En Febrero de 1594 el corsario inglés Richard Hawkins,
al mando del velero Dainty, cruzó el Estrecho de
Magallanes ingresando al Océano Pacífico en
busca de riqueza y gloria para sí y para la corona
inglesa
Inglaterra y España en esa época eran potencias
en continuo estado de guerra, declarada o no, disputándose
el dominio del mar y de territorios. España aún
dominaba en los mares, y en el Océano Pacífico,
el que había sido denominado por Carlos V, rey de
España, como "mare claussum", o sea cerrado
para otras potencias. El mismo Carlos V, refiriéndose
a Enrique VIII, rey de Inglaterra, respecto a alguna controversia,
le había dicho al embajador inglés: "Su
señor no adoptaría esos aires si no fuese
porque sus dominios están rodeados por un estanque
de arenques."
La larga travesía de las naves de Hawkins por el
Atlántico había sido difícil. Fuertes
vientos desfavorables en el Atlántico habían
retrasado la expedición en cuatro meses. Cuarenta
tripulantes de las dos naves, Dainty y Fancy, habían
fallecido víctimas de enfermedad ("como sarna")
y de accidentes propios de esas navegaciones. Por fin pudieron
recalar, a la altura de Brasil, en una agradable y pródiga
isla, Santa Ana, donde después de un mes de estadía,
con reposo y alimentación más adecuada, la
tripulación se recuperó, y donde, además,
se efectuaron reparaciones a las naves. Luego zarparon rumbo
al Estrecho de Magallanes. En el trayecto Hawkins perdió
contacto con la nave Nancy, de la que posteriormente no
tuvo noticia alguna.
El hermoso Dainty (Elegante) con sus 300 toneladas arribó
al Estrecho de Magallanes a mediados de Diciembre. El cruce
de éste, con sus vientos y corrientes imprevisibles,
les tomó seis semanas, con serios peligros, ("Tres
horas estuvo mi pobre nave por estrellarse contra los roqueríos
y en cada momento de ellas aguardábamos la muerte.
Pero quiso librarnos el Señor y nos sacó al
Mar del Sur").
Cuatro expediciones que antes habían intentado cruzar
al Pacífico habían fracasado en sus intentos,
debiendo retornar a Europa, o habiendo naufragado.
Hawkins tenía entonces 31 años, pero había
empezado a navegar siendo muy joven cuando su padre John
lo embarcó en sus expediciones de corso hacia Africa,
donde se dedicaba a la captura y tráfico de esclavos,
actividad en la que acrecentó su cuantiosa fortuna.
En esos viajes Richard supo de la aventurera vida llevada
por su padre, quien había sido autorizado como corsario
por la reina de Inglaterra en 1564, iniciando sus acciones
en su nave Jesús. (Aunque el nombre de Jesús
para una nave dedicada a tales actividades parezca una burla,
entonces no lo era. Como dijo alguien: "el pasado es
un mundo extraño en el que la gente actuaba diferente").
John Hawkins posteriormente fue capturado por los españoles
en la batalla de Veracruz, permaneciendo cautivo por tres
años, logrando huir tras hábiles ardides,
regresando a su patria donde fue recibido como un héroe
y ennoblecido. Poco tiempo después fue hecho miembro
de la Cámara de los Comunes.
De su padre Richard además aprendió el idioma
español y a conocer y entender la mentalidad y proceder
de los españoles, y españolas, de la época.
Cruzado el Estrecho el Dainty puso proa al norte, recalando
en una bahía, de la entonces remota y casi despoblada
Isla Mocha, para efectuar reparaciones. Luego, Hawkins ordenó
zarpar rumbo al puerto de Valparaíso.
Antes de arribar a Valparaiso el Dainty avistó la
que sería su primera presa, un pequeño navío
de dos mástiles que se dirigía también
hacia el norte. El Dainty era veloz, y su tripulación
experta, por lo que la cacería fue breve, quedando
el navío en manos de los corsarios. Sin embargo,
cuando éstos abordaron la nave tuvieron una sorpresa
ingrata ya que la nave española transportaba gran
cantidad de tablones de roble, enormes cajones con manzanas
con aserrín como material de acomodo, sebo en cajas
y una escasa cantidad de oro. Los productos provenían
de Valdivia y estaban destinados al puerto de Callao.
