Karl Schmitz-Moormann une la teoría
evolutiva con la teología de la creación
Busca en la ciencia nuevas ideas y recurre a la síntesis
de los filósofos y teólogos modernos
Miguel
Lorente Páramo.
Revista TENDENCIAS 21
Junio 2009
Las
ideas del teólogo y biólogo Schmitz-Moorman
(1928-1996) son hoy de necesaria consideración
a la hora de un entendimiento cristiano del proceso evolutivo.
Inspirado en Teilhard de Chardin, su descripción
de la evolución cósmica ha aportado enfoques
esenciales que permiten profundizar y prolongar las ideas
de Teilhard. En Schmitz-Moormann destaca la unidad de
la creación y la autonomía del mundo creado
por Dios. Pero, al mismo tiempo, esa autonomía
es la que permite entender la creación de un cosmos
hecho para "hacerse a sí mismo" en la
libertad. Por Miguel Lorente Páramo.
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Cartel
del seminario sobre Teilhard de Chardin en el que participó
Schmitz-Moormann en 1996. |
Con
el libro de Schmitz-Moormann "Teología
de la Creación de un mundo en evolución",
la editorial Verbo Divino se presenta como promotora de
una nueva corriente de pensamiento sobre las relaciones
entre ciencia y religión.
La
nueva colección está siendo dirigida por el
Director del "Seminari de Teología i Ciènces
de Barcelona", Dr. Manuel García Doncel, y tiene
ya cuatro libros publicados. En particular podemos citar
"La fe de un físico" de John Polkinghorne,
"Aliento de Vida. Una Teología del Espíritu
creador" del Denis Edward, y últimamente las
contribuciones de once teólogos-científicos
al tema de "Kenosis del Creador", edición
de John Polkinghorne ya comentada en Tendencias21.
El
libro de Schmitz-Moormann es el único escrito por
su autor sobre esta temática y recoge toda la sabiduría
de su síntesis final. La obra que dejó el
autor como un borrador (completada por James Salmon) recoge
los parámetros de la teoría de la evolución
(con muchos ejemplos tomados de la biología) para
aplicarlos a la teología de la creación. Una
visión fundamentalmente teilhardiana es aquí
repensada con aportaciones sustanciales.
En
todos estos libros yace un deseo de conocer a fondo los
misterios de la revelación de Dios a los hombres,
especialmente los que tratan de la naturaleza de las tres
Personas y su acción en el mundo. El libro que aquí
comentamos es fruto de unas clases que impartió Schmitz-Moormann
en el Zygon Center de Chicago y en el Weston College de
Boston. La postura religiosa de Schmitz-Moormann es la de
un teólogo, y biólogo, que busca en la ciencia
nuevas ideas para la comprensión moderna de los misterios
de la fe, siguiendo la tradición de los teólogos
medievales, que buscaban la ciencia teológica a través
de la fe ("fides querens intellectum"). El otro
camino que sigue Schmitz-Moormann es recurrir a la síntesis
de los filósofos y teólogos modernos como
hizo Teilhard de Chardin, en cuya edición crítica
trabajó asiduamente durante toda su vida
La
postura de un teólogo evolucionista
Schmitz-Moormann
ha sido un teólogo que trató de ayudar a la
Iglesia con sus interpretaciones actualizadas de los libros
sagrados, es decir de las verdades reveladas: "...los
teólogos y su teología estarán generalmente
en tensión con la jerarquía de las Iglesias
que tienden a proteger sus puntos de vista doctrinales".
En ciertos momentos la Jerarquía estará más
cercana a la verdad revelada y los teólogos aprenderán
que puede que sean pocas las doctrinas científicas
"definitivas" que no se conviertan con el tiempo
en obsoletas. Las Iglesias y los teólogos de hoy
deben estar abiertos a dos posibilidades. "Podría
ser, dice Schmitz Moormann, que los herejes de hoy sean
los profesores del mañana, o podría ser que
sean sólo los herejes, incluso arrepentidos".
En particular, la teología está atravesando
una mutación fundamental, pasando de mantener un
depósito de la fe inmutable, a recibir una revelación
renovada a través de la autorevelación de
Dios en la creación.
Schmitz-Moormann
ha buscado los teólogos que más le han ayudado
a contemplar el mecanismo de la evolución en la obra
de la creación. En particular, le ha atraído
mucho la figura de Teilhard de Chardin. No se puede entender
la teología de la creación sin estudiar antes
el sistema de Teilhard, que vamos a resumir brevemente.
