LA LENGUA FRUSTRADA
Congreso Internacional de la Lengua Española
-Valparaíso, Chile-
Edmundo Moure Rojas
Marzo 2010
Desde Madrid, la agencia Reuters nos informa que 'El V Congreso
Internacional de la Lengua Española, que iba a celebrarse
en la localidad chilena de Valparaíso, se desarrollará
de forma virtual en Internet, tras del devastador terremoto
que sacudió Chile el fin de semana, anunciaron el
lunes los organizadores. El comité ejecutivo (...)
ha decidido cancelar las actividades presenciales debido
al terremoto que ha sufrido el país y convertir el
simposio en un gran congreso virtual en Internet en homenaje
al pueblo de Chile', dijo el Instituto Cervantes en un comunicado
fechado en Valparaíso".
Bien
por el homenaje al pueblo de Chile, mal por el Congreso,
porque nos habíamos ilusionado con el encuentro en
torno a la lengua Castellana (dejo lo de "española"
para los gringos, teutones, sajones e hiperbóreos)
Cómo lo echará en falta Neruda, quien nos
dejó escrito:
"Qué buen idioma el mío, qué
buena lengua heredamos de los conquistadores torvos. Estos
andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por
las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras,
frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos,
con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto
en el mundo
Todo se lo tragaban, con religiones,
pirámides, tribus, idolatrías iguales a
las que ellos traían en sus grandes bolsas
Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra
Pero
a los bárbaros se les caían de las botas,
de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como
piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí
resplandecientes
el idioma. Salimos perdiendo
Salimos ganando
Se llevaron el oro y nos dejaron
el oro
Se lo llevaron todo y nos dejaron todo
Nos dejaron las palabras."
Debe ser porque, para los organizadores del Congreso, un
sismo colosal resulta inefable, no puede ser expresado en
palabras castellanas (ni otras lenguas europeas, salvo quizá
en galego), porque ellas no son capaces de dar cuenta de
su terrorífica magnitud.
Distinto
sería si la lengua de expresión, en este caso,
fuese el aymara o el quechua, que contienen en sí
la esencia de la Pachamama, voz cósmica de la Madre
Tierra; o en mapudungun, lengua de los mapuches, el código
de la Mapu que interpreta y desvela los misterios de la
Naturaleza, sin necesidad de apelar al racionalismo ni a
la técnica ni a la sociología.
La
primera señal de un terremoto inminente la otorgan
el aguilucho montañés, el queltehue del llano
o la gaviota costera. En sus graznidos se advierte que,
en pocos minutos, la Tierra de desperezará sobre
sí misma para estirar sus miembros hacia los cuatro
puntos cardinales. Asimismo, los animales terrestres: perros,
liebres, cervatillos y llamas camélidas emprenderán
vertiginosa carrera hacia los montes, en previsión
del maremoto o tsunami, -como dicen ahora nuestros periodistas,
importadores de verbas inapropiadas-. La misma Naturaleza,
pues, alerta al animal erectus por medio de otros animales,
menos dialécticos pero más eficaces en su
deambular por el hábitat telúrico.
Ya
no sabemos escuchar al bosque, menos oír los códigos
del río y la murmuración del agua entre las
piedras; no logramos interpretar al viento ni descifrar
el encadenamiento de las olas. Nos hemos vuelto sordos a
la Madre ancestral y ella golpea nuestra sordera, castigando
sin piedad la culpable indiferencia.
Internet salvará el Congreso de la Lengua Castellana.
Pero va a quedarnos un regusto plástico, una sensación
tan artificial como el esperanto
Hubiera sido mejor
organizarlo al aire libre, alrededor de una gigantesca fogata,
para quemar en ella las palabras odiosas e innecesarias,
para hacer que el Castellano vuelva a cantar en las pastoriles
de Cervantes y en el campo abierto, donde los caballeros
y paladines transformaban la cosa en palabra y ésta
en esencia, para revivir la Edad Dorada y amar a la dueñas
inmortales.
No
vendrán los Reyes ni los académicos ni los
doctores de la lengua ni los escribas consagrados, ni los
políticos famosos que tienen su propio idioma, a
menudo ininteligible, tanto para la madre Natura como para
el común de los mortales
Bueno, entraremos
en el Congreso Virtual. A lo menos allí no se desplomarán
las paredes, aquellos "muros de la patria mía"
que clamaba la dolorosa nostalgia del maestro Quevedo.
Edmundo
Moure