Hawkins era un hábil corsario, conocedor del mar
y de la naturaleza humana, además era un caballero.
Esta última cualidad le sería motivo de serio
descalabro y, luego, de su salvación.
La captura de esa nave fue incruenta, y los tripulantes
dejados libres.
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Santiago había sido fundado en 1542, el puerto de
Valdivia en 1552. ¿Qué clase de gente era
esa de Valdivia, que subsistiendo en condiciones tan precarias,
solos, aislados, rodeados de indígenas hostiles,
soportando un clima inhóspito, a tan poco tiempo
de establecidos eran capaces de procurarse un navío,
producir esos bienes, y destinarlos a un puerto ubicado
a 30 días de navegación, con un viaje de retorno
contra vientos y corriente que demoraría tres meses?
Para las condiciones de ese entonces es difícil imaginar
otros productos de esos suelos que mereciesen ser exportados,
y un destino más adecuado que el puerto de Callao,
vecino a la próspera y rica capital del Virreinato,
Lima.
Santiago era un pequeño y pobre poblado, con una
comunicación difícil y precaria con su puerto,
Valparaíso. Este puerto contaba con escasa población,
una iglesia y primitivos bodegones para almacenaje en espera
de las escasas naves que arribaban. Ambos poblados como
mercado para esos productos eran inadecuados.
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Cuando la tripulación del Dainty trasladó
los objetos de valor y alimentos, Hawkins enfiló
hacia Valparaíso donde arribó a fines de Abril.
La nave ingresó a la bahía, al amanecer, encontrando
a los pobladores desprevenidos e indefensos. Estos no opusieron
resistencia, ni tampoco los tripulantes de cuatro navíos
surtos en la bahía.
Sólo habían pasado 16 años desde que
Drake saqueó a sangre y fuego Valparaíso,
en medio de una atroz e innecesaria matanza. Es razonable
suponer que ahora los pobladores prefieran entregarse sin
resistencia alguna. El hecho fue que Hawkins se apoderó
del puerto y de las naves sin derramar sangre.
El corsario organizaba el traslado y carguío de los
productos saqueados cuando fue informado por uno de sus
oficiales que en una de las naves capturadas una mujer joven,
armada, no dejaba que nadie se le acercara, reclamando ser
Beatriz de Castro, condesa de Lemus, pariente del Virrey
del Perú, y exigía hablar con el más
alto oficial inglés. Hawkins era un caballero y se
dirigió al navío. Allí se encontró
con una hermosa mujer, quien altiva, le informó de
su condición y exigió que si él era
oficial inglés la hiciese respetar. Asombrado y respetuoso
ante el coraje de la mujer el corsario ordenó a un
oficial que la dama fuera tratada con toda deferencia y
llevada a tierra con sus pertenencias.
La captura de Valparaíso fue muy provechosa para
los corsarios. Los lavaderos de oro de Marga Marga eran
productivos. Su explotación había sido iniciada
por los incas y luego habían pasado a propiedad de
Pedro de Valdivia. En el puerto en las bodegas se encontró
oro en abundancia, al igual que en la iglesia.
En las bodegas del puerto, según relata Hawkins en
sus memorias, se encontró gran cantidad de vino en
botijas de greda y en odres de cuero, sebo en panes, maderas,
harina en sacos, porotos, trigo, carne desecada y salada,
zapallos, y fruta seca.
El corsario en su estadía no cometió actos
de crueldad, e incluso llegó a "granjearse la
amistad de muchos y muchas", según se relata.
Los corsarios procedieron a cargar una de las naves capturadas
con parte del botín y la destinaron a Inglaterra.
Luego Hawkins y los suyos zarparon hacia el norte en busca
de nuevas presas y puertos.
La caballerosidad de Hawkins, o su buena índole,
le indujo a cometer el error de no destruir las otras naves
capturadas.
Apenas el Dainty se había perdido en el horizonte,
en Valparaíso se empezó febrilmente a preparar
para zarpar al más rápido de los navíos,
una galizabra, para prevenir a las autoridades de Callao
y al Virrey sobre la peligrosa presencia de este singular
enemigo.
