Lecturas
El
pequeño burgués es el
hombre que se ha preferido
Gorki
Carlos
Penelas
Buenos Aires, junio de 2010
Es
importante releer. Es fundamental releer. Poco a poco vamos
descubriendo en cada página un universo. Nos resulta
imposible en una sola lectura descubrir aquello que las
grandes obras, que los grandes poemas nos presentan. Somos
otros; aquello que vimos hace diez o veinte años
lo miró otro, lo sintió otro. En la medida
que leemos abrimos nuestra sensibilidad - teóricamente,
no siempre es así - y podemos percibir el mundo,
nuestras circunstancias de otra forma. El engaño,
la corrupción, la desdicha cotidiana, lo grosero,
será interpretado desde otra óptica. Y además
descubriremos hechos que no habíamos percibido. La
mirada del espectáculo nos abruma. Eso lo vemos en
una relación de pareja, en una institución
viciada y terminada como el matrimonio o en los engranajes
de un sistema social que flota a la deriva y arrastra a
la humanidad en círculos infernales. De ahí
la naturaleza de la creación, la importancia del
arte. En Homero, en Shakespeare, en Dostoievski, en Picasso
o en Wagner están nuestras vidas.
Es
importante leer pues el militarismo y el populismo protagonizaron
en nuestro país gran parte de nuestra decadencia.
El nacionalismo populista profundizó hasta tal punto
el sistema que también en la izquierda prendió
la demencia, lo irracional. Luego vinieron, una vez más,
las historias de cinismo, persecuciones, hipocresías
con anécdotas memorables. El Poder finge empalagarse
entre las pruebas de lealtad condicional de burócratas,
funcionarios y hombres de fe. Desconfía de la cultura.
La
semana pasada fui a ver, después de muchos años,
Todos eran mis hijos de Arthur Miller (1915-2005). ¿Quién
no recuerda Las Brujas de Salem o Muerte de un viajante?
Creo sin embargo que Todos eran mis hijos es uno de los
textos más importantes de la dramaturgia del siglo
XX y la mejor pieza del autor. Su nombre fue por los años
cincuenta un emblema de audacia y de ruptura permanente.
Un hombre de valor, de confrontación. Es esta obra,
influido por Ibsen, advertimos de manera brillante una profunda
crítica al sueño americano, a la guerra, a
la hipocresía de una sociedad, al supuesto error,
al imaginario colectivo. Pero también el conflicto
moral de una familia, sus zonas obscuras, sus secretos,
sus mentiras, sus pasiones.
Una
de las lecturas que continuo haciendo desde mi adolescencia
es el de la Biblia. Usted, querido lector, sabe que no soy
creyente pero me gustaría saber cuántos creyentes
leyeron la Biblia y estudios o investigaciones en torno
a la religión como yo. Bueno, uno de los libros que
he releído el mes pasado es el Eclesiastés,
uno de los libros sapienciales. Precede al Cantar de los
Cantares. Lo recomiendo siempre. Es un texto donde el dolor,
la soledad, la caducidad de la vida, nos muestra un camino
interior sumamente interesante de analizar. Hay en sus páginas
un marcado espíritu crítico, una manera de
reflexionar.
Hace
unos meses estuve dando unas clases en torno a la literatura
de Raymond Carver, a mi entender uno de los grandes cuentistas.
Hay en sus relatos un carácter fragmentario que me
entusiasma, que me llena de inquietud. Territorios donde
la visión de la vida cotidiana se nos presenta con
sus provocaciones, con una suerte de indeleble conmoción.
No es en balde recordar que renovó la forma del relato
breve en una suerte de elipsis. Mis hijos son lectores fieles
de su universo, de sus articulaciones, de sus dramas aparentemente
triviales. Lisandro, esta vez como director, esta ensayando
una puesta basada en tres cuentos de este exquisito narrador.
Por
último les quiero hablar de Roland Barthes (1915-1980).
Hacia finales de los cincuenta publicó un libro sumamente
interesante: Mitologías. Lo acaba de leer Emiliano.
En breves ensayos nos señala los mitos de nuestra
vida cotidiana, de esos mitos que emergen a nuestro alrededor
y nos van conformando una ideología, una ideología
de la cultura de masas moderna. En sus páginas nos
transforma la forma de mirar, el proceso de mistificación.
Tiene una claridad de escritura que nos da gusto leer y
releer. Y pone sobre el tapete la cultura burguesa, el carácter
político de lo profano. De ahí que nos hable
de la crema de limpieza facial o del cine de Chaplin. Desde
el casamiento de las grandes divas hasta el automóvil,
de la publicidad o del turismo. En este libro, como en otros
del autor, encontraremos ese espacio ambiguo entre lingüística
y literatura. Además hay un discurso trascendente
en sus artículos que nos ayuda a mirar de otra forma.
Barthes escribe: "El mito no oculta nada y no pregona
nada: deforma; el mito no es ni una mentira ni una confesión:
es un inflexión." Perdón, no dejen de
leer Rosaura a las diez, de Marco Denevi. Una obra lamentablemente
olvidada. Porque el arte, querido lector, colabora en la
aventura de conocernos.
Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2010
http://www.carlospenelas.com