A lo largo de la historia de la ciencia del siglo XX han
existido diferentes modelos cosmológicos cíclicos.
El original modelo de Friedmann propuso que nuestro universo
es un estadio más de una sucesión ilimitada
de universos cerrados que nacen y colapsan en extrañas
singularices físicas. Animado por Einstein, Tolman
relacionó ideas relativistas con leyes termodinámicas
para formar un nuevo modelo cíclico del universo
con una flecha temporal definida, sin incluir los grados
de libertad de la gravedad.
El
modelo de Smolin ofrece una visión más reciente
acerca de múltiples universos bebés originados
en las singularidades de los agujeros negros. La amplísima
gama de tipos universos explica el origen de la vida en
términos de probabilidad. Otras tentativas en teoría
de cuerdas como el modelo de Veneziano se basan en nuevas
geometrías sin lograr evitar las irregulares singularidades.
Hawking consiguió eliminarlas en sus modelos cosmológicos
sin fronteras. Ashtekar y Bojowald han conseguido el mejor
modelo sin singularidad inicial, usando novedosas aproximaciones
a la gravedad cuántica. Sin embargo, ningún
modelo cosmológico ha incluido aún los grados
de libertad gravitatorios. ¿Es posible un nuevo modelo
mejorado?
El orden estructural: el misterio de la Segunda Ley.
La
Mecánica de Newton y la Relatividad General de Einstein
son teorías físicas locales con simétrica
temporal. En contra de la experiencia psíquica fenomenológica,
no admiten una dirección temporal: pasado y futuro
son simétricos. No existe, pues, un flujo del tiempo
desde el pasado hacia el futuro. Por simetría, tampoco
existe un flujo hacia el pasado; simplemente, el tiempo
no fluye. No fluye porque no tiene por donde hacerlo. El
espacio-tiempo de Einstein es una única estructura
de cuatro dimensiones donde espacio y tiempo son finitos
y están predeterminados.
Las
actuales teorías físicas constituyen un conjunto
completo de leyes físicas locales, en referencia
a un espacio-tiempo que permite describir la historia del
Universo hasta el mismo Big Bang. El Big Bang como singularidad
geométrica primordial no pertenece en sí mismo
al canon del conocimiento físico, pues las vigentes
leyes físicas no pueden aplicarse a algo que no pertenece
al espacio-tiempo: no es posible predecir lo que sucede
en una singularidad.
La
segunda ley de la Termodinámica afirma que todos
los procesos irreversibles en el Universo conllevan un incremento
global de la entropía, es decir, de la magnitud que
cuantifica el grado de desorden o desinformación
de un sistema termodinámico. Este aumento de entropía
nos permite diferenciar el antes y el después de
todo proceso irreversible. Todo estado posterior se corresponde
con una mayor cantidad de entropía o desorden, distinto
del antes con menor desorden. El aumento de la entropía
nos permite, pues, diferenciar un sentido positivo del flujo
temporal. Es decir, definir una flecha del tiempo coherente
con la experiencia subjetiva.
De
acuerdo con la Termodinámica, todo sistema en equilibrio
termodinámico tiene un nivel máximo de entropía.
Parece existir entonces una contradicción entre la
flecha del tiempo termodinámica y las observaciones
cosmológicas que conducen a un estado primordial
de máxima entropía. Si, realmente, el Universo
partió de un estado termalizado máximamente
desordenado, entonces no es posible explicar el origen de
las actuales estructuras materiales y la Segunda Ley queda
sin explicación lógica plausible. Sencillamente,
toda la energía del universo en equilibrio térmico
es inútil.
La
energía funcional precisa de variaciones en la entropía
que, a su vez permiten la emergencia de las estructuras
físicas para originar la vida. El Big Bang no pudo
ser un estado primigenio en absoluto equilibrio térmico.
La interacción física dominante, la gravedad,
debió de desempeñar un papel relevante.
La
vida en la Tierra depende del sol. No es del todo cierto
que el sol sea una fuente de energía para la tierra,
pues la potencia recibida de la luz solar es similar a la
emitida por la Tierra de vuelta al cosmos. La clave es la
diferencia de energía entre el sol y el cosmos. Los
fotones procedentes del sol poseen mayor energía-frecuencia
que los fotones reflejados por la tierra debido a un corrimiento
al rojo por dispersión.