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En los bodegones del puerto de Valparaíso los corsarios
de Hawkins entre otros productos encontraron "vino
en enormidad" mantenido en botijas de greda y en odres
de cuero de vacuno.
Según se conoce la primera vendimia en el país
fue efectuada por don Francisco de Aguirre en alguna parte
de sus extensos dominios de Copiapó de la Selva en
1556. Posteriormente don Juan Jufré, cuatro años
después, obtuvo vino en su propiedad de Nuñoa,
en el entonces fértil valle de Santiago. También
Jufré estableció viñedos en la cercanía
del Río Maule (¿tal vez en Curtiduría?),
y luego en Peñalolén.
Tanto Jufré como Aguirre habían sido compañeros
en la expedición de Pedro de Valdivia.
Juan Jufré en 1553 instaló lo que sería
el primer astillero naval cerca de la desembocadura del
Río Maule. Resulta así, ser precursor de la
industria vitivinícola y del transporte marítimo.
Por ambas actividades muestra certera visión, incluso
es posible suponer que haya sido el primer exportador de
vino del país.
La naciente industria vitivinícola progresaría
porfiadamente, y es así como a inicios del siglo
XVIII se embarcaba hacia Callao 2.000.000 de litros de vino
al año.
Es muy probable que el Dainty al zarpar de Valparaíso
cargara también algunas de las "grandes cajas"
de manzanas procedentes de Valdivia y del navío capturado.
El material de acomodo de éstas era aserrín
seco. Habiendo sido cosechadas oportunamente, y bien seleccionadas,
mantenidas en ese medio de acomodo, que aislaba de cambios
de temperatura y humedad, impidiendo además una aireación
acelerada, deben haber permanecido en buena condición
por largo período. Se simulaban así procedimientos
modernos de conservación de frutas, en forma primitiva,
pero práctica.
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El Dainty prosiguió su ruta hacia el norte, y Hawkins
tuvo ocasión de saquear "algunos otros puertos",
de lo que no da mayor detalle en sus memorias. Luego, a
la altura del puerto peruano de Pisco y "en el día
de la Santísima Trinidad" avistó los
velámenes de seis naves que el Virrey García
Hurtado de Mendoza había preparado y enviado para
atacarlo al ser advertido sobre la presencia de los corsarios.
Hawkins tuvo suerte al contar con viento a su favor, y maniobrando
diestramente pudo escapar. En cambio, en la persecución
tres de las naves españolas sufrieron rotura de mástiles
y velámenes debido al fuerte viento y a malas maniobras,
motivo por el cual los españoles debieron retornar
al Callao.
Los corsarios se dirigieron luego a tierra para proveerse
de agua para bebida. Cuando se aprestaban a zarpar, el 4
de Junio, fueron avistados e interceptados por tres poderosas
naves de guerra, con 74 cañones y 300 hombres, enviadas
por el Virrey para destruir y capturar a esos facinerosos.
Se inició entonces un duelo de artillería
y embestidas, con intento de abordaje que sólo interrumpió
la oscuridad de la noche. Hawkins no pudo aprovechar la
noche para escapar, y al día siguiente prosiguiendo
el desigual combate varios oficiales corsarios estaban muertos
o heridos, al igual que decenas de tripulantes.
La nave estaba seriamente dañada, la tripulación
se desanimaba. Hawkins narra: "yo les hice un breve
parlamento. Los insté a tener valor, mostrando de
que nación eran, y que por la honra de ella, y de
sus libertades, no pensasen en rendirse mientras quedase
alguien vivo". Así la batalla se mantuvo largamente,
hasta que la situación se hizo insostenible, estando
Hawkins seriamente herido en muslo, brazo y cuello.
La nave estaba ya muy dañada, casi sin maniobra,
haciendo abundante agua, y con serio peligro de irse a pique.
Relata Hawkins: "No creo que después que el
mundo lo es se ha visto nave tan maltratada, ni hecha un
arnero, con catorce impactos bajo el agua de los cuales
la mitad no podíamos taponear, pues la desventaja
con que peleamos es increíble".
