Caminaba
por la calle Colón desde Manquehue al oriente, respirando
el aire helado y contemplando la cordillera de los Andes
recién nevada, amanecía en Santiago un día
despejado de invierno.
Los
rayos del sol se dibujaban en el cielo desde atrás
de las montañas, transparentado las cumbres nevadas
un
color anaranjado teñía algunas nubes de un
cielo azul intenso.
Maravillado
ante el espectáculo, le agradecí mentalmente
al Sol la belleza de ese amanecer radiante
y el me contestó asombrado, iniciándose el
diálogo más sorprendente de mi vida.
Quién
me habla, dijo: de donde viene esa voz.
Soy
un hombre, le respondí, maravillado con tu luz, con
tu forma de aparecer, con tus vestiduras de color
.rompiste
la noche y llegas como un rey lleno de radiante energía.
De
que hablas, me dijo. Luz, color
¿que es eso?,
yo sólo veo negrura, un vacío enorme, un abismo
insondable que no muestra sino una eterna noche en la cual
trascurre mi soledad
.¿estás loco acaso
..dónde
ves todo eso que yo no veo?
Le
traté de explicar que su luz era indispensable para
nosotros, que no estaba solo, que brillaba tanto que no
era posible mirarlo directamente
incluso que algunos
lo consideraban un dios por su entrega, que hacia posible
la vida y muchas cosas más, pero no me creyó
y siguió sumido en su tristeza y soledad.
Pensé
asombrado, ¿como es posible que el Sol no sea capaz
de ver su propia luz?, ¿como puede ser que el astro
rey, que ocupa el cielo completo, esté deprimido
en un vacío de oscuridad?
. Insólito.
Luego
se me ocurrió
. Le pedí que se concentrara
y que buscara un puntito azul cerca de él. Tardó
algunos minutos cuando por fin y sin mucho entusiasmo admitió
que veía un punto azul, probablemente un defecto
en su visión.
No,
le dije. Ese punto azul es mi planeta, aquí habito
y desde aquí veo tu luz. Mi planeta es azul porque
tú lo pintas así con tu luz. Le conté
que día con día era él el que nos daba
vida y calor, que se fijara en otros "puntitos"
y que descubriría alrededor de él como emanaba
su luz, que no se perdía en el vacío, que
muchos la veíamos y la agradecíamos y me despedí
tratando de ser lo mas amable posible pensando que incluso
el Sol necesita compañía.