Zúrich, Schaffhausen, Berna y Basilea,
tras lo cual el acusado fue condenado y sentenciado a morir
en la hoguera el 27 de octubre de 1553. En una carta fechada
el día anterior, Calvino comentaba a Farel que Servet
iba a ser condenado sin discusión y conducido al
suplicio, y aseguraba que él había intentado
cambiar la forma de su ejecución, aunque inútilmente.
La
sentencia dictada en su contra por el Consejo (Petit Counseil)
de Ginebra dice: "Contra Miguel Servet del Reino de
Aragón, en España: Porque su libro llama a
la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría
a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo
de David; y por decir que el bautismo de los pequeños
infantes es una obra de la brujería, y por muchos
otros puntos y artículos y execrables blasfemias
con las que el libro está así dirigido contra
Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir
y defraudar a los pobres ignorantes.
Por
estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te
aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten
a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito
e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas,
y así termines tus días para que quedes como
ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo".
3.
Los "errores" del joven Servet (1531-1535)
La
"historia oficial" ha sido insistida en la heterodoxia
de los planteamientos teológicos de Servet. Tal vez,
desde la hermenéutica propuesta por Sartorelli y
seguida por David Moreno, sea pertinente un reinterpretación
de los textos juveniles del sabio de Sigena.
"Sobre
los errores acerca de la Trinidad" (1531): estructura
y contenido
En
De erroribus (1531) sobre la Trinidad,
dividida en siete libros o capítulos, Servet argumenta
que el dogma cristiano de la Trinidad, tal como está
formulado, carece de base bíblica, ya que no se halla
en las Escrituras, sino que es fruto posterior de elucubraciones
de "filósofos". Basándose en abundantes
citas de la Biblia, Servet concluye que Jesús es
hombre en tanto que nacido de mujer, por más que
su nacimiento fuese milagroso. A su vez, Jesús es
también hijo de Dios, en tanto que su nacimiento
es el fruto de la fecundación por el Logos
divino de la Virgen María.
Niega
así Servet, por tanto, que el Hijo de Dios sea eterno,
ya que fue engendrado como tal en la encarnación,
aunque es divino por gracia de Dios, su Padre. Tampoco es,
pues, una Persona de la Trinidad, cuya existencia niega
vehementemente definiéndola como "tres fantasmas"
o "Can
Cerbero de tres cabezas".
Asimismo
califica a los que creen en tal doctrina como "ateos",
es decir, sin Dios" y "triteístas".
A su vez, el Espíritu Santo no sería una tercera
Persona trinitaria, sino la fuerza o manifestación
del espíritu de Dios tal como actúa en el
mundo a través de los hombres.
Una
lectura superficial de este libro, nos puede dar la impresión
de ser una diatriba visceral y adolescente contra algunos
de los dogmas radicales del cristianismo. Es sabido que
la publicación en 1531 de su obra Sobre los errores
acerca de la Trinidad había sido recibida con grandes
reservas, que acabó siendo prohibida en Basilea y
en Estrasburgo y que provocó tal revuelo que un ejemplar
llegó a manos del nuncio papal en Alemania, Girolamo
Aleandro, quien promovió que se declarase "hereje"o
a Servet.
"Diálogos
sobre la Trinidad" y "De la Justicia" (1532):
estructura y contenido
Obra
de tamaño y de ambición inferiores a Errores...,
Diálogos (1532) está estructurada en dos libros
como una conversación ficticia entre dos personajes:
Miguel (el propio autor) y un tal Petrucho. Está
acompañada de un anexo al que titula Sobre la Justicia.
Según
Servet, la escribe para despejar las dudas e inquietudes
sembradas por su obra anterior, que a su juicio se deben
"a mi propia impericia y a la negligencia del tipógrafo".
A diferencia de lo afirmado en Errores..., Servet dice que
Jesús no es sólo divino por gracia, sino también
por naturaleza, aunque aclara que sólo en tanto que
participa de la sustancia divina de su Padre.
