La
consciencia es el mayor enigma de la ciencia y la
filosofía
Estamos lejos de comprender el salto cualitativo que
supone pasar de la actividad neuronal del cerebro
a la experiencia consciente
Francisco
J. Rubia Vila
Tendencias 21
5 Feb 2010
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La
consciencia no es un fenómeno todo-o-nada,
sino que existen diversos niveles de consciencia.
Y la transición de la inconsciencia a la
consciencia no es simplemente un cambio de una inactividad
a una actividad neuronal, sino que supone un cambio
en lo que hacen las neuronas, cambio que hoy por
hoy es desconocido. El dualismo que subyace a algunas
de las teorías sobre la consciencia plantea
la cuestión de cómo superarlo, ya
que este dualismo no ha podido aclarar cómo
es posible que un ente inmaterial pueda interaccionar
con la materia que es el cerebro. Estamos lejos
de comprender el salto cualitativo que supone pasar
de la actividad neuronal del cerebro a la experiencia
subjetiva de la consciencia. Por Francisco J. Rubia.
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La
consciencia es un enigma, probablemente el mayor enigma
tanto en filosofía como en ciencia. Las cuestiones
fundamentales que plantea son: ¿qué es la
consciencia? ¿de dónde procede? y ¿para
qué sirve?
El
filósofo australiano David J. Chalmers distingue
entre los "problemas fáciles" y el "problema
duro o difícil" (hard problem) de la consciencia.
Los problemas fáciles tratan la consciencia como
una facultad mental más y analizan temas como la
discriminación entre estímulos sensoriales,
la integración de la información para guiar
el comportamiento o la verbalización de estados internos,
cómo se integran los datos sensoriales con la experiencia
del pasado, cómo focalizamos la atención o
lo que distingue el estado de vigilia del sueño.
Pero el "problema difícil" de la consciencia
es saber cómo los procesos físicos cerebrales
dan lugar a la consciencia, cómo las descargas de
millones de neuronas pueden producir la experiencia consciente,
la experiencia subjetiva.
Si
ser consciente implica la existencia de un "yo"
y este yo, como nos dice la neurociencia, es una ficción,
¿qué consecuencias tendría este hecho
para la consciencia? Por otra parte, ¿existe un solo
yo? El psicólogo estadounidense William James planteó
la existencia de al menos tres yos diferentes: un yo material,
otro social y un tercero espiritual. Además, los
enfermos con cerebro escindido han mostrado que pueden surgir,
tras la separación del cuerpo calloso, dos yos distintos.
El
psicólogo californiano Michael Gazzaniga dice que
el hemisferio izquierdo es dominante para la mayoría
de las funciones cognoscitivas, como la resolución
de problemas, mientras que el hemisferio derecho es muy
deficiente para resolver problemas difíciles. El
resultado de muchos años de investigación
sobre el cerebro hendido le hace concluir que el hemisferio
derecho tiene una experiencia consciente muy diferente de
la exacta y literal del hemisferio izquierdo.
Aunque
ambos son conscientes, la consciencia del cerebro izquierdo
supera con mucho a la del derecho. ¿Cuál sería
pues el sustrato neuronal que hace surgir estos dos tipos
de consciencia en los hemisferios cerebrales? Existe un
"vacío explicativo", como dice el filósofo
de Harvard, Joseph Levine, entre las funciones cerebrales
y la experiencia subjetiva.
La
cuestión fundamental es, pues: ¿cómo
podemos superar el abismo que separa lo objetivo y lo subjetivo,
el cerebro y la experiencia consciente? Es un planteamiento
muy parecido al planteamiento tradicional cuerpo/alma o
mente/cerebro, que han discutido los filósofos desde
hace más de 2.000 años. Y aún siguen
discutiendo.
Otra
cuestión que se plantea es la siguiente: si un sistema,
como el cerebro, puede resolver problemas y procesar información
de manera inconsciente, ¿para qué sirve la
consciencia?
Algunos
filósofos afirman que cuando comprendamos suficientemente
bien el funcionamiento del cerebro, el concepto de consciencia
se disipará del mismo modo que se disipó el
concepto del flogisto una vez que se comprendió el
proceso de la oxidación. El flogisto era un hipotético
constituyente volátil de todas las sustancias combustibles
que, según se creía, se liberaba en forma
de llama durante la combustión.
Sir
Charles Sherrington, premio Nobel de Medicina y Fisiología
del año 1932, era de la opinión que la consciencia
era científicamente inexplicable. Y el psicólogo
Stephen Pinker, de la Universidad de Harvard, piensa que
puede que podamos entender la mayoría de los detalles
de cómo funciona la mente, pero la consciencia puede
permanecer oculta. También el filósofo británico
Colin McGinn opina que el problema es demasiado difícil
para nuestras mentes limitadas, añadiendo que estamos
cerrados cognoscitivamente ante ese problema. Afortunadamente,
no todos los científicos y filósofos piensan
lo mismo.
Definición
de consciencia
La
consciencia es un concepto que entendemos intuitivamente,
pero que es difícil o imposible de describir adecuadamente
en palabras. Se puede decir que consciencia es el estado
subjetivo de apercibir algo, sea dentro o fuera de nosotros
mismos.
No
existe ninguna definición consensuada de la consciencia.
Pero consciencia significa experiencia subjetiva, o sea,
lo opuesto a objetividad. En algunos escritos la consciencia
es considerada sinónimo de mente. Pero la mente incluye
procesos mentales inconscientes, y puede definirse como
el funcionamiento del cerebro para procesar información
y controlar la acción de manera flexible y adaptativa.
