Teólogos y científicos
debaten sobre la acción divina en el mundo
La mecánica cuántica
ofrece un lugar perfecto para Dios, pero obliga a
cambiar la noción tradicional que tenemos de
Él
Ignacio
A. Silva.
TENDENCIAS 21
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Desde
hace unos veinticinco años, teólogos y físicos
han intentado encontrar la manera de describir la forma
en que Dios obra directamente en el universo creado. El
indeterminismo propuesto por algunas interpretaciones de
la mecánica cuántica ofrece el posible 'lugar'
perfecto en el que Dios podría intervenir en el curso
de la historia universal sin interferir en el orden natural
regido por las leyes de la naturaleza. Esta propuesta, sin
embargo, promueve la visión de que Dios obra a la
manera de las causas naturales, lo que implica un radical
cambio en la noción tradicional de Dios. Por Ignacio
A. Silva.
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Foto: Cyril Comtat. Photoxpress.
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La
noción cristiana (tanto como judía y musulmana)
de Dios, incluye la creencia de que Dios obra providencialmente
en el universo. Dios, no hay duda de esto, dentro del credo
de las grandes religiones monoteístas, está
decididamente involucrado en el desarrollo y la evolución
del universo y, sobre todo, en la historia de la humanidad.
Sin embargo, explicar la manera en que esto acontece parecería
restringir la autonomía de la naturaleza y socavar
los fundamentos de las ciencias naturales. Es evidente que
la naturaleza no necesita de nada externo a ella para causar
eventos naturales.
Para
muchos, la ciencia moderna es evidencia clara y distinta
de que el mundo natural se comporta de una manera absolutamente
determinista. Cada estado del universo natural es efecto
del estado precedente, y causa del estado consecuente. Nada
es dejado al azar o la casualidad. Esta es la postura tan
vehementemente sostenida por Laplace, en el siglo XVIII.
Desde esta perspectiva es casi evidente que Dios no podría
actuar providentemente de ninguna manera en tal naturaleza.
Las
acciones providentes (prudentes) de Dios (o acciones especiales,
como son llamadas en el debate contemporáneo) son
aquellas que acontecen en un lugar y tiempo particulares
del universo creado. Así entendida, ninguna acción
divina especial puede ser admitida en una perspectiva determinista
del universo. Quizás una suerte de deísmo
general pueda ser aceptado, en el que Dios se limitase a
crear el universo material y las leyes por las cuales tal
universo se rige. Así, Robert Russell, del Center
for Theology and the Natural Sciences en Berkeley, afirma
que desde el siglo XVII en el que se vio el surgimiento
de la ciencia moderna, la teología cristiana ha estado
buscando la forma de describir a un Dios providente a la
par de la descripción científica del mundo.
(1)
En
esta situación, la única solución que
pudo ser aceptada fue que, para obrar directa y providencialmente
en el universo, Dios simplemente rompiera las leyes de
la naturaleza, descritas por las ciencias naturales.
Sin embargo, esta opinión acarreaba graves consecuencias
tanto epistemológicas como teológicas: los
fundamentos de la ciencia natural, en tanto que describe
las relaciones causales entre eventos naturales, se caerían
a pedazos, ya que las regularidades que las ciencias descubrían
podrían ser cambiadas en cualquier momento por la
acción directa del Creador. Además, un Dios
que necesitaba 'corregir' el curso del universo creado podía
ser visto como un Dios no del todo poderoso como se lo describe
tradicionalmente.
Por
estos motivos, en los últimos años del siglo
XX y principios del siglo XXI, algunos teólogos comenzaron
un proyecto de investigación en el que se buscaban
teorías científicas que pudiesen aceptar una
interpretación no-determinista. Así, la naturaleza
descrita por tales teorías implicaría eventos
o procesos en los que, por lo menos en algún nivel
de tal naturaleza, habría una falta de causas suficientes
naturales. La idea fundamental era que, en tales procesos,
sería Dios quien ofreciera lo que le faltaba a la
naturaleza para causar tales eventos naturales.
