María
Teresa Pozzoli
Febrero 2008
El arte es una vía de conexión entre el
corazón del mundo y el corazón del ser humano.
Cuerpo, mente y alma son expresiones de un Espíritu
unificado que habita el universo y que puede tomar vida
y manifestarse de un modo trascendente y resplandecer en
las pequeñas cosas de la vida. Captar ese Todo Unificado
es posible desde las posibilidades liberadoras que brinda
el pensamiento complejo. Por María Teresa Pozzoli.
Art
is a bridge which links the heart of the world with the
human heart. Body, mind and soul are expressions of a unified
spirit which inhabits the universe, and that can become
alive and manifest on a transcendent form and brighten in
the small things of life. To grasp this Unified Whole is
possible from the liberating possibilities that complex
thought offers. By María Teresa Pozzoli.
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La flecha del tiempo.
Oleo sobre lienzo.
María Novo.
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Del
mismo modo que la luz baña todas las cosas y
cada cosa recibe y refleja los rayos que es capaz de
recibir y reflejar, así el flujo inspirador de
la búsqueda del Sendero pasa a través
de las almas de los hombres y cada alma retiene lo que
es capaz de retener y reflejar.
Mabel Collins.
El paradigma, la sociedad ensimismada y la búsqueda
de la espiritualidad
La
India no es un lugar cualquiera. A lo largo de su historia
ha conservado un profundo sentido de lo sagrado, siendo
un contexto cultural que ha posibilitado la emergencia de
seres espirituales capaces de gestar experiencias de tipo
trascendente. En un rincón de su geografía
en una pequeña villa al Sur, un 27 de septiembre
de 1953, nació una niña Sudhamani. Desde muy
pequeñita se sumió en estados de profunda
meditación y expresó una devota tendencia
a comprender y a calmar el sufrimiento de los seres que
se le acercaban. Desde los 22 años, Amma -ese fue
su nombre desde entonces-, comenzó a abrazar a la
gente y de allí no ha parado de difundir un mensaje
espiritual, no sólo en su país, sino además
en giras anuales que realiza por todo el mundo. El reconocimiento
a Amma en su país, se funda en que ella, con esta
vocación, ha restaurado uno de los ritos espirituales
más antiguos de la herencia hindú. Amma ha
abrazado hasta la fecha a más de 25 millones de personas
necesitadas de afecto y sosiego. Es así como esta
mujer entrega su tiempo a la sencilla tarea de repartir
abrazos, y la gente, aunque cueste creerlo, hace colas larguísimas
para poder recibirlos.
Este
hecho no deja de ser curioso, y solo puede entenderse al
inferir, que esa gente, que hace colas kilométricas
para ser abrazada es la misma, que día a día
se siente dañada por los efectos de un modelo de
desarrollo que le quita más de lo que da. Este sistema
en el que vivimos nos tiene a mal traer, con el espíritu
destemplado y sumidos en la rara sensación de vivir
a la intemperie. Pero el sistema lo hacemos entre todos.
Entre todos contribuimos a la reproducción de una
cultura en la que se incentiva la desconfianza, la soledad
y el individualismo.
En
este modo de organizar la existencia predomina el aislamiento
respecto de los demás congéneres, la falta
de contacto con los propios sentimientos y la indiferencia
frente al pronóstico de precaria permanencia de los
recursos de la naturaleza. De modo tal que, en este contexto
no es desacertado suponer que las personas mediante un abrazo
pueden hacer realidad una fantasía de redención
de viejas experiencias angustiosas, comprobando que, al
menos por un instante pueden sentirse menos solas, una sensación
que se reanuda cada vez que podemos abrirnos al encuentro
con el Otro.
La red "abrazadora" de la complejidad
Coincidentemente,
la palabra complejidad está en sintonía con
esa experiencia "abrazadora"; viene del latín
(complectere), cuya raíz -plectere- significa trenzar,
enlazar. Este alcance tiene implicancias no sólo
conceptuales sino también valóricas, sobre
todo al considerar la condición de amable asignada
a la disposición actitudinal del sujeto que asume
su propia complejidad (Pozzoli 2007). Así, el participio
del verbo complector significa yo abarco, abrazo, convengamos
entonces, que un sujeto que abraza es amable, y el concepto
amable significa "que puede ser amado", de lo
que puede resultar una mirada de la existencia compartida
muy diferente a la que educamos en la actualidad.
A
su vez, el agregado del prefijo -com- de complejidad, le
añade al vocablo el sentido de dualidad de dos elementos
opuestos que se enlazan íntimamente, de allí
que complectere se utilice tanto para referirse al combate
entre dos guerreros, como al entrelazamiento de dos amantes
(Pozzoli 2007). Podemos afirmar en consecuencia, que tanto
los abrazos como la incorporación del pensamiento
complejo podrían ser considerados factores afectivos
y epistemológicos liberadores de sufrimientos. Como
hemos afirmado en otros documentos, la mirada de la complejidad
le permite al sujeto admitir la contradicción; ello
hace que al no verse obligado cognitivamente a silenciarla,
se sienta en la libertad necesaria para abrirse y admitir
(la contradicción) también en la vida del
Otro, lo que facilita la aceptación de la diversidad
y la fluidez de las relaciones humanas.
La
potencia sanadora que puede tener un abrazo se inscribe
en lo que podríamos llamar una experiencia significativa,
un rango de la experiencia que cobra sentido en el marco
de la modernidad y de la unidimensionalidad de la Vida.
Esta unidimensionalización tiene efectos empobrecedores
para el espíritu y para la existencia en general,
dada la dedicación que nos exige el trabajo, las
restricciones que implica la inserción en un mundo
de vigilancias y castigos, el deficiente conocimiento del
sí mismo y la sensación de inutilidad de muchos
de nuestros sueños más preciados. La práctica
extendida de estos valores en Occidente ha generado lo que
podríamos llamar una sociedad ensimismada.