La
consciencia tiene contenidos, pero aunque pueda tener una
enorme variedad de contenidos no puede tener muchos al mismo
tiempo. La consciencia no es un fenómeno pasivo como
respuesta a estímulos, sino un proceso activo de
interpretación y construcción de datos externos
y de la memoria relacionándolos entre sí.
Se
ha equiparado la consciencia a la vigilia, pero estar despierto
no es lo mismo que ser consciente de algo en el sentido
de apercibirse de algo. En el sueño podemos apercibir
imágenes mentales visuales o auditivas.
Los
actos voluntarios y la toma de decisiones son aspectos importantes
de la experiencia consciente. Por ello, uno de los significados
más comunes de consciencia es que es un sistema de
control ejecutivo que supervisa y coordina las actividades
del organismo.
Para
el profesor de psicología de la Universidad de Princeton,
Philip Johnson-Laird, el cerebro es un sistema organizado
jerárquicamente que procesa información en
paralelo y cuyo nivel más alto que controla la conducta
corresponde a la consciencia, aunque interacciona con varios
subsistemas inconscientes.
Se
ha considerado a la consciencia íntimamente relacionada
con la memoria operativa, la atención y el procesamiento
controlado. La memoria operativa es importante para la solución
de problemas, la toma de decisiones y la iniciación
de la acción. La relación con la atención
es clara: prestar atención a algo es ser consciente
de ese algo. El ejemplo más clásico de atención
selectiva es el conocido como "efecto cocktail party",
por el que seleccionamos información interesante
en medio de un gran ruido de fondo.
También se ha considerado la consciencia como sinónimo
de auto-consciencia. Pero como se puede ser consciente de
muchas cosas que no son la propia persona, hoy se estima
que la auto-consciencia es una forma especial de la consciencia.
Todo
el mundo sabe lo que es consciencia, dicen el fallecido
premio Nobel Francis Crick y su colaborador alemán
Christof Koch, pero mientras sepamos tan poco de ella, lo
mejor es no dar ninguna definición que pueda inducir
a errores o que sea restrictiva, o ambas cosas a la vez.
En
la bibliografía anglosajona se utilizan dos palabras
distintas que en español se suelen traducir por consciencia.
La primera es "awareness", que yo traduzco por
apercepción; la segunda es "consciousness"
que se traduce por consciencia. Esta diferenciación
es importante, ya que existe la expresión en inglés
"unconscious awareness" que se traduciría
por "apercepción inconsciente", lo que
sería imposible si la palabra "awareness"
se tradujese por consciencia, como suele hacerse.
Algunos
autores definen la apercepción como un estado en
el que tenemos acceso a cierta información que puede
usarse para controlar la conducta. La consciencia está
siempre acompañada de apercepción, pero la
apercepción no tiene por qué estar acompañada
por consciencia.
Se
pueden distinguir dos tipos de consciencia. La consciencia
primaria, que es la experiencia directa de percepciones,
sensaciones, pensamientos y contenidos de la memoria, así
como imágenes, ensueños y sueños diurnos.
La consciencia reflexiva es la experiencia consciente per
se. Este tipo de consciencia es necesaria para la auto-consciencia,
que implica darse cuenta de ser un individuo único,
separado de los demás, con una historia y un futuro
personales. La consciencia reflexiva incluye el proceso
de integración, o sea, de observar la propia mente
y sus funciones; con otras palabras: conocer que se conoce.
En realidad, la experiencia consciente en el humano adulto
normal implica tanto la consciencia primaria como la consciencia
reflexiva.
Características
de la consciencia
William
James, padre de la psicología norteamericana, en
sus Principios de Psicología describió cinco
características de alto nivel de la consciencia que
aún siguen vigentes. Son las siguientes:
1)
Subjetividad: Todos los pensamientos son subjetivos, pertenecen
a un individuo y son sólo conocidos por ese individuo
2) Cambio: Dentro de la consciencia de cada persona, el
pensamiento está siempre cambiando
3) Intencionalidad: La consciencia es siempre de algo, apunta
siempre a algo
4) Continuidad: James utilizó siempre la expresión
"curso de la consciencia" para dar a entender
que la consciencia parece ser siempre algo continuo
5) Selectividad: Aquí James se refirió a la
presencia de la atención selectiva, o sea que en
cada momento somos conscientes de sólo una parte
de todos los estímulos
A pesar de la enorme variedad de percepciones y pensamientos
de naturaleza siempre cambiante, tenemos la impresión
de que nuestra consciencia es algo unificado y continuo.
Esta sensación de unidad de la consciencia algunos
autores la consideran una ilusión.
Algunas teorías sobre la consciencia
Al
igual que entre los filósofos post-cartesianos había
diversas teorías, como la teoría del doble
aspecto de Spinoza, el ocasionalismo de Malebranche, el
paralelismo de Leibniz y su doctrina de la armonía
preestablecida, hoy existen diversas teorías de la
consciencia.
La
teoría "clásica" ha sido la postulada
por el psicólogo norteamericano William James en
el siglo XIX. Para James, la consciencia es una secuencia
de estados mentales conscientes, siendo cada uno de estos
estados la experiencia de algún contenido concreto.
James pensaba también que la consciencia tiene que
haber tenido un propósito evolutivo, por lo que trataba
la consciencia como una función y no como una entidad.
En
el siglo XVIII el biólogo suizo Charles Bonnet intentó
resolver el dilema introduciendo el llamado "epifenomenalismo",
una idea que después asumió también
el biólogo británico Thomas Huxley. El epifenomenalismo
acepta que la mente y el cuerpo están hechos de diferentes
sustancias, pero la mente no tiene influencia sobre el cuerpo,
aunque está causada por el cerebro. Los sucesos mentales
son productos accesorios de los sucesos materiales.
