LA
AUTOCONSISTENCIA MATEMÁTICA
POSIBLE INDICIO DE LA EXISTENCIA DE DIOS
Sigue impulsando la imaginación filosófica
del creyente científico
De la Revista Tendencias 21 (www.tendencias21.net)
Importantes
autores como Alfred N. Whitehead, Roger Penrose y, con mayor
actualidad, el último Premio Templeton 2008, el profesor
polaco Michael Heller, han replanteado el eterno problema
platónico del estatus ontológico de las esencias
matemáticas. Whitehead consideró el papel
de los "objetos eternos" en la esencia divina
y Heller ha presentado una cosmología teísta
en torno a la racionalidad matemática del universo.
La autoconsistencia del universo matemático sigue
impulsando la imaginación filosófica del creyente
científico, que puede verosímilmente entenderla
como una manifestación o epifanía de la esencia
divina.
Por
Gabriel Llorente.
Alentado
por el eterno problema platónico de las esencias
y por autores como Whitehead, Penrose o Michael Heller quiero
plantear mis reflexiones sobre la autoconsistencia matemática
y mi modo de entenderla como epifanía de la esencia
divina.
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Evidentemente no se trata de ninguna "prueba"
de la existencia de Dios, ni nada parecido, sino
sólo de una "iluminación"
sobre el universo matemático para quien ya
está en la creencia y ve todo el universo
como una manifestación de la ontología
divina. Expongo mis reflexiones como sugerencia,
sin tener la seguridad de hallarme plenamente en
posesión de la verdad. Me parece que son
reflexiones originales y abrigo la esperanza de
que puedan ofrecer nuevas, sugestivas y quizás
convincentes respuestas a viejos interrogantes.
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Al
reflexionar sobre las entidades matemáticas nos encontramos
con algunas que podemos calificar como estructuras o entidades
matemáticas autónomas (o autoconsistentes).
Algunos ejemplos: el valor del numero" pi". El
hecho de que determinados números enteros sean primos
y tengan determinadas propiedades. La existencia de cinco
poliedros regulares y solo cinco.
Encontramos
entidades o estructuras autónomas en las Matemáticas,
en la Física, en la cristalografía y en otras
ciencias. A todas, en lo sucesivo, para simplificar, denominaré
estructuras o entidades o realidades matemáticas.
Llamaré universo matemático a la globalidad
de las entidades matemáticas autónomas.
Llamo
autónomas a las entidades matemáticas (como
las de los ejemplos citados) que no deben su naturaleza
ni sus características a ninguna decisión
de una entidad externa a ellas y que no pueden ser modificadas
por una voluntad exterior. Como un explorador encuentra
una flor exótica, el intelecto humano en sus reflexiones
localiza o encuentra estas entidades autónomas, no
las crea.
Las
entidades matemáticas autónomas han de ser
diferenciadas de las herramientas y artificios mentales
inventados o construidos por el hombre para transitar con
mayor comodidad por el universo matemático (por ejemplo,
el cálculo vectorial infinitesimal) Estas entidades
matemáticas autónomas, por consiguiente, reúnen
las características que los filósofos asignan
a los entes necesarios los cuales son como son por si mismos,
nunca fueron de una manera distinta ni nunca serán
diferentes. Según Francisco Suárez (1569-1624)
son necesarios los entes que no pueden dejar de ser como
son. De modo indirecto lo proclama cuando afirma: "Quod
potest non esse necessarium non est" (Disputationes
Metaphysicae XXXV, 55)
No
existen porque haya un ser pensante que los albergue en
su mente. Su existencia es anterior a la existencia de la
raza humana. Cuando aun no había ningún ejemplar
de homo sapiens merodeando por las selvas los poliedros
regulares eran cinco y solo cinco.
Las
modernas concepciones de física corroboran la realidad
y la existencia de las estructuras matemáticas autónomas.
En efecto el principio de la dualidad entre ondas y corpúsculos
formulado por el físico Louis de Broglie y la mecánica
cuántica señalan que el cosmos físico,
cuya existencia constatamos, no es sino la cara perceptible
de entidades matemáticas necesarias.
