La forma primordial de comunicarse dependería
de un sentido
Similar al de la vista o el tacto,
descodifica la comunicación humana en sus diferentes
formas
Muchos
especialistas intentaron en vano encontrar el idioma original
o pre Babel. El problema es que lo que se busca es un idioma
o un protolenguaje. Si se quiere llegar a él hay
que cambiar el paradigma y empezar a rastrear un sentido,
que llamamos Neem, que funciona como la vista, el tacto
o cualquiera de los otros. Ese sentido es el que decodifica
el tipo de comunicación propio de la experiencia
mística, la comunicación holística
de los animales y el hombre primitivo, y de aquellos que,
por algún motivo, quedaron sin contacto con otros
humanos desde su nacimiento.
Por Patricia Arca Mena y Gustavo Masutti Llach.
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Algunas
de las áreas cerebrales asociadas con el lenguaje:
Área de Broca (Azul), Área de Wernicke
(Verde), Supramarginal gyrus (Amarillo), Angular gyrus
(Naranjado), Primary Auditory Cortex (Rosado). James.mcd.nz.
Wikipedia. |
Mucho
se ha dicho y escrito sobre qué es lo que distingue
a los Humanos del resto de los seres de la Creación
con conclusiones bien variadas de acuerdo con el enfoque.
Sin embargo, la mayoría está de acuerdo en
citar a la conciencia de sí: Hasta donde se sabe,
el Hombre es el único animal capaz de reflexionar
sobre su condición. Y para ello tiene una herramienta
fundamental: el lenguaje, que es lo que con más claridad
distingue a la conducta humana pues la utiliza para construir
cultura. Se lo puede definir como un sistema de símbolos
que representan cosas e ideas y que es vital para pasar
los conocimientos adquiridos a la generación siguiente.
Gracias a este proceso, los nuevos ya no arrancarán
de cero la carrera por la supervivencia y la evolución.
Además, la comunicación permite cotejar los
saberes, compartir los descubrimientos y reflexionar con
los semejantes.
Desde el punto de vista fisiológico, si bien los
últimos estudios en neurociencias relativizan cada
vez más la anatomía del pensamiento, y tienden
a demostrar que el cerebro piensa en red, los monitoreos
con SPECT
("Single Photon Emission Computed Tomography")
indican que cuando se está interpretando un idioma,
una de las zonas que se activa es la conocida como el área
de Broca, ubicada en el hemisferio izquierdo.
¿Es
el lenguaje inherente al Hombre?
"Toda la Tierra tenía una misma lengua y
usaba las mismas palabras (
) Mas Dios descendió
para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban levantando
y dijo: 'He aquí que todos forman un solo pueblo
y todos hablan una misma lengua, siendo este el principio
de sus empresas. Nada les impedirá que lleven a cabo
todo lo que se propongan. Pues bien, descendamos y allí
mismo confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan
los unos con los otros'. Así, Dios los dispersó
de allí sobre toda la faz de la Tierra y cesaron
en la construcción de la ciudad. Por ello se la llamó
Babel, porque allí confundió Dios la lengua
de todos los habitantes de la Tierra y los dispersó
por toda la superficie".
Génesis, 11.
Los antropólogos estiman que el lenguaje entendido
como producción y percepción de un idioma
nació hace alrededor de 35.000 años, cuando
todavía los últimos Neandertales eran contemporáneos
de los primeros Cromagnones. Estos últimos, con una
cavidad bucal más adecuada a la articulación
de sonidos dieron el salto adelante. Los expertos todavía
no se ponen de acuerdo sobre si hubo un lenguaje original
del cual se derivaron los idiomas y apenas pueden especular
sobre el tema.
En
este punto es válido preguntarse si alguna vez todos
los hombres hablaron idioma universal como refiere la Biblia
en la historia de la Torre de Babel, lo que daría
la razón a la teoría de la monogénesis
del lenguaje defendida en el siglo XVIII por el filósofo
alemán Gottfried Wilhelm von Leibniz, entre otros.
Algunas
pistas: El prestigioso lingüista y filósofo
estadounidense Noam
Chomsky postula la existencia del LAD
(Language Acquisition Device, o dispositivo para la adquisición
del lenguaje) una suerte de "caja negra" innata,
que sería capaz de recibir un input o entrada de
datos lingüísticos y, a partir de él,
derivar las reglas gramaticales universales.