La
teoría basada en un dualismo cartesiano postula que
la mente, alma o espíritu es inmaterial y la autoconsciencia,
como propiedad de esa mente, está separada del cerebro
que es físico e inconsciente. Esta teoría
ha sido mantenida por Karl Popper y John Eccles; con este
último yo colaboré en la Universidad del Estado
de Nueva York en Buffalo en su periodo tardío de
laboratorio en 1975. El problema que plantea esta teoría
es que no explica cómo se produce la experiencia
subjetiva, ni tampoco cómo funciona la interacción
entre un ente inmaterial y otro material.
Otra
teoría es la sostenida por Stuart Hameroff y Roger
Penrose que supone que los microtúbulos, que se encuentran
en toda célula nerviosa, están designados
para permitir la coherencia cuántica y las conexiones
cuánticas en todo el cerebro. La dificultad es que
no explica cómo surge la experiencia subjetiva por
lo que muchos autores concluyen que la teoría cuántica
de la consciencia sustituye un misterio por otro. Penrose
es también de la opinión que el fenómeno
de la vida mental requiere un conocimiento de la física
que aún no tenemos.
Superveniencia
El
filósofo coreano Jaegwon Kim utiliza el término
"superveniencia" (supervenience) para expresar
el hecho de que un ámbito o dominio está determinado
por otro. Por ejemplo, las propiedades biológicas
supervienen o son supervenientes a las propiedades físicas,
porque las propiedades biológicas de un sistema están
determinadas por sus propiedades físicas. En una
tabla de madera, por ejemplo, la madera superviene a las
moléculas y las moléculas supervienen a los
átomos. Lo mental sería, pues, superveniente
a lo físico. La mente sería al cerebro como
el rayo a las partículas cargadas eléctricamente.
Los
electrones tienen masa y rotación, pero la electricidad
tiene potencial e intensidad. Los componentes químicos
tienen densidad y conductividad, mientras que los organismos
biológicos tienen crecimiento y reproducción.
A cada nivel hay propiedades distintas, propiedades "emergentes".
Sin embargo, la superveniencia no explica por qué
y cómo la mente emerge del cerebro.
Los
neurobiólogos Gerald Edelman, premio Nobel de Fisiología
y Medicina de 1972 por sus trabajos sobre el sistema inmunológico,
y Giulio Tononi, proponen que la consciencia emerge cuando
grandes grupos de neuronas forman un núcleo dinámico
en el cerebro con conexiones que forman bucles entre la
corteza y el tálamo. A estas conexiones Edelman les
llama "mapas de reentrada", parecido a lo que
el psicólogo británico Nicholas Humphrey denomina
"bucles de realimentación reverberantes sensoriales".
La idea en ambos es que el cerebro se refiere a sí
mismo y esto es lo que desencadena la consciencia.
La
alternativa al dualismo es el monismo que plantea que el
cuerpo y la mente están hechos de la misma sustancia.
Los idealistas piensan que todo es mental, los materialistas
que todo es material. El filósofo Spinoza pensaba
que sólo existía una sustancia y que la sustancia
tenía dos propiedades: que era consciente y que tenía
extensión.
Un
ejemplo típico de la postura materialista es la sostenida
por el filósofo francés Julien Offroy de LaMettrie
que en su obra L'Homme machine (El hombre máquina)
decía que la mente es una máquina hecha de
materia y que el pensamiento era un proceso material.
Y
el filósofo británico Bertrand Russell pensaba
que lo mental y lo físico son diferentes formas de
conocer la misma cosa, la primera por la consciencia y la
segunda por los sentidos. La consciencia nos da un conocimiento
directo, inmediato, de lo que hay en el cerebro, mientras
que los sentidos pueden observar (posiblemente ayudado por
instrumentos) lo que hay en el cerebro. La consciencia es,
básicamente, otro sentido, un sentido que, en vez
de percibir colores, olores o sonidos, percibe la verdadera
naturaleza del cerebro.
Dudas
sobre lo mental
El
materialismo eliminativo es la doctrina que postula que
los estados mentales no existen, o, al menos, que la terminología
es equivocada y debería abandonarse. Tanto el filósofo
alemán Paul Feyerabend como el filósofo norteamericano
Richard Rorty niegan la existencia de lo mental. Lo mental
no es más que un mito. Y el neurocientífico
norteamericano Paul Churchland dice que lo mental es el
sujeto de la "psicología popular", y la
psicología popular no es una ciencia. Adscribimos
estados mentales a los individuos, pero en realidad sólo
existen procesos cerebrales.
El
filósofo estadounidense John Searle piensa que la
consciencia no puede reducirse a los procesos neuronales
que la causan, pero que la consciencia es una característica
biológica del cerebro. Searle ataca tanto al dualismo
como al materialismo diciendo que la división del
mundo en materia y mente es arbitraria y contraproducente.
En su opinión tenemos que tener en cuenta que la
consciencia está causada por procesos cerebrales,
pero no puede ser reducida a esos procesos porque es un
fenómeno de "primera persona", o subjetivo,
mientras que los procesos cerebrales son fenómenos
de "tercera persona", es decir objetivos.
El
psicólogo norteamericano Julian Jaynes estudió
los documentos históricos, arqueológicos y
biológicos de civilizaciones antiguas, llegando a
la conclusión que hace unos 3000 años los
humanos no tenían aún consciencia. Dependían
aún, como otros primates, de reacciones aprendidas.
Los individuos de civilizaciones desarrolladas antes de
los 1000 años a.C. (en Asiria, Babilonia, Mesopotamia,
Egipto) no eran verdaderamente conscientes. Libros antiguos,
como la Ilíada o la Biblia fueron compuestos por
personas no conscientes que no distinguían entre
los sucesos reales y los imaginarios. Los personajes de
esos libros actuaban inconscientemente tomando decisiones
confiando en voces, en alucinaciones. Según este
psicólogo la consciencia apareció en la Odisea
y en las partes más recientes de la Biblia, hará
unos 3000 años. Lógicamente, estas afirmaciones
han sido muy discutidas.
