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Código:
AÑOMMDD 123 ### CLASIFICACIÓN
1 - 2 - 3
1.-
CLASIFICACIÓN GENERAL:
A.-
Del
Alma
Para meditar y disfrutar:
B.-
Del
Espíritu
Para pensar y recordar:
C-
Del
Cosmo
Para programar y actuar:
2.-
TEMAS
T.- Teología
F.- Filosofía
X.- Antropología
V.- Valores
------------------------------------
C.- Cristología
S.- Sabios
- Grandes Iniciados
R.- Reflexiones
Oraciones
M.- Mente
Discernimiento-Psicología
F.- Ficción
Imaginación-Sueños
E.- Eventos
Acontecimientos
----------------------------------
N.- Ciencias
Naturales
Biología,
Química
G.- Ciencias
Abstractas
Geometría.
Matemáticas
H.-
Ciencias
Sociales
Historia
R.- Religión
P.- Interés
Público
T.- Tecnología
Ingeniería
Arquitectura
Construcción
D.- Deportes
A.- ARTE
Literario
- Pictórico - Video
Música
- Canto
Baile-
Danza - Ballet - Teatro
3.-
TIPO DE ESCRITOS
P.- Pensamientos
R.- Relatos y Comentarios
V.- Versos - Poemas
C.- Cuentos
E.- Ensayos y Estudios
T.- Testimonios
I.- Ideas-Propuestas-Proyectos
D.- Denuncias.
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La
Tragedia de Otero
Dar vuelta la página implica el reconocimiento
de la existencia de posturas distintas
Rodrigo
García Pinochet
Junio 2010
La izquierda suele dictar cátedras acerca de la
tolerancia, vanagloriándose de ser supuestamente
pluralista, de estar siempre dispuesta a debatir los temas
y a escuchar posturas contrarias. Sin embargo, su discurso
no pasa de ser una hipócrita retórica, ya
que en los hechos se demuestra el totalitarismo de su
pensamiento. Son ellos los únicos dueños
de la verdad, de la moral, de la justicia, son los jueces
que están por sobre el Dios - esto se entiende
por su ateísmo-, se atribuyen ser los asignadores
de la igualdad y de la "justicia social", y
de decidir a quién atribuirle o no sus derechos
humanos. Se autodesignan los exclusivos timoneles del
Estado, mejor dicho, se creen el Estado, por lo que exaltan
su omnipresencia y omnipotencia. Es la izquierda la que
emite juicios y condenas a todo quien pretenda en lo más
mínimo cuestionar o contrariar sus posturas, verdaderos
dogmas que rigen sus políticas y su historia.
Fue
esto precisamente lo que originó la tragedia del
embajador Otero; cual acto shakesperiano, sus palabras
gatillaron una convulsionada reacción por parte
de la bien mantenida maquinaria de desprestigio de nuestra
izquierda. El pecado del embajador fue hablar de aquello
que hoy la izquierda se ha encargado de transformar en
tabú, en prohibido, proscrito de nuestra historia
política, como lo es las verdaderas razones de
la intervención militar de 1973. Fue durante una
entrevista de algo más de dos horas, y tras las
reiteradas interrogantes del periodista -presumiblemente
de tendencia izquierdista-, que el ingenuo embajador declaró
aquello que muchos chilenos compartimos, pero pocos, muy
pocos, se atreven a decir públicamente conscientes
de la proscripción del tema.
El
gobierno militar, "La Dictadura", salvó
a Chile de transformarse en otra Cuba, y para la gran mayoría
de los chilenos, aquellos dedicados al trabajo y a sus familias,
y no a la política, la "dictadura" no tuvieron
impacto represivo alguno en sus vidas.
Las
palabras del embajador encendieron la maquinaria mediática
de la izquierda para enjuiciar y linchar inmediatamente
a quien había osado contrariar sus dogmas, peor aún,
cuestionando el "benevolente e inspirador" gobierno
del popular Salvador Allende. No cabe imaginar las condenas
que hubiese recibido el embajador de haber hecho referencia
a los presuntos lazos de Allende con el narcotráfico,
hecho demostrado por los documentos secretos encontrados
en la caja de fondos de la Moneda y analizados por el profesor
Víctor Farías en su último libro.
El
juicio moral que pretende imponer la izquierda contra todo
quien esboce una opinión algo favorable, o incluso
neutral al gobierno militar, y por ende, cuestionando su
verdad de la historia, es implacable. Por ello no debiese
extrañar escuchar histriónicas voces de muchos
políticos de izquierda demandando la remoción
del embajador, exigiendo disculpas públicas al gobierno,
y catalogando de vergonzosas las palabras dichas. La poderosa
maquinaria de izquierda rápidamente genera sus resultados
y hemos visto cómo tanto el gobierno como el propio
emisor de las declaraciones se apresuran a bajar el tenor
de ellas, a inyectar fuertes dosis de ambigüedad al
contenido original de las declaraciones para con ello aplacar
la fiereza de los ataques y solapar el atrevimiento - involuntario
por cierto- de decir aquello que la izquierda no quiere
escuchar. En vez de apuntar y enfrentar directamente a aquellos
que alzan sus recriminaciones con argumentos basados en
sus propias ambigüedades, como lo es el apoyo a la
eterna dictadura comunista de los Castro, o la admiración
y acogida a personajes como el propio Erick Honecker, prefieren
enmendar su supuesto error calificando las palabras del
embajador como desafortunadas y extemporáneas. El
resultado de ello es, y ha sido, la imposición de
una visión de la historia sesgada e irreal, sustentada
en el temor de todo quien prefiere callar antes de sufrir
el linchamiento público de la izquierda, ya que sabe
que nada ni nadie tendrá la valentía de respaldar
lo dicho. Quienes no hemos claudicado en denunciar la tergiversación
de los hechos solemos ser marginados o tachados como personas
anacrónicas por quienes piensan reservadamente de
igual manera, pero no así públicamente.
Es
verdad, como sociedad es sano que de una vez por todas demos
vuelta a la página de la historia, sin embargo, aquello
no significa que una visión de la historia ponga
el pie encima a la otra. Dar vuelta de página implica
el reconocimiento de la existencia de posturas distintas,
el respeto y la tolerancia a quienes piensan distinto. Precisamente
todo lo que la izquierda proclama pero jamás permitirá
se haga realidad, más aun si quienes discrepan de
su visión prefieren temerosamente callar.
Rodrigo García Pinochet
Rodrigo García Pinochet es nieto
del Gral. Augusto Pinochet U. Iba junto a él, aun
siendo un niño, cuando fue atacado el auto de la
comitiva presidencial, situación donde fueron asesinados,
a mansalva, varios escoltas de las FF.AA. por francotiradores
de izquierda.
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