Las
limitaciones del paradigma que educamos hacen que en ocasiones
quedemos perplejos frente a muchos acontecimientos de la
vida y también vacíos de sentido existencial.
Si bien, el racionalismo comenzó
hace unos 25 siglos atrás con los aportes de los
clásicos griegos, se fue haciendo predominante en
nuestra cultura occidental gracias a los aportes de Aristóteles,
Bacon, Descartes y, en particular, por la extensión
que cobró el Positivismo.
La
interiorización de este tipo de mirada tiene derivaciones
a nivel de la conciencia, del comportamiento en sociedad
y del empobrecimiento de la espiritualidad. Así,
en la cultura occidental hemos enfatizado un conocimiento
de tipo intelectual, a través del refuerzo de algunas
pocas funciones psíquicas: la percepción sensorial
y el pensamiento; siendo éstos considerados rasgos
característicos de lo masculino. Día a día,
reproducimos los rasgos de una cultura machista, esto hace
que por defecto la intuición y la afectividad sean
capacidades poco difundidas y valoradas por ser consideradas
expresión de lo femenino -y en consecuencia, manifestaciones
de debilidad. Tales opciones son la expresión de
un sistema cultural basado en dicotomías, de contenidos
polares, en el que, de hecho, se escinden las capacidades
humanas en función de divisiones excluyentes y unidimensionalizantes.
Una cultura que da la espalda a lo interno
Este
paradigma además es externalizante, lo que implica
el explícito descuido de la interioridad. En las
experiencias educativas, poco o nada se alientan las prácticas
reflexivas, de la autoobservación, y menos aún
la utilización de los recursos emocionales e intuitivos
como fuente de enriquecimiento experiencial. Si tenemos
en cuenta la profundidad y extensión de un número
de patologías sociales, no es exagerado afirmar que
la humanidad completa corre el riesgo de perder su alma
en las cosas externas de la vida.
Tanto
el ethos, la moralidad, como el sentido de la existencia
descansan fundamentalmente en esos pilares intuitivos-afectivos.
Al mismo tiempo, la predominancia
de una racionalidad instrumental nos va dejando con pocas
posibilidades de tomar contacto con la multidimensionalidad
de la existencia, Las funciones perceptivas del corazón
están cada día más atrofiadas, dado
que el intelecto todo lo controla y está exclusivamente
dedicado a aumentar los recursos materiales y económicos
que le aseguren a la persona el mejoramiento y la optimización
de su estándar de vida. En este proceso, el
sujeto va aprendiendo a desterrar de su imaginario la idea
de que es posible acceder a un lugar de plenitud en el que
exista la oportunidad de realizar sus sueños (1).
No obstante, este dispositivo de efectos restrictivos, le
permite al sujeto seguir siendo productivo y adaptado a
las exigencias del sistema.
Luis
Cernuda en su poema "Desdicha" dice:
Un
día comprendió cómo sus brazos
eran solamente de nubes
imposible con nubes estrechar hasta el fondo un cuerpo,
una fortuna.
Volviendo
al tema de los abrazos, señalábamos que en
este trasfondo cobran relevancia las experiencias significativas,
o lo que en 1947 Abraham Maslow definió como experiencia
cumbre: "un estado de unidad con características
místicas; una experiencia en la que el tiempo tiende
a desvanecerse y el sentimiento que sobrecoge hace parecer
que todas las necesidades se hallan colmadas".
¿Qué
significan las llamadas "experiencias-cumbre"
de los místicos para nuestro espíritu, sino
el acceso a un orden exquisitamente sutil, profundo y penetrante?
Para ejemplificar esta calidad de experiencia, quiero traer
a colación unas escenas de la película American
Beauty. En la trama central de la historia que se cuenta,
un personaje viene mostrando su tristeza frente a los efectos
desoladores que para él ha tenido su relación
con un padre autoritario y abusivo. El adolescente, a pesar
de las secuelas negativas infringidas por esa relación
familiar, es capaz de canalizar una profunda emoción
de gracia estética generada por una repentina experiencia
de contacto con la belleza que llega a sobrecogerlo. Pero,
en realidad se trata de una belleza gestada por su propia
interioridad.
El
personaje está sentado en el sillón del living
de su casa, se lo percibe ensimismado en su melancolía.
De pronto se para y acciona la máquina de video para
mostrarle la filmación a su amiga. En ese registro
casero había quedado guardada una experiencia estética
perturbadora, provocada por una circunstancia muy sutil,
que aunque aparentemente leve, le significó una experiencia
numinosa. Uno de esos hechos supuestamente intrascendentes,
minúsculo y cotidiano, que de tanto ser visto ya
nadie ve: una bolsa plástica que alguien abandonó
en una calle cualquiera de la ciudad, es mecida por el viento
Transcribo
el parlamento del personaje que no necesitará de
mayores comentarios:
Quieres
ver la cosa más bella que he filmado?
Ocurrió uno de esos días en los que sientes
que está a punto de nevar
y hay una cierta electricidad en el aire, que casi la
puedes oír. ¿Entiendes?
Y esa bolsa plástica que alguien había
dejado caer sin querer sobre la vereda,
era mecida por un viento como si bailara un vals,
y la bolsa bailó movida por el viento durante
quince minutos frente a mi cámara.
Y ese día me di cuenta que
había
una vida entera detrás de las cosas,
y que una fuerza increíblemente benévola
me decía
a través de esa danza de la bolsa abandonada
que no hay razón para tener miedo nunca.
Y esa escena me ayudó a recordar lo que no había
querido recordar.
Porque para poder sobrevivir al dolor, al íntimo
dolor es necesario recordarlo
para a su vez, poder saber que a veces en lo más
minúsculo
se muestra toda la belleza del mundo.
¡Es
tanta la belleza
que siento que no la aguanto
!
Porque, a veces mi corazón simplemente se quiere
rendir,
y aunque pudiera estar resentido por lo que me tocó
en suerte en la vida,
no puedo seguir lo que resta de vivir por ese antiguo
dolor
mientras sea capaz de percibir una tímida muestra
de toda la belleza que guarda el universo.
