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Nicolás
Sarkozy ha pronunciado un discurso histórico.
Las ideas expuestas bien podrían alimentar
un fuerte debate en la derecha europea en general
y española en particular.
(Discurso de Bercy, 29 de abril
de 2007).
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En su discurso Nicolás Sarkozy critica al mismo tiempo
al "pensamiento único" neoliberal y a la
ideología izquierdista de Mayo del 68. A esta última
le reprocha haber destruido las referencias morales en la
política, la economía y la educación.
El candidato de la derecha francesa propone un nuevo concepto
de ciudadanía que equilibre los derechos con los
deberes, y llama a reconquistar ideas como nación,
autoridad e identidad. Los objetivos económicos ---dice---
no son un fin, sino un instrumento. Ofrecemos a continuación
algunos fragmentos especialmente significativos.
NICOLÁS
SARKOZY (Fragmentos del discurso de
Bercy, 29 de abril de 2007).
"El pensamiento único, que es el pensamiento
de quienes lo saben todo, de quienes se creen no sólo
intelectualmente sino también moralmente por encima
de los demás, ese pensamiento único había
denegado a la política la capacidad para expresar
una voluntad.
Había condenado la política. Había
profetizado su caída imparable frente a los mercados,
las multinacionales, los sindicatos, Internet. Se sostenía
que en el mundo tal cual es hoy, con sus informaciones que
se difunde instantáneamente, sus capitales que se
desplazan cada vez más rápido y sus fronteras
ampliamente abiertas, la política ya no jugaría
más que un papel anecdótico y que ya no podría
expresar una voluntad, porque el poder pronto estaría
compartido, diluido, disperso en red; porque las fronteras
estarían totalmente abiertas y los hombres, los capitales
y las mercancías circularían sin obedecer
a nadie. Pero la política retorna. Retorna por todas
partes en el mundo. La caída del Muro de Berlín
pareció anunciar el fin de la Historia y la disolución
de la política en el mercado.
Dieciocho años después, todo el mundo sabe
que la Historia no ha terminado, que siempre es trágica
y que la política no puede desaparecer porque los
hombres de hoy sienten una necesidad de política,
un deseo de política como rara vez se había
visto desde el fin de la segunda guerra mundial.
NECESIDAD
DE NACIÓN
La necesidad de política tiene por corolario la necesidad
de nación. La nación también había
sido condenada. Pero aquí está de nuevo, para
responder a la necesidad de identidad frente a la mundialización,
vivida como una empresa de uniformización y mercantilización
del mundo en la que ya no quedaría lugar para la
cultura y para los valores del espíritu. Quizá
la inquietud es excesiva, pero es bien real y expresa una
necesidad de identidad muy fuerte. Por todas partes la he
encontrado en esta campaña; en todas partes me han
hablado de ella gentes de toda condición.
Pero la nación no es sólo la identidad. Es
también la capacidad de estar juntos para protegerse
y para actuar. Es el sentimiento de que no se está
solo para afrontar un futuro angustioso y un mundo amenazante.
Es el sentimiento de que, juntos, se es más fuerte,
y podremos hacer frente a lo que, solos, no podríamos
afrontar.
Yo he querido volver a poner la voluntad política
y Francia en el corazón del debate político.
La voluntad política y la nación están
siempre para lo mejor y para lo peor. El pueblo que se moviliza,
que se convierte en una fuerza colectiva, es una potencia
temible que puede actuar tanto para lo mejor como para lo
peor.
Hagamos las cosas de manera que sea para lo mejor. Conjuraremos
lo peor respetando a los franceses, manteniendo nuestros
compromisos, respetando la palabra dada. Conjuraremos lo
peor haciendo que la moral retorne a la política.
CONTRA LOS HEREDEROS DE MAYO DEL 68
No me da miedo la palabra "moral". Desde mayo
de 1968 no se podía hablar de moral. Era una palabra
que había desaparecido del vocabulario político.
Hoy, por primera vez en decenios, la moral ha estado en
el corazón de la campaña presidencial.
Mayo del 68 nos había impuesto el relativismo intelectual
y moral. Los herederos del 68 habían impuesto la
idea de que todo vale, de que no hay ninguna diferencia
entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre
lo bello y lo feo. Habían querido hacernos creer
que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que
poner notas para no traumatizar a los malos alumnos, que
no había diferencias de valor y de mérito.
Habían querido hacernos creer que la víctima
cuenta menos que el delincuente, y que no puede existir
ninguna jerarquía de valores. Habían proclamado
que todo está permitido, que la autoridad había
terminado, que las buenas maneras habían terminado,
que el respeto había terminado, que ya no había
nada que fuera grande, nada que fuera sagrado, nada admirable,
y tampoco ya ninguna regla, ninguna norma, nada que estuviera
prohibido.
