LA CIUDAD DESIERTA
Marta
Fernández Montero
Agosto 2010
En un remoto país, las autoridades se aprontaban
a celebrar un nuevo centenario de la independencia nacional.
Querían que fuera una celebración brillante:
asistirían delegaciones extranjeras y querían
mostrar un país moderno y pujante.
Con
mucha anterioridad se comenzaron a mejorar las infraestructuras:
modernas carreteras que cubrían casi todo el territorio
nacional, modernos medios de transporte cruzaron la capital,
se hermosearon parques y jardines, se levantaron monumentos,
museos y se dio comienzo al edificio mas alto de todos los
países de su entorno.
Pero
había un lunar que no habían logrado extirpar:
los barrios miserables; se había hecho esfuerzo si,
pero no había sido suficiente
la gente pobre
se reproduce tanto
hay que hacer algo
y dieron
en el clavo: repartirles condones, la píldora del
día después y.., ¿por qué no?,
esterilización gratuita o quizás aborto; la
cuestión es que esta gente no puede seguir echando
hijos al mundo.
Ya
ve, la Sra. Juanita con cuatro críos y en un miserable
rancho; la verdad es que es bien empeñosa: va a planchar
donde varias patronas, pero, es tan poco lo que gana que
junto con lo que gana Pedro, su esposo, cargador de la vega
, no les alcanza sino para parar la olla. Pero ¡cómo
le gustaría comprarle unos zapatitos al Luchín
que se le salen los dedos! "Luchín, ¡tan
empeñoso! va dos veces por semana a la feria que
queda cerca y ayuda a las Sras a llevar las bolsas al auto
y ellas le dan algunas monedas; regresa muy feliz porque
además los feriantes le regalan las frutas y verduras
que están un poco pasadas, ("pero una le sabe
sacar provecho"). ¡Pobre Luchín , si se
siente el hombre de la casa ayudando a parar la olla, y
eso que tiene sólo 7 añitos.
La
Sra. Juanita está muy esperanzada, pues su comadre
Chela ("tan enterada ella, es que ella no es "
inorante" como una, no ve que trabajó en casa
grande y ahí aprendió "muchimas"
cosas y sabe pararse ante la "autorida") le contó
que en una reunión de la Iglesia, una Sra. muy buena,
les había dicho que ellas podían optar a una
casa propia ("¿sería verdá?"),
que había una cosa que se llamaba "susidio"
( o algo así); eso si que tenían que inscribirse
y juntar plata para un pie ("qué será
eso?"). Pero la comadre Chela lo averiguó todo
y de ahí nació la idea de vender papas fritas
en la feria para juntar plata para el pie.
Conversó
con su marido y él consiguió fiado, medio
saco de papas y grasa para freír; La vecina doña
Peta le "emprestó" una olla grande y una
de sus patronas le regaló una mesita plegable, muy
a propósito para llevar a la feria. Así empezó
el negocio: dos veces por semana Pedro la ayudaba a acarrear
todo lo necesario para instalarse en la feria: la mesita,
la olla, una fuente con las papas peladas la noche antes,
el anafre que le "emprestó" la Sra. Teresita,
unos vaso desechables que le regaló el vecino que
vende helados, y, lo principal: el cajón donde colocar
a la Emita, su guagua de seis meses, para no perderla de
vista y darle agüita mientras ella trabajaba; los otros
niños quedaban a cargo de su comadre ("tan ayudadora")
mientras Pedro se iba a la Vega.
El
negocio resultó y después de varios meses,
entre ella, Pedro y Luchín, juntaron el dinero necesario
para inscribirse y optar a una casa.
¡Qué ilusión, al fin tendrían
una casita como Dios manda! Pero no fue fácil, pasó
mucho tiempo antes de ser llamados; con la ayuda de la comadre
fueron superando todas las etapas ("porque, tan ignorante
una, si apenas se leer, no ve que mi mamita me echo a trabajar
desde chica y no pude ir a la escuela mas que tres años").
Pero
no hay plazo que no se cumpla y al fin la soñada
casa. ¡Cómo se afanaron para llevar lo poco
que tenían, limpiecito! Si pasaba con la guata mojada
frente a la batea! Mientras la Rosita ("ya está
grande la Rosita"), se hizo cargo de la Ema y del Fermín
de tres años;" ella a sus seis años es
bien "preocupá": les da la comida y muda
a la Ema cuando salgo a trabajar y no puedo llevarla, porque
hay patronas que me dejan ir con ella cuando voy a planchar")
(¡Cómo me gustaría que ellos estudiaran
y no fueran inorates como uno!")
