Francisco
Bascuñán Letelier
Noviembre 2009.
Con
mi señora hicimos un viaje a la Capital para un chequeo
médico completo.
La
vida es fantástica a pesar de las posibles contrariedades
cotidianas que a veces se presentan. Achacarse al ver la
mitad del vaso vacío o apreciar la mitad lleno son
sólo vicisitudes de la vida.
Primero
entró mi mujer para revisión de sus ojos.
Diagnóstico explicitado con típicas palabras
estrambóticas de corte médico, pero lo cierto
es que se requería en forma urgente hacerse sendos
orificios en cada uno de sus ojos, específicamente
en el iris, para ayudar a la circulación del líquido
interno (humor acuoso) que empezaba a hacer presión
indebida con alta posibilidad que se le reventara el ojo.
Prevenir un glaucoma. Pero
¡no hay de qué
preocuparse!... contamos con rayos láser de última
tecnología, cirugía ambulatoria
¡Pero
diablos, un agujero en cada ojo no es menor!
Tener
que realizar una operación tan tremenda y al mismo
tiempo contar con tecnología de punta, constituye
una clara contraposición entre la mala y la buena
suerte.
Me
tocaba el turno. Mi problema era las articulaciones, cosa
de viejos, pero bastante compleja a juzgar por la cantidad
de exámenes que tuve que sacarme tanto de orina como
de sangre. Por mientras, para aliviar el dolor me colocaron
dos inyecciones de cortisona en cada uno de los dedos gordos
de las manos. Dolorosísimo, en un evidente contrasentido.
Para colmo, al ir al baño en la mañana de
este día especial, me topé con la sorpresa
de haber evacuado una abundante cantidad de sangre roja.
En conocimiento de esta circunstancia, la médico
de las articulaciones no sólo no me pudo recetar
desinflamatorio para disminuir el dolor inicial, sino que
me mandó a hacer un examen llamado 'colonoscopía',
que consiste nada menos que introducirte una cámara
de video por el ano para que transite a través de
todo el intestino grueso
Pero no hay de qué
preocuparse, tenemos la última tecnología
y es ambulatorio. ¡Diablos, sin comentarios! (Ojalá
que no sea de ese láser que hace orificios).
Evacuar
sangre y al mismo tiempo contar con una tecnología
tan avanzada como para poder ver, en vivo y en directo,
el intestino por dentro, además de realizar intervenciones
quirúrgicas al instante; es sin dudas, otro contraste
entre la mala y la buena suerte.
Pero
la cosa no termina aquí. Al salir de la cuestión
médica, nos fuimos a tomar un café a un lugar
agradable para comentar los sucesos del día. En un
abrir y cerrar de ojos, le robaron la cartera a mi mujer
con todo el dinero, documentación, tarjetas de crédito,
talonarios de cheques, etc. Esto fue como un broche de oro.
Sin embargo, no hay de qué preocuparse, Dios nos
hizo ver que nos encontrábamos en una situación
expectante: dependía sólo de nosotros el poder
perdonar al detestable ladrón, ofreciendo nuestro
desagrado a la paz del mundo como oración de amor.
¿No es éste otro contraste entre la mala y
la buena suerte?
El
dicho popular "no hay mal que por bien no venga"
se hizo enteramente real.
Para
escribir este artículo, días antes de recibir
los resultados de los exámenes, elegí un café
frente a una bella plaza llena de árboles. Al sentarme
frente a la ventana del local, empezaba a disfrutar del
paisaje, cuando llegó un empleado a limpiar el vidrio
chorreándolo con una espuma y posterior refriega
con lengüeta de goma. A los pocos segundos de ver todo
borroso, se manifestó la belleza de la plaza en todo
su esplendor.