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Ecologistas
israelíes podrían ayudar a frenar
el calentamiento global
Por
Arie Issar
Haaretz/Porisrael
Diciembre 02 del 2009

El
7 de diciembre, destacados expertos de todo el mundo se
reunirán en la Conferencia de Cambio Climático
de la ONU en Copenhague e intentarán encontrar una
solución para el calentamiento global. Este cada
vez más serio problema deriva de lo que se llama
el efecto invernadero, en el cual una nube de gases, principalmente
dióxido de carbono, envuelve la tierra - como el
techo transparente de un invernadero - permitiendo la penetración
de los rayos del sol pero manteniendo adentro el calor.
En
efecto, el calentamiento global ha llevado al planeta atrás
unos 15.000 años, hasta el fin del último
período glacial.
Hasta
entonces, durante aproximadamente 30.000 años, debido
al ángulo de la órbita terrestre alrededor
del sol, los hielos polares se dispersaron por el planeta;
en efecto, los del polo norte cubrieron entonces una gran
parte de lo que hoy es Europa, Asia y América.
Tormentas
de lluvia se movieron hacia el sur y la extensión
norte del desierto de Sahara, que hoy en día es árido,
se cubrió de árboles y lagos, donde vivieron
criaturas como los hipopótamos y los cocodrilos.
Las
tormentas que rugieron en esa época levantaron nubes
de polvo de la parte seca del planeta y llagaron tan lejos
como el medio oriente.
Las
lluvias depositaron arena en la forma de capas marrones
de loes en el área del norte del Neguev.
Cuando
este último período glacial terminó,
la arena barrida por el río Nilo comenzó a
cubrir el desierto de SINAÍ y el Neguev occidental.
Hoy
en día, el mismo sector del Neguev que no está
compuesta de roca expuesta, está cubierta con capas
de loes y, en algunas partes, de dunas de arena.
Las
tormentas de lluvia de ese período llenaron con agua
los estratos subterráneos del Sahara y de nuestra
región; algo de esa agua es salada, pero una gran
parte es potable. Se ha encontrado que el agua salada es
adecuada para la irrigación de plantas que toleran
la salinidad, tales como los dátiles, olivos, granadas
y árboles sin fruta que pueden ser usados como madera,
tales como el tamarisco, así como también
árboles cuya fruta puede usarse para producir aceite,
como la joroba.
Evidencia
de esta agua salada fue descubierta por el autor de este
artículo y su equipo, después de la Guerra
de los Seis Días en 1967.
Al
principio, cuando comenzamos a investigar, soportamos no
pocas burlas, pero cuando nuestra perforación experimental
verificó la exactitud de nuestros hallazgos, los
escépticos guardaron silencio.
¿Pero
que tienen que ver la conferencia de Copenhague, el último
período glacial y las tormentas de arena, con la
"invasión" de dunas de arena y la presencia
de agua bajo los desiertos?
Agua
subterránea del período glacial
Comenzaré
relatando que mi finado colega, el Prof. Hugues Aure de
la Universidad de Marsella en Francia, que estudió
el terreno del Sahara y los recursos de agua subterránea,
calculó que si se usara el agua subterránea
bajo ese desierto para irrigación y se restaurara
el verdor que lo cubría durante el último
período glacial, la vegetación absorbería
todo el carbono anual generado por la industria. De acuerdo
a sus cálculos, el suministro de agua podría
durar algunos cientos de años.
A
la luz de sus hallazgos, en 1998 reuní a un grupo
de expertos en agua de zonas áridas en las oficinas
de la UNESCO en París, después de lo cual
publicamos un manifiesto instando a una campaña mundial
para plantar árboles en zonas desiertas.
Desde
entonces, los estudios llevados a cabo en el bosque Yatir
en el desierto meridional de Judea, por parte de equipos
dirigidos por el Prof. Kan Fakir del Instituto Weizmann
de Ciencia y del Instituto de Investigación de Desiertos
en Sde Boker, indicaron que, además de que los árboles
funcionan como una trampa para las enormes cantidades de
carbono en el aire, y como medio para transformarlo en una
sustancia que puede ayudar a que crezcan, los poros de las
hojas de los árboles no necesitan abrirse para absorber
la gran cantidad de dióxido de carbono del aire.
De
ese modo, la cantidad de agua segregada por las hojas se
reduce y el árbol ahorra agua y es capaz de crecer
aún en regiones relativamente secas.
Y
hay más. La sombra proveída por los árboles
plantados en extensiones arenosas reduce la evaporación
de la poca lluvia que cae en el desierto.
Olivares útiles
A
la cantidad de carbono absorbido por los pinos, eucaliptos
y tamariscos de los bosques del Neguev, podemos también
agregar el carbono absorbido por los olivares que ahora
se extienden a través del Neguev noroccidental, irrigados
con agua salina subterránea, y el carbono que será
absorbido por las plantaciones y bosques que serán
plantados en el futuro, después de los estudios hidrológicos
en el Neguev.
Sin
duda, en Copenhague se le recordará, por parte de
otros, a la delegación israelí, el hecho que
la mayoría de la energía del Estado de Israel
es producida por petróleo y carbón, que emiten
dióxido de carbono, y que debe reducir esas emisiones.
En
respuesta, la delegación, por cierto, señalará
los estudios efectuados para encontrar recursos de energía
amigables para el medio ambiente.
Asimismo,
sería útil si la delegación hiciera
notar, también, las cantidades de carbono que son
absorbidas hoy en día, gracias a los esfuerzos de
forestación de Israel, así como también
los planes de expansión de las plantaciones y los
bosques en el Neguev.
La
plantación de esa vegetación, no sólo
ayudará a regular la cantidad de carbono en la atmósfera
y tendrá beneficios económicos: también
servirá como base para la investigación, lo
que proveerá los medios para ayudar a los residentes
de los países del tercer mundo que bordean desiertos
- que sufren sequías y hambrunas como países
que se secan debido al calentamiento global - a cosechar,
ellos mismos, los beneficios de ese proceso.
Es
apropiado que la delegación israelí, en el
encuentro de Copenhague, declare la intención del
gobierno de transformar los terrenos pizarrosos del Neguev
a ser plantados con vegetación, en modelos educacionales
para los infortunados pueblos de esas regiones áridas.
Esa
gente volverá a sus países y les enseñará
a sus residentes como utilizar los recursos de agua subterránea
ubicados bajo el desierto.
Este
proceso transformará esas regiones en una fuente,
tanto de alimentos como de materias primas, para las poblaciones
pobres del mundo, así como también ayudará
a absorber las emisiones de carbono que causan el calentamiento
global.
Aún
más, a los países del mundo que son responsables
por la generación de los gases del invernadero, se
les debería pedir que ayuden financiando este esfuerzo
pionero.
El
autor es profesor emérito, en la Universidad Ben
Gurion, del Instituto J. Blaustein para Investigación
del Desierto del Neguev.
http://haaretz.com/hasen/spages/1131595.html
Traducción para porisrael.org: José Blumenfeld