La
llegada de la mecánica
cuántica a los primeros planos de la física
de comienzos del siglo XX claramente desafió toda
descripción determinista del mundo, y proveyó
el puntapié inicial para una interpretación
causalmente abierta del mundo natural. Dado, entonces, que
la teoría cuántica puede ser interpretada
indeterminísticamente, por lo que el universo natural,
por lo menos en sus niveles más fundamentales, tendría
una falta de causas suficientes, el 'lugar' donde Dios pudiese
actuar en el universo creado fue encontrado. El universo,
según la descripción científica dada
por la mecánica cuántica, no es un sistema
causal totalmente cerrado: las leyes naturales, descubiertas
y descritas por la ciencia, sugieren que ella tiene alguna
suerte de agujeros causales. (2)
Así,
el dilema entre aceptar un Dios providente o aceptar la
visión determinista del mundo que ofrece la ciencia
moderna parecía disolverse por completo: en un mundo
indeterminista Dios podría actuar en los procesos
naturales sin romper o suspender las leyes naturales. La
teología ya podría descansar tranquila, teniendo
entre sus manos una descripción de un Dios providente
que obra en naturaleza de manera no-intervencionista y objetiva
(NIODA, por sus siglas en inglés: Non Indeterministic
Objective Divine Action). NIODA, entonces, sostiene que
Dios obra directa y objetivamente en el universo creado
y que al hacerlo no rompe ninguna ley natural, ya que obra,
de alguna manera, dentro de tales leyes.
Esta
propuesta trajo aparejadas muchas respuestas desde ámbitos
científicos, epistemológicos, metafísicos
y teológicos. En las próximas líneas
voy a presentar los argumentos de Robert Russell a favor
de NIODA, y me limitaré a una objeción metafísica:
en esta perspectiva, Dios terminaría siendo considerado
una causa natural más. De este modo, la noción
tradicional de Dios en cuanto omnipotente y providente,
así como trascendente, debería ser dejada
de lado, lo que implicaría algunas consecuencias
teológicas indeseables.
En
palabras de Robert Russell 'las acciones especiales y objetivas
de Dios son no-intervencionistas cuando causan eventos que
van más allá de los descritos por las leyes
de la naturaleza sin romperlas ni suspenderlas, porque la
causalidad eficiente natural, descrita por tales leyes,
es creada por Dios ex nihilo para ser insuficiente para
causar este particular tipo de eventos.' (3). Las preguntas
que surgen en este punto son: ¿cómo es que
esto sucede? ¿Cómo hace Dios para actuar a
través de los eventos cuánticos?
Mecánica
cuántica y acción divina
Penrose
ha explicado con gran claridad que la teoría cuántica
involucra dos tipos de procesos en todo sistema cuántico:
la evolución (U) del sistema en el tiempo y la interacción
del sistema en el momento
de la medición (R). El primero es descrito por
la ecuación de Schrödinger, ecuación
de por sí determinista. (4)
Así,
la falta de determinismo causal en los eventos cuánticos
no se encuentra en la evolución temporal del sistema,
el proceso (U). Sin embargo, sí se encuentra en el
proceso (R): la medición de tal sistema (5). Durante
este proceso, el proceso indeterminista sucede en lo que
se conoce como el colapso de la función de onda,
en el que el sistema, que se encontraba en una superposición
de estados, es reducido a uno de tales estados, sin aparente
causa natural para colapsar en tal estado.
Inmediatamente
después de la medición, la ecuación
de Schrödinger vuelve a describir el sistema, hasta
que una nueva medición se lleve a cabo. De acuerdo
con la mecánica cuántica, solamente en los
procesos de medición se puede encontrar un indeterminismo
causal. La interpretación estándar de estos
hechos es la llamada interpretación
de Copenhagen, sostenida por Niels Bohr y Werner Heisenberg,
y rechazada por Albert Einstein.
Russell,
entre tantos otros, acepta esta interpretación y
afirma que la suma total de las condiciones naturales que
afectan a un proceso cuántico, es decir, la suma
total de las condiciones que la ciencia contemporánea
puede descubrir y describir con sus ecuaciones, es necesario
pero en principio insuficiente para determinar tal o
cual resultado de la medición, o evento cuántico.
