El
proceso creador está situado en el borde del caos
La creatividad es una característica
básica de los sistemas complejos
Sergio
Moriello
Tendencias 21
6 de Junio 2010
El proceso creador está situado en el "borde
del caos". Emerge a partir de la "contradicción
interna" entre elementos que se encuentran simultáneamente
tanto en cooperación como en competencia. Un ejemplo
lo constituye la evolución biológica, en donde
hubo un proceso de innovación evolutiva seguida de
otro proceso de extinción masiva. Otro ejemplo involucra
la innovación tecnológica de las sociedades
industriales: al principio, surgen algunos diseños
diferentes (de bicicletas, automóviles, teléfonos
celulares, computadoras), todos igualmente viables y -transcurrido
un cierto tiempo - se produce una sobreabundancia de formas,
sobreviven unas pocas de ellas y la innovación se
focaliza en los relativamente pocos diseños que quedan.
Ambos procesos son eminentemente creativos
Por Sergio
Moriello.
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Gongea Alexandru.Photoexpress.
Por
el momento, no existe una definición precisa y absolutamente
aceptada de lo que es un sistema complejo, sino que existen
muchas propuestas alternativas. Esto se debe, probablemente,
a que cubren toda la jerarquía de sistemas, desde
los sistemas subatómicos hasta los sistemas sociales.
No obstante eso, pueden darse algunas descripciones comunes...
En
primer término, está compuesto por una gran
cantidad de elementos (muchas veces más o menos parecidos,
pero no siempre), generalmente estructurados de forma irregular.
Por ejemplo, el número de células en un determinado
organismo, o la cantidad de personas en una cierta sociedad,
pero no una montaña de arena o un cristal de cuarzo.
En
segundo lugar, cada elemento interacciona con sus vecinos
de manera recíproca, interactiva y habitualmente
no-lineal (ya que se crean lazos de realimentación,
muchas veces incluso múltiples), y en distintas escalas
espaciales y temporales, con lo cual se origina un comportamiento
colectivo "emergente" que no puede explicarse
a partir de dichos elementos tomados de forma aislada. Así,
un gas se caracteriza por la presión y la temperatura,
propiedades que sus elementos componentes (las moléculas)
no poseen. Pero la interacción no es ordenada ni
al azar; es decir, cada elemento no interacciona sólo
con sus vecinos inmediatos (como en un cristal) ni con cualquier
otro (como en un gas)... lo hace más bien con un
pequeño número de vecinos (en algunos casos
cercanos y en otros casos lejanos), formando redes.
Por
último, es muy difícil predecir la dinámica
futura de su desarrollo; o sea, es imposible -en la práctica-
vaticinar lo que ocurrirá más allá
de un cierto horizonte temporal (por cierto, relativamente
corto). Es que su comportamiento colectivo puede modificarse
drásticamente (con cambios, aceleraciones, ralentizaciones,
oscilaciones, etc.) como consecuencia de su elevada sensibilidad
a las condiciones iniciales. De allí que el análisis
reduccionista se torna poco eficaz.
Procesos,
que no son productos
Los
sistemas complejos existen como procesos y no como productos;
no están terminados o definidos, no están
"cristalizados", sino que se caracterizan por
un continuo desarrollo, en un perpetuo "estar haciéndose".
Se mantienen en un delicado equilibrio -dentro de ciertos
límites - gracias a sus subsistemas de regulación
y de control. Pero su comportamiento puede verse modificado
-de forma imprevisible - por cualquier variación
entre sus elementos componentes o entre sus relaciones.
Así,
el desarrollo de esta clase de sistemas se caracteriza por
la "intermitencia" (o fluctuación), aquella
danza creadora en la que el orden y el desorden se alternan
de manera cíclica para contribuir a la organización
del sistema. Por eso, estos sistemas nunca llegan a un óptimo
global, al estado de mínima energía. En general,
se transforman progresivamente hasta que llegan al límite
de su desarrollo potencial. En ese instante, sufren un desequilibrio,
un desorden, una especie de ruptura que induce una fragmentación
del orden pre-existente. Pero, después, comienzan
a surgir regularidades que organizan al sistema de acuerdo
con nuevas leyes, produciendo otra clase de desarrollo (ver
La Auto-organización) [Moriello, 2003].
Las
Luchas Internas
La
antigua doctrina china de los complementos indica que todo
contiene su opuesto. Así, cada cosa contiene a la
vez la cosa misma y su opuesto; es una unidad de contrarios
[Politzer, 2008, p. 174]. Como una vez aseveró el
filósofo griego Heráclito, "lo vivo y
lo muerto, lo joven y lo anciano coexisten en uno mismo;
lo primero se transforma en lo segundo y lo segundo en lo
primero".
Es
que, en el interior de cada sistema -y de forma permanente
- se libra una "lucha" entre fuerzas diferentes
y opuestas. Las fuerzas dinámicas de estabilidad
y orden "tratan de generar" las condiciones de
equilibrio y de organización. Las fuerzas dinámicas
de inestabilidad y desorden, en cambio, "tratan de
generar" condiciones de desequilibrio y de desorganización.
