Un
ingeniero que desea quedar en el anonimato, nos escribió
lo siguiente:
A
fines de la década de los años 50 y comienzo
de la de los 60, siendo estudiante en la Escuela de Ingeniería
de la Universidad de Chile, teníamos, cada curso
un tablero de avisos en el que se publicaban, además
de las calificaciones, avisos de compra-venta de libros
de estudio, ofertas y demandas de los estudiantes, etc.
Creo que fue en 1959 ó 1960 que me acerqué
al tablero y vi un manuscrito, muy bueno que relataba una
historia, escrita en verso, sobre un abogado, un médico
y un ingeniero. Fue tanto lo que me gustó, que fui
a buscar papel y lápiz para copiarla. Pero, muy lamentablemente,
cuando volví, ya alguien había sacado dicho
escrito del tablero. Me dio mucho pesar y nunca he dejado
de pensar en él. Busqué en muchos libros de
poesía, por si lo encontraba, busqué en bibliotecas,
incluso indagué lo que más pude en cada uno
de los países latinoamericanos en los que estuve,
pero no lo logré. Tanto así que, hace algunos
meses, decidí reconstituirlo en base a mis borrosos
recuerdos de entonces. Bueno, lo he terminado de reconstituir,
con algunos agregados, modificaciones y quizás, también
supresiones. Con esto solo deseo aclarar que no es algo
original, sino de algún autor, seguramente un ingeniero,
que no he podido identificar ni encontrar, que es el que
se merece mi respeto y todos los elogios.
El Médico, el Abogado y el Ingeniero
Una dosis de optimismo
Ingeniero
errante (Se busca)
Alrededor de 1959
Cuentan
que llegaron a la puerta del Cielo, un médico, un
abogado y un ingeniero.
Fueron sometidos al examen de rigor para determinar si cumplían
con los requisitos necesarios para tener derecho a su ingreso.
-
¿Qué puedes decir tú a tu favor para
que merezcas el ingreso al Jardín del Edén?
- se le preguntó al médico. Este respondió:
- He dedicado toda mi vida profesional en hacer que la estadía
del ser humano en la Tierra sea lo mejor posible. He curado
sus enfermedades. He dedicado tiempo a la investigación
para encontrar remedio para aquellas que lo han azotado.
En muchos casos he sacrificado mi vida privada infundiendo
ánimo, cuidando y estando a su lado cuando ha sido
necesario. Para mí, muchas veces, no había
días de fines de semana ni festivos ni noches con
descanso, ya que permanecía haciendo turnos en los
hospitales, pues la enfermedad no conoce el descanso y ataca
cuando menos se la espera. He ayudado a que su nacimiento
sea lo más seguro posible, cuidando de él
y de su madre es ese momento. ¿No creéis que
es suficiente?
- Sí, tienes razón, que seas bienvenido al
reino eterno de los Cielos.
- ¿Qué puedes decir tú a tu favor para
que merezcas el ingreso al Jardín del Edén?
- se le preguntó al abogado. Este respondió:
- La mayor parte de mi vida la he dedicado a la defensa
de las leyes, tratando de minimizar el robo y el crimen.
He juzgado al hombre de acuerdo con las leyes y la moral.
He defendido al inocente y he atacado al culpable. He conseguido
acuerdo entre partes en conflicto. Siempre actué
en pro de la justicia y en beneficio del hombre. ¿No
basta con eso?
- Sí, tienes razón, que seas bienvenido al
reino eterno de los Cielos. ¿Qué puedes decir
tú a tu favor para que merezcas el ingreso al Jardín
del Edén? - se le preguntó al ingeniero. Este
respondió:
- He dedicado toda mi vida a transformar directa o indirectamente
los recursos de la Naturaleza en beneficio del hombre para
proporcionarle todo el bienestar que se merece: caminos,
viviendas, muebles, artefactos, industrias, máquinas,
vehículos para movilizarse por aire, mar y tierra,
telecomunicaciones, comodidad ambiental, etc. He investigado
para mejorar cada vez más su bienestar y, al mismo
tiempo, proporcionarle la seguridad necesaria para una vida
más cómoda y saludable. ¿Es necesario
algo más?
- Aquí no existe la Naturaleza como era concebida
por Uds. en el plano material terrenal. El hombre, cuando
llega a este lugar, ingresa a otro tipo de plano y a una
forma de vida total y absoluta y totalmente distintos. Tiene
todo el bienestar a su disposición, por lo tanto
ni tu talento ni tus obras nos son necesarios aquí.
Lo siento, no tienes cabida en el reino de los Cielos.
Contentos,
el médico y el abogado, transpusieron la puerta que
daba acceso al reino de los Cielos. Cabizbajo y triste fuese
el ingeniero camino al reino de los Infiernos.
Pasó el tiempo, el ciclo eterno continuaba invariable.
Seguían llegando postulantes al Cielo y todos, sin
excepción, pasaban por la prueba de rigor. Algunos
con éxito, otros no.
Ocurrió, entonces, algo inconcebible. La cantidad
de postulantes a ingresar al reino de los Cielos comenzó
a disminuir. Poco a poco, en un comienzo, hasta que llegó
a cifras totalmente fuera de lo común. Todo esto
ponía en serio peligro el equilibrio Cósmico,
según los jerarcas del reino.