En
consecuencia, para mantener el equilibrio radiactivo, debe
haber un mayor número de fotones reflejados por la
Tierra que el número de fotones recibidos. Este aumento
del número de fotones supone mayor posibilidad de
desorden y, por ende, un incremento de entropía en
la energía devuelta al cosmos.
Los
seres vivos se sirven de este proceso a través de
la fotosíntesis. Toma la energía ordenada
del sol y la devuelven con mayor entropía, beneficiándose
de un estado vital ordenado que consigue oxígeno
a partir de dióxido de carbono. Herbívoros
y carnívoros aprovechan el oxígeno para controlar
su entropía vital. La energía ordenada del
sol, que hace emerger las estructuras complejas de la vida,
procede de procesos nucleares en el interior solar que,
en última instancia, dependen de la interacción
gravitatoria.
De
nuevo la gravedad se entrelaza con la Segunda Ley en los
procesos evolutivos que desembocan en el origen de la complejidad
material, las estructuras conformocionales de los seres
vivos y, en definitiva, en la dinámica psíquica
que permite la sensibilidad y la conciencia en el mundo
físico. La activación de los grados de libertad
gravitatorios, latentes en el comienzo del universo, permiten
explicar la evolución temporal de la materia hacia
la emergencia de la gran diversidad psicobiofísica
presente en nuestro universo. Pero, ¿podemos saber
más acerca del mismísimo Big Bang?
Antes
del tiempo: la extraña naturaleza especial del Big
Bang
Las principales evidencias de la expansión del universo
se basan en la velocidad de recesión de las galaxias
observada por Hubble, la radiación de fondo de microondas
descubierta accidentalmente por Penzias-Wilson y las recientes
observaciones de los grupos de Perlmutter y Schimdt sobre
la creciente aceleración de la expansión cósmica.
La
radiación de fondo presenta un ajustadísimo
espectro de cuerpo negro, que revela una radiación
procedente de un estado universal en equilibrio termodinámico
muy próximo al Big Bang. En sintonía con la
Segunda Ley, este estado de equilibrio termodinámico
se correspondería con una entropía máxima,
contrariamente a lo razonablemente esperable: un universo
inicialmente ordenado que evoluciona temporalmente hacia
estados globales de mayor entropía.
Penrose
propone que la gravedad incrementa la entropía de
un estado de materia uniforme al formarse cúmulos
de alta densidad derivados de la formación de agujeros
negros. La entropía de los sistemas gravitatorios
intensos supera la elevada entropía de la radiación
de fondo. En las primeras etapas del universo, dominado
por la radiación, la gravedad era una interacción
secundaria debido a la alta homogeneidad del universo primitivo.
La enorme entropía potencial, asociada a latentes
grados de libertad gravitatorios, haría posteriormente
emerger estructuras complejas. La cosmología de Penrose
se desvía de los modelos cíclicos clásicos
al incluir estos grados de libertad gravitatorios. De este
modo el universo surgió de un estado primordial extraordinariamente
ordenado.
Una
singularidad es una obstrucción del continuo espacio-tiempo.
Así como el Big Bang se asocia con la singularidad
física que origina el tiempo, los agujeros negros
representan el final del tiempo. Son el problema simétrico
temporal del Big Bang. Cualquier trayectoria causal en el
universo estirada hacia el pasado comienza en el Big Bang.
Análogamente, la inevitable singularidad espaciotemporal
del agujero negro es el futuro final de cualquier objeto
atrapado por el agujero negro.
Sin
embargo, el razonamiento de Penrose sobre la diferencia
de entropía entre estos dos sucesos establece una
asimetría. El Big Bang es una singularidad de una
extraordinaria baja entropía comparada con la elevadísima
entropía que caracteriza a las singularidades en
los agujeros negros.
En
el Big Bang el universo estaba tan caliente que la energía
cinética de las partículas superaba su energía
en reposo. Por tanto, la materia podría considerarse
con masa despreciable o, sencillamente, sin masa efectiva.