Ante la promesa del jefe español Don Beltrán
de Castro, quien "bajo palabra de honor" aseguró
que rendidos los corsarios "no se haría mal
a hombre alguno y se respetarían sus vidas",
los ingleses se rindieron. Hawkins ordenó a un oficial
que si al abordar la nave, algún español actuaba
con crueldad o rigor, procediera de inmediato, sin vacilar,
a hacer estallar la santabárbara y volarlos a todos.
Don Beltrán de Castro era un hombre de honor, noble,
y de gran linaje. Respetó su palabra entonces y siempre,
incluso en muy difíciles circunstancias al oponerse
a la temida Inquisición protegiendo a los corsarios.
Hawkins en carta escrita a su padre, Sir John, fechada el
6 de Agosto de 1594 en el puerto de Perico, Panamá,
se refiere a su captura: "En cuanto a la honra de nuestra
pendencia, y razón en rendirnos, me remito a nuestros
contrarios, que no dudo, dejarán de publicarlo por
la mayor parte de la cristiandad. Consuélame que
fue tal que ni mi reina fue deshonrada por tener tal vasallo,
ni mi padre por tener tal hijo, ni mis deudos tal pariente".
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El empuje de los habitantes del país en ese entonces
se hace notar en el esfuerzo por efectuar comercio, el que
dadas las condiciones, escasa población y poder comprador,
y difícil topografía que prácticamente
impedía transporte por tierra, debía dirigirse
hacia el exterior. El comercio se efectuaba por medio de
navíos cuya capacidad de carga fluctuaba entre 30
y 800 toneladas. Al mes, a inicios del siglo XVIII, arribaban
a Callao alrededor de 30 naves procedentes de diversos puertos
de Chile.
En base a informaciones procedentes de capturas de naves
por corsarios y piratas, y de saqueos de puertos, se observa
que los productos que se embarcaban eran principalmente
vino, carne desecada y salada, fruta deshidratada, sebo,
trigo, legumbres, cueros de vacuno, ovino o caprino, madera,
especialmente de roble, y oro.
Cuando Drake atacó Valparaíso, en 1578, capturó
un navío denominado San Sulpicio, en el que encontró
maderas y "buena cantidad de vino en botijas de greda
de dos arrobas cada una". En el año 1600 el
navío holandés Endracht capturó una
nave española procedente de Valparaíso cuya
principal carga eran también botijas de vino.
El nombre del balneario Viña del Mar proviene de
los viñedos establecidos por Francisco de Riberos
alrededor del año 1560, al oriente de la actual Quinta
Vergara. Uno de esos viñedos, ubicado hacia el sector
de Chorrillos posteriormente fue de propiedad de un tío
del prócer José Miguel Carrera.
Además de embarcarse productos por Valparaíso,
Coquimbo y Caldera, también se aprovechaban bahías
vecinas a grandes propiedades agrícolas de la época.
Se tiene conocimiento de embarques efectuados en la bahía
de Huallarauco (Ligua) vecina a la encomienda de Pullalli
de propiedad del Marqués de la Pica, en la bahía
de Zapallar vecina a la Hacienda Catapilco. Más al
sur se recurría a caletas como Tunquén, la
de la desembocadura del río Maipo y otras.
El río Maule, mucho más caudaloso en esa época,
y no embancado, era remontado desde la desembocadura por
lanchones que surtían de carga a los veleros que
permanecían cerca de la desembocadura.
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Los corsarios fueron trasladados prisioneros desde Panamá
a Callao, y luego a Lima. Allí se encontraba doña
Beatriz de Castro, quien había sido tratada con toda
deferencia por Hawkins en Valparaíso. Ella era hermana
de don Beltrán de Castro, el vencedor de Hawkins,
y además hermana de doña Teresa de Castro,
esposa del Virrey don García Hurtado de Mendoza.
Don Beltrán respetuoso de su palabra intercedió
a favor de Hawkins y su gente, y lo mismo hicieron sus hermanas.
