SOCIALISTAS,
¿UBI SUNT?
Edmundo Moure
MAYO 2007
A Manuel de Castro y Antonio Estévez
"Los
socialistas chilenos luchan contra toda forma de opresión
y hacen de la emancipación y de la igualdad de oportunidades
de las mujeres y hombres de la tierra, sin exclusiones,
el núcleo
de su idea de libertad. Rechazan, en consecuencia,
los comportamientos egoístas y excluyentes que la
lógica
del sistema capitalista impone as los seres humanos
"
"El
Partido Socialista Obrero Español es una organización
política de la clase trabajadora y de los hombres
y mujeres
que luchan contra todo tipo de explotación,
aspirando a transformar la sociedad
para convertirla en una sociedad libre, igualitaria,
solidaria y en paz
"
Estos epígrafes, pacientísimo y buen lector,
han sido transcritos, textualmente, de la declaración
de principios de ambas entidades, hispana y chilena. (Al
parecer, tampoco la semántica tiene resultado feliz
en el discurso socialista contemporáneo, que lle
imos facer!
)
Como
chileno e iberoamericano, me atrevo a afirmar que, en nuestro
mundo, Salvador Allende (1908-1973) fue el último
socialista
Soñó con un país mejor,
que pudiese superar los graves problemas estructurales que
padecía (padece), incorporando a las grandes mayorías
a los beneficios de un nuevo sistema de equidad basado -¡cómo
si no!- en la redistribución gradual de la riqueza,
antiguo anhelo que constituye el meollo del pensamiento
socialista, sea éste "utópico" o
"científico". El Presidente Allende luchó,
contra tirios y troyanos, por hacer realidad el noble propósito
que heredara de sus señeros referentes históricos.
No tuvo éxito -ya se sabe- y fue inmolado en el intento,
náufrago de apoyos, solitario ante la muerte, desnudo
frente al juicio de la Historia
Su
legado está allí, como una pieza más
del museo de los mitos, lugar donde reposan tantos vástagos
momificados de Utopía. Sus herederos ideológicos
hemos traicionado, de manera flagrante, su memoria. Llegamos
a creer que con el advenimiento de la democracia -luego
de diecisiete años de dictadura (treinta y ocho en
la Patria Nai)- "se abrirían las anchas alamedas"
para que el pueblo alzara su victoria desde las cenizas
Nada
de eso ocurrió. Los tres gobiernos sucesivos de la
Concertación de Partidos por la Democracia, y el
cuarto, con Michelle Bachelet en la presidencia, comenzaron
por elogiar la "sana política económica
del gobierno militar", y se adhirieron con tanta fidelidad
a sus presupuestos, que hoy es un lugar común decir
que "Ricardo Lagos ha sido el mejor presidente de izquierda
que ha sustentado la derecha". Con lo que se grafica
la situación de privilegio y vertiginoso enriquecimiento
de las grandes corporaciones empresariales, al punto que
la redistribución del ingreso en el Chile de hoy
es un veinte por ciento más baja que en los años
postreros de Pinochet. ¿Cómo podemos explicar
tamaña aberración? Todas las volteretas léxicas
resultan vacuas e inútiles ante la conducta infiel
El
lenguaje es misterio, confusión y paradoja; las palabras
nos enaltecen o nos denigran, según sea nuestro accionar
bajo su proclama. El lenguaje suele exceder nuestros propósitos;
nos luce grande, como la camisa de un gigante, cuando queremos
expresar hondos sentimientos; en la persecución de
nuestros anhelos, se queda corto, como las palabras que
tentamos encender en los balbuceos febriles del amor
En la esperanza, canta el lenguaje como un alegre ruiseñor
de la infancia.
¿Qué
podemos exigir, entonces, a los maestros, oficiales y aprendices
de la política que hemos defendido y votado? Quizá
que el rango entre la propuesta y su concreción no
sea un abismo sin fondo; que haya al menos cierto grado
de coherencia entre lo formulado y su axiología:
la ardua comunión del dicho y el hecho.
Pareciera
que en la actualidad las palabras fueron despojadas de su
sentido conceptual, por estos maquiavélicos sacerdotes
de "lo políticamente correcto", sobre todo
en el ejercicio cotidiano de ese raro "arte de gobernar"
o más bien "artesanía menesterosa"
de acogerse al cinismo de lo posible.
Con
el derrumbe del "mundo institucionalizado del socialismo",
acaecido a comienzos de la década de los 90', los
socialistas quedamos virtualmente acorralados, constreñidos
a un accionar político supervigilado por los poderes
fácticos que manipula el Imperio del Norte. Restaban
algunos islotes que fueron sucumbiendo poco a poco. Hoy
en día, Cuba es un lunar patético en la barriga
del Tío Bush; Corea del Norte se sostiene con la
horrenda precariedad de la amenaza atómica; la enorme
y enigmática China repta, con paso firme y confuciana
paciencia, hacia los falsos jardines del neoliberalismo
¿Acaso
han desaparecido -compañeros- las condiciones y circunstancias
históricas que propiciaron, hace ciento cincuenta
años, el socialismo? Nada de eso: más bien
se han agudizado a extremos intolerables... ¿Qué
ocurre, entonces?
Que
los socialistas no supimos adaptar la praxis ideológica
a los nuevos desafíos de la revolución tecno-cibernética.
La mayoría de nuestros cofrades se acogió
a las ventajas económicas que el sistema ofrece y
prodiga entre sus adláteres y conversos de la actual
clase política, con absoluta prescindencia de supuestas
filosofías antagónicas, pues lo que cuenta
es el acatamiento del pragmatismo ramplón, en pro
del éxito encadenado a los negocios imperialistas.
Así,
las políticas de asistencia social, de inversiones
económicas, de inmigración, de cultura -¡ay!-,
quedan sujetas al patrón del Fondo Monetario Internacional,
ente supremo de la burocracia globalizada
Cierto es
que en América del Sur se han alzado ahora voces
disonantes (Venezuela, Bolivia, Ecuador) que pudieran encarnar
un atisbo de esperanza. Pero creemos que se trata de populismos
sin raíz ideológica sustentable ni voluntad
organizada de cambio estructural. Para peor, las bravatas
caudillistas sirven de pretexto y coartada a los poderosos
para estrechar aún más el cepo
Desde
el desaliento y el escepticismo, preguntamos:
Compañeros
socialistas, ¿ubi sunt?
Edmundo Moure R.
MAYO 2007