De esta manera, el futuro del sistema está ontológicamente
abierto, sub-determinado por las condiciones naturales actuando
sobre la superposición presente de estados de tal
sistema.
Dadas
estas condiciones, Russell afirma enfáticamente que
Dios obra, junto con la naturaleza, para causar los eventos
cuánticos sub-determinados. La naturaleza provee
las causas necesarias, pero es Dios obrando en conjunto
con la naturaleza lo que constituye la causa suficiente
para que tal evento ocurra (6). Así entonces, se
puede describir teológicamente a un Dios que obra
providencialmente dentro de los procesos causales naturales
sin romper, suspender, ni violar las leyes de la naturaleza
descritas por la ciencia contemporánea.
La
posición final de Russell es que Dios obra en todos
los eventos cuánticos, dado que ninguno de ellos
está completamente determinado por causas naturales,
y el principio de razón suficiente implica que debe
haber una razón suficiente para causar cada evento.
En algunas ocasiones Dios podría no obrar con un
objetivo determinado, con lo que no 'elegiría' la
manera en que el sistema cuántico colapsase.
Claro
está, en otras ocasiones Dios sí elegiría
que el sistema siguiera su evolución de tal o cual
manera para favorecer algún objetivo buscado, como
por ejemplo promover la vida. Así, Dios estaría
obrando de manera providencial en tal evento particular.
Este tipo de acción divina podría servir hasta
para una comunicación de Dios con los hombres a través
de los procesos cuánticos neuronales, y así
explicar desde profecías hasta el don de lenguas
(8).
Explícitamente
Russell afirma que, de acuerdo con la interpretación
indeterminista de la teoría cuántica, no hay
causas naturales suficientes para causar los eventos cuánticos
particulares, lo que implica que Dios no es una causa natural.
Si este fuera el caso, las acciones de Dios en el universo
creado podrían ser descubiertas por la ciencia. Sin
embargo, Russell remarca, las acciones de Dios permanecen
ocultas a la ciencia (9). De esta manera, Dios completa
lo que la naturaleza ofrece, trayendo a término el
futuro que Él promete para toda la creación
(10).
 |
El
físico y teólogo Robert Russell. Mesiah
College. |
Causas naturales y acción divina
Es evidente que, esencialmente, la noción de causalidad
con la que Russell está trabajando tiene como nota
característica el ser una causalidad determinista.
Esta perspectiva es claramente dependiente de la manera
de entender la causalidad de la ciencia moderna del siglo
XIX, en la que, típicamente, causalidad y determinismo
eran identificados. Por este motivo Russell asume que cualquier
intromisión de Dios en el desarrollo y desenvolvimiento
de la causalidad natural atenta directamente contra la autonomía
del universo creado.
Llevando
hasta el extremo a estos dos presupuestos, la conclusión
que sigue es que Dios debe ser tratado como actuando a la
manera de una causa natural. Russell explícitamente
rechaza, varias veces a lo largo de su obra, esta posición.
Dice, por ejemplo: 'La causalidad de Dios es radicalmente
diferente de cualquier otro tipo de causalidad que conozcamos.'(11)
No obstante, muchos autores han afirmado que la pregunta
acerca de si Dios es o no considerado como una causa natural
más debe ser, por lo menos, enfrentada nuevamente,
pues no parece tener una respuesta tan simple.
William
Stoeger, del Observatorio
Vaticano en Roma (Seleccionar Idioma),
no está seguro de que el debate contemporáneo
haya logrado evitar colocar a Dios en el marco de las causas
creadas al explicar este obrar a través de la mecánica
cuántica (12). Taede Smedes, teólogo holandés,
y Michael Dodds, filósofo y sacerdote dominico, son
un poco más extremos en sus posiciones: ninguno
de los dos acepta que el debate haya logrado tratar a la
causalidad divina como algo distinto de la causalidad creada.
Dodds
afirma que 'los esfuerzos de algunos teólogos de
situar el obrar divino dentro de los espacios disponibles
en la teoría cuántica sugieren que siguen
trabajando con una noción unívoca de la causalidad
en la que el obrar divino siempre aparece en peligro de
tropezar e intervenir con la causalidad de otros agentes.'