El
antropólogo británico Kenneth Oakley planteó
que existirían tres niveles de consciencia que corresponderían
a tres capas evolutivas del cerebro: la apercepción,
controlada por las regiones más antiguas del cerebro
y relacionada sólo con el condicionamiento; la consciencia,
controlada por la corteza cerebral y el hipocampo y relacionada
con la representación interna del mundo; y, finalmente,
la auto-consciencia, dependiente de las regiones más
modernas de la corteza cerebral y relacionada con la representación
interna de la propia representación interna.
El
lingüista sueco Peter Gardenfors ve en el lenguaje
el último estadio en el proceso que lleva a la consciencia
humana. Piensa que primero estuvieron las sensaciones, luego
la atención, las emociones, la memoria, los pensamientos,
la planificación, el yo, el libre albedrío
y, finalmente, el lenguaje. La mayoría de estas facultades
no son únicas en los humanos, ya que la mayoría
de los mamíferos tienen emociones e incluso pensamientos.
Los chimpancés llegan hasta la planificación,
pero sólo los humanos tienen consciencia de sí
mismos y lenguaje. Todos los animales tienen un cierto grado
de consciencia, pero sólo mamíferos y aves
tienen corteza que les permite representaciones separadas
de la realidad por lo que pueden adivinar y planificar.
Los pensamientos son representaciones internas del mundo,
lo que permite a los animales que los tienen separarse del
mundo inmediato, pudiendo crear más de un curso posible
de acción.
Red de funciones cognitivas
El
yo sería para Gardenfors un fenómeno emergente,
una propiedad que surge de una red de funciones cognoscitivas
relacionadas entre sí. El lenguaje, como último
estadio en el ser humano requiere una representación
interna sofisticada, que son los símbolos. Las representaciones
de otros animales no están suficientemente separadas
de la realidad exterior.
Nicholas
Humphrey dice que ser consciente es tener sensaciones, como
algo opuesto a las percepciones. Los animales desarrollaron
dos formas de representación de la interacción
entre el cuerpo y el entorno: unas cargadas de afecto que
son las sensaciones y otras neutrales con respecto a los
afectos que son las percepciones. Para Humphrey tenemos
un "ojo interior" que se comporta como cualquier
otro sentido, menos en el hecho de que su objeto es el propio
cerebro. La consciencia me permite percibir el estado de
mi cerebro.
El
neurofisiólogo norteamericano William Calvin propuso
la teoría llamada "darwinismo mental".
Según esta teoría, lo mismo que el sistema
inmunológico y la evolución de las especies
están impulsados por la selección natural,
la vida mental también lo está. Los pensamientos
se producen inconscientemente y el proceso darwiniano elige
los mejores. Para Calvin, lo que pensamos está siempre
en función de la acción; los pensamientos
son sólo movimientos que no han sido aún realizados.
El
psicólogo estadounidense Marcel Kinsbourne cree que
la consciencia no es un producto de la actividad neural,
sino la actividad neural misma. El cerebro no genera consciencia,
sino que es consciente, por lo que no es necesario buscar
una región que genere consciencia; no es la región
lo que importa, sino el estado del circuito; cualquier región
del cerebro puede ser consciente si sus circuitos están
en un estado apropiado.
El
matemático danés Tor Norretranders piensa
que la consciencia no contiene casi ninguna información.
La mayoría de los procesos mentales nunca alcanzan
la consciencia. El cerebro descarta cantidades ingentes
de información antes de que tenga lugar la consciencia,
aunque esta información descartada tenga influencia
sobre nuestra conducta. Esto significa que la consciencia
trata sobre todo de lo que ocurre dentro de nosotros y no
fuera. Los datos sensoriales se procesan de acuerdo con
estructuras cerebrales y se comparan con los contenidos
de la memoria, volviendo a ser procesados, y luego surge
una sensación consciente. En esta sensación
poco queda de los datos sensoriales originales. Nunca podemos
experimentar los datos sensoriales originales, sino que
experimentamos sólo los productos terminados. Con
otras palabras: nuestro cerebro conoce mucho más
de lo que conoce la consciencia.
Con
esto no agotamos todas las teorías existentes sobre
la consciencia, pero he elegido las que me parecieron más
relevantes. Como vemos, hay opiniones para todos los gustos.
Origen
y evolución de la consciencia
¿Cómo surge la consciencia en un individuo
y cómo surgió en la evolución? Todos
creemos que los humanos no nacen con consciencia y que la
vida, como fenómeno natural no fue originalmente
consciente. Existe, pues, un problema ontogenético,
de cuándo surge la consciencia en un individuo, y
un problema filogenético, de cuándo surgió
la consciencia de la materia, si fue repentinamente en una
especie determinada o por el desarrollo de ciertas estructuras
cerebrales. La auto-consciencia surge en el niño
en la segunda mitad del segundo año de vida, y depende
de la memoria episódica y de la capacidad para la
consciencia reflexiva.
Ya
mencionamos que el psicólogo norteamericano Julian
Jaynes piensa que surgió muy recientemente en el
ser humano, en la época homérica. Por el contrario
el neurofisiólogo australiano John Eccles pensaba
que surgió con el neocórtex de los mamíferos
y la bióloga norteamericana Lynn Margulis es de la
opinión que la consciencia es una propiedad tan antigua
como la vida de organismos unicelulares simples, hace miles
de millones de años. Otros científicos piensan
que la consciencia surgió por la necesidad de comunicación
con otros individuos, es decir, que fue cercana al lenguaje.