Al
respecto, el psiquiatra Daniel
Drubach, de la Mayo Clinic, en Minnesotta, explicó
en su conferencia "Neurobiología de la imaginación
y su relación con la espiritualidad" (dictada
en el Foro de reflexión Cerebro y Espiritualidad,
Buenos Aires, 17 de Septiembre de 2007): "Cuando
el niño nace su cerebro está preconfigurado
para ciertas actividades, que las llamamos universales.
El lenguaje verbal (es la más estudiada), no el escrito,
está presente en todas las culturas humanas. Nunca
se encontró una cultura que no hable. Se cree que
viene preconfigurado, y que no es sólo algo anatómico
sino también funcional. Lo curioso es que el lenguaje
está preconfigurado pero el idioma no. El idioma
es puramente un resultado de la cultura. Esto es interesante
porque entre todos los idiomas hay muchísimas similitudes.
Inclusive, los lingüistas dicen que no hay ninguna
diferencia de fondo entre el chino, el inglés y el
español, por ejemplo. Que lo único que difiere
es el símbolo. La estructura del lenguaje es igual
en todas las culturas".
En busca del idioma original.
En
su artículo "¿Qué
idioma habla Dios?" publicado en La Revista El
Cultural del diario español El Mundo (del 7-julio
de 2005) el Doctor en Medicina y catedrático de Fisiología
Humana de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco
Mora Teruel, refiere que la búsqueda de ese idioma
original, y por ende más cercano a Dios, lleva siglos
y que los casos conocidos se remontan a la historia que
cuenta el historiador griego Herodoto de Halicarnaso sobre
el faraón de Egipto, Psammenticus, quien hace 2600
años aisló niños para comprobar si
desarrollaban un idioma desde cero (habrían dicho
una palabra en frigio), experiencia repetida por el Rey
Jaime IV de Escocia en el siglo XV de nuestra era. Y que
una experiencia mejor documentada es la del emperador Mogol
Akbar Khan, quien a principios del siglo XVI, repitió
la experiencia de Egipto y Escocia y de acuerdo con la crónica
de un jesuita, el resultado fue que los niños no
hablaban nada. De este modo, concluyó que el idioma
genuino del hombre era el silencio. Esta historia fue refrendada
en la actualidad: se encontraron niños aislados por
sus padres o perdidos en la selva en sus primeros años,
que no hablaban.
Opina
Mora Teruel: "Si algún idioma Dios dio al
hombre en sus orígenes es claramente el de los gestos
y el silencio. De lo que se deduce además, que no
hay libro alguno que exprese, en ningún idioma, el
verbo directo de Dios. Dios, si existe, es silencio y cualquier
libro que hable de ese silencio ha sido filtrado por el
cerebro humano. Y esto nos lleva a comprender que la interpretación
humana de ese silencio, su desciframiento y su traducción
en forma de lenguaje, es tan individual como lo es cada
cerebro en cada uno de los más de seis mil millones
de habitantes que pueblan la tierra".
El lenguaje en sentido amplio.
Se
tiende a pensar en el lenguaje como en el cotidiano intercambio
de frases y en un medio de comunicación entre los
seres humanos que, a partir de signos orales y escritos,
poseen un significado útil para relacionarse con
los demás. Sin embargo, en su sentido más
amplio, se trata de un proceso mucho más complejo
en el que intervienen una gran cantidad de actividades mentales.
Desde luego, las propias del lenguaje hablado, como reconocer
las palabras dentro de la cadena sonora, determinar su significado
en un contexto de la oración que forman, identificar
el nivel de significado o significados de la frase, y formular
una respuesta.
No
obstante, limitar al lenguaje a una simple combinación
de palabras es muy superficial, incluso si se agrega el
contexto cultural. De hecho, las formas no verbales de comunicación
entre los seres vivos incluyen luces, imágenes, sonidos,
gestos, colores, olores y más. Los animales tienen
diferentes maneras de hacerse llegar los mensajes sin un
lenguaje oral. Los pájaros, los delfines, los insectos,
no hablan en sentido estricto entre ellos, por ejemplo,
aunque se comunican. Ellos saben si otro animal va a atacarlos,
si una planta es venenosa o si una hembra está lista
para aparearse porque reciben las señales y las decodifican.
Por
lo tanto, lo que viene preconfigurado desde el nacimiento
es la capacidad de comunicarse. Pero a través de
un proceso que se asemeja más al funcionamiento de
un sentido (como la vista o el olfato), que al idioma, que
es más parecido a una tecnología, algo inventado
por la cultura. Como la escritura, lo que hace el idioma
es segmentar una porción de lo que se está
comunicando para codificarlo en un mensaje restringido.
Esto
se ha estudiado mucho, se sabe que el mensaje hablado es
sólo una parte pequeña de la comunicación.
