Conversando con personas informadas e influyentes, les pregunté
qué cifra tenían en su mente sobre los recursos
acumulados del cobre, que, según la propaganda oficial,
Bachelet y Velasco habían cuidado tan bien. La cifra,
según las opiniones que se emitieron, varió
entre 25 a 35 mil millones de dólares. Cuando les
dije que era apenas superior a 11 mil millones, simplemente
no lo podían creer. Y parece que ésa es la
verdad. Si es así, se gastaron una increíble
cantidad sin que nadie realmente se percatara. Simplemente
se esfumó parte del futuro de Chile que llegó
como regalo por el precio del cobre, no por su gestión.
Ya Frei lo había dicho: "¿Cómo
les vamos a dejar estos recursos a la derecha?".
El
desempleo en los últimos años fue enorme,
y la última tasa de crecimiento fue negativa, mientras
países como Perú, en la misma crisis, tuvieron
cifras positivas y no se gastaron esos recursos. ¿Qué
pasó? Bueno, lo obvio: el gobierno Bachelet gastó,
gastó y gastó, pero no produjo de manera acorde.
Como los pronósticos de Velasco fueron siempre voluntariosos,
las cifras del presupuesto eran ilusorias, y la recaudación
tributaria cayó de manera estrepitosa. La ecuación
es simple: mucho más gasto del previsto (aumentó
casi 20% en 2009), más una caída fuerte en
la recaudación, es igual a deuda o comerse las reservas,
y en este caso de manera acelerada. Pan para hoy, hambre
para mañana. Popularidad versus buen gobierno. Como
todo esto ocurrió a espaldas del Congreso, se cambiaron
los dólares y punto. Quizás por eso se desplomó
el dólar, amenazando el modelo exportador. Esto nada
tiene que ver con la unidad nacional, sino sólo con
sincerar los números duros, como sostuvo Hinzpeter
(Ministro del Interior). Me parece fundamental que Piñera
aclare oficialmente esto, de manera rápida y contundente.
Merecemos una explicación. No tenemos las reservas
que creíamos tener, justo cuando las necesitábamos.
Lo
segundo que sugiero es que el gobierno informe de manera
inmediata con qué nivel de pobreza real asume. El
actual ministro de Hacienda tuvo un importante debate técnico
al respecto, criticando las cifras oficiales. Es obvio que
la pobreza real en Chile no es el 13% de Bachelet-Hardy,
sino cercano al 30%. Súmese a esto el efecto terremoto,
y la situación inicial es muy delicada. La pobreza
actual es distinta a la del pasado, y es extremadamente
sensible a la tasa de empleo, una de las áreas en
que la Concertación fue débil, particularmente
por sus políticas laborales, que favorecieron al
que ya tenía trabajo y perjudicaron severamente a
los desempleados. Esto es fundamental para la opinión
pública, ya que Piñera necesariamente deberá
enfrentar comparaciones y sabemos que, para ello, el punto
de partida es la clave. Si queda la errónea cifra
del 13%, la Concertación va a decir después
que "durante el gobierno de la derecha aumentó
la pobreza", y son los maestros de las comunicaciones
truchas, [ex ministro] Vidal a la cabeza.
Un
tercer punto que debiera considerar Piñera es la
forma en que se hará la reconstrucción. A
mi juicio, la gran clave política es la descentralización
efectiva, lo que además es una oportunidad histórica.
Hecho el completo balance inicial de la situación,
estimados los recursos, y definidos los objetivos y metas
específicas por comuna y por tipo de problema, debieran
ser los alcaldes los grandes administradores, apoyados por
los intendentes. Si Piñera quiere hacer las cosas
de manera centralizada, va a tener que asumir todas las
críticas y problemas de manera personal. Los héroes
y canallas deben estar descentralizados, y espero que todos
sean héroes.
Por
las primeras señales que se reciben, la oposición
será durísima. Es notable que, a sólo
4 días de haber asumido, se le criticara por el funcionamiento
de organizaciones que nadie podría cambiar en uno.
Los mismos que despedazaron al nuevo director de la inoperante
Onemi y que hasta lo calificaron de bufón, no emitieron
ni una sílaba acerca de la directora anterior, repudiada
por el país entero. Eso no es fair play, sino cobardía.
Pero ¿qué se le puede pedir a una coalición
que agoniza?
Dado
todo eso, en síntesis, tres son por ahora las claves
que Piñera debiera considerar sin dilación:
primero, sincerar cuánto queda de los dineros del
cobre; segundo, informar cuál es el nivel real de
pobreza con que parte su gobierno, distinguiendo qué
parte sumó el terremoto, y tercero, descentralizar
y empoderar a los responsables de la reconstrucción.