Dios y las esencias matemáticas
El
universo de las entidades matemáticas en definitiva
es necesario, existe y no puede ser modificado por ninguna
causa exterior. Dios por tanto no es superior a él,
lo que solo es admisible si este universo matemático
coincide con la esencia divina o participa de ella. Así
pues, al identificar entidades matemáticas necesarias
hemos constatado la existencia de un Ente necesario. Me
estremece expresarlo: en algún modo hemos visto a
Dios.
El
ser necesario que hemos divisado, por sus atributos de necesidad
e infinitud ha de ser necesario e infinito. Del hecho de
ser necesario e infinito se desprende que ha de estar también
adornado de las prerrogativas de omnipresencia, omnipotencia,
omnisciencia y cuantas perfecciones puedan adornarle, bien
es cierto que entendidas en forma análoga a la que
adoptan cuando se predican de los seres creados. En los
maestros de la Teodicea como Suárez se encuentra
esta deducción.
La
aceptación de mis reflexiones no implica automáticamente
la presentación de la imagen de Dios tal y como nos
la ofrece la revelación cristiana. Pero puede ser
un primer paso para que un humano acepte en etapas posteriores
una imagen de Dios más vivencial y existencial.
A
quien atentamente escudriña los secretos del universo
matemático y físico se hace presente una Epifanía
de Dios, es decir su presencia perceptible. Es el propósito
de estas reflexiones, permítaseme insistir, señalar
un camino que conduce a la atalaya desde la que con humildad
y admiración puede contemplarse el esplendor de esta
Epifanía en una de sus facetas: el universo matemático.
Mi
intención no es, pues, construir una nueva "demostración"
de la existencia de Dios, sino tímidamente sugerir
una forma de enfocar nuestra visión intelectual,
desde la creencia, que permita en alguna medida "constatar
o percibir" directamente la existencia de Dios. Discurren
estas reflexiones en ese territorio en que la Filosofía
tiene fronteras con las Matemáticas y la Física.
No aporto nuevas teorías físicas o matemáticas,
si bien aventuro algunas formas nuevas de dar sentido a
concepciones científicas tradicionales desde el punto
de vista de los creyentes.
En
cuanto a la filiación filosófica y teológica
de mi trabajo tengo que aclarar que me sitúo en la
rama del saber usualmente denominada Teodicea, ciencia que
-sin rechazar explícitamente otras vías de
conocimiento - discurre sobre Dios con las herramientas
de la razón. Grandes teólogos (vg. Francisco
Suárez en sus "Disputationes Metaphysicae")
han consagrado a la Teodicea una parte importante de sus
desvelos. En nuestro caso, hablamos de cuestiones referentes
a Dios, pero bajo la iluminación de los resultados
de la matemática y de la ciencia física.
Hallazgo y descripción de las estructuras matemáticas
autónomas
El
pilar fundamental de mi propuesta filosófica es la
constatación de que la reflexión sobre el
universo de las Matemáticas, de la Física,
de la Química y de otras ramas de la ciencia (en
lo sucesivo unificadas en el término" matemáticas")
nos permite identificar determinadas y "singulares
realidades" que a continuación describiremos,
para las que hemos adoptado las denominaciones de estructuras,
formas o entidades autónomas o autoconsistentes por
ser su autonomía su principal especificidad .
En
la teoría de los números, en la geometría
métrica (transmitida sin alteración desde
hace varios milenios), en los estudios sobre grupos finitos
o infinitos, en la configuración de los campos físicos
de fuerzas, en las leyes cosmológicas, por solo citar
algunas áreas, se localizan ejemplos de estructuras
matemáticas autónomas o autoconsistentes.
En
relación con las propiedades de los números
cabe recordar que ya los pensadores griegos reconocían
que en los números enteros hay algo trascendente,
excepcional y quizás divino cuando proclamaban "Dios
hace aritmética" o "Dios se ocupa de los
números" o "Dios está en los números"
(he traducido libremente el aforismo griego O Theos arithmetidsei)
Estas
estructuras o entes, a las que me refiero, han sido halladas
o encontradas o descubiertas por el ser pensante al deambular
por el mundo matemático del mismo modo que un atento
astrónomo, al observar el firmamento encuentra una
estrella (que él no crea).
