"Las pasiones han sido puestas en nuestra
naturaleza por Dios, con objeto
de que ejerzan sobre nuestra voluntad una acción estimulante
o de refuerzo.
Cuanto más vivas son las pasiones, tanto más
enérgica es la obra de la voluntad".
Santo Tomás de Aquino.
Francisco
Bascuñán Walker
Abril 2009.
Quiero
escribir esta nota dirigida a mis hijos y sus amigos, a
los jóvenes que nos rodean y a todos aquellos que
sientan que tienen la vida por delante.
Mucho
les he transmitido acerca de la importancia de estudiar,
de tener buenos logros académicos y de enfocarse
a la universidad. También les he expresado lo importante
de tener un "titulo" para trabajar. Sin embargo
creo que no esta demás enfocarse a lo realmente importante.
Esto es la capacidad de ser un hombre libre. De tener voluntad.
La
voluntad (o también entendida por fuerza de voluntad)
es la capacidad de ponernos en acción o de persistir
en la dirección que queremos para lograr nuestros
objetivos. Es como nuestra musculatura del alma, sin ella
estamos esclavizados a las circunstancias internas o externas
de la vida.
Pero
la voluntad no se adquiere sin esfuerzo, como toda musculatura
requiere entrenamiento. No basta con ejercitarla un día
y luego otro no. Si queremos desarrollar nuestros músculos
debemos entrenar todos los días, con el peso correcto,
pues, si trabajamos con mucho peso nos podemos lesionar
y deberemos abandonar nuestro propósito por un tiempo
hasta recuperarnos. Por otro lado si trabajamos con muy
poco peso nuestros músculos no se desarrollarán
como queremos.
Es
aquí donde aparece este concepto tan difícil
y que genera tanto anticuerpo en ustedes, La Disciplina.
La disciplina es un instrumento maravilloso para desarrollar
la voluntad, pues nos dota de conciencia en nuestra acción
cotidiana y nos llena de fuerza para completar nuestro propósito.
La disciplina es el camino del discípulo y a través
de él descubriremos a Cristo dentro de nosotros.
Ahí radica nuestra verdadera fuerza.
La
disciplina nos permite poner en acción nuestra voluntad
como un entrenamiento habitual, basta con un propósito
sostenido. Pequeñas cosas que hechas en forma consciente
te irán despertando. Cada uno puede elegir su propia
disciplina, pero tratemos que una vez lograda sea un buen
hábito pues permanecerá con nosotros un largo
tiempo. Todas aquellas disciplinas de limpieza interna y
externa pueden ser conducentes a un no-viciado. Hablar bien,
no comer o tomar tal o cual cosa que quiero evitar, alguna
rutina de ejercicios, o simplemente la oración pueden
ser formas de acrecentar nuestra voluntad.
Y
cuando llegue el momento, descubriremos que frente a situaciones
complejas tanto emocionales como físicas, contaremos
con la fuerza y la voluntad para actuar libremente, pues
la verdadera fortaleza es que tú dirijas la emoción
y que ella no te dirija a ti.