La estructura de los seres cósmicos está basada
en la dualidad uno-múltiple, que consiste en la realización
de un ser de perfección más elevada, en otros
seres de perfección inferior. La relación
causal entre los seres de mayor y menos perfección
tiene un carácter intrínseco (principio de
acciones inmanentes).
Por
el contrario, la relación causal entre los seres
del mismo nivel responde al principio de causalidad eficiente
(principio de acciones transeuntes). Este esquema que Teilhard
ha recorrido experimental y evolutivamente, viene fundamentado
por una ley de índole metafísica, "la
ley de la complejidad-conciencia", en virtud de la
cual en el interior de la vida la trama cósmica se
enrolla cada vez más sobre sí misma, siguiendo
un proceso de organización que pasa por el Hombre
reflexivo, el Hombre individual y el Hombre social.
Este
proceso implica la existencia en el término superior
de la convergencia cósmica de un centro trascendente
de unificación "el Punto Omega". Por otra
parte, consideradas conjuntamente las tres etapas de la
evolución (física, apologética y mística)
sugieren una metafísica de la unión dominada
por el amor. El Universo entero, al verse llevado en su
evolución hacia el punto Omega a un proceso de unión
con Dios, se vuelve íntegramente amante y amable
en lo más íntimo y lo más profundo
de nuestro ser.
Los
parámetros de la evolución: la unión
La
teología de la creación se basa en el proceso
evolutivo. Si queremos interpretar la teología de
la creación con los parámetros de la evolución,
el primer parámetro que salta a la vista es el de
la unión (para Teilhard esto era un símbolo
de la diafanidad de Dios). Escoger unos parámetros
que faciliten la comprensión de la evolución
es escoger las cualidades del hombre que se encuentran en
todos los seres del Universo y que, por evolución,
se han ido perfeccionando cualitativamente hasta llegar
al hombre.
Por
el contrario, si vamos atrás en el tiempo, van desapareciendo
los seres superiores y apareciendo las macromoléculas,
los organismos unicelulares, como los virus y las amebas,
las moléculas, los átomos las partículas
elementales. En la generación de todos estos seres
se hace necesario la colaboración de los seres inferiores
para producir nuevos seres de mas complejidad orgánica.
El proceso evolutivo de la unión es muy simple. Los
seres inferiores se unen entre sí para constituir
un ser con mayor grado de complejidad, que da origen a un
ser de grado superior. Los elementos que dan origen al nuevo
ser mantienen sus propiedades al unirse entre sí,
pero el nuevo ser que emerge no es solamente la suma de
las partes. Experimentamos estos seres inferiores como totalidades
unidas pero no podemos decir qué es lo que conforma
su unidad. En los seres vivos el principio de unidad se
denomina alma, una entidad desconocida para la ciencia.
Tal como Teilhard intuyó, la unión diferencia
a los miembros que están unidos.
El
proceso evolutivo se desarrolla a través de la unión
de los elementos simples en totalidades más elevadas
en los que algo nuevo llega a la existencia. Para completar
su esquema, Schmitz-Moormann aplica el proceso evolutivo
a la teología de la creación. Si la evolución
se desarrolla por la unión, es correcto decir que
Dios crea por la unión. "Ser es unión
realizada y mantenida" diría Teilhard. Para
evitar una marcha atrás al infinito, hay que excluir
el comienzo mismo de la creación, que resulta ser
menos visible que los momentos siguientes de la creación.
Una consecuencia muy importante de la teoría de la
creación por la unión es que Dios actúa
inmanentemente en el interior de las cosas. Otra consecuencia
fundamental de la evolución por la unión es
que Dios es el constituyente de una suprema totalidad unida.
Esta unión divina es la que se manifiesta en la unión
de las personas que viven en comunión por el vínculo
que las une, es decir, el amor que en el fondo es la unidad
de Dios.
Segundo
parámetro de la teoría de la evolución:
la conciencia
Para
conocer mejor el mecanismo de la evolución se acude
a la conciencia. Esta responde a una capacidad de introspección
que tienen los seres creados, especialmente los más
perfectos, y que se puede encontrar también en los
más simples por almacenamiento de la información
que llega del exterior. Esta graduación de la conciencia
vuelve a confirmar el principio teilhardiano, según
el cual una propiedad que se da en el hombre se da también
en los seres inferiores pero en menor grado.