El filósofo austriaco Karl Popper decía que
la consciencia emerge con el lenguaje, tanto ontogenética
como filogenéticamente.
El
psicólogo británico Nicholas Humphrey coincide
con la opinión de que la función de la consciencia
es la de interacción social con otras consciencias.
La consciencia aporta a los humanos un modelo explicativo
de su propia conducta y esta facultad es útil para
la supervivencia; con otras palabras: los mejores psicólogos
son los que mejor sobreviven. Al entender la propia mente,
entienden también la mente de los demás y
eso supone una ventaja evolutiva importante.
Sin
embargo, la consciencia difícilmente contribuye a
la supervivencia. Muchas veces nos deprimimos cuando pensamos
en cosas futuras, como la vejez o la muerte. La consciencia
muy a menudo resulta en una menor determinación y
perseverancia. Visto así, no parece que sea el producto
de una evolución darwiniana porque realmente lo que
hace es debilitar nuestro sistema de supervivencia en esos
casos.
El
lingüista estadounidense Merlin Donald planteó
que la mente moderna con pensamiento simbólico surgió
de una forma de inteligencia no simbólica por absorción
gradual de sistemas nuevos de representación. La
mente humana se desarrolló en cuatro estadios que
coinciden con los estadios de crecimiento cognoscitivo en
humanos modernos. Los homínidos más antiguos
estaban limitados a representaciones episódicas del
conocimiento. La memoria episódica era útil
para aprender asociaciones estímulo-respuesta, pero
no podía recuperar memorias independientemente de
las señales del entorno, es decir, no podía
pensar. Estos seres episódicos vivían sus
vidas totalmente en el presente.
El
Homo erectus desarrolló un sistema "mimético"
de representación. La mente podía recuperar
memorias independientemente del entorno y era capaz de re-describir
la experiencia. La mente tiene una representación
del mundo y es capaz de adaptarse continuamente a los nuevos
conocimientos. Estas representaciones permitían al
individuo comunicar sus intenciones y deseos. En este estadio
existía una especie de memoria colectiva. En el tercer
estadio, el Homo sapiens adquirió el lenguaje y,
por consiguiente, la capacidad de construir relatos y formar
mitos que representan modelos integrados del mundo por los
que los individuos podían generalizar y predecir
acontecimientos. El lenguaje permitió contar historias
en grupo.
Hace
unos 50.000 años los humanos comenzaron a almacenar
contenidos de memoria en el mundo exterior en vez de en
sus cerebros (pinturas rupestres, figuras, calendarios,
etc.). Finalmente, con la escritura, hará unos 10.000
años, los humanos modernos alcanzaron capacidades
representativas simbólicas y la lógica. Es
la mente "teórica".
En
otro orden de cosas se estima que existen unos 10.000 millones
de células corticales en el hombre moderno, de los
que 1.000 millones estarían en relación con
el cuerpo. Así que 8.900 millones se utilizarían
para procesos internos y para las conexiones con otras neuronas
del sistema. Se estima que el cerebro del Australopiteco
tendría 3.500 millones de neuronas por encima de
las relacionadas con el cuerpo, comparadas con los 2.000
millones del gorila y los 2.400 millones del chimpancé.
El
Homo habilis tendría unos 4.500 millones de interneuronas
y el Homo erectus 7.000. Respecto al volumen, el Australopiteco
tenía un cerebro de 500 c.c. frente a los 450 c.c.
del gorila. El Homo habilis tenía unos 700 c.c.,
el Homo erectus unos 950-1050 c.c. y el Homo sapiens 1.350
c.c. Sin embargo, parece que el número de células
no es determinante. El lingüista y neurólogo
alemán Eric Lenneberg dice que el cambio más
importante durante la expansión cerebral fue la interconexión
entre las células.
Conciencia compartida
Aparte
de nuestras experiencias cotidianas existen informes procedentes
de estadios cognoscitivos que sugieren que los seres humanos
no somos los únicos animales que tienen consciencia.
Quizá seamos los únicos que somos conscientes
de que somos conscientes, y, desde luego, los únicos
que podemos informar de nuestro estado consciente mediante
el lenguaje sintáctico.
Parece
evidente que la consciencia surge sobre el sustrato biológico
del sistema nervioso y, por tanto, es un estado adquirido
a lo largo de la evolución. Se suele distinguir entre
una consciencia sensorial, llamada también "consciencia
primaria", probablemente común a muchos animales,
y una consciencia llamada metacognición o "consciencia
de nivel superior", única en el hombre.
Desde
luego, si reconocerse en un espejo es señal de auto-consciencia,
las ballenas, los delfines, los elefantes, los chimpancés,
los gorilas, los orangutanes y los tamarinos poseen autoconsciencia.
A favor de la presencia de consciencia en los mamíferos
está el hecho de que todos poseen un sistema tálamo-cortical
altamente desarrollado.
Informes
sobre rendimientos considerables de la memoria en algunas
aves, el aprendizaje vocal y la reproducción de lo
aprendido, así como la discriminación en tareas
difíciles, hace pensar que la consciencia surge en
las aves, probablemente de manera independiente de los mamíferos.
En la solución de problemas que parecen requerir
habilidades cognoscitivas de alto nivel destacan también
los cuervos que son capaces de utilizar herramientas de
distinto tamaño y longitud de acuerdo con la dificultad
de la tarea para obtener alimentos.
Se
ha llegado incluso a plantear niveles muy simples de consciencia
en cefalópodos, tales como los pulpos y las sepias
a los que se le reconoce una capacidad cognoscitiva muy
elevada en la discriminación de objetos, en atención
y en memoria.