También el bosón de Higgs, que dota de masa
a las demás partículas salvo a sí misma,
tendría una masa efectiva nula como los fotones de
la radiación. Las partículas sin masa son
independientes de la métrica del espacio-tiempo.
Necesitan y les basta una parte denominada geometría
conforme, que es insensible a los cambios de escala locales.
Los
fotones son partículas sin masa que median entre
los campos electromagnéticos. La electromagnética
teoría de campos es invariante bajo transformaciones
de la métrica conforme. Esto quiere decir que las
soluciones de las ecuaciones de Maxwell en una determinada
escala conforme se corresponden exactamente con las soluciones
para otra elección cualquiera de escala. Los fotones
sólo necesitan que el espacio-tiempo tenga estructura
de cono nulo (estructura espaciotemporal conforme) sin necesidad
de un factor de escala que distinga una métrica de
otras.
En
sintonía con estas ideas, es de esperar que en el
universo primitivo caliente, las masas en reposo sean despreciables,
la masa efectiva sea nula y los procesos físicos
queden dominados por leyes invariantes bajo transformaciones
conformes, es decir, ciegas al factor de escala. La geometría
conforme se convierte así, en la principal estructura
espaciotemporal del universo primigenio. Siguiendo este
razonamiento, toda la actividad física primitiva
fue insensible a los cambios locales de escala.
Al perderse la pista de la escala temporal, el universo
primitivo adquiere una geometría conforme, en vez
de la métrica completa de la Relatividad. Esto supone
una pérdida total de cualquier referencia temporal.
Es la ausencia de relojes que marquen el tiempo. Y, en ausencia
de tiempo, más allá de la física ordinaria,
es posible pensar en una geometría conforme que describa
la eternidad que causó el Big Bang. Pero, ¿cómo
podemos entender mejor la eternidad?
|
|
Extragalactic
Space Balls (Artist Concept). NASA. |
El futuro del universo: cosmología cíclica
conforme
Ahondar
en el origen del tiempo es una tarea metafísica,
especulativa, que Penrose argumenta racionalmente usando
con especial maestría sus conocimientos de geometría.
La geometría conforme es la estructura residual
que perdura en el universo cuando estiramos el tiempo más
allá de su sentido físico. Al dar de sí
el universo en su evolución hacia el futuro, Penrose
descubre matemáticamente que vuelve a aparecer una
geometría conforme que describe los últimos
estadios de nuestro universo.
En
el remoto futuro encontraríamos un universo tan congelado
y diluido que podría considerarse sin masa efectiva
en comparación con el remanente de radiación
de baja energía procedente de estrellas explotadas,
de la radiación de fondo cósmico consecuente
al Big Bang y de la radiación Hawking que sigue a
la evaporación de los agujeros negros. Los fotones
y los hipotéticos gravitones resultantes de las colisiones
entre agujeros negros serían partículas sin
masa que no pueden usarse como relojes. De nuevo, nos encontramos
con la geometría conforme sin escala temporal.
Parece
que el remoto futuro se asemeja al remoto pasado. La geometría
conforme domina el universo por los extremos temporales.
Sin tiempo, los últimos estadios del universo serían
muy aburridos pero -también es verdad- sin nadie
capaz de aburrirse. Sin el paso del tiempo no se pueden
determinar distancias. En este sentido, para las partículas
sin masa, la geometría conforme que experimentan
es tan normal como cualquier otra. Sin escala métrica,
la materia sin masa experimenta el don de la ubicuidad.
Sin barreras de tiempo ni espacio, sólo puede evolucionar
de una geometría conforme a otra. Y aquí llega
el quid del modelo cosmológico conforme de Penrose.
En
los extremos de la evolución espacio-temporal del
universo, la materia se torna una sustancia sin masa cuyo
comportamiento físico es gobernado por ecuaciones
invariantes bajo transformaciones conformes. Podríamos
pensar que la barrera final del universo futuro se enrosca
con la barrera del remoto pasado de un nuevo estadio universal.
Poéticamente, el final es el origen del universo.