Es
decir, existen antagonismos internos que dan origen al comportamiento
global de dicho sistema. Sus elementos se encuentran tanto
en convergencia (cooperación) como en divergencia
(competencia), por lo que existe una especie de "contradicción
interna", un "desacuerdo consigo mismo".
Y es esta contradicción interna la que posibilita
que las cosas cambien, se transformen y evolucionen, ya
que el cambio se constituye como la solución de ese
conflicto... [Politzer, 2008, p. 172 y 174]. En definitiva,
dan origen al proceso creador.
Las
contradicciones internas generan cambios que producen un
reajuste, el cual se opone a dichas contradicciones. Pero
esos mismos cambios son el origen de nuevas contradicciones,
las cuales, a su vez, inducen nuevos cambios, y así
siguiendo. No obstante, estos sucesivos cambios muestran
una dirección definida, un "movimiento",
un cierto proceso auto-organizador; en otras palabras: representan
un proceso dialéctico de desarrollo [Lange, 1975,
p. 7]. Y, algunas veces, estas contradicciones terminan
destruyendo el sistema existente y dando origen a la creación
de un sistema nuevo con características muy diferentes
a las de su predecesor [Politzer, 2008, p. 204].
La Auto-organización
La
variación y el cambio son etapas inevitables e ineludibles
por las cuales debe transitar todo sistema complejo para
desarrollarse. Responden a una ley muy general: transformación
no-lineal, con discontinuidades en su estructura funcional,
a través de sucesivas reorganizaciones [García,
2006, p. 75/6]. Es que el orden y el desorden, la desorganización
y la reorganización, se necesitan el uno al otro,
son interdependientes y constituyen la potencialidad creadora.
Aunque antagónicos son, al mismo tiempo, conceptos
concurrentes y complementarios, aspectos constitutivos de
la realidad.
En
ciertos casos, un poco de desorden posibilita un orden diferente
y, a veces, más rico. Así, por ejemplo, un
organismo puede seguir viviendo -a lo largo de los años
- a pesar de la continua renovación de sus células;
una organización se perpetúa -durante décadas
- aunque haya un periódico recambio de sus miembros;
o una ciudad puede seguir existiendo -a lo largo de los
siglos- a pesar de la constante renovación de sus
elementos (personas, casas, edificios, plazas, calles, cines,
etc.) [Moriello, 2004].
La
capacidad de auto-organización se erige como parte
esencial de cualquier sistema complejo. Es la forma como
surge espontáneamente un orden en el sistema a partir
de la interacción de sus elementos, el cual le permite
modificarse y acoplarse cada vez más estrechamente
con el entorno que lo rodea y contiene [Moriello, 2004].
Para alcanzar ese estado, son claves los procesos de realimentación,
que posibilitan transmitir los cambios por todo el sistema
con mucha fluidez.
En
los fenómenos de auto-organización es fundamental
la idea de estructuración -disipativa y espontánea
sobre la base de niveles. Las interrelaciones entre los
elementos de un nivel originan nuevos tipos de elementos
en otro nivel, los cuales se comportan habitualmente de
una manera muy diferente (con una dinámica propia)
[Resnick, 2001, p. 199]. Por ejemplo, de las moléculas
a las macromoléculas, de las macromoléculas
a las células y de las células a los tejidos.
De este modo, el sistema auto-organizado se va construyendo
paulatinamente como resultado de un orden incremental espacio-temporal
que se crea en diferentes niveles, por estratos, uno por
encima del otro y guiado por sus propias metas.
El Borde del Caos
Todo
sistema lo bastante complejo, -sea un organismo, una mente,
una organización, una sociedad o un ecosistema -,
evoluciona de forma natural hacia y se mantiene dentro del
estrecho dominio de "inestabilidad limitada",
oscilando periódicamente entre el orden inmutable
y el desorden total, entre la constancia rígida y
la turbulencia anárquica [Goodwin, 1998, p. 222].
Se trata de una condición especial, con suficiente
orden (estabilidad) como para poder almacenar información-organización
y desarrollar procesos, pero con una cierta dosis de desorden
(inestabilidad) como para transmitir información-organización
y ser capaz de adaptarse a situaciones novedosas.
Este
difuso dominio transicional entre el orden y el caos es
lo que se conoce como el "borde del caos" o el
"estado crítico". Es en esta delgada franja
en donde los principales elementos del sistema encuentran
el número adecuado de conexiones y mantienen una
óptima comunicación, de forma tal que son
máximas las capacidades potenciales de cambio y creación.
En efecto, si bien muchas perturbaciones ejercen una pequeña
influencia sobre el sistema, algunas pocas pueden generar
cascadas de cambios (fenómenos de avalancha o de
catástrofe). Es aquí donde se ubican los fenómenos
emergentes propios de los sistemas vivientes, organizacionales
y sociales [Moriello, 2004].
El
comportamiento emergente será tanto más impredecible
cuanto más complejo sea el sistema. Puede observarse,
por ejemplo, en las hormigas (así como también
en otros insectos sociales, como las termitas y las abejas)
[Goodwin, 1998, p. 92/5 y 230/3]. Tomadas de manera individual
no son para nada inteligentes. No obstante, al juntarse
un suficiente número de ellas se observará
una actividad colectiva de lo más interesante e inesperada.
