¡Qué veleidoso es el tiempo!
A veces pasa rápido, a veces lento.
Sin embargo el tic-tac tic-tac del reloj es siempre el mismo.
Nos
abarca y nos dimensiona la vida; desde el chillido del primer
diente hasta la aventura de la vida después de la
vida, pasando por primaveras y ocasos, alegrías y
tristezas.
¡Qué
veleidoso es el tiempo!
Recuerdo
casi todo lo que pasó ese año del primer grado
de colegio. Me acuerdo el año, mi edad, el lugar,
mi profesora, mis compañeros, lo que hacíamos,
en fin, casi todo. Igual me pasa con el segundo al quinto
grado. De ahí en adelante, los recuerdos ya no son
tan exactos, me acuerdo de los profesores y mis compañeros,
que fueron los mismos hasta el término del colegio;
pero los hechos los tengo más difusos en mi memoria,
no recuerdo bien si un determinado acontecimiento sucedió
en uno u otro año. Y así ha ido pasando el
tiempo, degradando los recuerdos, a tal punto que hoy no
estoy bien seguro si un hecho pasó hace dos, tres
o cuatro años atrás. Sin considerar los síntomas
de Halzaimer propio de nuestra edad, esto tiene una lógica
y es que cuando se me cayó el primer diente fue un
año en que había transcurrido un séptimo
de mi vida, en estos días un año transcurre
en un setentavo de mi vida. Es diez veces menos importante,
o mejor dicho, menos trascendente, menos impactantes para
nuestras mentes, para nuestros recuerdos y nuestras conciencias.
(Tiempo Subjetivo. J. Leniz -Revista del Inst. de Ingenieros
de Chile)
Me
da la idea que el tiempo transcurrido toma peso de acuerdo
a nuestra capacidad de tomar conciencia sobre lo sucedido
en ese lapso; lo que en ciertas circunstancias, lo sucedido
es trascendente, en otras no lo es, dependiendo de nuestra
atención. Digamos que el "tic tac" del
reloj es como un "sum sum" de nuestra conciencia.
Al
respecto, el otro día conversando con mi hijo Pancho,
nos imaginamos a otro ser evolutivo con características
del hombre, pero tan pequeño que fuera capaz de vivir
en el electrón de un átomo. Sabemos que un
electrón gira en sí mismo y también
alrededor de su núcleo, como la tierra lo hace en
sí misma y alrededor del sol (el ejemplo no es muy
académico, pero sirve). O sea, este ser podría
vivir como lo hacemos nosotros pero en un mundo pequeñito,
y a lo mejor hasta existe. La diferencia que tendría
con nosotros es que evolucionaría a una velocidad
tanto más rápida como la relación entre
la rotación del electrón y la del planeta
tierra. (Para nosotros la velocidad del electrón
es tan, pero tan rápida, que nunca podemos saber
donde se encuentra. -Mecánica Cuántica-).
Sin embargo, nada podemos decir del "sum sum"
de la conciencia entre el ser evolutivo pequeñito
y del ser humano; pero de acuerdo a la ley natural, sería
dable pensar que la capacidad de conciencia del pequeñito
podría ser menor que la del ser humano.
Por
otro lado, podemos pensar que nuestra galaxia de estrellas
podría formar parte de una gran estructura molecular
superior. Un ser evolutivo que viviera allí, un grandote,
nos vería a nosotros como seres diminutos, nuestro
lapso de tiempo de vida imperceptible para él, y
su "sum sum" de conciencia podría ser infinitamente
superior. Lo que para nosotros es una vida, para el grandote
podría ser sólo un soplo; a su vez, la evolución
de la vida del grandote, para nosotros es inimaginable e
incomprensible.
Así,
los suceso transcurren en un "tic tac" del reloj
y en un "sum sum" de conciencia. ¡Este pensamiento
sí que forma parte de la teoría de la relatividad!
¡Qué
veleidoso es el tiempo!
Pero todavía nos quedan otros sucesos aun más
volados. Son los que ocurren en un espacio sin tiempo, atemporales;
y los que suceden sólo en el tiempo, en ningún
espacio. Los suceso atemporales, los sin tiempo, son los
suceso que pertenecen a la evolución del "alma";
y los que suceden fuera del espacio, sólo en el tiempo,
son los que pertenecen a la evolución del "espíritu".
Sucede
que en el "sum sum", cuando uno toma conciencia,
empiezan a jugar dos elementos que nada tienen que ver ni
con el tiempo ni con el espacio; me refiero al "bien"
y el "mal". Justamente en eso consiste la conciencia
y su evolución tras la pretendida reconquista del
paraíso. Si actúo con "amor", me
inclino por el "bien" hacia los demás;
caso contrario, si actúo con egocentrismo, por la
conveniencia personal, ausencia del "bien".
Este
elemento, el de la conciencia del bien y del mal, se puede
manifestar en un espacio o en un tiempo.
Si lo hace en un espacio, forma un suceso o una personalidad,
sin tiempo, atemporal. Esta personalidad es lo que llamamos
"alma". Esta "alma", como no depende
del tiempo, se puede manifestar en cualquier momento, pasado,
presente o futuro; es una especie de máquina del
tiempo, con la diferencia que no es una ficción,
es real. De hecho rezamos por los muertos y por los que
vienen, por lo que pasó y por lo que va a pasar;
en definitiva, nuestra oración pretende influir en
el pasado y en el futuro, influir en la existencia misma.
Si la manifestación de la conciencia se hace sólo
en el tiempo, se forma otra personalidad que llamamos "espíritu",
no se materializa, no se ve, pero se siente, se intuye,
no importando el lugar que sea, con mayor o menor intensidad,
pero en forma permanente.
Este complejo pensamiento, y que evidentemente se puede
aun llegar a mayores profundidades, hace diferencia entre
"alma" y "espíritu".
¡Qué
veleidoso es el tiempo!
Desde
lo pequeñito a lo grandote, lo cierto es que la naturaleza
siempre nos mantiene atentos y nos guía; es cuestión
de escuchar.
Vino como un soplo
sólo me rozó;
y se fue como el viento
hacia algo parecido a una roca firme,
estable, inamovible.
Pero no era roca,
estaba mirando al cielo.