Ahora
bien, a diferencia de otros físicos, Penrose piensa
que un posible transvase de información entre las
geometrías entrelazadas provocaría una problemática
lógico-causal similar a las molestas paradojas de
los viajes en el tiempo. Por ello, Penrose no identifica
las geometrías de los extremos temporales y prefiere
hablar de una sucesión ilimitada de distintas geometrías
pertenecientes a distintos universos.
El
modelo cosmológico conforme de Penrose propone que
existe una región espaciotemporal previa al Big Bang,
que es el remoto futuro de una fase anterior del universo
y existe también un universo más allá
de nuestro remoto fututo, que se convertirá en el
nuevo big bang de una nueva etapa. El concepto de universo,
como conjunto, perduraría como la extensión
de una variedad conforme constituida por una sucesión
ilimitada de etapas o eones.
Cada
elemento del conjunto de eones se manifestaría como
nuestro actual universo-eón en expansión.
El futuro remoto de cada eón enlaza suavemente con
el remoto pasado del siguiente gracias a la geometría
conforme. El estiramiento conforme en cada big bang enfría
su elevadísima temperatura en el futuro y hace finita
su densidad. El aplastamiento conforme en el futuro remoto
transforma los valores nulo de la temperatura y la densidad
en valores finitos, manteniendo inalterada la actividad
física de un universo sin masa efectiva por tratarse
de un simple re-escala conforme.
En
cada nuevo big bang se activa un campo escalar fantasma
que provoca una distribución inicial de la materia
oscura antes de adquirir su masa. Se trata de una consecuencia
matemática de la geometría conforme tras un
cambio del coeficiente del escalado entre eones sucesivos.
Análogamente, en cada nuevo futuro remoto culmina
un proceso de destrucción de la información
que ocurre de una manera subrepticia en la evolución
cósmica -sin acontecer en un repentino instante-
impidiendo las citadas paradojas temporales.
La
diferencia entre las geometrías conforme de los extremos
temporales queda establecida por la interacción gravitatoria
que, en estas drásticas condiciones, es pura gravedad
cuántica. Cada big bang es algo muy distinto a una
singularidad en un agujero negro donde se aniquila la información.
Para mantener vigente la Segunda Ley y dar una explicación
coherente de su origen hay que dejar latentes los grados
de libertad gravitatorios en cada big bang, pero no al final
de cada eón.
De
este modo, la gravedad cuántica debe de ser susceptible
al tipo de singularidad. La gravedad cuántica es
la interacción dominante en la geometría conforme
que caracteriza los estadios universales remotos, pero debe
de contener una asimetría temporal, descrita por
la nulidad del tensor de curvatura de Weyl que origina la
Segunda Ley en cada big bang.
El
detalle de la física de cada big bang está
completamente determinado por lo que ocurre en el remoto
futuro del eón anterior y esto conlleva posibles
consecuencias observacionales. El extraordinario orden del
Big Bang es una consecuencia de la Segunda Ley y de la geometría
conforme del futuro remoto del anterior eón.
Penrose
evita las singularidades clásicas en los extremos
temporales y las sustituye por estados de geometría
conforme matemáticamente bien definidos. Existe la
posibilidad teórica de que la radiación de
campos sin masa del eón previo moldeara la distribución
de materia en nuestro universo, dando una dirección
levemente privilegiada, que podría leerse en las
irregularidades de la radiación de fondo, como las
existentes correlaciones en temperatura, que son inconsistentes
con otros modelos cosmológicos que ignoran la Segunda
Ley.
Quien
haya conseguido leer atentamente hasta el final de este
artículo, seguro que no quedará indiferente
ante los nuevos horizontes metafísicos abiertos por
el modelo de Penrose. Es tarea del lector valorar las repercusiones
teológicas del modelo cíclico conforme.
Manuel Béjar es miembro de la Cátedra
Ciencia- Tecnología y Religión (CTR) de la
Universidad Comillas.
Bibliografía
PENROSE,
R. (2006), "Before the Big Bang: An outrageous new
perspective and its implications for Particle physics",
Proceedings of EPAC, 2006, 2759-2762.
PENROSE,
R. (2010) "Cycles of Time. An extraordinary new view
of the universe" (Bodley Head, London).