Es
necesario cambiar la forma de pensar
Se necesita un nuevo tipo de pensamiento
complejo, a la vez sistémico, multidimensional
y ecológico que tenga en cuenta la dinámica
del Todo
Sergio
A. Moriello
Junio 2009
El
pensamiento está "situado", "enraizado"
dentro de un determinado paradigma temporal. Se necesita
un nuevo tipo de pensamiento "complejo", a la
vez sistémico, multidimensional y ecológico
que tenga en cuenta la dinámica del Todo. El pensamiento
está entrelazado con el sentimiento, la sensación,
la emoción y la acción. Por Sergio Moriello.

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El
pensamiento se define como la acción y el efecto
de pensar; mientras que pensar es el establecimiento de
nexos y de conexiones asociativas entre diferentes ideas
o conceptos. Tal es así que todo pensamiento habitual,
cotidiano, consiste en varios pensamientos simples entramados
[Machado, 1976, p. 76]. En efecto, los pensamientos son
inseparables y forman una trama continua, una inmensa red
de interacciones; unos se remiten sobre los otros y cada
cual implica al otro. Y se adaptan y cambian para ajustarse
a las exigencias del entorno
Es que, en realidad,
sólo se tiene un gran pensamiento con muchísimas
ramificaciones [Bateson, 1998, p. 51].
Por
último, el pensamiento está "situado",
"enraizado" dentro de las particulares circunstancias
sociales, culturales, institucionales e históricas
del propio pensador [Craig, 2002, p. 80]. En otras palabras,
el pensamiento está condicionado por un conjunto
de factores: por la propia experiencia pasada, por las generaciones
previas, por la sociedad actual, por el grupo étnico
de pertenencia, por la religión imperante, por el
lenguaje utilizado, por los medios de comunicación,
por la educación recibida y por las circunstancias
del momento. De allí que los términos "modo
de pensar", "paradigma", "perspectiva"
y "visión del mundo" muchas veces sean
sinónimos [Battram, 2001, p. 91].
El paradigma reduccionista
El paradigma que se originó en la Europa renacentista
(siglo XVII) y que prevaleció sobre la cultura occidental,
fue el "reduccionista", también llamado
"clásico" o "mecanicista". No
sólo ejerció su influencia sobre la ciencia
y la tecnología, sino también sobre la educación,
la economía, la política y las organizaciones.
En
esencia, utiliza la metáfora del reloj y percibe
la naturaleza como lo hace un relojero: un reloj es un objeto
que se puede armar y desarmar a partir de partes (agujas,
carcaza, resortes y engranajes). Es decir, opera por medio
de la desarticulación y la jerarquización,
separando lo "significativo" de lo "insignificante".
Se trata de un paradigma donde lo que se considera real
es todo aquello que es material, tangible, que impresiona
los sentidos físicos, que puede medirse
Sintéticamente,
este acercamiento postula la creencia en [Esteves de Vasconcellos,
2006, p. 65, 68/9]:
1. La "simplicidad", o sea, la creencia en que
cualquier sistema puede comprenderse más fácilmente
si se lo descompone hasta llegar a sus partes más
básicas, a sus elementos componentes; y de que es
posible recomponer el sistema por "simple" interconexión
de múltiples relaciones sencillas, fijas y rígidas
entre sus elementos. Este presupuesto también incluye
la creencia en que las interrelaciones son simples [lazos
causales lineales del tipo una (sola) causa genera siempre
un (mismo) efecto (y directamente proporcional)] y en la
perfección (no hay lugar para lo contradictorio,
lo dicotómico, lo ambiguo o lo difuso).
2. La "estabilidad", es decir, la creencia en
que la Realidad es externa, existe previamente desde siempre,
ya está fijada y acabada (en el sentido de ser inmutable)
y es una y la misma para todos. Relacionada con ella, está
la creencia en el orden (posibilidad de prever los fenómenos,
determinismo) y en la reversibilidad (posibilidad de controlar
dichos fenómenos).
3.
La "objetividad", que hace referencia a la creencia
de que es posible conocer objetivamente la Realidad tal
como es. A partir de allí se efectúan los
esfuerzos para alcanzar al uni-verso, la versión
"única" del conocimiento.
Aunque estas creencias han funcionado adecuadamente bien
para la comprensión y el control del medio ambiente,
se las considera falsas si se las analiza en un grado más
profundo. Es por eso que comenzaron a mostrarse cada vez
menos satisfactorias a medida que el Hombre se topaba con
problemas cada vez más complejos, multidimensionales,
dinámicos y globales. En síntesis, la Realidad
no se presenta dividida en procesos aislados y estables
(físicos, químicos, biológicos, psicológicos
o sociales), sino que cada uno de ellos se halla inseparablemente
entretejido con los demás. Así, por ejemplo,
en un proceso social, coexisten -al mismo tiempo- procesos
psicológicos, fisiológicos, anatómicos,
biológicos, químicos, físicos, etc.