(13) Smedes es aun más severo. Asegura que buscar
alguna forma de indeterminación en los niveles cuánticos
sugiere que el obrar divino 'compite con las leyes de la
naturaleza y que está en el mismo nivel ontológico
que el obrar del orden natural.' (14)
Sin
embargo, según Russell, Dios no puede ser tomado
como una causa natural más, porque, dada la interpretación
ontológicamente indeterminista de la mecánica
cuántica, la teoría misma no permite que ninguna
causa natural cause el colapso de la función de onda
(15). Con todo, mi pregunta es: ¿es posible considerar
que Dios es radicalmente diferente a las causas naturales
si Dios debe actuar para completar el obrar de la naturaleza
dentro de los parámetros, leyes, de la naturaleza,
al igual que las causas naturales?
Para
intentar resolver esta cuestión será conveniente
hacer algunas distinciones. En primer lugar, será
necesario notar que no es lo mismo decir que:
1)
se concibe a Dios como siendo una causa natural más,
2) Dios obra como una causa natural, reteniendo su divinidad.
Las críticas de Smedes afirman, evidentemente, la
primera opción. Se dirigen a la afirmación
de que la causalidad de Dios es concebida como estando al
mismo nivel que la causalidad natural creada. Russell, empero,
no parece querer admitir esta posibilidad. En cambio, parecería
que Russell no podría negar la segunda opción.
De hecho, si este no fuera el caso, todo el debate acerca
del obrar de Dios en la naturaleza carecería de razón
de ser. En un sentido, dentro de los límites de este
debate, Dios está atado por las leyes de la naturaleza
que, al final, confinan a Dios a obrar siguiéndolas.
De ahí que Dios es concebido como obrando a la manera
de las causas naturales, siguiendo las leyes de la naturaleza,
que rigen la causalidad de las causas naturales, y por lo
tanto rigen la forma en que Dios causa en la naturaleza.
Russell
admite que Dios interactúa con la naturaleza creada
al nivel cuántico en el proceso de observación
o medición del sistema cuántico. Evidentemente,
Russell explica, dado que la teoría nos dice que
no hay causas naturales que causen el colapso de la función
de onda del sistema de una manera particular, Dios no puede
ser concebido como una causa natural, aunque sí como
causando tal colapso dentro de los parámetros dados
por la teoría. Así, según Russell,
la teoría dice que no hay causas naturales, por lo
tanto Dios no es una causa natural.
Esta
forma de razonamiento me lleva a proponer una segunda distinción,
que nos hará comprender mejor la manera en que las
causas naturales son concebidas en este debate. Según
Russell las causas naturales son definidas por la teoría
científica. De este modo, dado que la teoría
dice que no hay causas naturales, aunque el teólogo
(Russell en este caso) encuentre a Dios como la causa del
colapso de la función de onda, Dios no es una causa
natural. Llamaré a esta posición como el 'criterio
epistemológico' para discernir causas naturales.
Por otro lado, siguiendo a Dodds y quizás también
a Smedes, una causa natural tiene su propia manera de causar,
el cual es regido por las leyes de la naturaleza, las que
son expresadas por las teorías científicas.
Las causas naturales, en esta perspectiva, son anteriores
a la teoría científica, y, de alguna manera,
la teoría es definida por tales causas. Llamaré
a esta posición el 'criterio ontológico' para
discernir causas naturales.
El
enfoque epistemológico de Russell deriva de la tradición
de Copenhagen, en particular de las ideas epistemológicas
de Heisenberg, quien admitía que la teoría
determinaba lo que era observado. Para lograr entender cabalmente
los fenómenos descriptos por la mecánica cuántica,
Heisenberg echó mano de las ideas de Einstein para
interpretar cualquier fenómeno físico: solamente
aquello que la teoría considera observable puede
ser observado.
Evidentemente,
Russell ha tomado este método y lo ha llevado aun
más lejos al afirmar que las causas naturales que
la teoría descubre son las que verdaderamente existen.
Heisenberg y Einstein hacían ciencia al aplicar su
método para evitar el uso excesivo de conceptos no
aptos para describir los fenómenos a nivel cuántico
(tales como la órbita de un electrón o la
temperatura de una partícula subatómica).
