Tres Terremotos
Chile, 27 Febrero 2010
Francisco
Bascuñán L.
Febrero 2110
Los ángeles blancos cuidaban la tierra.
Pero
el ángel malo estaba al acecho. Desde hacía
varios años estaba intentando hacer de las suyas,
pero no se le permitía su acceso. A fines del verano
del 2010, estando los ángeles blancos de vacaciones,
parece que lo hacen cada 20 años, hubo un descuido
generalizado; y como un rayo de luz entró el ángel
malo con todo su esplendor, sembrando destrucción,
horror y venganza.
Despedíamos
el último viernes de febrero con noche clara y luna
llena como para enamorados; muchos, de otras latitudes y
con la idea de celebrar en grande al día siguiente
las fiestas veraniegas de fin de temporada, habían
armado carpas juntos a sus mujeres y niños en las
cálidas playas de la costa del centro de Chile; así
como otros, los más, lo habían hecho en sus
casas sólo para descansar. Y así, plácidamente,
terminó el día para dar comienzo a un sábado
de miedo.
Eran
las tres y media de la madrugada del día sábado
27 de febrero de 2010, cuando se hizo presente un sismo
de grado 8,8º Richter(1) con epicentro en
el océano Pacífico, muy cerca de las costas
del centro de Chile, devastando más de 800 kilómetros
de nuestro angosto y largo país. Este sismo(2)(3)
produjo la muerte de muchas personas, la destrucción
de miles y miles de viviendas, casi todas las escuelas,
edificios públicos y centenares de kilómetros
de carretera con sus respectivos puentes, varios de gran
envergadura.
Fue el primer terremoto del día.
Por
causas que aun se investigan, no sólo no se dio la
alarma de tsunami que correspondía sino que se dio
la instrucción de no tsunami, además, en muy
poco tiempo, cuestión de diez minutos (a excepción
de lo ocurrido en la Isla Juan Fernández, los que
podrían haber tenido mucho más tiempo), se
vinieron del mar tres grandes olas seguidas una tras otras,
la tercera de varios metros de altura destruyó absolutamente
todo lo que no habían alcanzado a destruir las dos
primeras. Con embarcaciones arriba de los cerros a más
de mil metros de la costa y con cientos de casas de madera
flotando en el océano, la situación se tornó
pavorosa. En esas zonas la destrucción fue total,
la desolación y la angustia de los sobrevivientes
también. El maremoto azotó 800 kilómetros
de costa, con decenas de villas de pescadores, las que fueron
devastadas por la fuerza del agua; el mar se llevó
hombres, mujeres, niños, casas, escuelas, infraestructura,
todo... Y todo esto sucedió sin que el resto del
país lo supiera ya que, debido al sismo, se encontraban
absoluta y totalmente incomunicadas.
Fue el segundo terremoto del día.
Pero
el día no había terminado, el ángel
malo traía otra sorpresa no menos importante. Así
como los sismos se producen por choque de grandes fuerzas
teutónicas, todo exceso de tensiones, como los que
se produjeron en los edificios siniestrados, produce rompimientos
de capas. En forma individual y en la sociedad chilena toda,
durante los últimos años, se fueron enconando
diversas tensiones que irían a explotar en la noche
de este fatídico sábado y durante el día
siguiente y subsiguiente. Esta tensión se fue produciendo
gradualmente durante mucho tiempo, día a día,
al ir chocando dos fuerzas éticas. La primera, configurada
por una serie de actitudes que van haciendo evolucionar
a los seres inferiores hacia seres espirituales superiores
con firmes decisiones valóricas; y la segunda, conformada
por actitudes que van haciendo involucionar a los individuos
hacia otros seres más inferiores con muy poca y dudosa
capacidad ética. Instituciones financieras que otorgan
préstamos con intereses desbordantes como son 400%
a 9.000% al año, devoluciones de dineros por parte
de instituciones de salud que retardan hasta 6 meses en
ser devueltas, colusión de grupos farmacéutico
para monopolizar los mercados, diferencias de 4 y 10 veces
entre lo que le pagan a los productores agrícolas
y lo que cobran los supermercados, una televisión
sometida y degradante, la pérdida de la fe pública
por innumerables irregularidades en la gestión de
gobierno; todo esto y mucho más, agobiando a una
enorme clase media indefensa que pretendía, junto
al resto de ciudadanos honorables, y con un tremendo esfuerzo,
llevar a nuestra nación a un nivel de desarrollo
económico aceptable e instaurar una cultura que reinstalase
a Dios en nuestra sociedad tal de ensalzar los valores y
virtudes de los hombres. Así, al ir aumentando este
tipo de situaciones, las capas más vulnerables de
la sociedad no fueron capaces de soportar tan tremendas
tensiones y llegado el momento de la impunidad, le dio manga
ancha al pillaje para vergüenza de todos los chilenos
ante el mundo. Hay ciertos pillajes que simplemente se dejan
pasar inmunes, más aun, se publicitan y se toleran;
sin embargo, otros se condenan a muerte y para muchos, ojala
sean ejecutados al instante. Pero la verdad es que todos
vienen de una misma vara y corresponden a un mismo estado
de involución que perjudica la sana convivencia en
una sociedad que se esfuerza por construir un Chile a través
de caminos de real evolución espiritual; y de esto
último, como muestra un botón: la actitud
de nuestra noble y desinteresada juventud que, durante estos
agobiantes días, nos dio, y lo han hecho ya en varias
y reiteradas oportunidades, ejemplo de organización,
trabajo y grandeza.