Es
muy interesante para una relectura de Servet tener en cuenta
el SALUDO AL LECTOR de esta obra:
|
"TODAS
LAS COSAS (sic, con mayúscula) que escribí
hace poco, en siete libros, contra las sentencias
tradicionales acerca de la Trinidad, ahora, lector
honesto, las reviso. No porque sean falsas, sino porque
están incompletas y escritas como de un niño
para niños. Te ruego, con todo, que de ellas
te quedes con las que te pueden ayudar a entender
lo que voy a decir. En cuando al hecho de que el libro
anterior haya salido incorrecto, confuso y bárbaro,
ha de ser atribuido a mi impericia y a la negligencia
del tipógrafo. Y no querría yo que por
ello llegara a ofenderse ningún cristiano,
dado que Dios, de vez en cuando, suele mostrar su
sabiduría a través de torpes instrumentos
mundanos. Así pues, presta atención,
te suplico, al asunto en sí, pues, si despiertas
tu mente, no te confundirán mis confusas palabras.
Vale".
Monumento
a Servet en la plaza del Ayuntamiento de Annemasse
(Francia).
La inscripción bajo la escultura dice:
a Miguel Servet, apóstol de las libres creencias.
Fuente: Wikimedia Commons.
|
|
Una nueva hermenéutica
Aquí,
de nuevo, Servet se dirige al lector hablando en primera
persona: "yo escribí en siete libros".
Y cuida mucho las palabras: no escribe "contra la Trinidad",
sino "contra la sentencias tradicionales acerca de
la Trinidad". Esto es, Servet escribe contra Pedro
Lombardo y su libro Cuatro libros de sentencias.
Parafraseando
a Servet, podíamos decir: Pero ahora yo, me retracto/reviso
lo anterior. Para ello, utiliza el verbo latino retractare
(volver a tratar, sin el sentido castellano de corregirse),
que deja en el aire lo que efectivamente va a hacer: no
a corregirse al haber sido tratado de hereje, sino a reelaborar
lo dicho y decirlo con otras palabras. Lo dicho no es falso,
sino que en todo caso está incompleto. De alguna
manera, manteniendo el núcleo de su pensamiento,
intenta reformular el dogma trinitario de forma más
comprensible. Toca aquí un tema de gran actualidad
en todas las religiones: cómo reformular las creencias
desde supuestos epistemológicos nuevos.
De
modo que Servet advierte en el SALUDO AL LECTOR que la obra
que ahora ve la luz forma un conjunto con la anterior y
que no basta leerla deprisa y superficialmente. Se trata
de entender y para ello hay que implicarse personalmente
y no quedarse en la mera forma de lo escrito. Por eso insiste
en que su intención no era formular verdades sino
dar expresión nada menos que a la sabiduría
de Dios. Servet suplica al lector que preste atención
a la cosa misma, no al lenguaje, y sobre todo, que se produzca
un cambio en su mente, en su forma de pensar y de sentir.
Ahí está la clave, no en asentir a las formulaciones
de meras doctrinas que pueden cambiar, sino en la transformación
personal que implica la sabiduría divina.
Si
su primer libro De erroribus comenzaba con el hombre particular
llamado Jesús, al que todos veían y podían
señalar diciendo éste de aquí, el de
Diálogos comienza por lo más lejano, por lo
que ocurrió al principio. La estrategia de Servet
parece clara: los lectores de su primer libro no habían
tenido en cuenta la filosofía celeste expuesta en
él. Tal vez habían entendido que su libro
hablaba del hombre Jesús adoptado por Dios como Hijo,
olvidando que Jesús era Cristo y Dios. De modo que
en su nuevo escrito coloca justo al inicio los arcanos sobre
Cristo en tanto que es Palabra, Logos y Elohim.
"Además,
la fe en CRISTO ayuda maravillosamente a ello, porque por
ella recibimos el espíritu, y, a no ser que en primer
lugar creas que JESÚS CRISTO es hijo de Dios, nunca
te entenderás a ti mismo. Esta es la estupidez, o
mejor la filosofía celeste, que no se extrae de Aristóteles,
sino muy plena y claramente de fuentes divinas, a condición
de que sigamos el modo de hablar de la Escritura, pues en
sus mismas palabras late espíritu y sabiduría
y estilo de sabiduría" (De Erroribus, 108r,
358-359)
A
su vez, en el opúsculo De la Justicia del Reino de
Dios incluido al final, explica entre otras cosas la complementariedad
entre fe y caridad, pues, aunque la justificación
del creyente es sólo por la fe, la caridad y las
buenas obras son encomiables y complacen a Dios, aspecto
en el que se diferencia claramente de Lutero
y otros reformadores protestantes.