Por ejemplo, en una charla hay muchos elementos que enriquecen
la comunicación entre dos personas y que van más
allá del intercambio de palabras y frases. Tal es
el caso de las inflexiones de la voz, los gestos, las señales,
los movimientos involuntarios del cuerpo, etcétera.
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El
pequeño salvaje.
Película basada en la historia de un niño
encontrado en el sur de Francia en el Siglo XVIII |
El
lenguaje holístico
Hasta aquí podemos afirmar que la comunicación
parlante no es inherente al Hombre. Aunque siempre existió
la comunicación, el lenguaje tal como se lo conoce
hoy, creció y se desarrolló a la par de la
civilización. En el estado natural original los seres
se comunicaban entre sí y con la naturaleza. No había
diferencias entre el lenguaje humano y el medio de comunicación
del resto de las especies animales. El hombre, al individualizarse
y volverse cultural, perdió esa capacidad. Pero la
cuestión no es tan simple.
Al
respecto, el Catedrático de la Facultad de Medicina
de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco J.
Rubia, explica en un reportaje
cómo era el lenguaje del hombre pre-cultural: "Antes
de que surgiera la conciencia dualista el hombre se encontraba
en el paraíso de la conciencia holística en
donde los contrarios no existían, en el 'océano
primordial' origen del cosmos en la mayoría de los
mitos, que se interpreta como una unidad/totalidad. Es de
suponer que esta Unidad, que también puede aparecer
como paraíso, corresponda, desde el punto de vista
neurofisiológico, al hemisferio derecho, unido estrechamente
al sistema límbico o sistema base de las emociones
y afectos. El despertar a la conciencia, por tanto, hace
que el hombre tenga nostalgia de esa unidad o paraíso
perdido y quiera volver a él. Casi todas las religiones
tienen como meta la unión con la divinidad, con el
Uno, al final de la vida. El retorno al paraíso es,
lógicamente, una tendencia muy humana y supondría
la resistencia al desarrollo impuesto por la evolución.
Es la negación de la realidad como intento de regresión
a épocas pretéritas más felices".
Y
en su artículo "El
pensamiento dualista" agrega: "La conciencia
del hombre primitivo se asemeja más a la que aparece
en los sueños, distinta de la del hombre moderno
despierto. Es por esto por lo que el hombre primitivo no
diferencia entre el sueño y la realidad, ambos constituyen
un 'continuum'. Habría que decir que no es que el
hombre primitivo no sepa distinguir entre el sueño
y la realidad, sino que ambos estados, el sueño y
la realidad emotiva son productos de las mismas estructuras
y por lo tanto sujetos a las mismas leyes, lo que le impide
hacer diferencias entre ellos (
). También la
separación entre el alma y el cuerpo sería
moderna. El hombre primitivo no las diferencia en absoluto,
al contrario, ambos forman una unidad mística indiferenciada".
Y llega a una osada conclusión: "Quizá
espacio y tiempo sean las gafas con que el cerebro mira
la realidad. ¡Un filtro construido por el cerebro!
Quizá el cerebro nos restrinja lo real, cosa útil
para sobrevivir como especie. Y, en el éxtasis místico,
¡el cerebro se quita un ratito esas gafas, ese filtro!"
Y
ahora entra en juego la "variable Dios", la última
de las pistas.
Experiencia Mística: La voz de Dios.
"¿Qué
tipo de sentencia (me pregunté) construirá
una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes
humanos no hay proposición que no implique el universo
entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron,
los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que
se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del
pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré
que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría
esa infinita concatenación de los hechos, y no de
un modo implícito, sino explícito, y no de
un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción
de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria.
Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra,
y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por
él puede ser inferior al universo o menos que la
suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale
a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son
las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo".
Jorge Luis Borges, "La
escritura de Dios" (El Aleph, 1949)
La
historia y los textos sagrados (no sólo los cristianos)
están llenos de testimonios de personas que, de manera
espontánea o provocada, logran alcanzar un "estado
modificado de la conciencia". Cuando la experiencia
conlleva ciertas sensaciones de de trascender lo mundano
y penetrar en una dimensión espiritual se habla de
éxtasis
místico. Este fenómeno transcultural tiene
registros en muchas sociedades y religiones diferentes.
En
"Las Variedades de la Experiencia Religiosas",
William
James comenta que la experiencia
mística es inefable, que quienes la experimentan
refieren que no puede describirse en palabras adecuadas,
que debe experimentarse directamente, pues no es posible
comunicarla ni transferirla a los demás. Y razona:
"Por esta peculiaridad los estados místicos
se parecen más a los estados afectivos que a los
intelectuales".