El
paradigma sistémico-cibernético
A
fin de tratar de entender la Realidad de forma más
adecuada, se necesita un nuevo tipo de pensamiento "complejo",
a la vez sistémico, holístico, multidimensional
y ecológico; más global (menos local), más
circular (menos lineal) y más integral (menos parcializado).
Que tenga en cuenta el contexto, las interconexiones, las
estructuras y los procesos, la dinámica del Todo.
Complementario con el "viejo", este "nuevo"
pensamiento se focaliza en las interrelaciones (en vez de
las separaciones), en las interdependencias (en vez de las
concatenaciones causa-efecto) y en lo entramado (el juego
dialéctico de las múltiples inter-retroacciones).
Acentúa la idea de movimiento, de flujo, de proceso
en permanente construcción y reconstrucción
(en vez de instantáneas de la situación).
Gracias
a la aproximación sistémico-cibernética,
se puede pasar [Esteves de Vasconcellos, 2006, p. 101/2]:
1.
Desde el presupuesto de la "simplicidad" hacia
el de la "complejidad". El reconocimiento de que
no existe lo simple sino lo simplificado; es necesario admitir
la interrelación y profunda interdependencia dinámica
y simultánea en todos los niveles y dimensiones de
la Realidad. De ella surge, entre otras, la actitud de contextualizar,
el reconocimiento de la causalidad múltiple y recursiva
y la aceptación de lo ambiguo, lo difuso y lo contradictorio.
2.
Desde el presupuesto de la "estabilidad" hacia
el de la "inestabilidad". El reconocimiento de
que la Realidad no es inmutable sino un proceso, que cambia
y se transforma continua y permanentemente, auto-organizándose.
De ella surge la consideración del caos (imposibilidad
de prever algunos fenómenos, indeterminismo) y de
la irreversibilidad (imposibilidad de controlar dichos fenómenos).
3. Desde el presupuesto de la "objetividad" hacia
el de la "intersubjetividad". El reconocimiento
de que la realidad no existe sin alguien que la perciba
y la interprete, y de que el conocimiento de ella es un
proceso de construcción social dentro de espacios
consensuales. A decir verdad, el hecho de que varios o muchos
compartan las mismas percepciones (incluso al punto de no
generarse ninguna controversia práctica) no implica
que perciban la Realidad; sólo se puede concluir
que perciben aproximadamente lo mismo (pues comparten tanto
la estructura biológica como los modelos mentales
de su comunidad) [Echeverría, 1995, p. 70/1]. En
definitiva, y sólo por cuestiones pragmáticas,
"objetividad" es el modo cómo se denomina
a la intersubjetividad cuando existe consenso entre muchos
observadores [Guibourg, 2004, p. 46]. Aquí se evidencia
la importancia del lenguaje y de la comunicación.
El
pensamiento complejo
En
la actualidad se verifica una falta de adecuación
-cada vez mayor, grave y profunda- entre los conocimientos
(divididos, fragmentados, parcelados, encasillados y compartimentados
en disciplinas) y los problemas (interdependientes, transdisciplinarios,
multidimensionales, transnacionales y planetarios) [Morin,
2001, p. 13] [Morin, 1999, p. 15].
Para
el filósofo y político francés Edgar
Morin, existen tres principios que ayudan a achicar esta
brecha:
1.
"El principio dialógico", que asocia y
une dos conceptos a la vez complementarios y antagonistas,
pero indisociables y conjuntamente necesarios. Por ejemplo,
el orden y el desorden que -en general- se rechazan, pero
-en ciertos casos- colaboran y generan organización
y complejidad.
2.
"El principio de recursividad", que se contrapone
a la idea lineal de causa-efecto, de producto-productor,
de sistema-supersistema, ya que el todo constituye un ciclo
auto-constitutivo, auto-organizador y auto-productor. Es
un lazo cerrado en el cual los productos y los efectos son
-ellos mismos- productores y causadores de lo que los produce.
Por ejemplo, la sociedad es producida por las interacciones
de las personas que la componen, pero la sociedad -una vez
producida- retroactúa sobre dichas personas y las
produce.
3.
"El principio hologramático", que evidencia
que no sólo la parte está en el todo, sino
que el todo está en la parte. Por ejemplo, cada célula
que compone a un organismo tiene la totalidad de la información
genética de ese organismo.
4.
Pero los tres principios interactúan, a su vez, entre
sí: el dialógico está conectado al
hologramático que está ligado, a su vez, al
de recursividad organizacional que está, a su vez,
relacionado al dialógico
desde el cual se partió.
Unidades conceptuales complementarias
El
pensamiento basado sobre el nuevo paradigma complementa
al pensamiento reduccionista. Se focaliza en las interrelaciones,
en las interconexiones y en las interdependencias, en las
causalidades múltiples y en las realimentaciones.