Y
aunque parezca incomprensible, con mis ojos cansados,
a veces siento que estoy viendo toda la belleza a la
vez,
y resulta demasiado, y mi corazón se repleta
de emoción
como un globo a punto de reventar.
Entonces intento relajarme, y no quiero aferrarme a
ella,
de tal modo que esas bellezas tan sublimes,
fluyan a través de mí como una lluvia,
y lo único que puedo sentir ya limpio por esas
aguas emocionales,
es gratitud por cada momento de belleza vivido al interior
de mi vidita estúpida. (2)
Estas circunstancias hacen evidente
que el arte es mucho más que la simple expresión
de la búsqueda de la belleza. El impacto que puede
generar en el alma humana puede suceder en ese lenguaje
invisible que tienen los genuinos estados de gracia estética.
En el personaje de la película, ese estado de gracia
se conjuga con la oportunidad auto gestada de participar
de una experiencia cumbre que lo redime aunque sea
un instante de la amargura y el dolor que guarda en su corazón.
En
la secuencia de las imágenes de la bolsa danzando
con el viento se configura un tiempo de connotaciones mágicas,
un espacio en el que el espíritu se toma una licencia
que le permite evadir el dolor y la pesadumbre de su existencia
cotidiana. La experiencia estética activa también
es una proclama, una respuesta alegórica que permite
soltarse las amarras de lo que en la profundidad de nuestro
ser pudo haber quedado trunco o frustrado. Un evento cualquiera,
ordinario, repetido, invisibilizado, puede significar una
oportunidad liberadora que le permita al espíritu
enriquecido abandonar su cautiverio.
La búsqueda de la belleza en el abajo
Dios
no sólo juega a los dados con el Universo;
sino que a veces los arroja donde no podemos verlos.
Stephen Hawking
Si
bien la (3) modernidad tuvo la pretensión de romper
revolucionariamente con el pasado, sin embargo, no pudo
evitar el legado de la estética dicotómica,
que fue uno de los rasgos característicos de la lógica
de los dogmas que tuvieron dominancia en la sociedad tradicional.
Su producción también incluye el gusto por
la regularidad, lo estable, lo mensurable, lo definido,
lo comprensible y lo no contradictorio. Esta es la razón,
por la cual las instituciones del conocimiento se empeñan
en generar, cueste lo que cueste, un conocimiento de tipo
homogeneizante, pretenciosamente válido para todos
los tiempos y todos los lugares del universo.
Como
dijimos, esta intención totalizadora además
promueve un tipo de conocimiento siempre anclado a una realidad
exterior. Para ilustrar estas afirmaciones, cabe señalar
que la etimología de la palabra teoría (del
griego) alude al acto de mirar ¿qué más
concreto como disposición y como resultado que la
realidad sea real en la medida en que sea accesible a la
observación? Este rasgo define un modo específico
de experiencia humana, ligada a los sistemas de estandarización
y normalización, y a una calidad de la experiencia
resultante que, sin duda tranquiliza a los estamentos de
poder a partir de la previsibilidad del comportamiento que
reportan.
Con
este objetivo, las instituciones socializadoras educan este
paradigma de modo de facilitar el control del comportamiento,
entendiendo que en definitiva, un paradigma no es otra cosa
que una gran norma que define lo que es el mundo, que delimita
cuáles son los rasgos que en él han de considerarse
normales.
Pero,
más allá de estas premisas, los objetos expresan
y transmiten un significado estético, y aunque el
mundo de lo cotidiano esté lleno de circunstancias
mágicas o prodigiosas, las fronteras impuestas por
el paradigma hacen que, habitualmente, no estemos dispuestos,
ni preparados epistemológicamente para percibirlas
o captarlas. Por tal motivo, en muchas ocasiones lo que
verdaderamente ES está guardado POR DEBAJO de lo
que se ve en el nivel de lo manifiesto, dado que la realidad
para ser entendida por nuestro intelecto debe ser descompuesta
en partes sencillas. La consecuencia es que, en términos
generales, la inteligencia ciega no ve la multidimensionalidad
(3).
La
realidad es reducida a una única dimensión,
y todas las demás se pierden en la invisibilidad.
Pero una de las consecuencias que este estado de cosas tiene
para el espíritu, es que mientras la inteligencia
siga ciega, la sensibilidad permanecerá anestesiada
(4). De modo tal que el paradigma simplificador
nos limita la experiencia con el mundo y actuamos como si
estuviéramos anestesiados.
El
beneficio de incorporar el Pensamiento Complejo pasa
por la posibilidad de modificar la mirada del mundo y así
poder captar lo que está por debajo de la línea
de percepción que define la lógica aristotélica
del Positivismo. Sólo las explicaciones científicas
cuánticas pueden equipararse a la comprensión
cósmica que devela el Arte. Ambas, permiten la expresión
de los pensamientos y de los estados existenciales integradores
y multidimensionales.
El
significativo lenguaje del arte
El
arte es una pregunta que a lo largo de la historia de la
humanidad ha estado permanentemente abierta, atenta al descubrimiento
de las cosas. El fenómeno artístico nos interroga
en el vacío, revelando el alma oculta de las formas
y de los hechos que para la ciencia no son realidad. Quizá,
una bolsa plástica en cualquier calle de una ciudad
sin nombre, sería por si misma un hecho insignificante
que en su aparente levedad no agregaría nada al universo.
Pero esa bolsa no vale por si misma, sino por lo que significa
para el sujeto que la descubre y que en ese acto se vuelve
capaz -en razón de su sensibilidad-, de resignificar
la experiencia transgrediendo la limitación que tienen
los hechos a nivel de su apariencia.
Sin
embargo, la emoción que despierta en el personaje
habla de la expresión de una belleza implicada, que
no tiene regularmente cabida en la mirada del mundo. Esa
belleza -en verdad- está en el sujeto mismo y no
en el objeto, una belleza subjetiva que existe sólo
para quien la percibe en razón de la viveza de su
espíritu y de la capacidad de captarla y vivirla.