Recordad el eslogan de Mayo del 68 en las paredes de la
Sorbona: "Vivir sin obligaciones y gozar sin trabas".
Así la herencia de Mayo del 68 ha liquidado a la
escuela de Jules Ferry en la izquierda francesa, que era
una escuela de la excelencia, del mérito, del respeto,
del civismo; una escuela que quería ayudar a los
niños a convertirse en adultos y no a seguir siendo
niños grandes, una escuela que quería instruir
y no infantilizar, porque había sido construida por
grandes republicanos que tenían la convicción
de que el ignorante no es libre.
Pero la herencia de Mayo del 68 ha liquidado esa escuela
que transmitía una cultura común y una moral
compartida, cultura y moral gracias a las que todos los
franceses podían hablarse, comprenderse, vivir juntos.
La herencia de Mayo del 68 ha introducido el cinismo en
la sociedad y en la política. Han sido precisamente
los valores de Mayo del 68 los que han promovido la deriva
del capitalismo financiero, el culto del dinero-rey, del
beneficio a corto plazo, de la especulación. El cuestionamiento
de todas las referencias éticas y de todos los valores
morales ha contribuido a debilitar la moral del capitalismo,
ha preparado el terreno para el capitalismo sin escrúpulos
y sin ética, para esas indemnizaciones millonarias
de los grandes directivos, esos retiros blindados, esos
abusos de ciertos empresarios, el triunfo del depredador
sobre el emprendedor, del especulador sobre el trabajador.
LA IZQUIERDA HIPÓCRITA
Los herederos de Mayo del 68 han degradado el nivel moral
de la política. Todos esos políticos que reivindican
la herencia de Mayo del 68, dan al prójimo lecciones
que jamás se aplican a sí mismos, quieren
imponer a los demás comportamientos, reglas, sacrificios
que jamás se imponen a sí mismos. Proclaman:
"Haced lo que yo digo, no hagáis lo que yo hago".
Ésa es la izquierda heredera de Mayo del 68, la que
está en la política, en los medios de comunicación,
en la administración, en la economía. La izquierda
que le ha tomado gusto al poder, a los Privilegios. La izquierda
que no ama a la nación porque no quiere compartir
nada. Que no ama a la República porque no ama la
igualdad. Que pretende defender los servicios públicos,
pero que jamás veréis en un transporte colectivo.
Que ama tanto la escuela pública, que a sus hijos
los lleva a colegios privados. Que dice adorar la periferia,
pero que se cuida mucho de vivir en ella. Que siempre encuentra
excusas para los violentos, a condición de que se
queden en esos barrios a los que ella, la izquierda, no
va jamás.
Esa izquierda que hace grandes discursos sobre el interés
general, pero que se encierra en el clientelismo y el corporativismo.
Que firma peticiones y manifiestos cuando se expulsa a algún
"okupa", pero que no aceptaría que se instalaran
en su casa. Que dedica su tiempo a hacer moral para los
demás, sin ser capaz de aplicársela a sí
misma.
Esa izquierda, en fin, que entre Jules Ferry y Mayo del
68 ha elegido Mayo del 68, es la que condena a Francia a
un inmovilismo cuyas principales víctimas serán
los trabajadores, los más modestos, los más
pobres. Ésa es la izquierda que desde Mayo del 68
ha renunciado al mérito y al esfuerzo, que ha dejado
de hablar a los trabajadores, de sentirse concernida por
la suerte de los trabajadores, de amar a los trabajadores;
porque el valor trabajo ya no forma parte de sus valores,
porque su ideología ya no es la de Jaurès
o la de Blum, que respetaban a los trabajadores, sino que
ahora la ideología de la izquierda es la del reparto
obligatorio del trabajo, la de las 35 horas, la del asistencialismo.
La crisis del trabajo es ante todo una crisis moral, y en
ella la herencia de Mayo del 68 tiene una enorme responsabilidad.
Yo quiero rehabilitar el trabajo, quiero devolver al trabajador
el primer lugar en la sociedad.
LIQUIDAR
LA HERENCIA DE MAYO DEL 68
La herencia de Mayo del 68 ha debilitado la autoridad del
Estado. Esos herederos de los que en Mayo del 68 gritaban
"CRS = SS", toman sistemáticamente partido
por los violentos, los alborotadores y los estafadores contra
la policía. Lo hemos visto tras los incidentes de
la Estación del Norte. En lugar de condenar a los
violentos y de apoyar a las fuerzas del orden y su difícil
trabajo, no se les ha ocurrido nada mejor que esta frase,
que merecería ser inscrita en los anales de la República:
"Es inquietante constatar que se ha abierto una fosa
entre la policía y la juventud". Como si los
vándalos de la Estación del Norte representaran
a toda la juventud francesa. Como si fuera la policía
la que estaba actuando mal, y no los violentos. Como si
los violentos hubieran destrozado todo y saqueado los comercios
para expresar una revuelta contra una injusticia. Como si
el hecho de ser jóvenes lo excusara todo. Como si
la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente siempre
inocente.
