La
situación que se ha producido con el distinguido
General de la República don Eduardo Iturriaga Neumann,
hace ineludible que mi columna aborde este tema de manera
directa y clara sobretodo en lo referido a la responsabilidad
que tiene la Justicia chilena en este libreto, responsabilidad
a la que no es ajena el Gobierno ni el Poder Legislativo.
Majaderamente
escuchamos la muletilla: "Hay que dejar que actúen
los Tribunales". Dejar el tema de los DD.HH. que afecta
a los miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden, reduciendo
el problema al actuar de la Justicia Penal, para que solamente
actúen los tribunales, es contrario a la realidad
histórica y a la indispensable conformación
de una voluntad nacional en un tema crucial para el país.
Estos delitos son de otra clase, distintos a los comunes,
cometidos por militares en situación de crisis del
ordenamiento jurídico, de un país intervenido
por las Instituciones de la Defensa.
¿Cómo
se puede condenar a quien no se le podía exigir una
conducta diferente dentro de un entorno acotado, sin libre
opción, en un sistema jerárquico piramidal
y disciplinado enmarcado en situaciones definidas por los
mandos y por el gobierno como de "guerra interna",
con la doctrina, procedimientos y criterios militares de
la época, divulgados en la reglamentación
vigente y en una política de Seguridad Nacional,
inmersos en el más trascendente "orden marco"
del gobierno militar y en la que tuvieron la orden de actuar?
La
obediencia y acatamiento de órdenes, ¿permitía
a atreverse a pensar y opinar distinto de los poderes omnímodos
en que se enmarca su disciplina?
En
gran parte de los cientos de procesos que actualmente se
ventilan en los Tribunales, la mayoría de los inculpados
son sólo eslabones que no podían impedir ni
modificar lo que se les ordenaba, un instrumento en manos
de superiores cuyas voluntades tuvieron la obligación
de obedecer.
¡En
las Fuerzas Armadas y de Orden se reciben órdenes,
no sugerencias!
Nadie
se remonta a la época de los hechos que nos ocupan,
ni se imaginan las consecuencias que podría arrastrar
el decir "no estoy de acuerdo" o haber desobedecido
una orden superior, o haber tenido una actitud distinta
a la que debían tener. ¿Será imaginable
y se podría ahora predecir sus consecuencias?
¡Fueron
fungibles y desechables!
A
pesar de esa amarga experiencia que el tiempo no resuelve,
en informativos de la televisión he podido percibir
que el juramento a la bandera no ha sido modificado y siguen
diciendo: "...obedecer con prontitud y puntualidad
las órdenes de mis superiores..."
La
verdad mediática, la verdad histórica y la
verdad procesal, son conceptualmente diferentes, con percepciones
transferidas en el tiempo por los medios de comunicación
social, acciones de un pasado del que ya nos separan treinta
y cuatro años, con presiones humanas, condiciones
culturales históricas distintas, traiciones de la
memoria, situaciones desdibujadas en sistemas operativos
donde intervenían varias personas, muchos ya fallecidos,
(solamente en el Ejército ya hay más de sesenta
Generales difuntos que tuvieron directa participación
en el Gobierno de las Fuerzas Armadas) con información
e ingerencias desiguales. ¿Cómo entonces querer
preservar la visión puramente jurídica y donde
definitivamente ni siquiera se considera el contexto social
e histórico heredero de la crisis que los precipitó?
Hoy
se dice: "que la justicia resuelva"; como si ello
trajera sorprendentes innovaciones. No es así.
¿Qué
pueden esperar los militares de la Justicia cuando los mismos
Ministros les han dicho que no pueden hacer nada que pueda
favorecerlos ya que ello les afectaría en su Carrera
Judicial y en sus legítimas aspiraciones profesionales?
¿Acaso
el Ministro que falla a favor de algún militar tiene
alguna posibilidad de ser elegido por el Ejecutivo de alguna
quina o terna que le permita ascender en el Poder Judicial?
¿Pueden
en consecuencia los militares esperar Igualdad ante la Ley?
¿Se
pueden hacer ilusiones de tener un Juicio justo?
¿Alguien
lo ha tenido?
¡Por
la vía jurídica no existe la más mínima
posibilidad, están en absoluta desventaja!!!
Quizás
uno de los pocos avances que han tenido, pero que en los
hechos prácticos la Justicia no le dio importancia
alguna, fue el documento "El fin de una visión",
en el que por primera vez el Ejército afirma que
las responsabilidades no fueron individuales, sino Institucionales.
No sirvió como eximente, ni siquiera como atenuante
ya que no se conoce ningún juicio en que la Justicia
lo haya acogido.
Las
Fuerzas Armadas y de Orden han hecho gestos reiterados a
los Gobiernos de la Concertación sin haber tenido
ninguna reciprocidad y hoy están conscientes que
ese camino no les ha dado beneficio alguno. Creo que muy
pronto se verán en la necesidad de enronquecer la
voz en sus legítimas demandas.