En
este sentido, la sensibilidad puede expresarse en tres dimensiones
fundamentales:
(a)
la apertura hacia el mundo exterior, hacia lo diferente,
hacia lo Otro;
(b)
la construcción interior de lo percibido, fuente
del sentido,
(c)
la exteriorización de sí mediante diferentes
formas de expresión.
La
Ciencia ha contribuido bien poco a comprender los fenómenos
humanos relacionados con la cultura. Las expresiones del
arte, la literatura, o el papel que juegan ciertos rituales
en la vida humana; la representación de los mitos
en el comportamiento universal y todos los fenómenos
concernientes a las creaciones imaginarias son materias
excluidas del lenguaje de la ciencia. Los fenómenos
de la sensibilidad y de la intersubjetividad fueron desterrados
de sus enciclopedias y taxonomías. Sin embargo, dentro
del repertorio de las perspectivas teóricas de la
Psicología Positivista es necesario distinguir por
lo menos dos: la Psicología Fenomenológica
y la Junguiana.
El
carácter interior que tiene el objeto temático
de la fenomenología hace que su interés teórico
recaiga en el flujo de los pensamientos, las emociones,
las intenciones que se hacen accesibles a través
del discurso de los sujetos cuando cuentan lo que les ocurre.
El placer estético es profundamente subjetivo, y
ningún conocimiento, ningún valor, ni los
objetos relacionados con nosotros están "limpios"
de subjetividad. La mirada fenomenológica entiende
que entre los sujetos -o entre el sujeto y el objeto que
lo moviliza-, se configura un par cósmico de mutuas
singularidades de sentimientos y pensamientos. Por ello,
esta corriente es una de las más cercanas a la literatura
y al arte, por tener en cuenta esa rica dimensión
de los intercambios y de las relaciones intersubjetivas.
La
sospecha de los saberes no racionales
La
Escuela Junguiana también ha accedido a la interioridad
del sujeto, destacándose en el conjunto de las escuelas
de Psicología por su mirada universalista. En el
devenir del pensamiento, pocos autores han sido poseedores
de un sentido de lo universal que les permitiera descifrar
los signos trascendentes de los tiempos. Carl Jung ha sido
uno de ellos, habiendo realizado un significativo aporte
a la teoría general del conocimiento, al tender un
puente entre el conocimiento intelectual-conceptual y el
conocimiento inmediato y experiencial de la vida. Los saberes
que los sujetos construyen desde lo experiencial, no siempre
pueden ser conceptualizados por los parámetros definidos
por la ciencia.
En
muchas ocasiones, la existencia cotidiana nos deja perplejos,
-como le ocurre al personaje de American Beauty-, debido
a que desde siempre se nos ha enseñado a entender
con la cabeza, no siendo ésta la única vía
o instrumento que nos permite acceder a los saberes de la
vida. No obstante, hemos construido un mundo en el que todo
aquello que no es racional siembra sospechas, y corre el
riesgo de ser catalogado como especulación, superstición
o magia.
Jung
sufrió en su propia carne este descrédito,
que sigue practicándose incluso hoy día en
el ámbito académico. La prueba de ello está
en que la Escuela Junguiana no forma parte del contenido
formativo de los futuros profesionales de la Psicología:
estando ausente de las mallas curriculares que orientan
la formación profesional; su obra, sigue siendo prejuiciada
y se le asignan rasgos místicos, o se la relaciona
con el arte o la poesía. Pero, le debemos a Jung
el paso de la ciencia a la estética en un aporte
equivalente a lo que las investigaciones subatómicas
han aportado a la Física. Mientras Jung afirmó
que "nada hay fuera de la mente", la Nueva Física
borró el límite entre la mente y la materia.
Para
el autor, la mente colectiva inconsciente en condiciones
normales es inaccesible, su existencia puede inferirse por
los rastros intangibles que surgen en las imágenes
de los sueños, en las materias del arte, en los grandes
mitos y en la sincronicidad. El psiquiatra suizo le dio
el nombre de inconsciente colectivo a una suerte de pozo
común, idéntico a sí mismo en todos
los hombres, respecto del cual no habría posibilidad
de percepción directa voluntaria.
Su
contenido sería todo lo sentido, imaginado o temido
por la especie humana. Esta expresión inconsciente
se organiza en arquetipos (o 'primeros modelos') que son
algo así como el ADN de la humanidad; modos heredados
de la función psíquica que nos permiten actuar
humanamente, y que aparecen como numinosos, como vivencias
significativas de una importancia fundamental.
Esas
vivencias ocurren porque en ciertas circunstancias, algunos
fragmentos del "saber absoluto" de ese inconsciente
pueden filtrarse y ser detectadas por el sujeto que percibe
su paralelismo con un hecho externo, tal como le ocurrió
al personaje de American Beauty. Ese saber absoluto, en
alguna medida sería la expresión de aquello
trascendente que puede manifestarse en todas las cosas.
El
mundo de los objetos encuentra su correspondencia en la
partícula desplegada, la mente individual en el primer
orden fundamental y el inconsciente colectivo en el segundo
orden. La comunicación entre el mundo objetivo y
el segundo orden parece funcionar -de modo fluido y permanente-
a través de un intercambio continuo de información
que ejerce transformaciones en ambos estamentos.
Esto
es así, dada la Unidad que caracteriza el flujo común
del Universo del que todos los elementos son células
en recíprocas relaciones interdependientes; la percepción
de la unidad esencial que subyace a la aparente dualidad
mente-materia. De modo tal que, tanto la mirada junguiana
como la Nueva Física son expresiones del pensamiento
que se inscriben dentro de las premisas del Pensamiento
Complejo.
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Hacia
la luz.
Ángel Orcajo.