¿Cuándo
surge, pues, la consciencia? El problema cuando intentamos
saber si otros animales son conscientes es que los organismos
no humanos no pueden hablar. Estamos convencidos de que
pueden sentir placer y dolor, pero no podemos saber si son
conscientes de esos sentimientos. Entre los humanos también
los niños pequeños no pueden hablar, aunque
también estamos convencidos de que pueden tener sentimientos
como nosotros.
No
obstante, ha habido controversias sobre si los bebés
son capaces de sentir como los adultos. La circunsición
suele realizarse sin anestesia y generalmente a los bebés
se les prescribe dosis post-operativas de analgésicos
inferiores a las que se utilizan para el adulto. Se les
puede preguntar cuando se hacen mayores, pero existe lo
que Freud llamó la amnesia infantil, algo que según
él se producía porque los contenidos de la
memoria estaban reprimidos. Explorando esa amnesia se ha
podido comprobar que los bebés tienen una buena memoria
a largo plazo y que esa información no sufre en la
transición entre la vida pre-verbal y la verbal.
Pero no podemos saber si en la vida pre-verbal el bebé
tiene consciencia de esa memoria, ya que el recuerdo utiliza
el lenguaje.
Por
todo ello se ha sugerido que los bebés que aún
no han aprendido a hablar no tienen recuerdos conscientes,
mientras que los bebés parlantes sí los tienen.
Que el lenguaje juegue un papel crítico en este proceso
lo indica que las niñas, que suelen aprender antes
a hablar que los niños, tienen recuerdos más
antiguos de su niñez.
Se
ha propuesto la existencia de dos tipos de memoria. El primer
sistema operaría a lo largo de toda la vida y no
puede accederse a él intencionalmente; el segundo
sistema dependería del lenguaje y puede accederse
a él intencionalmente. Otros autores han planteado
que la memoria autobiográfica se desarrolla cuando
lo hace el concepto del yo o de sí mismo. Los niños
comienzan a utilizar la palabra 'yo' y 'mi' poco antes de
los dos años de edad y 'tú' uno o dos meses
después. Se calcula que el concepto del yo surge,
pues entre los 18 y los 24 meses de edad. En resumen: que
el acceso consciente al sistema autobiográfico que
depende del hipocampo coincide con el desarrollo del lenguaje
y con el desarrollo del concepto de sí mismo.
Correlatos neuronales de la consciencia
Cuerpo
y cerebro son observables por terceros. Pero la mente sólo
es accesible por el que la posee. Los pesimistas niegan
la posibilidad de salvar esa distancia. Sólo podremos
describir los correlatos de estados mentales, pero no cómo
esos correlatos generan la consciencia, el sentido del yo.
Otros argumentan que es absurdo llevar a cabo una investigación
sobre la mente que es el instrumento que se emplea en la
búsqueda de la solución del problema.
Algunos
científicos han abordado la prometedora tarea de
buscar los correlatos neuronales específicos de la
consciencia. Los diversos autores proponen diferentes estructuras
del cerebro para el asiento de la consciencia, estructuras
como los núcleos talámicos intralaminares,
el núcleo reticular, la formación reticular
mesencefálica, la red intracortical tangencial de
las capas I y II y los bucles tálamo-corticales.
Para
Francis Crick y Christof Koch la mejor manera de abordar
el tema de la consciencia es concentrarse en encontrar sus
correlatos neuronales y las funciones cerebrales que dan
lugar a las experiencias conscientes.
Edelman
y Tononi piensan que el sustrato neuronal de la consciencia
comprende grandes poblaciones de neuronas - en especial
las del sistema tálamo-cortical - que se encuentran
ampliamente distribuidas por todo el cerebro. Por otro lado,
ningún área concreta y única del cerebro
es responsable de la experiencia consciente.
Las
únicas lesiones cerebrales localizadas que tienen
como resultado la pérdida de la consciencia son las
que suelen afectar al llamado sistema reticular de activación,
situado en las porciones superiores del tronco cerebral
(las regiones superiores de la protuberancia y el mesencéfalo)
hasta el hipotálamo posterior, los llamados núcleos
talámicos intralaminares y reticulares y el cerebro
basal anterior. Su actividad es esencial para el mantenimiento
del estado de la consciencia. Se supone que no genera consciencia
por sí mismo.
En
seres humanos se han identificado varios correlatos de la
consciencia, como el bucle tálamo-cortical, un EEG
característico de ondas frecuentes y de baja amplitud
que va de 12-70 Hz y la formación reticular mesencefálica.
Se ha propuesto que la descarga sincrónica de neuronas
corticales, con una frecuencia de 40 Hz, también
conocida como oscilación gamma, sea el correlato
neural de la consciencia y sirva para unir la actividad
de diversas áreas corticales, en relación
con un mismo objeto. Pero estudios recientes en sujetos
anestesiados han podido mostrar que la frecuencia de 40
Hz puede existir sin consciencia.
Se
ha postulado que las células piramidales de la capa
V y VI de la corteza, cuyos axones proyectan fuera de la
corteza, serían responsables de la consciencia visual.
Los
neurocientíficos británicos Karl Friston y
Richard Frackowiak mostraron que las áreas que disminuyeron
su actividad cuando una actividad motriz es aprendida son
la corteza prefrontal y el área motriz suplementaria,
lo que puede indicar que estas regiones cerebrales están
implicadas en la producción de consciencia. La corteza
prefrontal se sabe que está implicada en la toma
de decisiones y el AMS es uno de los lugares implicados
en la iniciación de la acción. Las regiones
que participan en el control inconsciente de la actividad
motriz son probablemente la corteza parietal posterior y
el cerebelo. Es sorprendente la cantidad de corteza cerebral
que puede perderse sin que el individuo pierda la consciencia.