Russell, en cambio, utiliza este método con una fuerte
impronta filosófica afirmando la existencia o la
no existencia de causas naturales al aceptar lo que la teoría
científica dice (16).
La
teoría, sin embargo, no dice absolutamente nada acerca
de lo que no puede ser observado. No dice que no hay nada
más, o que hay algo más. La interpretación
de la teoría, por otro lado, funciona de otra manera.
En ella se hace una descripción ontológica
de lo que sucede para que acontezca el colapso de la función
de onda. De esta forma, la interpretación indeterminista
de la teoría cuántica dice que no hay causas
naturales que hagan que el colapso acontezca. En este sentido,
según el argumento de Russell, Dios no es una causa
natural causando el colapso, simplemente porque la teoría
interpretada dice que no lo es.
Según
el criterio ontológico descrito más arriba,
las causas naturales no dependen de una teoría para
ser causas naturales. Simplemente lo son. La pregunta aquí
es qué es lo que define a algo como una causa natural,
si no es la teoría que las describe. Una causa natural
puede ser definida como aquella que, perteneciendo al mundo
natural, obra de acuerdo a sus propios poderes y capacidades,
permaneciendo dentro de los límites del orden natural,
por ejemplo considerado como las leyes naturales. Entonces,
si Dios requiere obrar dentro de estos límites del
orden natural, tendría que considerárselo
como actuando a la manera de las causas naturales, aunque
no pertenezca a él.
Ahora
bien, si tomásemos el criterio epistemológico
de Russell para discernir las causas naturales, no habría
manera de evaluar el razonamiento en su totalidad, dado
que sería un argumento autocontenido. La interpretación
ontológica de la mecánica cuántica,
tal como es entendida por Russell, simplemente nos dice
todo lo que hay que saber: qué es una causa natural,
cuáles son las causas naturales, qué tipo
de causas naturales existen y podemos encontrar, y cómo
causan.
De
este modo, no deja ningún parámetro o criterio
de decisión. Por lo tanto, si queremos tener algún
otro criterio de decisión por sobre la interpretación
de la teoría (para poder juzgar si tal o cual interpretación
es correcta), debemos adoptar el criterio ontológico
para discernir las causas naturales. Aun más, si
aceptamos que la teoría interpretada es suficiente
para determinar cuáles son las causas naturales,
estaríamos tomando el riesgo de no poder ver fuera
de tal teoría y descubrir diferentes causas naturales.
Evidentemente, esto inhibiría el desarrollo de nuevas
y mejores teorías para explicar el mundo natural.
El criterio ontológico
En
conclusión, el mejor criterio para juzgar sobre las
causas naturales en este debate es el adoptado por Dodds
y Smedes: el criterio ontológico. Mientras que los
argumentos de Russell para distinguir las causas naturales
de la causalidad divina no parecen ser suficiente, por lo
que Dios, en tanto que agente causal en la naturaleza, parecería
ser concebido como actuando a la manera de las causas naturales
(17).
Russell
no tiene ninguna duda acerca del poder ilimitado de Dios.
Aceptando, entonces, que Dios es un ser omnipotente, no
habría ninguna dificultad para aceptar que Dios puede
causar cualq+uier evento que cualquier causa natural pudiese
causar. Sin embargo, un efecto natural en un mundo natural
requiere una causa, ya sea una causa natural o una causa
divina, que estará causando a la manera de las causas
naturales pues obrará al nivel de las causas naturales,
es decir, dentro de los límites del orden natural.
De esta manera, si se lleva hasta las últimas consecuencias
la propuesta de Russell, Dios debe ser concebido como causando
a la manera de las causas naturales.
Ahora
bien, un Dios concebido de esta manera es un Dios que dejará
de ser trascendente, pues estará sumergido dentro
del orden causal por Él creado. Asimismo, será
un Dios que carecerá del tradicional atributo de
omnipotencia, pues su poder se ve limitado por los parámetros
dispuestos por la ciencia. Este Dios, que obra a la manera
de las causas naturales creadas, es un Dios que deja de
ser el Dios tradicional de las grandes religiones monoteístas.