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Lo
que posibilita la perspectiva compleja
Acaso,
se podría especular si la sentencia "Y seréis
como dioses", ¿Podría referirse al logro
de una unicidad permanente (5)? Los antiguos
sabios han sostenido desde siempre la interdependencia fundamental
del universo, en razón de lo cual el Pensamiento
Complejo no hace más que revitalizar y reubicar estas
premisas en el contexto de nuestra sociedad contemporánea.
Esas tradiciones de la Antigüedad consideraban que
el modo de acceder a esa mente universal era el dominio
de la mente, de nuestra limitada y pequeña mente
individual, por ello recomendaban minimizar el ego para
hacer posible ese acceso.
Disminuyendo
el yo personal podíamos crear vacío y en su
declive algo trascendente podría deslizarse hacia
nuestra consciencia. Por esta vía podíamos
acceder a mayores cuotas de espiritualidad respecto de la
que estamos tan carentes hoy día. Ese estado o disposición
de apertura nos permitiría deshacernos en alguna
medida del ancla del tiempo y de ciertos condicionamientos
del paradigma. Una suerte de estado meditativo que nos permitiría
superar las dicotomías del paradigma -las artificiales
separaciones entre mente-cuerpo, sujeto-objeto.
De
tal modo, podría conjeturarse que el tránsito
hacia el pensamiento complejo no implicaría sólo
un cambio de paradigma, sino una transformación global
de nuestra forma de experimentar el mundo. Asumir la mirada
compleja del mundo y de nosotros mismos en el contexto de
este mundo simplificado requeriría de la suspensión
del ritmo usual y cotidiano y, de la revisión valiente
de todos los pensamientos tenidos como verdades.
Considerar
la asignación automática de crédito
a todo aquello que ante nuestros ojos "parece ser",
y anteponer una distancia epistemológica que incluso
nos permita reflexionar sobre lo que somos o lo que no somos
verdaderamente, respecto de las "marcas" puestas
por la misma existencia, y de las simplificaciones a las
que nos pudo haber llevado el paradigma que educamos.
Dentro
de esta concepción de mundo hay bastante espacio
para la racionalidad instrumental y todas sus derivaciones
comportamentales, y muy poco para la emocionalidad. Las
emociones permitidas se asocian con las actitudes de neutralidad,
apatía, indiferencia, hostilidad, agresividad y envidia.
No obstante, la mirada prejuiciada dominante sentencia que
no es recomendable exponer las emociones, poniendo en evidencia
nuestras "debilidades". Las emociones quedan así
relegadas al "abajo", detrás de las fronteras
blindadas de la conciencia.
La
mirada de corte sistémico, la del pensamiento complejo,
la fenomenológica, la junguiana, pueden servir de
llave para acceder a ese "abajo". La articulación
del adentro con el afuera, de la belleza con la fealdad,
de lo público y lo privado, de lo oriental/ mitológico
con lo occidental/científico, o del arriba con el
abajo, pueden generar productos epistemológicos más
ecológicos y promotores de un desarrollo humano más
integral.
Importancia
de la paradoja y de la metáfora en el arte para el
desarrollo humano
Nada
se edifica sobre piedra
todo sobre arena
Evangelio Apócrifo, Fragmento 41
Es
habitual que el vocabulario con que designamos las cuestiones
de la mente o de la conciencia sea principalmente analógicos
(6). Tanto en el habla común como en el
lenguaje de la filosofía y en el de la ciencia psicológica
hablamos de nuestra propia conciencia en términos
figurativos. El lenguaje psicológico es variadísimo,
irregular y bastante inestable. El comportamiento se expresa
a través de patrones de significación pertenecientes
a una totalidad que solo puede ser experimentada sino también
descrita simbólicamente.
El
símbolo es la expresión de una experiencia
espontánea que nos viene desde adentro y que apunta
a un significado que no es racional. La aproximación
simbólica de la realidad puede resultar ser un medio
de acercamiento a la experiencia de aquello indefinido,
intuitivo o imaginativo.
El
símbolo constituye una experiencia real, pero todavía
sin definición para el ser humano racional, debido
a que no nos llega del exterior ni a través de los
sentidos sino por la vía de las dinámicas
del inconsciente, conformándose una representación
intuitiva debido al carácter numinoso que reviste,
como se representa en la escena minimalista de American
Beauty de la bolsa empujada por el viento.
En
cada época, el pensamiento desarrolla algunos temas
dominantes. Y hablando de simbolismos, la metáfora
es hoy, sin duda, uno de ellos. Por lo demás, la
imagen artística siempre contiene una enunciación
de sentido a través del juego de metáforas.
La
metáfora muestra relaciones novedosas entre las cosas,
abre alternativas discursivas y prácticas, modos
de ser, relaciones de significado que atentan contra las
fronteras del paradigma. Pero ocurre que esas fronteras
son las fronteras de nuestro sistema psicológico,
que se hace lábil y colapsa con facilidad cuando
se enfrenta al fenómeno de la contradicción
aunque la dialéctica sea parte de nuestra interioridad,
de nuestro autoconcepto, y de todo lo que fluye y está
vivo. No tenemos mucha tolerancia a la ambigüedad,
rasgo que, por lo demás, fue señalado en los
estudios de Adorno sobre la "personalidad autoritaria",
una patología de la personalidad que atenta contra
las relaciones humanas justamente en relación a los
fenómenos de frontera.
La
razón cartesiana estereotipa y coloca fronteras también
en el campo de la organización disciplinaria, fragmentando
una y mil veces el objeto. Por el contrario, Juarroz (1994)
sostiene que el lenguaje del arte y, en especial, el lenguaje
de la poesía es lenguaje transdisciplinario (7)
sus caudales de expresión son infinitos y su experiencia
sensible y estética nos conecta con la totalidad.
La poesía no tiene acabamiento, no puede ser puesta
en cautiverio, ni puede ser atrapada al interior de las
fronteras del paradigma. Fuera de sus territorios es difícil
hallar un verdadero espíritu de totalidad, o una
verdadera apertura con respecto a la diversidad de la existencia
que es la realidad compleja (8).
De esta lectura surge que, el lenguaje de la poesía
facilita la expresión transdisciplinaria de la complejidad.