Con
lo sucedido con el General Iturriaga aparecen voces odiosas
de la izquierda enfatizando que "la Justicia debe respetarse,
acatarse sus fallos, nadie está por sobre la Ley,
Nó a una Ley de Punto Final, Nó a la prescripción,
Nó a la amnistía".
Sin
embargo nadie le dice a la izquierda que hay 48 terroristas
prófugos de la Cárcel Pública, más
dos fugados desde la Cárcel de Valparaíso
y cuatro desde la Cárcel de Alta Seguridad que lo
hicieron en helicóptero. ¿No hay para ellos
órdenes de captura? ¿Están encargados
a INTERPOL?
¡Es
curioso, pero en más de 18 años no han aprehendido
a ninguno!
Debe
ser porque a través de beneficios de estos gobiernos
concertacionistas, hay 283 terroristas más que recuperaron
su libertad, por la vía de recursos y leyes especiales,
hechas a la medida y a sobrepedido y con un efectivo interlocutor
de la Iglesia, el sacerdote Alfonso Baeza.
A
mi juicio Amnistía, prescripciones, Ley de Punto
Final, son letra muerta, soluciones inviables en el actual
escenario político y definitivamente impracticables
como decisión de un gobierno socialista, pero, a
lo mejor, se podría tener mejor suerte si con voluntad
política se legislara en una homologación
de beneficios como los que ya han cursado a los terroristas,
auto denominados "presos políticos" y enmarcados
en un principio Constitucional que no se ha respetado: EL
Principio de Igualdad ante la Ley. Esta es una pertinente
y urgente tarea para el Ejecutivo, para el Congreso, para
la Iglesia, para los Comandantes en Jefe, e incluso para
la prensa.
La
solución pasa por la Presidenta Bachelet, por el
Parlamento en una menor escala y por una interlocución
humanitaria de la Iglesia intercediendo primeramente por
muchos militares ya condenados que llevan años de
privación de libertad, que tienen la legítima
esperanza de que se ponga fin a tanta persecución
política disfrazada de jurídica y de poder
regresar definitivamente a sus hogares.
Se
requiere un juicio justo de la Historia y que los militares
sean devueltos a una vida que les considere un retiro digno
en el sosiego y tranquilidad familiar. No puede ser justo
que personas implicadas en ilícitos cuando recién
cumplieron su mayoría de edad, estén recibiendo
condenas cuando están en la tercera edad. (El promedio
de edad de la poblacional penal en Chile es de 28 años
y el de los militares condenados actualmente, es de 64 años).
Hoy
es imperioso el reencuentro de los chilenos, y se debe actuar
por sobre los deseos de venganza que sostienen grupos minoritarios
y que comercializan con el problema de los DD.HH., que en
todo caso no se verán afectadas en las millonarias
indemnizaciones con que la Justicia los hace ricos junto
a un reducido grupo de abogados que recogen a lo menos un
30% de cifras verdaderamente increíbles en cada juicio.
A
modo de ejemplo recordemos que el criterio jurídico
aplicado a la fecha por nuestros Jueces, deja de manifiesto
la existencia de chilenos de 1ª, 2ª, y 3ª,
clase. Orlando Letelier, era de Primera Clase recibiendo
del Estado US$ cuatro millones de dólares de indemnización.
Tucapel Jiménez sería de Segunda Clase con
US$ tres millones de dólares. Carmelo Soria sería
de Tercera Clase con US$ dos millones de dólares.
Después ya viene el resto.
En
el caso de la Operación Albania están negociando
alrededor de US$ un millón de dólares por
terrorista y como son doce, estamos hablando de seis mil
millones de pesos, o sea, más o menos dos mil millones
para el abogado de DD.HH. que lleva ese caso. No se nos
olvide que estos pagos que saldrán de las arcas fiscales
es por cada caído en la llamada Operación
Albania, terroristas que integraban la cúpula del
Frente Manuel Rodríguez, en su mayoría preparados
militarmente en Cuba y otros países de la órbita
soviética, ingresados a Chile clandestinamente con
nombres y pasaportes falsos, personas que venían
con específicas misiones de enfrentarse al gobierno
chileno establecido y de hecho fueron los que actuaron en
una emboscada contra el primer ciudadano de la República,
asesinando a mansalva a cinco de sus escoltas y dejando
a doce de ellos lisiados.
Amigo
lector, le hago una pregunta: ¿Sabe UD. de alguna
indemnización recibida por la viuda o los hijos de
algún militar o carabinero asesinado por los terroristas
del MIR, del FMR o del MAPU-Lautaro?
¡La
respuesta es ninguna!
Tengo
la plena convicción que el contexto de crisis interna
que les tocó vivir a las instituciones de la Defensa,
me permite aseverar que "quien salva a su Patria no
viola Ley alguna".