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Código:
AÑOMMDD 123 ### CLASIFICACIÓN
TRES LETRAS
1ª - 2ª - 3ª
(Primera
letra, puede ser:
A, B ó C)
1ª.-
CLASIFICACIÓN GENERAL:
A.-
Del
Alma
Para meditar y disfrutar
B.-
Del
Espíritu
Para pensar y recordar
C-
Del
Cosmo
Para programar y actuar
(Segunda
letra indica
el Tema del artículo)
2ª.- TEMAS
T.- Teología
F.- Filosofía
X.- Antropología
V.- Valores
------------------------------------
C.- Cristología
S.- Sabios
- Grandes Iniciados
R.- Reflexiones
Oraciones
M.- Mente
Discernimiento-Psicología
F.- Ficción
Imaginación-Sueños
E.- Eventos
Acontecimientos
----------------------------------
N.- Ciencias
Naturales
Biología,
Química
G.- Ciencias
Abstractas
Geometría.
Matemáticas
H.-
Ciencias
Sociales
Historia
R.- Religión
P.- Interés
Público
T.- Tecnología
Ingeniería
Arquitectura
Construcción
D.- Deportes
A.- ARTE
Literario
- Pictórico - Video
Música
- Canto
Baile-
Danza - Ballet - Teatro
(Tercera
letra)
3ª-
TIPO DE ESCRITOS
P.- Pensamientos
R.- Relatos y Comentarios
V.- Versos - Poemas
C.- Cuentos
E.- Ensayos y Estudios
T.- Testimonios
I.- Ideas-Propuestas-Proyectos
D.- Denuncias.
CLASIFICADOS
por NÚMERO
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CLASIFICADOS
por AUTOR
OPINIONES
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Algo
sobre el MAL
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Algunos
teólogos recientes piensan que el
fuego que quema y al mismo tiempo salva
es el mismo Cristo, el Juez y Salvador.
El encuentro con él es el acto decisivo
del juicio. Ante su mirada se desvanece
toda falsedad. Es el encuentro con él
que, quemándonos, nos transforma
y nos libera para hacer que lleguemos a
ser verdaderamente nosotros mismos. Las
cosas construidas durante la vida pueden
revelarse entonces como paja seca, vanagloria
vacía y derruirse. Pero en el sufrimiento
que produce este encuentro en el que lo
impuro y malsano de nuestro ser se nos presenta
del todo evidente, se encuentra la salvación.
La mirada de Cristo, los latidos de su corazón
nos curan gracias a una transformación,
ciertamente dolorosa, como "a través
de fuego". Sin embargo es un sufrimiento
dichoso en el que, el santo poder de su
amor nos penetra como una llama permitiéndonos,
al fin, ser totalmente nosotros mismos,
y por ello, totalmente de Dios.
Así se vuelve del todo evidente la
compenetración entre la justicia
y la gracia: nuestra manera de vivir no
es irrelevante, pero nuestra suciedad no
nos embrutece eternamente si, por lo menos,
permanecemos orientados hacia Cristo, hacia
la verdad, hacia el amor. A fin de cuentas,
esta suciedad ha sido ya quemada en la Pasión
de Cristo. En el momento del juicio experimentamos
y acogemos este dominio de su amor sobre
todo mal en el mundo y en nosotros. El sufrimiento
del amor se convierte en nuestra salvación
y nuestro gozo.
Papa
Benedicto XVI
Encíclica " Spe Salvi ",
47
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Francisco
Bascuñán Letelier
Julio 2009.
Se
apretó un gatillo, salió la bala y mató
un niño. ¡Qué atroz y qué profunda
pena, tal vez la más profunda de las penas! Con el
respeto que esto amerita, nos podemos preguntar: ¿Qué
hubo de mal en esta escena? Estrictamente de acuerdo a lo
relatado, no hay más que la descripción de
leyes físicas, éstas son amorales ya que no
tienen alternativa ni pueden discriminar, por lo tanto no
puede haber mal en ellas. El mal sólo se puede producir
en la intención y decisión de quien apretó
el gatillo apuntando al niño, incluso le haya dado
muerte o no. Aquí hubo libre albedrío, libertad
de decisión, clara intensión. Por consiguiente
el mal se produce a nivel de pecado, optando libremente
por algo que sabe y cree malo según su propia y única
conciencia. El mal es del espíritu no del mundo.
Al contrario, el hecho de atreverse a tomar una decisión,
libre y clara, en el sentido de evitar una mala acción
o bien de producir un bien, también proviene del
mundo de los espíritus, en ese donde se expresa el
amor en el tiempo, y constituye la llama divina que cada
uno de nosotros lleva en su interior y nos ilumina.
La
elección del bien es, en última instancia,
una manifestación del amor, lo cual no puede realizarse
sin libertad. Una creación originada por amor requiere
imperiosamente de la libertad, del libre albedrío.
Por
consiguiente no hay una tal creación del mal, sino
más bien una opción para transformar libremente
lo material en divino. De no tomar esa opción, lo
material sólo queda material. En muchos sentidos,
la realidad la determina la voluntad, y este es uno de ellos.
De
acuerdo a cánones religiosos, el espíritu
dañado por el pecado puede ser reparado sólo
por un ser superior, un ser divino o de la divinidad. Para
ello se requiere sólo de arrepentimiento, sincero
arrepentimiento, lo que al menos implica una fuerte decisión
de no volver a dañar. El pecado, como libre elección
del mal, no puede dejar de dañar el espíritu,
se dice que el espíritu dejó de estar en gracia;
pero a su vez, el arrepentimiento no puede dejar de restituir
la gracia en ese espíritu. En esto consistiría
la justicia divina, que como se ve, sería muy diferente
a la justicia humana.
Creo
que la disyuntiva de si Dios creó o no el mal, como
fundamento del juicio ateo, no tiene mayor sentido, sin
embargo, se podría trasladar al problema del "sufrimiento
del hombre justo". El sufrimiento, que a mi juicio
constituye uno de los grandes misterios: la corona de espinas,
el camino de la cruz, el dolor del desvalido, el sacrificio
noble, los héroes que dan la vida por los amigos,
en fin, el amor gratuito; son sin duda, actos que van más
allá de la lógica y ante los cuales también
enmudecen racionalistas y positivistas. Sí, son actos
que van mucho más allá de la razón
y aun más allá de los sueños, tornándose
en un camino de fe salvífica y esperanza liberadora.
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