Su contenido es metafórico, siendo este recurso una
herramienta que permite expandir los espacios de lo posible,
vinculando niveles, entidades y formas que en razón
de los implícitos del paradigma, no podrían
previamente haber estado relacionados.
La
metáfora permite traspasar de un dominio a otro de
la experiencia, creando significados inusuales, desconocidos
e ilógicos para la racionalidad dominante, permitiendo
construir otros mundos posibles. Según Schnitman
(1998), se trata de un recurso que es más que una
modalidad lingüística de expresión: la
metáfora es una estructura cognitiva y constructiva
de uso, primordial para generar la mirada transdisciplinaria
del Pensamiento Complejo.
Su
aplicación acompaña el ejercicio de una reflexión
auto-observante; por ello, al igual que la paradoja, -un
concepto de uso regular en la perspectiva sistémica
de la Psicología-, ofician de compuertas evolutivas
(Najmanovich, 1992) que coadyuvan a una ecología
del espíritu, desde una experiencia de aprendizaje
en la que es posible pasar de una ecología del lenguaje
a una ecología en el sentido.
La
paradoja integra a su opuesto, incluye su propia negación,
coexiste con su sombra, por poner un ejemplo de coexistencia
translógica referimos el concepto de Fromm "patología
de la normalidad".
Como
se ve en el ejemplo, es frecuente que se confunda la paradoja
con ambigüedad, con aporía, contradicción
y absurdo. La relación entre dos expresiones opuestas
otorga un nuevo sentido completamente distinto al que tenían
las palabras por separado. Este conjunto de palabras o energías
simétricamente enfrentadas provoca una vivificante
tensión y, al mismo tiempo, despierta una sensación
de algo indefinido y ambiguo, realizando un movimiento inesperado,
permitiendo descubrir una complementariedad escondida.
Impulsar la transformación del paradigma
Tanto
la paradoja como la metáfora son la licencia fundamental
de la poesía libertaria porque tienen la misión
de desestructurar, provocar, sugerir, despertar, remover,
conmover, inquietar lo estatuído. Constituyen un
reto para nuestra limitada facultad de discernimiento. En
la metacognición que pueden generar como producto
del ejercicio reflexivo que provocan, se deconstruyen los
significados primitivos para dar lugar a una comprensión
más amplia.
Estos
mismos riesgos translógicos son los de los productos
de la transdisciplinariedad. Por eso, también en
Nicolescu, la práctica de la transdisciplinaridad
implica un cambio espiritual equivalente a una conversión
del alma (Nicolescu 1993). Se parte de la idea de que donde
hay vida hay inacabamiento. La transformación es
posible si partimos de la base de que pasión por
el sujeto complejo nos lleva a impulsar la transformación
paradigmática para comprometernos con una suerte
de revolución ético-ecológica.
La
experiencia de acompañamiento con grupos que se introducen
en la práctica reflexiva del Pensamiento Complejo
muestra, que el contacto con este tipo de pensamiento induce
a un estado espiritual que no es solo de perplejidad sino
también de excitación.
La
emocionalidad producida por tomar contacto con algo que
nos sobrepasa en nuestra dimensión individual, nos
sorprende y sobrecoge, provocando un estado parecido al
despertar. Paul Valéry denominaba a este estado implexo
(del latín, enlazamiento) entendiéndolo como
la capacidad de sentir, reaccionar y hacer, de comprender
y resistir de un sujeto que desde la practica de reflexividad
intenta recomponer sus habilidades y orientar sus pensamientos
en una búsqueda que le permite descubrir nuevas estrategias
frente a la emergencia de lo real.
Pero,
tampoco esto es nuevo, existen numerosos aportes en el transcurso
de la historia de las expresiones artísticas que
han rehuido de la chatura de la realidad, haciendo aportes
valientes, transgresores, a una estética universalista
(o cuántica) (9). Personajes complejos,
motivos artísticos abordados desde una translógica,
imágenes complejas, música compleja, que desde
una estética diferente, se han desarrollado en contextos
turbulentos o adversos; artistas que han nadado contra la
corriente.
Algunos
ejemplos son: el surrealismo en sus diferentes expresiones
(Breton, Dali, Kandinsky, Duchamp, Miró, Magritte);
la aleatoriedad, la tímbrica y el atonalismo en música
(Schonberg, Berg); el replanteamiento que Artaud hace del
teatro y el teatro del absurdo (Ionesco, Becquet); Blake;
Shakespeare; el Romanticismo; las películas de Krzysztof
Kieslowski; la música de Zbigniew Preisner; las instalaciones
Happenigs perfomance y experiencias integrativas de diferentes
lenguajes artísticos que producen reordenamientos
espacio-temporales y de sentido; los mundos imposibles en
los dibujos de Escher; la narrativa como modelo para armar
y mundos extraños de Lewis Carroll, Cortazar y Borges;
el realismo mágico de García Márquez;
los procesos de deformación de Picasso sobre su pintura;
la reconcepción del olor en Suskind ("El perfume");
las imágenes extrañas de Max Ernst; la narrativa
atemporal de Michael Ende; los mundos fantásticos
de Fellini o la fantástica de Rodary.
Y
como caso típico de influencia por un reordenamiento
de la ciencia: el impacto de la teoría de la relatividad
sobre Salvador Dali y el dadaismo, Durrell, Virginia Wolff,
y James Joyce por ejemplo; el judaísmo perseguido
(ya fuese por los cristianos viejos en la España
de los siglos XVI y XVII; ya por los nazis en la historia
reciente); los escritores conversos españoles (Teresa
de Jesús, Cervantes, Luis de León...).
