EQUILIBRIOS
Entre Agradecimientos y Ajustes de Cuenta por los
33 Mineros Rescatados en Chile
Francisco
Bascuñán Letelier
14 de Octubre 2020. La Serena, Chile
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622 metros bajo tierra
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Dando GRACIAS
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En
un día como hoy la palabra es: GRACIAS.
Después
del exitoso rescate de los 33 mineros atrapados en la mina
San José, cercana a la ciudad de Copiapó,
Chile; no cabe otra palabra que gracias. Gracias a Dios,
al Gobierno, a todos los profesionales y trabajadores que
intervinieron en él y al mundo entero por sus aportes
humanos, tecnológicos y cadenas de oraciones. Al
menos si yo hubiera estado en el lugar de esos mineros,
no me caben dudas que hubiera deseado estar en manos de
estas personas, las que durante el proceso, nos deslumbraron
con sus capacidades de decisión, de humildad para
pedir ayuda, de conocimientos técnicos aplicados
y por sobre todo con una fe inquebrantable ante lo imposible.
El
epílogo:
Además de dar gracias, aprender a trabajar con más
grados de seguridad.
Decir
o anunciar medidas de este tipo es fácil, lo difícil
es concretarlas de forma tal que permita llevarlas a la
práctica. Claro, tendríamos que ser unos depravados
para no desear el bien a nuestros trabajadores que elaboran
en la pequeña y mediana empresa, donde las cosas
realmente cuestan. Nos gustaría llegar en limusina
a trabajar todos los días, pero ¿quién
lo paga?, les aseguro que si los mineros chilenos pudieran
hacerlo, lo harían, y ¿conociéndolos?,
estoy seguro.
Para
el tercio de chilenos que viven en Santiago, les es difícil
entender a los otros dos tercios que viven bajo una franja
de seguridad en el trabajo muy paupérrima, así
como a éstos, les cuesta entender la vida tan apetecida
y tan insegura que ofrece Santiago. Ahora se piensa exigirle
a toda las PYMES que aumenten sus costos en seguridad. Está
muy bien, ¿pero, otra vez, quién lo paga?
No debemos olvidar que este tipo de empresas de producción,
no solamente requiere de la mayor fuente de trabajo del
país, sino que financia en gran medida la lujuriosa
vida de los empresarios de la banca, de las instituciones
financieras y de las grandes y monopólicas tiendas
del país.
Bien,
cada uno con sus conciencias, pero esto no responde la gran
pregunta: ¿quién paga?
¡Ah
ya sé!
Si
de responsabilidades individuales se trata, y así
como ya lo anunció anoche el gobierno, los dueños
de la mina San José tendrían que pagar los
10 ó 20 millones de dólares que costará
el rescate; así también, podríamos
destinar un poco de los 60 millones de dólares mensuales
con que se subsidian los pasajes del Transantiago, para
ir a invertirlos en seguridad del resto de las minas de
Chile. Como ya se han gastado, o subsidiados, más
de mil millones de dólares en el mismo proyecto del
Transantiago, alcanzaría para afrontar más
de 100 exitosos rescates o bien para prevenirlos.
Otro
ajuste de responsabilidades individuales, podría
ser ajustar las cuentas de las personas (individuales) que
procedieron a despilfarrar los Ferrocarriles del Estado,
total son otros mil millones de dólares y más.
Alcanzaría para otros 100 exitosos rescates o para
prevenirlos.
Ni
preguntar cuánto nos cuesta la pésima educación,
la mala salud o el espléndido aparataje político.
Pero
NO; no va a resultar este método. No, porque para
ello, cada chileno tendría que responsabilizarse
de sus propias acciones, y esto, ya entra en la franja de
seguridad del tercio de chilenos que viven en Santiago,
y este tercio no va a estar dispuesto a aflojar. ¿Pagar
lo que realmente vale el transporte urbano? ¿Desviar
los capitales de las carreteras urbanas hacia las carreteras
rurales y de producción? ¿Hacer funcionar
efectivamente el SERNAC financiero? ¿Comprarles a
los productores sus productos a un precio justo? (ej. Dependiendo
de la fecha, un pepino de ensalada que el campesino lo vende
en 50 pesos, en el supermercado se encuentra a 300 pesos).
Éstas y otras tantas preguntas, son muchas como para
creer que pueda funcionar el método de las responsabilidades
individuales tal que financie la seguridad industrial.
Con
este tipo de elucubraciones, no estamos llegando a un resultado
que nos permita financiar una adecuada seguridad industrial,
pero hay algo claro, la responsabilidad de vivir en un país
desarrollado, como desea nuestro presidente, no recae solamente
en la "cabeza de turco", recae en la responsabilidad
individual de cada ciudadano, muy especialmente en el primer
tercio; y este concepto, debería estar meridianamente
claro en la conciencia de cada uno de nosotros y de los
políticos, antes de dar el próximo paso. El
problema se nos viene encima, porque este próximo
paso lo vamos a dar si ó sí, y si en el proceso
no tomamos la debida y necesaria conciencia, la embarrada
que vamos a dejar atrás va a ser memorable. El mundo
no nos va aguantar que tengamos que hacer otro rescate,
de cualquier tipo de empresa, por muy exitoso que este sea.
Acordémonos que no somos ni marxistas ni chinos.
Lo
otro que me quedó claro, es que con el temple demostrado
por los chilenos durante este año, especialmente
por los mineros recién rescatados y sus familias,
seguidos con los signos de fe, de unidad y de solidaridad;
y todo esto conducido y respaldado por un gobierno decidido
a hacer las cosas bien, vamos a seguir pedaleando para adelante
como sea, y al final vamos a lograr llegar a todos los destinos
que deseemos y que ojala los merezcamos.