Jorge
Godoy R.
Noviembre 2010
De
verdad dan ganas de que de una vez por todas, lleguemos
a ser absolutamente iguales en derechos y responsabilidades,
hombres y mujeres.
Pareciera que la mentada lucha de las mujeres por la "igualdad",
se detiene cuando nuestras adoradas parejas, ven amenazados
sus presentes privilegios, como por ejemplo el de la tutela
preferente de los hijos basada en la visión antigua
de las mamás-en-casa, trabajando la mayor parte de
su tiempo "como mamás" y no fuera de-casa,
o el financiamiento para la mantención de los hijos.
El
quiebre de los matrimonios, fuera de la ruptura sentimental
implícita para el conyugue que no definió
la decisión final, conlleva la destrucción
absoluta de un proyecto de vida, programado desde que ambos
decidieron casarse. Un proyecto de vida que definió
objetivos profesionales, económicos, metas sentimentales
y familiares, relación progresiva con los hijos,
esquema de valores cotidianos a compartir y a transmitir
empíricamente a los hijos.
El
quiebre, muchas veces decidido por definiciones particularmente
personales y notoriamente egoístas de parte de los
adultos (yo y MI felicidad), apoyado en falacias argumentales
sobre el "beneficio" de los hijos por tal decisión
(normalmente los hijos se traumatizan de por vida por esto),
lleva a asumir la profunda y prolongada depresión
que genera en quienes vivían para ese proyecto de
vida, el quedarse de repente sin nada, con su vida futura
en blanco, sin objetivos, anhelos ni metas; además
del dolor de la pérdida de lazos.
La
falta de real compromiso con el proyecto de vida con que
se funda una familia, parece ser hoy en día un mal
que afecta todos los sectores de nuestra sociedad. No solo
en lo familiar, sino también en lo laboral y en las
redes sociales.
El
compromiso asumido, cuando se toma, implica una promesa
a firme de sacrificio personal cada vez que sea necesario,
para cumplir los objetivos proyectados. Los proyectos que
generan la toma de compromisos, suponen metas felices pero
no necesariamente rutas siempre cómodas y gratas,
sino lo normal de las vidas humanas es atravesar etapas
duras, molestas y dolorosas sin cejar, para finalmente alcanzar
las metas programadas.
El
matrimonio es un proyecto humano, quizás el más
trascendente de las personas y como tal, debe incluir etapas
molestas y dolorosas a ser superadas, no sólo placeres
permanentes.
Los
quiebres matrimoniales, si pese a todo resulta ser la única
solución, debieran darse en un ambiente jurídico
de total igualdad de deberes y derechos para ambos sexos.
Hoy, esto no es así.
Jorge
Godoy R.
Arquitecto
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