La
existencia de la conciencia implica una característica
necesaria o al menos importante, porque la conciencia hace
posible que el mismo ser desde dentro planifique sus movimientos
para que se consiga el mayor rendimiento posible. La conciencia
humana, dice Schmitz-Moormann, puede ser verificada introspectivamente
por todos los seres humanos, y por analogía por todos
los seres inferiores, e incluso por todos los seres más
ínfimos, atribuyéndoles una capacidad de información
(activa y pasiva). "Así, la conciencia aparece
como una realidad en los seres superiores y disminuye a
medida que retrocedemos en los primeros estadios de la historia
de la evolución".
Al
principio de la evolución la conciencia parece desaparecer;
el universo primitivo compuesto de partículas parece
ignorar este tipo de actividades seleccionadoras del ambiente
Esta evolución hacia la conciencia de los seres superiores
en el Universo marca la pauta de porqué crea Dios
estos seres tan perfeccionados que se pueden conocer a sí
mismos y que pueden conocer el Universo. ¿Cual fue
la finalidad de la creación respecto de la conciencia?
Esta pregunta no tiene sentido dentro de una postura materialista;
sólo tiene sentido dentro de una filosofía
que admita los valores y las realidades espirituales.
Para
estas personas espirituales, "la búsqueda humana
de sentido forma parte de la creación de Dios. Si
nos fijamos en la finalidad de Dios en la creación,
Dios no ha creado un Universo que se baste a si mismo para
poder satisfacer la búsqueda de sentido que ha suscitado".
El Universo evolutivo ha alcanzado finalmente un nivel en
el que ya no sigue ciegamente sus impulsos instintivos sino
que ve en la mente humana consciente una luz de guía
que procede de la experiencia. La conciencia está
creada por Dios para que el hombre se relacione con Él.
Tercer
parámetro de la teoría de la evolución:
la información
La
información trabaja a todos los niveles del ser;
es decir, trabaja entre todos los seres del mismo nivel
o bien como receptores o bien como reproductores de información.
Este mecanismo requiere una actividad muy grande y, de alguna
manera, el sujeto actuante es capaz de influir causalmente
en todos los órganos del sujeto paciente y viceversa.
En los seres más imperfectos no podemos distinguir
la información de la estructura. Cuanto más
aumenten los grados de ser en los seres creados, más
aumentan los grados de espiritualidad de los seres superiores,
que de alguna manera se asemejan más a Dios que es
puro espíritu, donde se encuentra toda la información
posible.
La
enseñanza bíblica de que todo el hombre ha
sido creado a imagen de Dios se puede interpretar como si
el hombre es la especie más capaz de manejar información
de tipo espiritual. Dios se hace visible en la creación
si uno contempla el mundo con los ojos de la fe. El que
pretenda buscar sólo evidencias científicas
no puede ver a Dios actuando en el mundo. La información
transciende sus aspectos materiales y pone de manifiesto
que la dimensión más importante del Universo
es la espiritual. Así la creación parece transcendente,
que es la plenitud del poder creativo espiritual. En esta
ascensión de la evolución a niveles más
elevados de realidad espiritual está implicada una
pequeña parte del universo: la mayor parte de este
ha alcanzado un status final de radiación de fondo,
y en cuanto al resto, la mayor parte va camino de convertirse
en estrellas muertas.
Cuarto
parámetro de la evolución: la libertad
Siguiendo
las propiedades que más configuran los grados de
ser que aparecen en todos los parámetros de la evolución,
Schmitz-Moormann describe el papel que la libertad ha jugado
en la diversificación de los seres en la evolución,
de modo que ha perfeccionado su ser, ha enriquecido su voluntad
y aumentado su libertad. Al admitir la libertad en la evolución
debemos reemplazar la causalidad determinista por una libertad
que es estadística.
Aunque
estos dos términos aparecen contradictorios por ser
la condición estadística propia de los sistemas
determinísticos. La prueba de la existencia de la
libertad no se puede darse científicamente, porque
no se puede probar con una libertad estadística que
sea real, la libertad que se presenta como una acción
que es básicamente indeterminada en la forma objetiva.
Se conocen rasgos de la libertad en las etapas primitivas
de animales y el hombre. Pero tampoco se puede probar su
origen y su influjo poderoso en la historia del hombre.