Ni
el filosofo erudito ni el matemático laborioso las
ha inventado o construido ni las pueden modificar. Por ello,
estas estructuras han de diferenciarse cuidadosamente de
los artefactos, algoritmos, nomenclaturas y otras herramientas
matemáticas que el saber humano ha diseñado
o construido para facilitar el discurso matemático.
Un
ejemplo de esta diferenciación puede encontrarse
confrontando la Ley de Coulomb, que es una estructura matemática
autónoma con el artefacto matemático que la
formula (que es la primera ecuación de Maxwell) y
que se expresa recurriendo al cálculo vectorial infinitesimal
que es una herramienta creada por el hombre.
Autonomía
v necesidad
Señalamos
a continuación cuales han de ser algunos de los atributos
o prerrogativas de las que gozan las estructuras de las
que nos ocupamos para que puedan ser consideradas autoconsistentes
o autónomas.
La
característica más definitoria es que no dimanen
de ningún ente exterior a ellas. Que ningún
agente exterior haya determinado libremente su configuración,
esencia y que así mismo no haya ninguna entidad exterior
a ellas que pueda modificarlas, alterarlas o cancelar su
vigencia. En el territorio de la geometría euclidiana
aparecen muchas entidades de tales características.
Con
Francisco Suárez, podemos llamarlas necesarias porque
no pueden dejar de ser ni pueden ser de otra manera distinta
a la que las define y caracteriza. No hay para ellas hora
cero ni tienen fecha de caducidad.
Como
necesarias son eternas, en cuanto a su existencia y en cuanto
a su misma estructura (o esencia) ya que no se da un "antes"
o un "después" en que carezcan de existencia
o tengan una forma diferente. En otros términos no
hay un tiempo anterior a ellas en que no tuvieran vigencia
ni otro posterior a ellas en el que carezcan de su conformación.
Es
cierto que en algunas estructuras matemáticas autoconsistentes
(particularmente en las relacionadas con la Física)
aparece el tiempo como característica de la estructura,
pero también en este caso la estructuración
espacio-temporal es autónoma o autoconsistente. En
este supuesto podrían suscitarse dudas sobre la autonomía
y la autoconsistencia ya que no se daría en ellas
inmutabilidad.
Me
interesa estudiar con mayor detenimiento, e invito a hacerlo,
la existencia de estructuras autoconsistentes con parámetros
temporales. Como solución de urgencia sugiero que,
en este supuesto, la autoconsistencia consiste en que la
sucesión de configuraciones no puede producirse mas
que de una manera.
Particularizando
estas consideraciones y refiriéndolas a las cuatro
ecuaciones de Maxwell me parece patente que la primera de
ellas (en que no figura el tiempo) es autoconsistente y
autónoma. Abrigo la fundada convicción de
que lo son las dos ultimas, en que figura el tiempo. Pero
entiendo que serán necesarias ulteriores indagaciones
para confirmarlo.
De
todas maneras para la eficacia de mi teoría basta
con que se identifiquen algunas estructuras matemáticas
autoconsistentes de las que no contienen en su configuración
el hecho temporal.
Multiplicidad
y unidad
La
contemplación del universo o mundo matemático
nos permite, como ya se ha indicado, espigar algunas estructuras
autoconsistentes. Denomino universo o mundo matemático
a la totalidad ilimitada e infinita de las entidades matemáticas
autónomas y autoconsistentes. Su consideración
global nos enseña que el Ser es múltiple.
Conocer
su totalidad es un empeño imposible para la limitada
capacidad humana. Su totalidad constituye una realidad ilimitada
e infinita que pertenece a la entidad total que denominamos
el Ser o participa de la esencia del Ser.
Una
aporía que queda por dilucidar es si la esencia del
Ser es mas amplia que la totalidad de las estructuras matemáticas
autoconsistentes. Aceptando mis teorías se eluden
las presentaciones esfumadas del Ser frecuentes en tratados
filosóficos que dan una idea del ser como una especie
de burbuja vaporosa, sin rostro ni contornos ni características
del que solo se predica su existencia.
