El
Segundo Cerebro
El segundo cerebro también condiciona
nuestra salud. Alojado en los intestinos, podría
estar relacionado con enfermedades como el autismo o
la osteoporosis.
Yaiza Martínez
Tendencias 21
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El sistema nervioso entérico o "segundo cerebro"
se encuentra situado en nuestros intestinos, y está
compuesto por 100 millones de neuronas. La revista Scientific
American analiza el curioso funcionamiento de esta red neuronal,
gracias a la que "sentimos" ciertas emociones
en la tripa, y también gracias a la que nuestro organismo
hace la digestión sin contar con la ayuda del cerebro
principal. En la revista se analizan asimismo los resultados
de las últimas investigaciones al respecto, que señalan
que el segundo cerebro estaría relacionado con diversas
enfermedades, como el autismo o la osteoporosis. Por Yaiza
Martínez.
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Las
sensaciones de "nervios en el estómago"
o de sentir en las vísceras punzadas de angustia
o de cualquier otra emoción son consecuencia
de la existencia de lo que los especialistas llaman
un "segundo cerebro" en nuestro organismo.
Este
segundo cerebro consiste en una red de neuronas, a
menudo pasada por alto, que recubre nuestras vísceras.
La profundización en el conocimiento de esta
masa de tejido neuronal formada por importantes neurotransmisores
está revelando que este segundo cerebro hace
mucho más que controlar la digestión
de alimentos.
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Un
artículo reciente publicado por la revista Scientific
American analiza los conocimientos más recientes
sobre esta red neuronal y explica las características
del técnicamente conocido como "sistema
nervioso entérico".
Sentir,
pero no pensar
El
estudio del segundo cerebro ha dado lugar, en las últimas
dos décadas, a una rama de investigación conocida
como neurogastroenterología. La importancia de conocer
a fondo el sistema nervioso entérico radicaría
en que éste se encarga de que las funciones digestivas
mantengan un funcionamiento coordinado e integrado.
Pero
no sólo eso, afirman los expertos. Situado en el
interior de las entrañas, el segundo cerebro está
conectado con el cerebro situado en el interior del cráneo
y, al menos en parte, determina nuestro estado mental y
juega un papel clave en ciertas enfermedades del organismo.
Fuera
de su alcance quedan, a pesar de la gran repercusión
que esta red neuronal tiene para el cuerpo, la generación
de pensamiento consciente y la capacidad de decisión,
afirman los investigadores.
Según
declara el experto en la materia Michael
Gershon, del Columbia University Medical Center: "el
segundo cerebro no ayuda en los procesos mentales: la religión,
la filosofía y la poesía están en manos
del otro cerebro". Gershon está especializado
en el estudio de esta red de neuronas, y es autor de un
libro titulado "The
Second Brain".
En
qué consiste
El
sistema nervioso entérico está compuesto por
conjuntos de neuronas incrustadas en las paredes del largo
tubo del intestino, o canal alimenticio, cuya extensión
es de alrededor de nueve metros, desde el esófago
al ano.
Este
segundo cerebro contiene alrededor de 100 millones de neuronas,
que es más de las que hay en la médula espinal
o en el sistema nervioso periférico, explica Gershon.
Esta
enorme cantidad de neuronas del sistema nervioso entérico
es la que permite que la digestión se haga de forma
apropiada, sin que el cerebro principal tenga que intervenir
en sus procesos: la rotura de los alimentos, la absorción
de los nutrientes y la expulsión de los desechos
requieren de procesos químicos, contracciones musculares,
etc. de los que se encarga el segundo cerebro, de forma
independiente.
Pero
la complejidad del sistema nervioso entérico no termina
ahí, porque este segundo cerebro también influye
en una gran parte de nuestras emociones: la sensación
de tener "mariposas en el estómago", por
ejemplo, es en realidad una señal fisiológica
que responde a un estado de nervios o de estrés,
y que percibimos gracias los nervios presentes en nuestro
intestino.
Intestino y salud
La
complejidad del segundo cerebro hace que, según Gershon,
de él dependa en parte nuestro bienestar físico
y emocional cotidiano.
Dada
la concordancia entre ambos cerebros, los científicos
afirman que, por ejemplo, ciertos tratamientos contra la
depresión que tengan como objetivo la mente, pueden
impactar sin pretenderlo en el intestino.
Es
el caso de ciertos medicamentos antidepresivos, los denominados
inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina
(ISRS),
que aumentan los niveles de serotonina en el organismo,
y que pueden provocar efectos gastrointestinales secundarios,
como el síndrome
del intestino irritable.
Esto
es debido a que la serotonina,
una hormona que es sintetizada por el sistema nervioso central
y que actúa como neurotransmisor, se encuentra en
su mayor parte (en un 95%) en el tracto intestinal del organismo.
Los
científicos están descubriendo que la serotonina
podría, además, jugar un papel en la aparición
de otras enfermedades. Recientemente, en la revista Nature
apareció un artículo que relacionaba un medicamento
inhibidor de la producción de serotonina en el intestino
con la osteoporosis (enfermedad ósea degenerativa)
en roedoras postmenopáusicas.
Asimismo,
la serotonina del "segundo cerebro" podría
jugar un papel en el autismo. En sus investigaciones, Gershon
ha descubierto que los mismos genes implicados en la formación
de la sinapsis (conexiones entre neuronas) del cerebro están
también implicados en la formación de sinapsis
del sistema nervioso entérico. Según él,
si estos genes se ven afectados por el autismo, esto podría
explicar por qué muchos niños autistas padecen
anomalías gastrointestinales.
Otras
investigaciones actuales tratan de establecer cómo
el segundo cerebro interviene en la respuesta inmune del
organismo, dado que el 70% de nuestro sistema inmunológico
se centra en el intestino para expulsar y matar a sus invasores.