El
neurocirujano norteamericano Joseph Bogen tenía dos
pacientes que tras una operación habían conservado
sólo el hemisferio derecho. Perdieron las funciones
sensoriales y motoras de la parte derecha del cuerpo y casi
toda la capacidad de hablar, pero los sujetos estaban conscientes
y respondían apropiadamente a los estímulos.
Consciencia ocasional
El
nivel de consciencia se regula por el Sistema Activador
Reticular Ascendente, descubierto por Moruzzi y Magoun en
1949 y que es la formación reticular que se extiende
por el bulbo, la protuberancia y el mesencéfalo.
Las neuronas necesitan mantener un nivel de actividad determinado.
La formación reticular actúa no sólo
modificando el nivel de actividad, sino también modulando
las entradas y salidas, sobre todo las que salen de la médula
espinal. Podemos modular los niveles de consciencia alterando
la actividad de la formación reticular probablemente
desde la corteza prefrontal. Estas estructuras son necesarias,
pero no suficientes para la consciencia. Se necesita también
la actividad de neuronas corticales.
El
núcleo reticular del tálamo funciona como
un interruptor para la consciencia. Cuando el nivel de activación
del tronco del encéfalo disminuye, los circuitos
tálamo-corticales comienzan a oscilar. Este ritmo
sincrónico contribuye a la pérdida global
de consciencia como ocurre en el sueño no REM. En
el EEG se ven los husos característicos del sueño
y las ondas lentas. A este fenómeno se le ha llamado
"sincronización del EEG".
Cuatro
neurotransmisores juegan un papel en la función cerebral:
el sistema noradrenérgico del locus coeruleus, el
sistema serotoninérgico de los núcleos del
rafe, el sistema dopaminérgico del mesencéfalo
y el sistema histaminérgico del hipotálamo.
La noradrenalina y la histamina están implicadas
en la vigilia, la alerta y la atención; la serotonina
en frenar la acción motora, ayudándola para
que sea estímulo- y situación- específica;
la dopamina apoyando y facilitando el movimiento, la emoción
positiva y el pensamiento.
En
la visión hay una vía que va desde la retina
a la corteza visual primaria, pasando por el núcleo
geniculado lateral. Esa vía no implica consciencia.
En la corteza visual primaria, la información se
dirige luego a las áreas corticales donde está
representado el movimiento y a otras donde se representa
el color; de ahí pasa la información a células
que reconocen los objetos en la corteza asociativa temporal
inferior, donde la información se hace consciente.
La
cuestión es: ¿cómo se explica que unas
descargas neuronales de una región asociativa de
la corteza pueda ir acompañadas de consciencia y
otras no? Gerald Edelman piensa que esa pregunta puede contestarse
con lo que él llama "darwinismo neural",
que trata sobre la cooperación y competición
entre grandes grupos de neuronas; las que salen triunfantes
de esta competición serían las que van acompañadas
de consciencia. A esto Edelman le llamó la "hipótesis
del núcleo dinámico".
Se
sabe asimismo que la vía visual dorsal, que va desde
el área visual primaria hacia la corteza asociativa
parietal, también llamada la vía del "dónde",
que es capaz de localizar los objetos en el espacio, es
inconsciente, mientras que la vía ventral que se
dirige a las áreas asociativas temporales, llamada
vía del "qué" es consciente. Las
proyecciones de la corteza parietal a las áreas premotoras
son inconscientes, mientras que las proyecciones de corteza
parietal a la corteza prefrontal están relacionadas
con la consciencia.
Experimentos
realizados por Benjamín Libet mostraron que era necesario
estimular la corteza somestésica con un tren de impulsos
de al menos medio segundo para producir una experiencia
consciente. Libet llamó a este fenómeno la
"adecuación neural para la consciencia".
Este hecho significa que la consciencia tiene que estar
mucho más atrás en el tiempo que los sucesos
del mundo real y, por tanto, tiene que ser inútil
para responder a un mundo que se mueve rápidamente.
La
consciencia no es un fenómeno todo-o-nada, sino que
existen diversos niveles de consciencia. Y la transición
de la inconsciencia a la consciencia no es simplemente un
cambio de una inactividad a una actividad neuronal, sino
que supone un cambio en lo que hacen las neuronas, cambio
que hoy por hoy es desconocido.
Todos
estos resultados indican que la consciencia es un producto
de la actividad cerebral, pero que muchas de las actividades
de las neuronas cerebrales no van acompañadas de
consciencia.
¿Máquinas con consciencia?
¿Puede
crearse consciencia en una máquina? Los ordenadores
pueden resolver problemas que los humanos encuentran difíciles,
como la comprobación de teoremas, pero tienen enormes
dificultades en tareas fáciles para los humanos,
como el reconocimiento de objetos y la manipulación
de los mismos.
En
1997 el mejor jugador del mundo de ajedrez, Gary Kasparov
fue vencido por "Deep Blue", un ordenador IBM.
El ordenador era capaz de calcular 200 millones de posiciones
de las fichas del ajedrez por segundo, mientras que Kasparov
sólo podía procesar tres o cuatro posiciones.
Además, el ordenador no estaba sometido a emociones
o a estrés. La pregunta que se plantea es la siguiente:
si Kasparov es considerado un ser inteligente, ¿por
qué no podemos darle a Deep Blue la misma consideración?
Uno
de los ataques más relevantes a la idea de que la
IA podría desarrollar una mente ha sido la llamada
Habitación China del filósofo estadounidense
John Searle, un "Gedankenexperiment" en el que
una persona en una habitación recibe caracteres chinos,
los procesa siguiendo una serie de reglas, saca los resultados
correctos sin entender lo que significan.
Aunque
muchas actividades y acciones complejas pueden realizarse
de manera inconsciente, actividades más dinámicas
e interactivas, como el diálogo interpersonal, sólo
puede llevarse a cabo de manera consciente.