Al
final se encuentra uno de los textos por los que Servet
es considerado como adalid de la tolerancia religiosa y
la libertad de conciencia, ya que afirma que "ni con
estos ni con aquellos estoy de acuerdo en todos los puntos,
ni tampoco en desacuerdo. Me parece que todos tienen parte
de verdad y parte de error y que cada uno ve el error del
otro, mas nadie el suyo... Fácil sería decidir
todas las cuestiones si a todos les estuviera permitido
hablar pacíficamente en la iglesia contendiendo en
deseo de profetizar"
Reformulación
de la cristología o la lucha por un lenguaje propio
Es
necesario imaginarse a Servet componiendo la reformulación
de su teología, -escribe David Moreno - luchando
con el lenguaje para conseguir ser entendido y ganando en
confianza en sus propios planteamientos sin renunciar a
su voluntad de ortodoxia.
Merecen
citarse las palabras de Servet porque dan testimonio de
su biografía intelectual y vital: "yo la [a
la Palabra] llamé sombra forzado por la necesidad,
no sintiéndome capaz de exponer ese misterio de otro
modo" (Diálogos, A2v, 388); "nuestros modernos
hacen mal en usar el término hipóstasis, porque
no entienden que la substancia de la Palabra y la subsistencia
de la carne son una única substancia" (Diálogos,
B1r, 401); "te conviene meditar aquí sobre la
antigua diferencia entre ser creado y ser engendrado, que
los modernos nos han torcido en otra dirección"
Diálogos, B4v, 409); "es deplorable que estemos
tan imbuidos de hábitos filosóficos al hablar
que nos quedemos ciegos para conocer los misterios de Dios"
(Diálogos, B6v, 413).
Si
en su primer libro, De erroribus (1531) se refería
a las formulaciones trinitarias que surgieron en el concilio
de Nicea y meditaba sobre los textos de San Juan, se puede
decir que en Diálogos (1532) desplaza el centro de
atención hasta la cristología del concilio
de Calcedonia y los textos leídos con mayor fervor
son ahora las cartas de San Pablo.
Así,
en De erroribus, Servet denuncia la imposibilidad de que
en lo Uno se encierre una tríada, e intenta desintoxicar
el planteamiento tradicional de la influencia de Aristóteles.
En Diálogos, Servet cuestiona la concepción
tradicional de la persona de Cristo como un compuesto de
dos elementos enteramente incompatibles, planteamiento que
tiene su origen en la filosofía de Platón,
aunque en este caso, Servet no nombra al filósofo.
4.
Consecuencias de la ejecución de Servet
Independientemente
de la importancia de sus descubrimientos fisiológicos
o de su labor como polemista religioso, los sucesos que
acarrearon el juicio y muerte de Miguel Servet se han considerado
como punto de arranque de la discusión que condujo
al reconocimiento de la libertad de pensamiento y de expresión
de las ideas. Asimismo, las Iglesias
Unitarias, surgidas de los movimientos antitrinitarios
del siglo XVI y posteriores, consideran a Servet su pionero
y primer mártir.
La
ejecución de Servet escandalizó a muchos pensadores
de toda Europa, principalmente en el ámbito protestante,
que se oponían a que se matara a las personas por
razones de fe. Destaca particularmente la defensa de Servet
que realizó Sebastián
Castellion: "Matar a un hombre no es defender una
doctrina, es matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron
a Servet, no defendieron una doctrina, mataron a un hombre."
Por
otro lado, desde mediados del siglo XIX y principios del
XX, Servet comenzó a ser reivindicado por partidarios
del librepensamiento, que veían en su ejecución
una prueba de los peligros que conlleva el fanatismo religioso,
aunque a menudo como resultado de un análisis superficial
y sin tener en cuenta la obra y conceptos teológicos
del propio Servet.
Marian
Hillar, estudioso polaco-norteamericano de la obra de
Servet, hizo la siguiente evaluación sobre el impacto
perdurable que tuvo la ejecución del erudito español:
"Fue el punto de inflexión en la ideología
y mentalidad dominantes desde el siglo IV. [...] Históricamente
hablando, Servet murió para que la libertad de conciencia
se convirtiera en un derecho civil en la sociedad moderna"
Leandro
Sequeiros
Jueves 12 Mayo 2011