Se decidió, entonces, enviar un emisario a investigar
las causas, tanto en el plano terrestre como en el celestial.
El emisario era uno de los ángeles más antiguos,
que contaba con la máxima confianza de quienes lo
enviaban y con una amplia experiencia en asuntos de relaciones
entre ambos planos.
Pasó un tiempo prudencial y no se recibía
noticia alguna de este emisario. Se espero otro lapso de
tiempo y del ángel no hubo señal alguna.
Como el asunto estaba pasando a ser de importancia vital,
se decidió, entonces, enviar otro emisario, también
uno tan antiguo como el anterior. A éste se le dieron
instrucciones concretas de como operar y se le exigió
que informara periódicamente. Para ello se acondicionó
un canal cósmico especial, accesible desde cualquier
lugar del universo, dentro de cualquier plano.
Pasó el tiempo. A medida que este emisario visitaba
los diversos puntos del universo, en los diferentes planos
de existencia, enviaba informes formales que no arrojaban
luz alguna para solucionar la incógnita planteada.
Posteriormente, y en forma repentina, cesaron de llegar
informes.
Cundió la inquietud, la incertidumbre y la duda,
por primera vez, desde el nacimiento y creación consciente
del reino de los Cielos. Los jerarcas Cósmicos estaban
consternados y comenzaron a dudar de sí mismos. Llegaron
a creer que el Mal se había impuesto, casi totalmente,
pese a sus eternos esfuerzos por conservar el equilibrio
Cósmico Universal en todos los planos de existencia.
En uno de esos momentos de peor incertidumbre, llegó
un informe escrito y muy detallado de este emisario, que
decía así:
"Al pasar por el reino de los Infiernos, me llamó
la atención la ausencia de ruido de quejidos, gritos
y lamentos, tan comunes y característicos de esa
zona. Ingresé y no podía creer lo que veían
mis ojos, un panorama total y absolutamente distinto al
que creíamos que allí existía.
Hace muchísimo tiempo llegó a este reino un
personaje a quien todos llaman "el ingeniero".
Este, con un conocimiento extraordinario de las leyes físico-cósmicas,
planificó y construyó recintos e instalaciones
en las que se pudieron canalizar y acomodar todas aquellas
fuentes de energía provenientes del fuego y de los
vapores existentes. Así se pudieron dominar y almacenar
estas fuentes de energía, utilizándose en
una forma totalmente distinta a como eran usadas antes.
De esta energía obtuvo otra energía de más
fácil utilización, que la denominan electricidad.
Con ayuda de ella construyó, poco a poco, aparatos
llamados acondicionadores, con los que se pudo regular la
temperatura y humedad en este reino, mejorando las condiciones
ambientales y haciéndolas más benignas y agradables
a la población. Liberada ésta del tormento
producido por el exceso de calor y humedad, pudo aprender
del "ingeniero" una serie de conocimientos, cuya
aplicación posterior les ha permitido transformar
totalmente este reino y llevar una existencia mucho más
cómoda.
Los pozos de vapor y de fuego ya no existen, esas superficies
se han convertido en vergeles de paseo. Las oscuras cavernas
se han llenado de luz y convertido en moradas privadas,
centros culturales, colectivos y de recreo con todas las
instalaciones necesarias y adecuadas a este reino.
Hasta los jerarcas del reino han cambiado y su carácter
se ha modificado. Se han vuelto tolerantes, sonrientes y
justos. Impera, casi totalmente, la bondad y el entendimiento.
La población se ha encontrado a sí misma formando
parte de un reino totalmente distinto, en que la opinión
es respetada y tomada en cuenta. Es una verdadera utopía.
El "ingeniero" ha aplicado prácticamente
su ciencia y ha logrado así transformar todo un concepto,
cuyo origen se pierde en los albores de la creación.
Este reino se está expandiendo cada vez más,
pues la cantidad de postulantes a ingresar aumenta permanentemente.
Todos son bien recibidos aquí. Incluso aquellos que
no merecen esta existencia, se hacen acreedores a ella,
pues se dispone de todas las instalaciones para reeducarlos
y adaptarlos para que, finalmente, sean integrados totalmente
a la población.
Gracias a la ciencia del "ingeniero", el reino
de los Infiernos se ha transformado en un nuevo Edén,
pero sin las dogmatizaciones de éste.
Gracias a la ciencia del "ingeniero", se ha creado
un nuevo reino, del que se ha erradicado el mal, el sufrimiento
y el temor. Se ha hecho una revolución gracias al
saber, al conocimiento.
Alguien dijo una vez: "El saber es poder y permite
al soberano inteligente y al general benevolente atacar
sin riesgo, conquistar sin derramamiento de sangre y llevar
a cabo hazañas que superen a todas las demás.
Yo, al ver al "ingeniero" y ser testigo de la
forma en que aplica su saber y ciencia, con amor, con paciencia
y sin distinción de ninguna clase para nadie, he
decidido quedarme a su lado y ser uno más para ayudarle
en su enaltecedora labor, que me parece mucho más
digna que muchas de las que solemos conocer"