También jugó a favor del corsario el buen
trato que Hawkins había dado a sus víctimas
cuando había sido vencedor, en Valparaíso,
en otros puertos y en naves capturadas. Recuperado Hawkins
de sus heridas, a instancias de don Beltrán y sus
hermanas, fue liberado de prisión y "bajo palabra
de caballero" obligado a permanecer en Lima. Su excelente
trato, buena presencia, cultura, conocimiento del idioma,
y de la mentalidad de los españoles, y en especial
de las españolas, lo convirtió luego en el
personaje más solicitado en cuanto baile, tertulia
e invitación hubiese, donde se mostró como
un eximio bailarín y notable recitador. Se dice que
también deleitaba a las damas con poemas y narraciones
de Geoffrey Chaucer, algo audaces para la época.
Este caso de "cautiverio feliz" fue ensombrecido
sí, por la acción de un nuevo inquisidor que
llegó a tomar posesión de su cargo, don Antonio
Ordóñez y Flores, quien para colmo "era
mozo, mostrándose impaciente por celebrar acciones
que le acreditaran y al mismo tiempo desvanecieran graves
sospechas". Don Antonio Ordóñez era jóven,
ambicioso, disponía del insondable poder de Iglesia
y Estado aliados, y para colmo tenía algo que ocultar.
No cabe duda que para Hawkins y su gente era más
peligroso que la más poderosa nave de guerra Española,
el San Felipe, y todo el resto de la Escuadra.
Afortunadamente para Hawkins, don Beltrán era hombre
de honor e hizo respetar su palabra. Sus hermanas, además,
mostraron sugerente preocupación y empeño
en hacer que el Virrey librase a Hawkins de caer en manos
de la temida Inquisición.
Demostrado que Hawkins era cristiano, que de hecho lo era,
y sorteados los riesgos de la Inquisición, después
de más de un año de estadía (no corresponde
hablar de cautiverio) en Lima, pudo ser embarcado destino
a España. Iba especialmente encargado a la protección
de don Rodrigo de Castro, Cardenal de Sevilla, y hermano
de don Beltrán, de doña Teresa y doña
Beatriz.
En Sevilla Hawkins permaneció preso varios años
hasta que el Conde de Miranda le hizo dejar libre aduciendo
que: "la palabra de un capitán del rey, como
lo es don Beltrán de Castro, debe ser respetada".
En 1604 fue nombrado miembro del parlamento, y luego ennoblecido.
Continuó su aventurera vida luchando contra los piratas
del Mediterráneo. En 1622 publicó sus memorias,
antes de morir ese mismo año. De él se dijo
"conocer mares y amar mujeres, fue su pasión
y su vida". Dice la tradición que la señora
del Virrey lo recordaba muchos años después
de su partida.
__ o __
Bibliografía
1.-
Caviares, Eduardo;
"El Comercio Chileno en la Economía - Mundo
Colonial", Ediciones Universitarias Valparaíso,
U.C.V. Valparaíso1996.
2.- Hawkins, Mary W. S.;
"Plymouth Armada Heroes", William Brendom x son,
Playmouth, 1888; http:/www.starnet.demon.co.uk/hawkins/pah/index.html
3.- Hawkins, Richard;
"Carta enviada por Ricardo Hawkins a su padre, John,
desde Panamá" fechado el 06 de Agosto de 1594
destinada a Londres, tomada de Historia de la Inquisición
de Lima" de José Toribio Medina Biblioteca América,
J. T. Medina, Biblioteca Nacional, Santiago.
4.- Ocaña, Fray Diego de;
"Viaje a Chile, Relación de Viaje 1600",
Editorial Universitaria, Santiago, 1995.
5.- Silva, Victor Domingo;
"Monografía Histórica de Valparaíso,
1536-1910". Ediciones Altazor, Viña del Mar
2004.
6.-Stewart Stokes, Hamish;
"Del Mar del Norte al Mar del Sur: Navegantes Británicos
y Holandeses en el Pacífico Suroriental, 1570-1807",
Editorial Puntángeles, UPLA, Universidad de Magallanes,
Valparaíso, 2000.
7.- Sweig, Stefhan;
"Magallanes", Ediciones Ultra, Santiago, 1927.
8.- Valenzuela S. de O. Carlos;
Piratas del Pacífico Editorial Andujar, Santiago.
9.- Vergara, José Cruz;
"Crónica y Síntesis Historia de Valparaíso,
Viña del Mar", Fondart, Valparaíso, 1996.