Creímos conveniente reproducir el artículo
de Cristián Warnken,
publicado en el diario "El Mercurio" hace un par
de semanas, titulado:
BABELITA
Cristián
Warnken Lihn
Febrero 2009
Yo
soy la torre fantasma, el viento recorre mis pisos vacíos,
me yergo como el esqueleto de lo que pudo haber sido, morí
antes de nacer, soy la primera torre inconclusa de las muchas
que quedarán sin acabar en el invierno que se avecina.
Babel fue desbaratada de un golpe (cuando Dios golpea, derriba).
Las
Torres Gemelas se convirtieron en cenizas después
de un zarpazo más fiero que el del "odio de
Dios". Yo no fui derribada por odios tan atávicos,
el mío es un final de comedia. Soy hija de la desmesura,
de la pretensión, un grueso error de cálculo.
La
giganta con pies de barro, concebida en una época
en que la especulación se separó de la realidad.
Irrumpí en un barrio tranquilo, cerca del río,
sin preguntar, sin escuchar, sin ver lo que me rodeaba.
No les importó a mis constructores que mi aparición
-como la de Gulliver en el país de Lilliput- pudiera
alterar la armonía o producir un caos, vomitando
autos a avenidas colapsadas.
Yo
era la niña símbolo de un Bicentenario cacareado
a los cuatro vientos. Y así como no les importó
cómo nací, tampoco les importó dejarme
ahora desvestida, horrible como me ven, mostrando impúdicamente
mi vacío y mis estructuras más íntimas,
abandonada como ruina babilónica de hormigón
y fierro, escultura a la imprevisión y la pretensión.
¡Ay de las ciudades y países que creen que
para crecer hay que hacerlo todo en "mega", ay
de esa megalomanía pretenciosa, de nuevo rico, a
la que no le importa arrasar para irrumpir mostrando su
"grandeza"!
Los
visionarios del siglo XIX dejaron como huellas en la ciudad
museos, plazas, hitos de estirpe noble, hermosos mercados,
cantos de piedra a la belleza, decimonónica, pero
belleza al fin. ¿Qué dejarán estos
visionarios del XXI?
Me
dejaron a mí...
¿Seré
yo, acaso, la imagen de lo que nunca llegamos a ser, la
cara visible de nuestras mentiras, el ingrato espejo que
nos devuelve el patético reflejo de un país
a medias?
Soy
la ruina que adelanta la ruina, soy la mensajera del colapso,
pura fachada, pura promesa, fósil en el desierto
que avanza. Algunos niños preguntan a sus madres:
"¿Por qué está abandonada esa
torre tan grande, mamá? ¿Quién responderá
a los que vienen? ¿Y qué lección sacarán
de mí? ¿Seré el último ejemplo
del síndrome del "elefante blanco" que
a veces nos aqueja?
Sé
ya que hay alguien que me ha bautizado como "Hybris"
(desmesura, en griego)... No sé, no me gusta, prefiero
"Babelita". Me da pena pensar que iba a estar
tan cerca de las torres de Sanhattan, tenía tanta
ilusión en salir al lado de ellas en la foto, llegar
a convertirme en la Eiffel chilena... ¿Qué
nos ha pasado, que de a un tiempo a esta parte nos vienen
arrebatos de grandeza, aspiracionalismos arquitectónicos
de emirato?
A
veces tengo pesadillas y veo legiones de mendigos prendiendo
fogatas en mi interior... Tengo vértigo de altura,
y si antes ensoñaba con inauguraciones grandiosas,
cortes de cinta, discursos pomposos y eventos sin fin, ahora
se me interponen imágenes apocalípticas. Ejércitos
de cesantes avanzando por las calles, ollas comunes en lo
que iba a ser mi primer piso, asesores y funcionarios de
la burocracia estatal vagando como fantasmas, buscando una
"tajadita", prometiendo suculentos contratos arquitectónicos
y viales, en medio del colapso y la recesión.
Éste
será un invierno muy duro para mí, un invierno
largo y seco. Tendrán que soportarme mucho tiempo
así, como lo que soy, una torre de nada para nadie...
Me dirán la intrusa, la presuntuosa, la ridícula,
la fatua, la sinfonía inconclusa, la patética
que espera siempre que la vengan a terminar, la que tal
vez alguien en el futuro sugerirá derribar, la que
no llegó a ser ni obra gruesa, la vacía de
todo. La loca... Ja, ja, ja... ¿No escuchan mi risa
conversando con el viento, mientras cae la noche sobre la
ciudad?