ESCLAVITUD
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Edmundo
Moure Rojas
2011
|
Entré
en el banco para cobrar un cheque por honorarios contables,
cantidad modesta, por no decir exigua
Pasé
el documento a la cajera, junto con mi cédula de
identidad, cuyo número había yo anotado en
el reverso, además del teléfono de contacto.
La mujer revisó el cheque, llenándolo de nerviosos
visto-buenos con lápiz rojo; enseguida, introdujo
el documento en una pequeña máquina electrónica
que, al parecer, emitía agudos pitidos de aprobación
certificatoria cada vez que el cheque hacía una pirueta,
entrando y saliendo, como serpiente de celulosa.... Me miró
con gesto frío, pidiéndome que metiera mi
dedo pulgar derecho en la ranura de un adminículo
provisto de luz verde. Lo hice. Me conminó a repetir
la operación, tres veces, posicionando el dedo más
arriba o más abajo de la ranura. Refunfuñó
algo ininteligible -mi dedo era grande para el ojo-orificio
de aquel cíclope de pacotilla- y me alargó,
con cierta dureza en el ademán, un minúsculo
tampón redondo para que yo untara el pulgar y lo
presionara sobre el dorso del cheque. Inquirí el
porqué de la huella dactilar si le había entregado
mi carné, tarjeta plástica que ya verificara
en otro artilugio revelador-confirmativo
-Son normas
de seguridad del Banco- me respondió, con acento
de franca ironía
Iba a pagarme en billetes
cuando las luces titilaron. Me miró con aire de triunfo,
para decirme: -Lo siento, no puedo pagarle su cheque, se
cayó el sistema
-Pero, cómo, señorita,
necesito mi dinero, ahora
-Si gusta, espere señor,
hasta que repongan el sistema. Faltaban diez minutos para
las dos de la tarde y yo tenía que depositar en otro
banco
Esperé, esperamos, los cuarenta o cincuenta
individuos que llevábamos aguardando, hacía
más de una hora, flanqueados por correas plásticas,
como reses conducidas al martirio, hasta que, cerca de las
tres, volvieron a titilar las luces y el glorioso "sistema"
(dios electrónico) se apiadó de los pobres
de la tierra para que nos fuese entregado el maná
en papel moneda.
Salí
raudo a pagar las cuentas del gas, de la luz y del agua,
todas con amenaza de "corte en trámite",
frase escrita bajo las facturas que me suena, mes a mes,
a destino implacable, a premonición dolorosa
En la compañía de gas, una funcionaria relamida
me explicó que no era posible pagar una de las dos
cuentas pendientes; que debía abonar, a lo menos,
el setenta y cinco por ciento de la deuda total
Pensé
en la escala de prioridades: sin gas no se puede cocinar
ni calentarse en el crudo invierno
El saldo me alcanzaría
para pagar la cuenta del agua, porque sin ella no se puede
vivir; en cuanto a la luz, aún había velas
en casa, aunque la ausencia de la "caja de los idiotas"
provocaría contratiempos familiares
Recordé
que también iban a cortar el teléfono, pero
a estas alturas eso podría constituir una bendición,
el beneficio del silencio, un resabio de soledad liberadora.
Volví
a la oficina cerca de las cuatro de la tarde. El jefe me
atravesó con mirada de reprobación, diciéndome
que las "diligencias particulares" había
que hacerlas fuera del horario de trabajo, que mi contrato
era a tiempo completo, que no era la primera vez que ocurría,
que a la próxima iba a descontarme las horas perdidas
(Me acordé de Proust, pero no se lo dije; tampoco
abundé en el tópico del tiempo perdido ni
en el de la esclavitud que Cronos impone). Me quedaba algún
dinero en la tarjeta de "red compra"; con eso
podría adquirir vituallas básicas a la salida
del trabajo
Cuando me sentí algo distendido,
me llamaron de casa avisándome de la suspensión
de la energía eléctrica
(Mientras a
mí me quede energía, iba a responder, pero
no dije nada
)
Pasé
al supermercado y fui echando en el carro las menestras.
Me detuve en los vinos; había una oferta imperdible
de cabernet sauvignon, pero resistí el oscuro deseo,
pensando que sería inmoral beber en circunstancias
de evidente inopia
Cogí una lata de cerveza
que costaba el tercio de un kilo de pan
Al llegar a
la caja tenía mi cuenta sacada, pero la cajera me
dio una cifra algo mayor
-Le pago una parte en efectivo,
le dije, y el saldo con lo que me queda en la "red
bank"
Todo iba bien hasta que la tarjeta no funcionó
-Tengo saldo suficiente, le supliqué
-Probablemente,
me respondió, pero se acaba de "caer el sistema"
Me deshice, estoico, de un cuarto de la compra, conservando
la cerveza. (Es bueno sufrir, pero no tanto, reflexioné).
Mi casa lucía un aspecto romántico bajo la
luz mortecina y el aroma espeso de las velas. (Recordé
que Cervantes había escrito su Ingenioso Hidalgo
al amparo de una vela; asimismo que estuvo cautivo durante
cinco años, como simple esclavo, en las mazmorras
de Argel).
Me pasaron
en casa la cuenta impaga por los gastos comunes y el talón
de pago del colegio y una imperativa carta de cobranza de
la universidad
Bebí la cerveza con resignada
delectación, mientras una voz hecha conciencia me
recordaba que el médico me prohibiera la cerveza,
por "presión alta" y otras dolencias de
la edad provecta. (Voy a releer la biografía de Mahatma
Gandhi, escrita por Romain Rolland
Allí habla
de la lucha por la libertad y del concepto que de ella tienen
el hinduismo y el budismo, como logro espiritual por encima
de la materia y las pedestres necesidades
Se es libre
sólo en la interioridad de sí mismo
Un auténtico llamado al desprendimiento y a la santidad).
Algunos
me hablan de la "libertad de los hijos de Dios",
es decir de la capacidad de escogencia entre el bien y el
mal, pero esa creencia está fuera de mi pobre entendimiento.
Abro
mi correo electrónico. Un mail del "City Bank
de Londres" me comunica que he ganado un millón
de libras esterlinas en un extraño sorteo virtual...
Para asegurar su pronto pago y cubrir gastos de transferencia
y gestiones varias, debo remitirles cincuenta libras, cuanto
antes.
La vida
es breve, efímera, quizá más escurridiza
que la libertad, salvo que ésta nos llegue cuando
crucemos hasta la otra orilla, aunque podría ser
que encontrásemos la dulce esclavitud que consiste
en la entrega eterna y absoluta al Amado (Santa Teresa dixit).
Por
ahora, las redes siguen apresando a la mariposa nocturna.
Edmundo Moure