También en los animales hay un cierto comportamiento
que asemeja la libertad y que se produce como una respuesta
de los instintos. Poco a poco la ciencia fue abandonando
el mecanismo determinista para moverse a un terreno más
flexible para aclarar su independencia de las respuestas
animales y humanas.
Por
tanto sólo aparecen nuevos ámbitos de libertad
dentro de un entorno que parece estar determinado por la
media estadística. En el Universo evolutivo la libertad
no constituye una realidad ideal. Es algo dado en el mundo
real, incluso experimental, pero no aparece nunca empíricamente
como una libertad absoluta. Cuanto más ha evolucionado
un elemento, más amplio es el espectro de sus posibilidades.
Sin embargo, existe un delicado equilibrio entre las propias
estructuras de apoyo y el vector de libertad al que estas
estructuras sirven de apoyo. Hablar de libertad no quiere
decir que desaparezcan los grados de determinismo que siempre
se mantienen.
La
libertad es también un regalo para la vida social
tal como se puede apreciar en la autonomía humana
y su conciliación social. Pero puede ser también
un peligro. "Del mismo modo que una sobredosis de libertad
individual puede ser destructiva para la sociedad, también
pueden resultar destructivas las estructuras que son demasiado
rígidas". Trasladándonos a las sociedades
religiosas, las Iglesias deben actuar con estabilidad dentro
de sus tradiciones, pero necesitan previamente adaptar su
estructura a la realidad evolutiva. Por lo tanto, las Iglesias
tendrán que dejar más espacio a la libertad
y al cambio permitiendo que las ideas y las nuevas propuestas
de comportamiento sean examinados antes de proclamar anatemas
precipitados.
La
teoría de la evolución y la teología
de la creación
Hemos
analizado los parámetros que dirigen el proceso de
la evolución: la unión, la conciencia, la
información y la libertad. Estos mismos parámetros
se pueden encontrar en una teología de la creación.
Es decir, estos mismos parámetros de carácter
experimental se pueden aplicar a la teología para
entender el mecanismo que regula el proceso del acto de
la creación. La finalidad de la creación revela
una intención clara, que consiste en una intención
explícita del Creador en la creación para
hacer todo a su imagen y semejanza. La pregunta de cómo
actúa Dios en la creación va a ser dominante
en los teólogos modernos después del Concilio
Vaticano II. La respuesta que estos teólogos han
adoptado viene dada por los datos que la astronomía
ofrece sobre los primeros instantes del origen del universo.
La
creación entendida como llamada de Dios al Ser ("creatio
appellata") se desarrolla por un sólo acto del
Creador. La idea básica es que el Universo es llamado
a salir de la nada hacia el ser en devenir. El proceso de
este llegar a ser o devenir es la respuesta de la creaturas.
No hay un acto inicial seguido de una manipulación
de aquello que compone el Universo. El acto que produjo
el inicio del proceso y el acto que mantiene el proceso
en marcha son la misma llamada de Dios. Dios no crea estructuras
preparadas, ya hechas, sino que produce las estructuras
y elementos más simples que pasan a formar estructuras
más complejas por unión. Más aún,
Dios no está presionando los elementos más
simples para que se unan. La dinámica de la unión
está dada en las cosas mismas, en un modo semejante
cómo las tres Personas de la Trinidad se unen libremente
para formar una sola realidad .
A
partir de esta realidad de Dios que se nos revela como trino
y uno, construye Schmitz-Moormann una metafísica
de la unión, que pierde su carácter estático,
y desarrolla el concepto de ser como "llegar a ser".
Aunque una filosofía del ser en devenir está
todavía por hacer, sabemos, por la teoría
de la evolución, que esta metafísica debe
incluir términos como teoría del devenir,
del ser que se hace y que no acepta definiciones fijas.
De esas definiciones habrá que escoger aquellas que
reflejen las propiedades metafísicas de la unión.
El principio de la unión se cumple en la Trinidad
cristiana en grado infinito, porque toda la actividad entre
las tres Personas se realiza en el amor y porque la unión
entre las tres Personas ha de realizarse en el amor. La
unión que revela la fe cristiana es así congruente
con la unidad cósmica que describe la ciencia.
Domingo
28 Junio 2009
Lunes 29 Junio 2009
Miguel Lorente Páramo.
Miguel
Lorente Páramo es Catedrático Emérito
de Física Teórica de la Universidad de Oviedo
y Miembro de la Cátedra CTR.
Fuente:
http://www.tendencias21.net