Francisco
Bascuñán Walker
Diciembre 2010
Ayer
fui al Spa del Enjoy, es un lugar muy agradable, con piscinas
temperadas, tinas calientes y frías, saunas secos
y húmedos, lugares para relajarse con camillas de
madera muy cómodas, jugos y música ambiental.
Su
costo, siendo bastante acorde al servicio que proporcionan
es elevado, es un servicio de lujo y muy bien mantenido.
La primera vez que fui me pareció un poco sibarítico,
tal vez algo vergonzoso, luego me hice socio y fui casi
todos los días, la verdad me acostumbré hasta
encontrarlo bastante normal. Me pregunto que pasaría
si fuera gratuito y luego obligatorio, me refiero a que
si por algún motivo se me exigiera ir todos los días
en forma obligatoria
. Seguramente no lo valoraría
como lo hago ahora que tengo que pagarlo y no es barato.
Algo
así me paso el domingo pasado. Asistí a una
ceremonia religiosa realmente maravillosa, una misa en la
catedral de La Serena con un coro deslumbrante. Todo irradiaba
calidad.
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CATEDRAL
de LA SERENA
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La catedral de piedra es imponente, alta, fresca,
con una luz que entraba en pequeños rayos
que alumbraban esculturas, frisos y cuadros que
son verdaderas reliquias culturales. Un coro de
voces acompañado de un órgano que
hacía vibrar las paredes y también
a nosotros mismos.
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Lo
más conmovedor fue el ritual, lleno de fórmulas
y oraciones casi mágicas. Una ceremonia suave, lenta
que nos hacia elevarnos internamente a lugares habitados
por seres celestiales, casi se podía sentir la luz
del Altísimo en nuestros espíritus. Las palabras
del sacerdote fueron precisas, no muchas para no interrumpir
lo elevado de las oraciones y los cánticos, para
no hacernos descender tan pronto a nuestro mundo profano.
Al
terminar pensé en lo admirable y valioso de lo vivido.
Sin embrago me costó años verlo así,
porque el valor de lo gratuito no se ve y cuando lo gratuito
es obligatorio se cierra el espíritu y los ojos.
Si
el templo se abriera sólo a los deseosos de participar,
a los buscadores de Cristo, que golpeen con fe sus puertas
durante el tiempo suficiente para demostrar su perseverancia,
seguramente tendríamos misas llenas y tal vez una
iglesia mucho más devota. Preservar lo valioso creo
que tiene que ver con valorar lo que se ofrece y no permitir
que sea manoseado ni moldeado por aquellos que son invitados.
De
las catacumbas y monasterios donde el ingreso era restringido,
a la tolerancia de admitir a cualquiera, finalmente a lo
obligatorio. Todos los días escucho a opinólogos
decir lo que "debería" hacer la iglesia
en uno u otro aspecto, como si fuera un instrumento personal
de ellos, como si la iglesia debiera ser la resultante de
una suma de opiniones y aceptarlas democrática y
tolerantemente.
Ojala
mi Spa no termine siendo tolerante ni democrático,
porque de seguro terminaría siendo un camarín
de fútbol en vez de ser lo que valiosamente es aun.