En
última instancia, si queremos mantener el concepto
tradicional de Dios, aquel Dios omnipotente y por lo tanto
omni-misericordioso y benevolente, será preciso buscar
otra manera de entender sus acciones providentes. NIODA
no parece ser la solución tan ansiosamente buscada
por los teólogos modernos.
Ignacio A. Silva,
Fundación Decyr, Argentina, Harris
Manchester College, University of Oxford.
Notas
(1)
Russell, Robert John (2007), 'Five Key Topics on the Frontier
of Theology and Science Today', Dialog: a Journal of Theology
46, 3, pp. 199-207, p. 202.
(2)
Russell, Robert John (1998), 'Special Providence and Genetic
Mutation: A New Defense of Theistic Evolution', en Russell,
Stoeger and Ayala (eds.), Evolutionary and Molecular Biology.
Scientific Perspectives on Divine Action, Vatican Observatory
- CTNS, Vatican City - Berkeley, pp. 191-223, p. 193.
(3)
Russell, Robert John (2006a), 'Quantum Physics and the Theology
of Non-Interventionist Objective Divine Action', in Clayton,
Philip (ed.), The Oxford Handbook of Religion and Science,
OUP, Oxford, p. 583. Las traducciones de obras en inglés
son todas mías.
(4)
Penrose, Roger (2004), The Road to Reality. A Complete Guide
to the Laws of the Universe, Jonathan Cape, London, p. 530.
Helrich, Carl (2000), 'Measurement and Indeterminacy in
the Quantum Mechanics of Dirac', Zygon 35, 3, pp. 489-503,
p. 497: "The underlying equation of motion of the quantum
theory, the Schrödinger equation, is as deterministic
as the canonical equations of mechanics". Y también
Hughes, R.I.G. (1989), The Structure and Interpretation
of Quantum Mechanics, Harvard University Press, Cambridge,
Massachusetts, and London, p. 78: "as far as the evolution
of states is concerned, quantum mechanics seems thoroughly
Laplacean".
(5)
Penrose (2004), p. 530.
(6)
Russell, Robert John (1997), 'Does "The God Who Acts"
Really Act?', Theology Today 54, 1, pp. 43-65, p. 58; y
Russell, Robert John (2001), 'Divine Action and Quantum
Mechanics: a Fresh Assessment', en Russell, Clayton, Wegter-McNelly
and Polkinghorne (eds.), Quantum Mechanics. Scientific Perspectives
on Divine Action, Vatican Observatory - CTNS, Vatican City
- Berkeley, pp. 293-328, p. 293.
(7)
Russell (2006), p. 592.
(8)
Murphy, Nancey (1995), 'Divine Action in the Natural Order',
en Russell, Murphy and Peacocke, Chaos and Complexity. Scientific
Perspectives on Divine Action, Vatican Observatory - CTNS,
Vatican City - Berkeley, pp. 325-357.
(9)
Russell (2006), p. 585.
(10)
Russell (1998), p. 203.
(11)
Russell (2006), p. 582.
(12)
Stoeger, William, SJ (2006), 'Conceiving Divine Action in
a Dynamic Universe', en www.standford.edu/group/catholic/capstda
(08/04/2008), p. 9.
(13)
Dodds, Michael J., OP (2001), 'Science, Causality and Divine
Action: Classical Principles for Contemporary Challenges',
CTNS Bulletin 21, 1, pp. 3-12, p. 8.
(14)
Smedes, Taede A. (2004), Chaos, Complexity, and God: Divine
Action and Scientism, Leuven, Paris, and Dudley, Mass.,
Peeters, p. 198.
(15)
Russell (2006), p. 585.
(16)
Para un testimonio del propio Heisenberg sobre estos temas
ver Heisenberg, Werner (1977), Tradition in der Wissenschaft,
Reden und Aufsätze, R. Piper, München.
(17)
Esto no quiere decir que el obrar de Dios no permanecerá
oculto para la ciencia. De esta forma, el argumento de Russell
permanece firme: "Las acciones directas de Dios permanecerán,
en principio, ocultas a la ciencia, porque, de acuerdo con
el indeterminismo ontológico, no hay causas naturales
para cada evento que la ciencia pueda descubrir." Russell
(2006), p. 585.