La
riqueza y multiplicidad del Ser que en nuestra teoría
se muestra no rechaza su unidad. Las estructuras o entidades
matemáticas autónomas, participantes del Ser,
no están desvinculadas unas de otras Su estudio nos
revela que hay entre ellas singulares vínculos, ensambladuras,
coincidencias y pasadizos que las unen en virtud de los
cuales el universo matemático aun siendo múltiple
se nos presenta unificado. Rico en diversidad pero interconectado
en una armonización unitaria. Como ejemplo anecdótico
vale citar el hecho de que determinadas propiedades de los
números que forman la conocida serie de Fibonaci
muestran conexiones con la relación áurea.
Otra
consolidación de la unidad: en razón de las
interacciones gravitatorias y electromagnéticas todos
los seres que pueblan el universo en un instante dado están
conectados entre sí. Cada partícula del universo
atrae y es atraída por todas las demás por
muy lejanas que se encuentren.. Sostengo personalmente la
tesis de que también interactúan con las que
existieron antes y con las que existirán después
(véase mi artículo: "La interacción
con el futuro; una hipótesis cosmológica generalizadora
de las interacciones físicas", publicado en
la revista Anthropos, en diciembre de 1988)
Metafóricamente
hablando el Ser es un edificio de una polivalente, infinita
y maravillosa arquitectura. No es un montón de materiales
apilados al azar. Es un edificio de armonica arquitectura.
En conclusión nuestra teoría descubre que
el Ser, totalidad de las estructuras autoconsistentes goza
de una perfecta unidad, como han proclamado todos los metafísicos
y muy en particular los escolásticos
Seria
una interesante tarea matemática construir al menos
parcialmente el mapa u organigrama o de las estructuras
matemáticas autoconsistentes. En que aparecieran
las conexiones, las coincidencias, otros parentescos y filiaciones
que las relacionan. Dicho de otra forma elaborar el árbol
generalógico de todas las estructuras matemáticas
autoconsistentes partiendo de sus raíces hasta llegar
a sus ultimas ramificaciones.
Es
cierto que nuestra mente limitada nunca podría alcanzar
esa meta plenamente. Pero si lograse algún resultado
parcial con ello una visión mas completa de la riqueza
y unidad del universo matemático que contemplamos.
Resultado de indudable interés científico
y tal vez también filosófico y teológico.
Un
objetivo utópico seria construir un mapa ramificado
o árbol genealógico de las estructuras autoconsistentes
que partiendo de la raíz que es lo uno llegara a
lo múltiple y se extendiera hasta los últimos
confines de la estructura del Ser. Aunque el objetivo es
inalcanzable, un resultado parcial ofrecería importantes
conclusiones.
Existencia
de las estructuras autoconsistentes
En
mi propuesta tiene máxima importancia reconocer que
las estructuras matemáticas autónomas son,
existen, tienen existencialidad. Utilizando terminologías
tradicionales procede afirmar que no son entidades del plano
lógico o noético sino del ontológico
o propio de la realidad. Tienen existencia por si mismas
no porque haya un ser humano que piense sobre ellas.
Una
vía que conduce a esta conclusión es precisamente
la constatación de que no son una construcción
mental o si se quiere un "constructo" (ahora esta
de moda el uso de este termino temeroso mas propio de las
obras públicas que de la Filosofía) de la
mente humana y de que su vigencia no esta condicionada al
hecho de que haya seres pensantes que las conozcan. Las
estructuras geométricas autónomas estaban
vigentes antes de que Euclides escribiera su obra inmortal.
Ninguna
mente o voluntad puede diseñadas a su capricho ni
las puede alterar. Antes de que el primer homo sapiens merodeara
por las selvas ya se cumplía la ley de la gravedad.
Por ello las estructuras autonoconsistentes gozan de una
realidad ontológica autónoma.
