PAZ
EN LA TIERRA
Gloria
a Dios en las alturas y
Paz a los hombres de buena voluntad.
(Lc. 2,14)
Francisco Bascuñán Letelier
Navidad 2008.
El
mes de Diciembre es especialmente emotivo para los directores
de nuestra revista "MUNDO LIBRE", toda vez que
uno de sus objetivos principales es destacar la presencia
de Dios en el mundo. Y la conmemoración del nacimiento
de Jesús de Nazaret, Cristo para muchos, es indudablemente
un camino para ello.
Sin
embargo, y a pesar de la tremenda importancia y trascendencia
que significó el acontecimiento "CRISTO"
en la historia de la humanidad, ya que no cualquiera forma
una "ERA" ni menos es ungido "Hijo de Dios";
no podemos confundir este glamoroso hecho y ejemplo de amor,
con la requerida y necesaria decisión individual,
de cada uno de nosotros, referente a tomar o no una opción
creyente en Dios. Decirse creyente o ateo.
Es
importante resaltar esta evidente diferencia entre la opción
creyente en DIOS y el de ser Cristiano. Basta con fijarse
en la solemnidad, devoción y mística con que
el mismo Cristo se refería al Padre. Esta diferencia
constituye una grada no menor, en que a menudo tropezamos.
Los que pensamos que Cristo es Dios, o una personalidad
de Dios, debemos tener mucho cuidado al respecto para no
herir susceptibilidades ni confundir al auditorio.
Mas,
existe un tercer grado de creencia más bajo aun,
mayor que el anterior y donde las caídas son más
frecuentes todavía; se trata de las "RELIGIONES".
Las religiones, con todo el respeto que ellas merecen, se
encuentran en un tercer grado de creencias. Son instituciones
sujetas y expuestas a las mismas tensiones y concupiscencias
a que lo están los seres humanos. No son comparables
ni con Cristo ni mucho menos con Dios, simplemente porque
están en otro plano. Confundir Religión con
Cristo y/o con Dios, a pesar de su innegable relación,
es base de cultivo para malos entendidos y no menos decisiones
hacia la opción atea.
Hasta
que estos conceptos no se internalicen en nosotros, no se
asimilen por nuestros reales sentimientos y por nuestra
razón, creo que va a ser muy difícil arribar
al pretendido ecumenismo religioso a que nos llamó
el Papa Magno Juan Pablo II y por el camino cuesta arriba
por donde va transitando el actual Papa Benedicto XVI. Buena
parte de la paz del mundo pasa por aquí, o sea por
cada uno de nosotros. El ecumenismo se encuentra en la iglesia
que cada uno de nosotros lleva en su corazón. Para
desarrollar el potencial de esta pretendida iglesia ecuménica
(universal), y a pesar de la importancia de las comunidades
cristianas, de las sociedades solidarias, aun de los trajes
que rayan en el ridículo y de los discursos rimbombantes;
creo que se requiere, ante todo, su aceptación en
el corazón de cada individuo. El ecumenismo vendría
a ser un proceso de responsabilidad individual, de razón
y Fé combinadas; es ahí, en la buena voluntad
y en la íntima tolerancia a la pluralidad, donde
se puede encontrar el Espíritu iluminador de Cristo
y la "paz del mundo".
El
nacimiento de Cristo significó la luz que nos ilumina
la razón para entender, nos incrementa la fé
en el Espíritu y nos da la esperanza de la ansiada
libertad.