Conversando
con la Uña
(CUENTO)
Francisco
Bascuñán Letelier
Enero 2009.
El
Peyuco, viejote entre gordo y macetón, se encontraba
sentado al pie de la cama cortándose las uñas
del pie. Una pierna estirada, para los calambres, y la otra,
bien doblada apretando la barriga. A ver si así alcanzaba,
a duras penas, llegar con las tijeras hasta las uñas
que a ese tiempo ya más parecían garras.
Después
de un último esfuerzo y con uno que otro recóndito
sonido,
..
clic
salía
pegando un trozo de uña, chico o grande, dependiendo
del dedo;
clic
se repetía
la escena
. y así, las uñas se iban sometiendo
poco a poco, dedo a dedo.
Lo
sorprendente sucedió cuando llegó al dedo
gordo. Tronco de uña, regordeta y defendida la muy
bellaca. El esfuerzo fue mayor, las consecuencias oloríficas
también, había que cortar a como fuera aunque
parecía más cirugía que un simple corte
de uña.
..clic
.. y salió volando
una lonja de uña; grande, ancha y gorda, como su
dueño, dio varios giros en el aire a una velocidad
increíble y cayó encima de la mesa justo al
frente del seudo cirujano. El vejete, sin cambiar de posición,
vio la pirueta de la uña y cómo se posaba
frente a él. Se sintió observado por ella
y atónito, se ruborizó al pensar en cómo
lo vería en esa facha, total la uña siempre
fija al piso, a lo más lo miraba hacia arriba, pero
nunca de lado ni menos en esa contorsionada y ridícula
postura, con presas colgando por todos lados.
Para
colmo de su estupor, en el grosor de la uña se insinuaba
algo como una boca intentando emitir vocablos. La sorpresa
mayor la recibió el vejete Peyuco cuando fue interpelado
por su propio desperdicio de uña, iniciándose
un alocado diálogo:
LA
UÑA
lo recriminó diciéndole:
Te haz servido de mí y ahora me botas.
EL
VEJETE DEL PEYUCO
se encontró disculpándose:
Pero si ya haz crecido lo suficiente y corresponde cortarte!
LA
UÑA:
Hasta hace un momento, pertenecía a tu cuerpo vivo
y vigoroso; ya no, ahora poco a poco me voy yendo al mundo
de lo inanimado.
EL
PEYUCO:
Es la ley de la vida comadre.
LA
UÑA:
Si lo es, pero añoro los días en que me
comandabas, en que formaba parte de tus planes, triunfos
y derrotas,
incluso de tus conquistas.
.
¿Te acuerdas cuando le rascamos el peroné
a la Marujita por debajo del mantel? Debo haber estado muy
dura, por el brinco que pegó digo yo.
..
Compartimos momentos de tristeza también, ¿te
acuerdas del penal que se nos fue fuera?.....casi nos matan.
Me gustaría ser como tú, con tus sentimientos
y habilidades.
EL
PEYUCO:
¿A sí? No creo que con mi olfato.
UÑA:
Tú siempre tan bromista e irónico, sin
embargo yo sigo triste.
Parece que me estoy convirtiendo en polvo más rápido
que lo que pensé.
EL
PEYUCO:
Del polvo venimos y en polvo nos convertiremos.
UÑA:
Pero siempre te escuche decir que después de muerto
resucitarías.
EL
PEYUCO:
Claro, el día del juicio.
UÑA:
Cuando sea, pero que sea
.
. Mira que es mi
esperanza, porque no creo que vayas a resucitar sin uña
verdad?
. ¿ó sí?...
EL
PEYUCO, a modo de consuelo, ya que no había pensado
en el tema:
Con uña, por supuesto.
UÑA:
Claro porque mira, en esos días de transpiradas
caminata vendiendo seguros, pensé que si nosotros
las uñas, crecemos medio centímetro al mes,
son seis centímetros al año; o sea, que cuando
resucites ¡vas a tener uñas de cuatro o cinco
metros de largo!
EL
PEYUCO:
Miiira
no había pensado en eso, pareces
uña encarnada de lo profunda que eres.
UÑA:
Lo que tu no sabes es que, como nos convertimos en polvo,
después de varios procesos naturales nos volvemos
a formar en uña de otra persona. Hay muchos caso,
por ejemplo te contaré que yo fui uña de Napoleón;
es mi máximo currículo, sí créeme,
me despidió en un arrebato después de la batalla
de Waterloo.
EL
PEYUCO:
¡Qué interesante! Tu vida en mi vida debe
de haber sido bastante FOME después de tan atormentada
experiencia
UÑA:
Entiendes bien poco de lo que te estoy hablando
viejote
. Piensa que cuando resucites, vas a tener
uñas a medias con el también resucitado Napoleón.
EL
PEYUCO:
¡Reflauta! ¡Esas sí que van a ser
encarnadas!
UÑA:
Ingenuo. Tampoco haz pensado en el pelo, en los ojos,
en las millones de células de tu cuerpo que se cambian
a cada rato. Cuando resucitemos vamos a ser todos uno.
EL
PEYUCO:
¿Sabes? Para ser uña te pusiste demasiado
insoportable... chao