Ésos son los herederos de Mayo del 68, que denigran
la identidad nacional, que atizan el odio a la familia,
a la sociedad, al Estado, a la nación, a la República.
En estas elecciones se trata de saber si la herencia de
Mayo del 68 debe ser perpetuada o si puede ser liquidada
de una vez por todas. Yo quiero pasar la página de
Mayo del 68. Pero tiene que ser más que un gesto.
No hay que contentarse con poner banderas en los balcones
el 14 de julio y cantar la Marsellesa en vez de la Internacional
en los mítines del Partido Socialista. No se puede
decir que se desea el orden y tomar sistemáticamente
partido contra la policía. No es posible seguir denunciando
la "provocación" y el "Estado policial"
cada vez que la policía intenta hacer respetar la
ley. No se puede decir que uno apuesta por el valor del
trabajo y, al mismo tiempo, generalizar las 35 horas, seguir
cargándolo con impuestos y estimular la mentalidad
del asistido, del que cobra del Estado para no trabajar.
No se puede decir que se desea obstaculizar las deslocalizaciones
y al mismo tiempo rechazar cualquier experimentación
del IVA social, que permite financiar la protección
social con las importaciones. No es posible proclamar grandes
principios y negarse a inscribirlos en la realidad. Yo propongo
a los franceses romper realmente con el espíritu,
con los comportamientos, con las ideas de Mayo del 68, con
el cinismo de Mayo del 68. Propongo a los franceses devolver
a la política la moral, la autoridad, el trabajo,
la nación. Les propongo reconstruir un Estado que
haga realmente su trabajo y que, en consecuencia, domine
las feudalidades, los corporativismos y los intereses particulares.
Les propongo rehacer una República una e indivisible
contra todos los comunitarismos y todos los separatismos.
Les propongo reedificar una nación que de nuevo esté
orgullosa de sí misma.
CIUDADANÍA DE DEBERES
Al poner sistemáticamente los derechos por encima
de los deberes, los herederos de Mayo del 68 han debilitado
la idea de ciudadanía. Al denigrar la ley, el Estado
y la nación, los herederos de Mayo del 68 han favorecido
el crecimiento del individualismo. Han incitado a cada cual
a no pensar más que en sí mismo y a no sentirse
concernido por los problemas del prójimo.
Yo creo en la libertad individual, pero quiero compensar
el individualismo con el civismo, con una ciudadanía
hecha de derechos pero también de deberes. Quiero
derechos nuevos, derechos reales y no virtuales. Quiero
un derecho real a un techo, al alojamiento. Un derecho real
al cuidado de los hijos, a la escolarización de niños
con minusvalías, a la dependencia para los mayores.
Quiero el derecho a un contrato de formación para
los jóvenes de más de 18 años, y a
la formación a lo largo de toda la vida. Quiero el
derecho a la caución pública para aquellos
que no tienen padres, para los que no tienen relaciones,
para los enfermos a los que no se les quiere prestar porque
se considera que representan un riesgo demasiado elevado.
Quiero el derecho a un contrato de transición profesional
para los que están en paro.
Pero quiero que estos derechos estén equilibrados
con los deberes. La ideología de Mayo del 68 habrá
muerto cuando la sociedad se atreva a recordar a cada cual
sus deberes, cuando en la política francesa se ose
proclamar que, en la República, los deberes son la
contrapartida de los derechos.
Ese día al fin se habrá realizado la gran
reforma moral e intelectual que Francia necesita una vez
más. Entonces podremos reconstruir sobre cimientos
renovados esa República fraternal que es el sueño
siempre inacabado, nunca realizado de Francia desde el primer
día en que tuvo conciencia de su existencia como
nación. Porque Francia no es una raza, no es una
etnia, ni sólo un territorio; Francia es un ideal
incansablemente perseguido por un gran pueblo que, desde
su primer día, cree en la fuerza de las ideas, en
su capacidad para transformar el mundo y hacer la felicidad
de la humanidad.
Quiero decírselo a los franceses: el pleno empleo,
el crecimiento, el aumento del poder adquisitivo, la revalorización
del trabajo, la moralización del capitalismo, todo
eso es necesario y es posible. Pero eso no son más
que medios que deben ser puestos al servicio de una cierta
idea del hombre, de un ideal de sociedad donde cada cual
pueda encontrar su lugar, donde la dignidad de todos y cada
uno sea reconocida y respetada." ?????
Fernando Le Dantec G.