Las
estructuras o diseños autónomos poseen un
grado de realidad y de existencia que les diferencia del
no ser. Las hipotéticas estructuras contradictorias
están en un nivel negativo en la escala del ser y
del existir. Un poliedro regular cuyas caras fueran octógonos
pertenece a la categoría del no ser.
Solo
una concepción ingenuamente materialista del Ser
puede exigir que para que exista la entidad entidad matemática
autónoma que es el dodecaedro sea necesaria su materialización
en piedra o en madera. O al menos en metacrilato.
Otra
vía para corroborar la existencialidad de las estructuras
autoconsistentes es la atenta contemplación del cosmos
físico, realizada bajo el prisma de la aceptación
del principio de la dualidad onto-cósmica (neologismo
del cual me hago responsable) hoy generalmente admitido
por los científicos como mas adelante declaro. Este
principio no es sino una generalización para toda
la realidad cósmica del principio o de la dualidad
onda-corpúsculo establecida por el físico
francés Luis de Broglie en 1909. En formulación
simplificada este dualismo implica que el cosmos que percibimos
es la cara perceptible o fenoménica del cúmulo
de estructuras matemáticas autoconsistentes que constituyen
su ser.
En
conclusión, como percibimos la existencia de la cara
sensorial o fenoménica del cosmos, inferimos la existencia
de la cara óntica o sea las estructuras matemáticas.
La presencia y la esencia de Dios
Todo
el que se ejercita en la indagación intelectual de
que nos ocupamos, al constatar la existencia de estructuras
matemáticas autónomas, se pregunta de inmediato
si Dios podría anularlas o alterarlas. La respuesta
ha de ser evidentemente negativa. Dios no puede anular ni
alterar lo que necesariamente existe. Ahora bien que Dios
no pueda anular determinadas estructuras impone una limitación
al Ser Supremo, limitación incompatible con la misma
esencia del Ser Supremo que esta por encima de todo ser.
Por
ello es me gusta concluir que las estructuras autoconsistentes
se identifican con la esencia divina o pertenecen a ella.
Son como un reflejo del Ser dado en Dios; algo que le pertenece
ontológicamente, sin constituir una dimensión
real ajena a la divinidad. Al contemplar el universo de
estructuras matemáticas autónomas contemplamos
en alguna manera la esencia de Dios o, en términos
poéticos, asistimos asombrados a una Epifanía
de la esencia Divina.
La
esencia divina se manifiesta en la creación, pero
también se manfiesta en el universo de las entidades
matemáticas autónomas, e incluso en aquellas
creadas por la mente humana. Son formas diferentes de manifestación
que el creyente constata que cabe distinguir por sí
mismas. Y una de estas manifestaciones es la de las esencias
matemáticas autónomas: aquellas que conocemos
ya y otras muchas que probablemente no conocemos. Esta es
la conclusión esencial que trato de explicar.
Mis
reflexiones no tienen como objeto formular una argumentación
para demostrar la existencia de Dios sino que se proponen
señalar con reverencia y admiración que en
el universo de las estructuras matemáticas de alguna
manera se nos manifiesta su presencia.
Este
reconocimiento se produce en el ámbito de la creencia.
En la contemplación de este infinito universo (matemático
y cósmico) se nos han abierto los cielos y entre
jirones de nubes hemos asistido con asombro a la aparición
de la Gloria de Dios.
Ofrece
ciertas dificultades -hay que reconocerlo- eludir el panteísmo
en esta concepción. Pero no parece mayor esta dificultad
en esta teoría que en otras reflexiones de la Teodicea.
Siempre es difícil armonizar el principio de la infinitud
de Dios con su plena diferenciación de las criaturas,
ya que esta plena diferenciación le restaría
infinitud. Pero en realidad el pensamiento cristiano no
puede prescindir de dimensiones holísticas que son
exigidas por entender que el universo está en Dios
y nace de la ontología divina.
Me
remito a las respuestas dadas por los maestros de Teodicea
a esta objeción. Me atrevo sugerir una solución
tomada de las concepciones matemáticas. En los sistemas
matemáticos se dan entidades singulares o singularidades
(puntos singulares de una función, curvas singulares
de una familia de curvas...). Los entes creados, englobados
en el Ser pero dotados de diferenciación, serían
singularidades en el universo matemático total.