Es que ningún fenómeno de la Realidad tiene
una única causa; las relaciones causales constituyen
una enorme trama y en esa inmensa red -con múltiples
caminos y muchísimos elementos- sólo las conexiones
más próximas (tanto en el tiempo como en el
espacio) pueden asimilarse a una cadena lineal y unidimensional
de causas y efectos [Riedl, 1983, p. 166].
Este
tipo de pensamiento posee una estructura dinámica
siempre abierta, en permanente construcción y reconstrucción
que se auto-organiza a partir de sus nuevas conexiones y
relaciones. Como habitualmente se encuentra en estado de
equilibrio inestable, todo nuevo concepto o idea modifica
las anteriores y/o posibilita la generación de discontinuidades
y cambios bruscos, estallidos ocasionales que el entorno
confirma o refuta, conserva o destruye; o sea, selecciona.
Por eso, el nuevo pensamiento debe afrontar y aceptar lo
difuso, lo borroso, lo inesperado, lo imprevisible, la incertidumbre,
la contradicción
Por otro lado, los pensamientos están profundamente
entrelazados con los sentimientos y las acciones. Lo que
uno piensa influye directamente en cómo uno siente
y actúa, de la misma forma que un pensamiento y una
acción modifican los sentimientos o como las acciones
y los sentimientos generan variaciones en los pensamientos.
A decir verdad, la experiencia humana es un único
movimiento, un todo indivisible, no existe separación.
Sólo desde el punto de vista pedagógico pueden
distinguirse diferentes procesos.
De
esta forma, primero aparece la sensación, la cual
provoca una emoción, que -a su vez- conduce a un
sentimiento-pensamiento y a un estado de ánimo, para
finalmente concluir en una acción. Así, cada
acción genera un sentimiento-pensamiento y muchas
veces aparece una emoción; así como cada emoción
puede influir sobre el modo en que la persona piensa, siente
y actúa. No se debe olvidar que, evolutivamente,
las sensaciones y las emociones son anteriores a los sentimientos
y a los pensamientos.
Pensamiento
y lenguaje
Se
puede decir que el pensamiento (y, en consecuencia, el sentimiento
y la acción) depende del conocimiento y del lenguaje.
Si se cuenta con poco conocimiento, el pensamiento se limita.
Por eso la comunicación y el aprendizaje son tan
importantes. En efecto, la mayor parte del pensamiento tiene
un origen colectivo. Nadie puede sustraerse de la influencia
del pensamiento ajeno que ayuda al propio pensar. Si bien
cada persona piensa sola, de manera individual (y muchas
veces individualista), también implica a los demás,
ya que cada uno tiene incorporado una enorme cantidad de
personas (pretéritas y presentes) que ejercitaron
su pensamiento a lo largo de más de tres milenios.
Por
último, puede decirse que cualquier cosa que afecte
el desarrollo del lenguaje también afecta al pensamiento
y viceversa, pues están íntimamente ligados
y se influyen de manera recíproca. Así, cuanto
mejor sea el dominio del idioma que posea la persona, más
ideas puede barajar su mente (y más si utiliza varios
idiomas). De forma inversa, un escaso dominio del idioma
dificulta expresar matices diferenciales finos de percepción,
razonamiento, emoción, sentimiento y resolución
de problemas que exigen alto grado de abstracción
[Boyle, 1977, p. 64].
El
lenguaje es el medio principal con el que el homo sapiens
otorga sentido a su experiencia, con el que se comunica,
intercambiando y compartiendo datos, información,
conocimientos, ideas, experiencias, pensamientos, sentimientos,
juicios, creencias, intenciones, etc. Pero se debe tener
en claro que -al igual que el pensamiento- no se trata de
un fenómeno individual, sino que es un fenómeno
social: una única persona no puede generar lenguaje;
éste emerge a partir de un proceso de interacción
social [Echeverría, 1995, p. 343].
Como
producto colectivo, está continuamente reconstruyéndose
y complejizándose cada vez más, a medida que
se acentúa la necesidad de comunicación por
efecto de la globalización: surgen nuevas palabras
y frases, otras se incorporan desde diferentes idiomas y,
a menudo, se modifican los significados existentes de forma
sutil.
Sergio
A. Moriello es Ingeniero en Electrónica,
Postgraduado en Periodismo Científico y en Administración
Empresarial y Magister en Ingeniería en Sistemas
de Información. Lidera GDAIA (Grupo de Desarrollo
de Agentes Inteligentes Autónomos, UTN-FRBA) y es
vicepresidente de GESI (Grupo de Estudio de Sistemas Integrados).
Es autor de los libros Inteligencias Sintéticas (Alsina,
2001) e Inteligencia Natural y Sintética (Nueva Librería,
2005).