Pero lo cierto, y no hay dudas de ello, es que todo esta
manifestación fue un verdadero sismo social que no
puede quedar en el olvido de los sociólogos.
Fue el tercer terremoto del día.
El
27 de febrero de 2010, es una fecha que quedará en
la mente de muchos sobrevivientes como recuerdo de pérdidas
irrecuperables, amores truncados, vidas de jóvenes
cortadas, enormes esfuerzos esfumados; pero lo que no se
acordaba el ángel malo, es que todo esta villanía
tiene muy poco valor ante el empuje de un pueblo amalgamado
con el esfuerzo y templado en la victoria.
No
había pasado una semana, cuando se había producido
la primera de ellas en el terreno de la solidaridad, juntando
en sólo un día de teletón, el doble
del dinero que se había pretendido obtener, lo que
en sus inicios se consideraba como imposible de lograr.
Y a la tercera semana, en la localidad de Iloca, se reiniciaba
el año escolar en una escuela nueva, precisamente
en uno de los lugares más afectado por el maremoto,
justamente donde no había quedado piedra sobre piedra
ni palo sobre palo.
Ahora
viene el tedioso camino de la reconstrucción, pero
con ello: trabajo, desarrollo espiritual, temple del alma
nacional, unidad fraterna. Esto, lo debemos cuidar con esmero.
Porque, ¿para que tener riqueza sin lo anterior?
Tal vez no vayamos a ser tan ricos pero seguro que más
felices, como lo fueron nuestros padres, los padres de nuestros
padres, nosotros mismos y seguro lo serán nuestros
hijos y nietos.
Se
acalló el llanto, llegó el tiempo de orar
y trabajar.
¡Fuerza Chile!
Ref.
(1) El sismo materia de este artículo es el
quinto terremoto más grande registrado en el mundo,
desarrolló 500 veces más energía
que el último sismo en Haití, ya que los
grados se miden en escala logarítmica, y se sintió
a más de 1.500 Km. de distancia del epicentro,
que fue en las costas de Cobquecura a 150 Km. al nor-oeste
de Concepción.
(2)
Algunos sismos mayores:
|
LUGAR
|
PAÍS
|
AÑO
|
|
Equivalente
a
ton. de TNT
|
|
Pto.
Principe
|
Haití
|
2010
|
7.0º
|
199.000
|
|
........
|
|
|
|
|
|
Antofagasta
|
Chile
|
1995
|
8,0º
|
5.850.000
|
|
Santiago
|
Chile
|
1985
|
8,0º
|
5.850.000
|
|
Pisco
|
Perú
|
2007
|
8,0º
|
5.850.000
|
|
Tal-Tal
|
Chile
|
1966
|
8,1º
|
7.000.000
|
|
La
Serena
|
Chile
|
1730
|
8,7º
|
50.000.000
|
|
Cobquecura
|
Chile
|
2010
|
8,8º
|
100.000.000
|
|
Lisboa
|
Portugal
|
1755
|
9,0º
|
150.000.000
|
|
Océano
Índigo
|
|
2004
|
9,2º
|
220.000.000
|
|
Anchorage
|
Alaska
|
1964
|
9,2º
|
220.000.000
|
|
Valdivia
|
Chile
|
1960
|
9,5º
|
260.000.000
|
(3)
A inicios del siglo XXI, la mayoría de los
sismólogos consideró obsoletas las escalas
de magnitudes tradicionales, siendo éstas, como
la de Richter y con mayor razón la de Mercalli,
reemplazadas por una medida físicamente más
significativa llamada momento sísmico, el
cual es más adecuado para relacionar los parámetros
físicos, como la dimensión de la ruptura
sísmica y la energía liberada por el terremoto.
En
1979, los sismólogos Thomas C. Hanks y Hiroo Kanamori,
investigadores del Instituto de Tecnología de California,
propusieron la escala
sismológica de magnitud de momento (MW),
la cual provee una forma de expresar momentos sísmicos
que puede ser relacionada aproximadamente a las medidas
tradicionales de magnitudes sísmicas.