También
podría objetarse a nuestra propuesta el hecho de
que no define a Dios con los atributos de inteligencia,
voluntad, libertad, bondad, espíritu paternal, omnipotencia,
omnisciencia, providencia y otros que tradicionalmente se
Le reconocen. Esta objeción puede lógicamente
surgir en quienes están felizmente imbuidos de una
profunda vivencia religiosa y que perciben a Dios existencialmente
como una presencia viva, personal y amorosa, adornada de
todas las prerrogativas positivas que puedan concebirse.
Según
nuestro planteamiento una vez conocido que Dios existe,
que es necesario, infinito y Supremo, puede llegarse por
sencillos razonamientos a la conclusión de que posee
todas las maravillosas prerrogativas que hemos enunciado
y cualquier otra que incluya perfección. Estas deducciones
filosóficas pueden encontrarse en los tratadistas
de Teodicea como el citado Francisco Suárez en sus
Disputationes Metaphysicae.
Al
atribuir a Dios prerrogativas como las mencionadas (bondad,
inteligencia., libertad, etc.) No se ha de olvidar que los
atributos que se predican de una criatura se predican o
atribuyen a Dios de manera analógica. Del mismo modo
que la iconografía religiosa recurre a antropomoformismos
para definir prerrogativas divinas (recuérdese la
imagen del Padre eterno como venerable anciano en la representación
de la Santísima Trinidad de Velázquez) también
el lenguaje acude a terminología antropomórfica
y metafórica para expresar atributos divinos (como
puede ser referirse al entrañable amor paternal de
Dios). Cuanto de positivo tiene la virtud de la ternura
paternal la tiene Dios en grado sumo pero de manera analógica,
no formalmente idéntica a la ternura paternal humana.
La existencia de las estructuras matemáticas corroborada
por la ciencia
Retorno
a comentar reflexiones ya esbozadas que corroboran, apoyándose
en teorías científicas consolidadas, la existencia
de las estructuras matemáticas. Para mi propuesta
es indispensable reconocer esta existencialidad.
La
teoría de de Broglie acerca de la dualidad onda-corpúsculo
establece que una radiación luminosa es a la vez,
y según se mire (valga la expresión familiar),
una onda y una partícula. La radiación luminosa
(es decir la onda electromagnética) del binomio onda-partícula
(en la luz) ha de ser incluida en el capítulo de
estructuras matemáticas autoconsistentes. Reitero
aquí una afirmación anterior: si se analiza
detenidamente la configuración de las ondas electromagnéticas
y la naturaleza de las ecuaciones de Maxwell (que son su
forma estructural esencial) puede concluirse que tal consideración
esta justificada.
Reproduzco,
por su importancia al respecto, afirmaciones de Richard
Feynman, premio Nóbel de Física, contenidas
en la obra "The Feynman lectures of Physics".
Dice en el Volumen 1, pag 2-7 : "There is no distinction
between a wave and a particle." ....."So quantum
mechanics unifies the idea of the fields and its waves and
the particles: all into one" (No hay distinción
entre una onda y una partícula
De esta manera
la mecánica quántica unifica las ideas sobre
los campos y sus ondas con las ideas sobre las partículas:
todo es lo mismo). Traducido a mi lenguaje: El universo
de las estructuras matemáticas y el universo material
son la misma cosa.
Y
mas adelante en el mismo Volumen, paginas 10-9, asegura
"The fact that the electromagnetic field posess momentum
and energy makes the fiel very real" (El hecho de que
el campo electromagnético tenga momento cinético
le hace ser una entidad real). Las traducciones son libres
y ad sensum.
(Ampliando
referencias a esta teoría me permito recordar que
actualmente se considera una interpretación ingenua
y poco rigurosa de la realidad describir un átomo
como un sistema planetario en el que el núcleo hace
el papel del Sol y los electrones circundantes el papel
de cometas. Se considera más exacto entender que
el núcleo atómico esta rodeado de realidades
ondulatorias (estructuras matemáticas) concéntricas
con el átomo).