Llegó
el gran día ("si parece mentira") les entregaban
la casa propia; don Ernesto, que tiene carretela, les llevaría
las cosas; (¡cómo estaban felices los chiquillos!
y "con el Pedro hasta lloramos", si al fin saldríamos
del basural, de las moscas y ratones")
Les
tocó en el segundo piso de un block
("claro
que la escala es bien peligrosa, sobretodo para la Ema cuando
empiece a caminar, pero en fin, poniéndole cuidao
ojala no le pase na"). Las piezas eran chiquitas y
no había donde tender ropa, pero había agua
y luz ("de alguna manera nos arreglaremos").
Llegó
el invierno y empezaron a ver que el agua se colaba por
los muros y salieron hongos; a la Ema le dio tos, ("la
llevé al consultorio y me dijeron que tenía
asma por la humedad"). Las cañerías también
se filtraban ("más encima tenimos que pagar
dividendo y ahora no tenimos a la comadre cerca, de modo
que cuando yo salgo a trabajar Pedro no lo puede hacer,
porque no podimos dejar a los críos solos entre desconocidos,
tan camorreros y bulliciosos; si se sienten los gritos cuando
se pegan"). Los niños no tienen donde jugar
dentro del departamento por lo que tienen que salir afuera
donde salen todos los niños de los otros departamento.
Un
día Luchín llegó moreteado porque otros
niños le habían pegado; Juanita le preguntó:
_
¿Les hiciste algo malo tú?;
_ No, mamá es que ellos pertenecen a una pandilla
_ ¿Qué será eso? - No te juntes más
con esos niños
_ Pero, mamá, con quien juego entonces: ellos tienen
una pelota y, a veces me dejan jugar en la cancha con
ellos"
_ Pero ¿por qué te pegaron?
_ Porque les dije que era malo lo que hacían"
_ Y ¿qué hacían?
_ Les roban la cartera a las señoras que se distraen
y con la plata compran una cosa que aspiran...no se qué
es.
Y
la señora Juanita empezó a echar de menos
su rancha con sus vecinos confiables y bondadosos.
Una
vez que fue al consultorio, le preguntaron cuantos niños
tenía; al contestar que cuatro, le preguntaron que
si quería seguir teniendo hijos, pero ella sabía
que en el departamentito apenas cabían los que había
y además había que pensar que Luchín
tenia que ir a la Escuela ("porque eso si, Luchín
tenia que estudiar") y contestó que no, entonces
le pusieron la T, ("pero ¿qué le pasaría
con eso?").
Pasaron
los años y las medidas tomadas por el gobierno dieron
resultado: la gente optaba por no tener hijos "(con
tanta facilidad que a uno le dan ¿para qué
sacrificarse? Total es preferible tener una mascota, menos
responsabilidad)".
Y
la densidad demográfica empezó a descender
rápidamente, las casa grandes empezaron ser reemplazadas
por edificios de departamentos los que se poblaron de ancianos,
se cerraron varias escuelas porque no tenían matrícula
y, algunas se transformaron en casas de reposo para ancianos
que , no teniendo descendencia, no tenían quien los
cuidara ("como don Luís y la Sra., Eloisa que,
cuando ella se quebró la cadera tuvieron que ir a
dar a una de esas casas, porque ¿quién iba
a cuidar de ellos si él apenas caminaba con el reumatismo
que tenía y no tenían hijos?").
La
fuerza laboral joven se hizo cada vez más escasa,
hubo que importar mano de obra de países en los que
sus habitantes no temían tener hijos, pero la raza
del país fue configurándose de una manera
diferente; poco a poco las familias formadas por los extranjeros,
superaron a los nacionales, adquirieron derechos y pudieron
elegir a los Gobernantes que le fueran propicios.
Algunos
antiguos habitantes se empezaron a inquietar y a pensar
que debía tomarse algunas medidas: ¿expulsar
a los extranjeros, tal vez? Pero si esto ocurría
LAS CIUDADES QUEDARÍAN DESIERTAS.