Algunas
antítesis con base en la estética cuántica:
el individuo antes que la generación; lo extraordinario
antes que lo común; la reivindicación del
sentimental frente al ingenuo (Schiller); el erotismo o
el carácter sagrado de la pornografía frente
al sucedáneo del sexo comercial; la aventura antes
que el viaje organizado; el cambio interior frente al lifting;
la república antes que la monarquía; la locura
frente a la sensatez; la racionalidad frente al misticismo;
la madurez frente a juvenismo; Krzysztof Kieslowski versus
Almodóvar; la primacía de los derechos del
hombre frente a la razón de Estado; la rehabilitación
de lo introvertido frente al imperio desmedido de lo extravertido.
El
arte en la mirada universalista del Pensamiento Complejo
En
los puntos precedentes nos hemos referido a la estética
del siglo XX, que privilegia la dimensión psicológica
del arte y de la belleza. Y en este sentido, más
que averiguar la naturaleza intrínseca de la obra
de arte es preferible considerar la actitud mental con la
que el observador enfrenta dicha realidad. El arte puede
definirse como una vía de expresión de nuestra
conciencia, y como un ámbito de la expresión
y de la creación humana en el que podemos reconstituir,
expresar o reconocer nuestra interioridad. El
arte es una vía de conexión entre el corazón
del mundo y el corazón del ser humano.
De
todos modos, cualquiera de nosotros en este rudimentario
mundo de simplificaciones -asumiendo la condición
de transgresor- podría aspirar a vivir su vida como
una verdadera obra de arte, de un modo rupturista, elevado,
creativo, develador, provocador, interconectado. Dentro
del grupo de autores clásicos, no sólo Maslow
habló de estas experiencias trascendentes; autores
como el mencionado Jung, o Assaglioli, o Fromm han contribuido
a trazar puentes entre los dominios de la psicología
y los territorios de la espiritualidad -silenciados por
la ciencia-.
Al
principio del artículo destacamos la necesidad de
desarrollar nuestra espiritualidad siendo ésta una
demanda bastante extendida entre las personas que sufren
las consecuencias de este sistema y que pagan un precio
demasiado alto para mantenerse adaptadas a sus exigencias.
De
hecho, no es un dato a desconocer, el éxito editorial
que desde hace dos décadas han tenido a nivel mundial
los manuales de autoayuda y las columnas psico-espirituales
en los medios gráficos y televisivos, que no dejan
de ser una mercancía más que produce altos
niveles de rentabilidad en el mercado. Estas expresiones
han aprovechado un nicho de mercado no explotado.
A
pesar de ello, sirven como respuesta paliativa frente a
la falta de verdaderos satisfactores que el sistema no pone
a disposición de las personas. Frente a las múltiples
insatisfacciones de un público que se siente huérfano
y solitario en esa búsqueda silenciosa de satisfacción
de la propia espiritualidad, esos sucedáneos cumplen
de alguna manera con un destino benévolo.
Entre
los autores más reconocidos, Ken Wilber se ha ocupado
denodadamente en las tres últimas décadas
de las dimensiones más elevadas de nuestra interioridad
profunda, aquellas mismas de las que se han ocupado las
tradiciones espirituales más antiguas. El aporte
de Wilber es justamente el intento de articular la ciencia
moderna y la sabiduría de esas antiguas tradiciones.
Sostiene
que el reconocimiento del Espíritu es la culminación
de un proceso de desarrollo multilineal que pasa por una
serie de fases, que van desde lo preconvencional -prerracional
o egocéntrico-, a lo convencional, -racional o etnocéntrico-,
con la posibilidad de acceder al final del proceso a lo
post-convencional, -holístico o mundicéntrico.
Una escala progresiva también descrita por los teóricos
del Desarrollo Moral, Piaget y Köhlberg.
El
hecho de alcanzar los niveles post-postconvencionales implica
el merecimiento de una conexión mística que
conlleva el poder acceder a un modo no-dual de la existencia,
es decir, la posibilidad de abandonar todo nomadismo desintegrador
para poder alcanzar la integración y la armonía.
A
pesar de los forzamientos conceptuales a los que hayamos
sido sometidos por efecto del paradigma simplificador -que
seguimos educando-: el cuerpo, la mente y el alma no son
mutuamente excluyentes sino expresiones perfectas de un
Espíritu único que habita el universo, y que
puede tomar vida y manifestarse sublime y resplandecer en
las pequeñas cosas de la vida.
Sin
embargo, las fronteras puestas por el paradigma pueden hacer
que nuestro globo no siga el ascenso evolutivo previsto,
para el que estamos estructuralmente preparados.
Además, la existencia de viejos traumas, las pérdidas
para las que no alcanzó el duelo, las frustraciones
o carencias que no hemos podido superar, las identificaciones
patológicas, los mecanismos defensivos arcaicos o
muy rígidos, los temores inconscientes, los sentimientos
de inferioridad, conforman constelaciones personales que
definen grados de sufrimiento, de cautiverio a la libertad
interior, y son razones o fuerzas lo suficientemente poderosas
para tirar nuestro globo hacia abajo. Sea uno u otro el
factor que impida nuestro desarrollo, será ese, una
vez detectado, la medida del trabajo espiritual que tenemos
que recorrer.
El
trabajo espiritual y los desafíos de la psicología
profunda son aspectos interconectados de una misma realidad.
El hecho de que la persona sepa de la existencia de estadios
potenciales de espiritualidad que nos esperan allí
adelante, actúa como un combustible que empuja a
la superación de nuestras limitaciones y a reconocer
una potente y atractiva motivación
en la posibilidad de elevar la conciencia hacia realizaciones
que trascienden los propios limites.
Ya
Homero hace volver a Ulises, después de años
de búsqueda de Ítaca, de nuevo al océano,
movido por la llamada de esa sed de conocimiento propia
del ser humano. En la carrera por el desarrollo de la espiritualidad,
también, se reconoce la misma sed de conocimiento
que llevó a Prometeo a robar el fuego a los dioses,
o la que nos lleva a continuar, a pesar de las dificultades
legadas por el paradigma, y las de la propia biografía,
un camino que se va haciendo al andar.