Muchas
personalidades históricas han tenido experiencias
místicas, como Vincent Van Gogh, William Bake,
George Rusell, Juana de Arco, Ezequiel, San Pablo, Mahoma;
Dante, Ignacio de Loyola, Bernardo de Claraval, Rumi, Jacob
Bohme , Ovidio, Al-Gazzali, Ibn Arabi, Hildergard Von Bingen
y el Dalai Lama, entre otros.
Y
es así que diferentes autores han establecido una
variedad de parámetros que debe tener la experiencia
mística para ser catalogada como tal y diferenciarse
de las diferentes patologías neuropsicológicas,
como psicosis, epilepsia, esquizofrenia, etc. Estos parámetros,
similares para las diversas culturas, religiones y épocas
de la humanidad sólo marcan diferencias según
la formación e historia personal de lo vivido en
la historia del sujeto.
Las
mismas podrían resumirse en las siguientes, de acuerdo
con la clasificación del doctor Robert M. Gimello
de la Universidad de Harvard:
-Sensación de unidad de todo lo existente.
-Pérdida del yo y del mundo (sujeto y objeto).
-Pérdida del sentido de la causalidad.
-Sensaciones de fuerte tono afectivo: alegría, bienaventuranza,
paz, vitalidad, bienestar físico y mental.
-Sensación de estar en contacto con lo sagrado.
-Sensación de objetividad y realidad.
-Superación del dualismo y aceptación de la
paradoja.
-Inefabilidad.
-Transitoriedad: dura instantes, como mucho una o dos horas.
-Cambios positivos persistentes en la actitud y conducta
del sujeto.
-Cualidad noética: estados de conocimiento de intuición
y verdad.
-Sensación de elevación y/o flotar en el aire.
-Referencia a la luz: fogonazos, luminosidad sostenida,
presencia luminosa, fuego o calor intensos (generalmente
blanca).
El
psiquiatra estadounidense Arthur
Deikman, de la Universidad de California, defiende la
hipótesis de que los fenómenos místicos
se producen a partir de una desautomatización de
estructuras psicológicas que organizan, limitan,
seleccionan e interpretan los estímulos perceptuales
que llegan a través de los sentidos.
En
otras palabras, en la experiencia mística las sensaciones
son mucho más cercanas a las del niño pre-parlante,
a las del hombre primitivo o las que se experimentan en
el ensueño, que a las del adulto, contemporáneo
en vigilia. En lenguaje llano: Dios se comunica sin palabras.
Conclusiones: El sentido "Neem".
Limitar
el concepto de comunicación humana al uso del idioma
es absurdo, puesto que éste es apenas una porción
del total. En ese sentido amplio se puede afirmar que sí
existió un lenguaje original, previo a Babel, y que
es el mismo que viene "por defecto" instalado
en el cerebro de los recién nacidos. También
es aquel que "hablan" los niños encontrados
sin contacto con la cultura humana y que usaba el hombre
primitivo. Y, no por casualidad, es el que se experimenta
durante la experiencia mística.
Esta
manera de comunicarse es holística, disuelve los
límites entre el yo y el otro y se manifiesta como
certezas instantáneas, no como el final de un proceso
de decodificación de conceptos. Funciona como un
sentido y a falta de nombre lo llamaremos Neem, por el árbol
del paraíso.
Y
tiene su lógica. En el paraíso no había
mentira, algo imposible en este tipo de comunicación.
Así deberían haberse comunicado Adán
y Eva entre ellos, y con el resto de la Creación.
Hasta que la cultura se impuso. Le pusieron nombre a todo
para diferenciarlo de sí mismos y comieron del árbol
del Conocimiento. Bloquearon el sentido Neem y fueron expulsados
del paraíso. Tal vez si se lo recupera, se estará
listo para emprender "la vuelta a casa".
Por Patricia Arca Mena y Gustavo Masutti Llach, desde
Argentina.
Patricia
Arca M. es Médica (M.N. 97.815) en 1997 en la
Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Maimónides,
Profesora Universitaria en la misma casa de Altos Estudios
y actualmente se encuentra cursando el Doctorado en Neurociencias
avalado por el Grupo Internacional de Neurociencias Cognitivas
Aplicadas.
Gustavo Masutti Ll. es Bibliotecario Profesional
en 1993 (ISFD Nº8 de La Plata) y de Técnico
Superior en Periodismo en 1996 (TEA, Buenos Aires).