Ahora
mismo, en Internet, hay unidos cientos de millones de ordenadores,
y el ancho de banda de las conexiones crece cada año.
Algunas personas afirman que si Internet sigue creciendo
llegará a un tamaño en el que inevitablemente
se volverá consciente.
En
los últimos 50 años la densidad de empaquetamiento
de transistores en los circuitos integrados se dobla aproximadamente
cada dos años. Esta tasa de crecimiento exponencial,
llamada la ley de Moore, se espera que continúe durante
una década o dos, lo que supone un aumento del rendimiento
y una disminución de los costes. Se ha calculado
que en el año 2019 un ordenador típico de
mesa tendrá la capacidad del cerebro humano y costará
sólo unos 1000 dólares. Y se calcula que el
año 2029 se podrá construir una máquina
que pase el test de Touring.
En
1950 Alan Touring planteó la respuesta a la pregunta:
"¿Pueden pensar las máquinas?".
El test que lleva su nombre se aprobaría si durante
5 minutos la máquina podría responder de tal
manera que el interrogador no pudiese distinguirla de un
ser humano. Supongo que se necesitará más
que pasar el test de Touring para que una máquina
genere consciencia.
Conclusiones
El
dualismo que subyace a algunas de las teorías sobre
la consciencia plantea una cuestión importante, a
saber cómo superarlo, ya que a lo largo de la historia
de la filosofía este dualismo no ha podido aclarar
cómo es posible que un ente inmaterial pueda interaccionar
con la materia que es el cerebro. Por tanto, entiendo que
la superación de esta visión dualista ha ayudado
mucho a la neurociencia para plantearse el estudio de las
funciones mentales, considerando éstas como el producto
de la actividad cerebral.
Ahora
bien, la cuestión no es tan fácil, ya que
considero imposible liberarse completamente del pensamiento
o la visión dualista. Y pienso que es imposible porque
supongo que esta forma de pensamiento en antinomias o antítesis
podría bien ser una categoría más de
nuestra mente con la que analizamos el mundo. Estoy convencido
de que nuestro pensamiento lógico-analista es dualista,
nos hace ver el mundo en antinomias o conceptos contrarios.
Todos
tenemos la impresión de que nuestra experiencia consciente
subjetiva es algo distinto del mundo físico que nos
rodea y, si el cerebro pertenece a ese mundo físico,
como es el caso, nos resulta muy sencillo separar la actividad
cerebral de las experiencias subjetivas. De ahí que
el pensamiento dualista sea común a mitos y religiones,
a la filosofía y a la ciencia.
Me
hace pensar en una predisposición genética
que denomino "pensamiento dualista", aunque ya
previamente el psiquiatra de Pensilvania Eugene D'Aquili,
fallecido en 1998, lo llamó "operador binario",
una estructura, módulo o dispositivo neural que estaría
localizado en el lóbulo parietal inferior izquierdo.
El neuropsicólogo ruso Alejandro Luria tuvo un paciente
con una lesión en esa región cerebral y el
sujeto no podía ya distinguir entre los conceptos
contradictorios, como arriba/abajo, delante/detrás
o antes y después. Había perdido la visión
dualista del mundo que nos caracteriza.
Si
esto es cierto, entonces el dualismo que parecemos percibir
en la naturaleza no es tal, sino simplemente que nuestro
cerebro lo percibe así, pero que no existe en la
naturaleza, en el mundo exterior.
A mi entender, esta manera de ver el problema de la consciencia
dificulta enormemente su solución. En otro lugar
he argumentado que la experiencia mística, producida
no sólo espontáneamente, sino provocada experimentalmente
por estimulación de ciertas regiones del cerebro,
es una experiencia en la que una de sus características
es la anulación de la visión dualista, o sea,
la desaparición del yo frente al mundo, uniéndose
el sujeto con la naturaleza, el vacío o Dios.
Este
hecho nos está diciendo, en mi opinión, que
la visión dualista no es la única posible
con la que el cerebro se enfrenta a la realidad exterior.
Pero también nos dice que el cerebro es capaz de
generar experiencias espirituales, es decir, que considerar
a este órgano como materia, simplemente, no sería
correcto. Más bien habría que hablar de algo
así como "espiriteria", o sea la contracción
de espíritu y materia.
Esto
quiere decir que los conceptos "materialismo",
"espiritualismo", no son otra cosa que "dualismos
cojos" en el sentido que de la partición dualista
de una totalidad eligen solamente una parte.
En
cualquier caso, espero que haya quedado claro que estamos
aún lejos de comprender el salto cualitativo que
supone pasar de la actividad neuronal del cerebro a la experiencia
subjetiva de la consciencia. Aquellos que opinan que este
es un enigma insoluble y que nunca llegaremos a encontrar
una solución deberían considerar los enormes
avances que ha experimentado la neurociencia, sobre todo
en la segunda mitad del siglo pasado, y deberían
asimismo pensar que en ciencia la palabra "nunca"
no debe utilizarse. Por mi parte, considero que es posible
que sea el resultado de una visión dualista que habría
que superar.
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Conferencia
pronunciada por el Prof. F. J. Rubia en la Real
Academia Nacional de Medicina el 12 de enero de
2010, con motivo de la inauguración del curso
académico. Este texto se publicó originalmente
en el blog Neurociencias
del autor en Tendencias21. Francisco J. Rubia Vila
es Catedrático de la Facultad de Medicina
de la Universidad Complutense de Madrid, y también
lo fue de la Universidad Ludwig Maximillian de Munich,
así como Consejero Científico de dicha
Universidad.
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Francisco J. Rubia Vila
Tendencias 21
5 Feb 2010