El
dualismo onda-partícula establecido por de Broglie
y consolidado por la mecánica quántica ha
quedado pues extendido al cosmos o universo en su totalidad.
Se puede pues afirmar que ha quedado establecido el principio
general de la dualidad ontocósmica. Según
este principio el universo entero no es en definitiva sino
un inmenso conglomerado de estructuras matemáticas
autónomas que son la cara estructural y necesaria
de una realidad que tiene también una cara sensorial
o perceptible. A los humanos sólo nos resulta perceptible
la faz material de dicho conglomerado.
Pues
bien si nos consta la existencia de la faz sensorial del
universo, obtenemos también la seguridad de la existencia
de la faz estructural del binomio onto-cósmico. Ya
que ambas son facetas de la misma realidad. Por mi parte
me atrevo a sostener que en esta dualidad es el aspecto
estructural (la faceta ondulatoria) el que posee fundamentalmente
la existencia.
(Aporto
como prueba sencilla que en numerosos supuestos consta la
existencia de la faceta estructural sin manifestaciones
de la cara sensorial. Una onda electromagnética que
nos transmite mensajes desde un satélite tiene realidad
en grandes espacios vacíos sin manifestaciones sensoriales
o materiales. En una descripción hecha con trazo
grueso califico a esta onda como una arruga o pliegue del
vacío o de la nada. Es una estructura no materializada,
cuya existencia esta fuera de duda. Conclusión: las
estructuras matemáticas existen y se manifiestan
de extraña manera en la realidad fenoménica).
Consiguientemente
el cosmos que contemplamos no es sino la parte fenoménica
de las estructuras matemáticas autónomas.
Puesto que tenemos certeza de la existencia del cosmos por
nuestra capacidad de percibir su cara fenoménica,
tenemos también la certeza de que existe el universo
de las estructuras matemáticas autoconsistentes que
la ciencia postula con argumentos y que nosotros, como creyentes,
hemos identificado verosímilmente como integradas
en la esencia del ser necesario, causa ontológica
y creadora de toda la realidad.
Por
ello, al contemplar el Universo constatamos que existe el
universo de las estructuras matemáticas necesarias
y asistimos por ellas a una de las facetas de la Epifanía
de Dios.
Observaciones
finales
A
partir de lo expuesto se pueden añadir algunas reflexiones
finales. Me limito a dos.
El
principio de la dualidad onto-cósmica, como ya he
indicado, difumina las fronteras entre lo inmaterial y lo
material: entre lo que también podría denominarse
lo espiritual y lo material. Esta ausencia de fronteras
podría facilitar la aceptación de la presencia
de "el espíritu" y de "lo espiritual"
a la que hace apelación la religión, todo
ello dentro de una visión unitaria y holística
del universo en Dios.
Otra
consideración es que aun aceptando el principio de
la dualidad ontocósmica (que nos permite de algún
modo "sentir" a Dios en el mundo) hay que reconocer
que no es plena ni absoluta la identificación entre
la cara estructural y la cara fenoménica de esa única
realidad. Esa diferenciación compatible con una gran
identificación, abre la puerta para aceptar que,
en algún modo, se ha producido un hecho por el cual
Dios ha creado el mundo como algo diferenciado, tal como
enseña la religión. En otros términos
para reconocer que Dios es Creador.
Este
hecho creativo -implicado en ese matiz diferenciador señalable
en la dualidad onto-cósmica- no tendría que
entenderse como la actividad material de un artífice
que fabrica un producto a partir de algo. Los teólogos
y comentaristas actuales de la Biblia, en efecto, no interpretan
de modo literal la descripción del origen del primer
hombre formulada como el modelado de una figura humana,
a partir de un trozo de barro. El universo, en sentido cristiano,
ha sido creado ex nihilo, presuponiendo sólo la unitaria
y absoluta ontología previa del Ser Divino.
Gabriel
Lorente, doctor en ciencias físicas, Facultad de
Física en la Universidad Nacional de Educación
a Distancia, Madrid.
Lunes
06 Octubre 2008
Gabriel Lorente
Fuente
http://www.tendencias21.net