El
arte, la construcción de actos de belleza y el pensamiento
complejo son facilitadores de ese desarrollo espiritual
No importa que estén rotas...
que se hayan muerto todas estas flores
ya volverá la música a sus notas
Ya Dios inventará cosas mejores
Porque
veo que el cielo no termina
Y que no muere toda voz que canta
Que la alborada pisa la colina
Y en azufre y ceniza se levanta
Alzo
mi fortaleza de suspiro
Y mi sangre arrancada de una hoguera
Para que sea cierto lo que miro
Y que no sea lo que Dios no quiera
Maria
Elena Walsh.
María
Teresa Pozzoli es Magíster en Ciencias Sociales
y Magíster en Educación. Académica
e investigadora argentina de la Universidad Academia de
Humanismo Cristiano y del Instituto de Pensamiento Complejo,
Santiago, Chile.
Bibliografía
Basarab
Nicolescu (1993), "Una nueva aproximación científica,
cultural y espiritual - La transdisciplinariedad",
Passerelles, nº 7, otoño.
Bohm,
David (1988), La totalidad y el orden implicado, Kairós,
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Fritjof (1998), La trama de la vida, Barcelona, Anagrama.
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lengua castellana, Gredos, Madrid.
García,
Octavio (2004),
"La recuperación del espíritu en psicología
y la tarea espiritual de la psicología profunda en
el modelo de Wilber" (consulta 18 de julio de 2007)
Juarroz,
Roberto (1994), "Algunas ideas sobre el lenguaje de
la transdisciplinariedad", traducción al español
realizada por Complejidad de su ponencia "Quelques
idèes sur le langage de la transdisciplinarité",
Primer Congreso Mundial de la Transdisciplinariedad, Convento
da Arrábida, 2-6 de noviembre, publicada en Bulletin
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Transdisciplinaires (CIRET), Nº 7-8, abril 1996. [en
línea]. Instituto Internacional del Pensamiento Complejo.
Universidad de El Salvador, Buenos Aires, Argentina.
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(consulta 18 julio de 2007)
Idem
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María Teresa (2007), "Transformar el conocimiento
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5, Nº 15, Ediciones Universidad Bolivariana, Santiago.
Real
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Planeta, Buenos Aires.
Wilber,
Ken (1998), Breve historia de todas las cosas, Editorial
Kairós, Buenos Aires.
Notas
1
Morín recuerda en uno de sus textos a Fernando Pessoa
quien decía que en cada uno de nosotros hay dos seres,
el primero, el verdadero, es el de sus ilusiones, de sus
sueños, que nace en la infancia y prosigue toda la
vida; el segundo, el falso, es el de sus apariencias, sus
discursos y sus actos. Podríamos decir de otra forma:
en nosotros coexisten dos seres, el del estado prosaico
y el del estado poético; esos dos seres constituyen
nuestro ser, sus dos polaridades son necesarias -la una
para la otra-: si no hubiera prosa no habría poesía,
el estado poético no se manifiesta como tal sino
en relación con el estado prosaico.
2
Estos parlamentos corresponden a uno de los personajes de
\o "American Beauty: Annette Bening & Kevin
Spacey Belleza americana American beauty 1999 Color, 115
EEUU Dirección: Sam Mendes Guión: Allan Ball
..." American Beauty, Ricky Fitts. Un joven educado
en los estrictos valores de su padre -un ex militar neonazi-
Su vida transcurre en el tráfico de estupefacientes,
y en el uso de su filmadora de videos caseros, La trama
pone de manifiesto la hegemonía de las apariencias,
carentes de sentido existencial y de afecto de los tiempos
actuales. Sobre este trasfondo cobran vida las palabras
del personaje.
3
Al no percibir las interdependencias, deja de ver las propiedades
que se conforman por la interconexión. El conjunto
de esas propiedades conforman la organización del
todo.
4
De hecho, el término anestesia (Anaiesthesis) habla
de la anulación temporal de la subjetividad, generalmente
inducida de modo deliberado para que el sujeto sensible,
no sufra cuando el cuerpo tiene que ser intervenido por
ejemplo por un cirujano. El anestesiado no siente, y posiblemente
no imagine, y ni siquiera intente expresarse.
5
Para profundizar en estos temas junguianos recomiendo revisar
el artículo "El inconsciente colectivo"
de Pablo Cáceres, www.alcione.cl.
6
Aunque 'mente' y 'conciencia' no significan siempre lo mismo
se los usa a menudo indistintamente como nombres de 'lo
interior' en contradistinción de 'lo exterior'.
7
Sin embargo con la aproximación de un grupo de disciplinas
como la filosofía de la mente, la neurociencia, la
inteligencia artificial, la lingüística, la
psicología cognitiva y la antropología, que
dan cuerpo a la ciencia cognitiva (Gardner 87a) es posible
que se construya un metacampo que intente plantear nuevas
soluciones, como está ocurriendo con la filosofía
de la ciencia y las matemáticas, lo cual permite
pensarlas desde otras fronteras.
8
El concepto complejo aparece a principios del s. XVII, pero
de su variante complexo -que aparece en castellano alrededor
del año 1250-, proviene del latín complexio
que significa ensambladura o conjunto.
9
"Estética Cuántica" significa asumir
la creatividad, desde un punto de vista artístico
y literario, como un hecho ligado a los más revolucionarios
descubrimientos de la física subatómica y
de la psicología. De tal manera, el arte se convierte
en un instrumento de conocimiento para indagar de manera
esclarecedora en el universo que nos rodea y, fundamentalmente,
en la complejidad humana. Este nuevo paradigma, postula
una visión del cosmos como un fluido en el que todo
está interrelacionado. Considera así, en consecuencia,
que todo arte y todo escrito debe tener una esencia holográfica
que esté en correspondencia con un universo en el
que la más ínfima parte contiene el todo.
El movimiento de "Estética Cuántica",
creado por un grupo integrado por representantes de una
diversidad de disciplinas y países, dejó plasmada
su concepción en el Manifiesto
de estética cuántica (Consulta 19.8.2007).
Miércoles
6 Febrero 2008
María Teresa Pozzoli