Cuando la densidad de hormigas es baja, la colonia se comporta
de modo caótico, ya que hay escasos individuos y
pocos encuentros entre ellas.
Pero,
a medida que la densidad se incrementa, los encuentros se
multiplican de manera exponencial y los patrones de actividad
comienzan a distribuirse de manera más uniforme.
Cuando la densidad alcanza un determinado valor umbral -súbitamente
- estos patrones rítmicos se propagan y afectan a
toda la colonia. En este punto, el caos vira a orden y el
sistema se comporta de un modo colectivo no predecible a
partir del comportamiento de sus elementos individuales.
Podría concluirse, entonces, que las colonias regulan
su propia densidad generando un orden emergente -un comportamiento
global coherente - que las abarca totalmente y que las sitúa,
de manera dinámica, en el borde del caos.
El Proceso Evolutivo
El
proceso evolutivo hace referencia a la dinámica de
transformación que experimenta un sistema complejo
durante su desarrollo temporal. No es continuo y gradual,
sino que se verifica a través de una sucesión
de desequilibrios y reorganizaciones [García, 2000,
p. 77], exhibiendo toda la creatividad de la que hace gala
la Naturaleza. Aunque desordenado e impredecible, es un
proceso cibernético, ya que parece revalidar constantemente
sus modelos y autocorregirse por supresión de errores.
Y se verifica en muchos tipos de sistemas (biológicos,
psicológicos, sociológicos, tecnológicos,
etc.).
El
patrón de desarrollo viable que permite la evolución
creativa de un sistema desde la relativa simplicidad hasta
la relativa complejidad se puede concebir como el resultado
de un proceso dialéctico de diferenciación
(de estructuras) e integración (de funciones) [Heylighen,
2008]. La diferenciación produce variedad, división
del trabajo y desorden; mientras que la integración
produce constricción, incremento en el número
o en la intensidad de las conexiones y orden.
Ambos
procesos producen una jerarquía de metasistemas anidados
que tienden a auto-reforzarse [Heylighen, 1988]. Cada nuevo
nivel trasciende al anterior, así como lo incluye.
O sea, cada nuevo nivel va más allá del anterior
(en cierto sentido lo supera) y, a la vez, lo incluye en
su propia organización. En este sentido, resulta
bastante evidente cómo la sociedad "es más"
que el individuo, pero que igualmente lo incluye en su conformación.
Un
ejemplo lo constituye la evolución biológica,
en donde hubo un proceso de innovación evolutiva
seguida de otro proceso de extinción masiva. Otro
ejemplo involucra la innovación tecnológica
de las sociedades industriales: al principio, surgen algunos
diseños diferentes (de bicicletas, automóviles,
teléfonos celulares, computadoras), todos igualmente
viables y -transcurrido un cierto tiempo - se produce una
sobreabundancia de formas, sobreviven unas pocas de ellas
y la innovación se focaliza en los relativamente
pocos diseños que quedan [Lechín, 2002, p.
90]. Ambos procesos son eminentemente creativos
*
Sergio A. Moriello es Ingeniero en Electrónica, Postgraduado
en Periodismo Científico y en Administración
Empresarial y Magíster en Ingeniería en Sistemas
de Información. Lidera GDAIA (Grupo de Desarrollo
de Agentes Inteligentes Autónomos, UTN-FRBA) y es
vicepresidente de GESI (Grupo de Estudio de Sistemas Integrados).
Es autor de los libros Inteligencias Sintéticas (Alsina,
2001) e Inteligencia Natural y Sintética (Nueva Librería,
2005).
Bibliografía
1.
García, Rolando (2006): Sistemas Complejos. Barcelona,
Editorial Gedisa.
2. García, Rolando (2000): El conocimiento en construcción.
Barcelona, Editorial Gedisa.
3. Goodwin, Brian (1998): Las Manchas del Leopardo. Barcelona,
Editorial Tusquets.
4. Heylighen F. (2008): Five Questions on Complexity. C.
Gershenson (ed.): Complexity: 5 questions, Automatic Press
/ VIP.
5. Heylighen, F. (1988): Building a Science of Complexity
6. Proceedings of the 1988 Annual Conference of the Cybernetics
Society.
7. Lange, Oskar (1975): Los "todos" y las partes.
México, Fondo de Cultura Económica.
8. Lewin, Roger (2002): Complejidad. Barcelona, Tusquets
Editores, 2ª edición.
Moriello, Sergio (2004): Ingeniería genética
y nanotecnología pueden alumbrar nuevas especies
artificiales. Sitio Tendencias 21, 11 de septiembre.
Moriello, Sergio (2003): Sistemas complejos, caos y vida
artificial. Sitio Red Científica, marzo.
9. Resnick, Mitchel (2001): Tortugas, Termitas y Atascos
de Tráfico. Barcelona, Editorial Gedisa.
10. Politzer, Georges (2008): Principios Elementales de
la Filosofía. Buenos Aires, Editorial Gradifco.