De la Creación y los Milagros
Creó,
pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen
de Dios le creó, macho y hembra los creó.
(Génesis
1,27)
Francisco
Bascuñán L.
Octubre 2009
Dios
había creado un universo perfecto cuando decidió
crear al hombre, varón y mujer, a su imagen y semejanza.
Al hacerlo como imagen, y como fin último de la semejanza,
los hizo para que se amaran y para que gobernaran la tierra.
Por último, para que pudieran amar, les donó
la libertad (libre albedrío), única forma
de amar gratuitamente. El don de la libertad lleva en sí,
como todo don, la posibilidad de perderse.
Como
sea que haya sido la realidad, lo cierto es que los humanos
perdimos parte de esa libertad por la estricta necesidad
de gozar, al menos en algún grado, del confort, de
la riqueza y del poder. (Las tres concupiscencias
por las que se pierde la libertad).
DE LA CREACIÓN AL ATEISMO
La
creación perfecta parecía haber fallado, ya
que se veía claramente su imperfección al
caer el hombre en tentación. De este simple racionamiento,
salta la idea de un dios creador que no responde a un ser
omnipotente y todopoderoso. Y al poco andar: para un dios
así, que sólo pretende el bien sin consolidarlo,
debe haber otro que pretenda el mal, y el hombre pensó
en el dualismo (dos poderes iguales y contrarios). Y al
andar otro poco más: no deseó a un dios que
no sea capaz de ganarle al mal, mas si lo fuera y no reacciona,
sería un dios perverso. Para rematar el argumento
y ayudado por el desarrollo abismático de la ciencia,
se llegó a pensar: ¿Para qué quiero
a Dios si no lo necesito?
De
esta forma, a través del positivismo
(creer sólo en lo que se puede demostrar científicamente),
el hombre que partió teísta, creyendo que
Dios existe; llegó al ateismo, creyendo que Dios
no existe. Se abrió la opción creyente.
LOS
MILAGROS
Algo
que influyó bastante en esta apertura atea, fue la
popular interpretación de "los milagros",
en el sentido de darle una intervención divina al
desarrollo no común de un hecho ante nuestras súplicas.
Si fuera ésta la realidad de los milagros, más
perverso se ve a un Dios que permite el mal sin realizar
milagros, aunque tenga que hacerlos en forma permanente.
PENSAMIENTO
He
pensado mucho en esto y más aun cuando personalmente
siento la presencia de un Dios magnífico en nuestro
mundo. Al no poseer un conocimiento cabal en la materia,
no tengo una respuesta clara al respecto, por lo que sólo
deseo compartir con humildad el fruto de mi pensamiento
unido al de mi experiencia.
Lo
primero es que yo creo que la creación es perfecta.
Si bien es cierto, que desde un punto de vista humano, nos
acongojamos frente al sufrimiento del hombre justo, ese
mismo Dios, Padre atemporal, de algún modo se temporizó
en Hombre y Espíritu, y llegó a nosotros a
mostrarnos varios caminos de escape hacia la liberación.
Uno fue el camino del "amor al prójimo"
para que sustituyéramos al antiguo y visceral código
"ojo por ojo, diente por diente". Otro camino,
semejante al anterior, es el camino de la "misericordia",
del perdón. (Desde un punto de vista
muy personal, creo que éste es el último bastión
para volver al Creador).
Como
el Hijo del Padre que se hizo hombre no tenía un
referente para testimoniar lo que decía, se valió
de los milagros: "si no creen lo que digo, al menos
créanlo por lo que hago".
Y
he aquí el punto: yo creo que los milagros los llevan
a cabo los hombres como hombres, no como Dios ni como dioses.
Somos los hombres los que tenemos la capacidad de realizar
milagros porque fuimos dotados para ello por la misma creación;
la cuestión es que ese poder pasa por un desarrollo
místico, así como el poder para multiplicar
pasa por un desarrollo matemático. Desarrollo místico
que no es otra cosa ni tan complicado, que encontrar el
alma divina que llevamos dentro de nosotros, desde nuestra
creación a "semejanza", y que en este caso
se activa con nuestra súplica así como con
nuestro asombro.
EL
PUENTE
Al
darle sentido a mi vida, muchos de los acontecimientos diarios,
que parecían ordinarios, ahora me parecen verdaderamente
milagros, no tan solo por el acontecimiento como tal, sino
que además, por lo que produce a nivel sensorial:
uno se maravilla ante la naturaleza. ¿Quién
al ver salir la luna en noche estrellada no piensa en un
milagro? ¿qué es la belleza de una flor, la
fidelidad de su perro, o ver curarse a un enfermo, si uno
no es capaz de apreciarlas? La apreciación, el asombro,
la gratitud, son los milagros en sí. Producido el
milagro, como un hecho que nos hace dirigir ese sentido
de vida hacia el Creador, atribuido a esta súplica
de dolor o a este asombro ante hechos maravillosos, me hace
sentir una manifestación de bien, o de 'gracia',
que va desde lo profundo de mi alma hacia el mundo; con
fines que aun no alcanzo a comprender del todo
Tal
vez, porque como hombre asombrado o suplicante, ante el
milagro producido por esa súplica de dolor o ese
maravillado asombro, me siento como puente útil por
medio del cual transporto 'oración de gracia' hacia
el mundo, contribuyendo a mejorar su malogrado equilibrio
producto de la pérdida de libertad que nos limita
a amar...
CONCLUSIÓN
¿Quién
sabe?... pero es así como veo que tanto el dolor
como el asombro, se transforman milagrosamente en puente
de 'gracia'; y que el hombre tiene uno más de los
tantos sentidos que nos da y nos pide la vida.
Entonces,
un poco extasiado, pienso que no sólo se nos dio
el camino del amor y el camino de la misericordia, sino
que también, ante el dolor y el asombro, se nos fue
dado el camino de los milagros
Y sigo creyendo que
me acompaña un Dios límite, único,
perfecto, omnipotente y todopoderoso, que contiene en sí
toda la potencia y todo el poder, pero que no interviene
en su creación para que nosotros los hombres tengamos
la oportunidad y la posibilidad de llegar a Él amorosa
y libremente; es el hombre el que tiene la responsabilidad
de realizar milagros y de cambiar al mundo de barro en divino,
no Dios. Lo creado, creado está.