Sr.
Juez:
Yo
sé que Ud. vive en un mundo diferente al mío.
Ud. no sólo no debe cumplir horario sino que trabaja
según su conciencia, avanza en sus juicios de acuerdo
a sus posibilidades, nadie puede interferir en su desempeño.
Sus dictámenes son de tan extraordinaria importancia
para las personas juzgadas, que Ud. llega a ser venerado,
ni siquiera se le puede llamar "señor",
debemos usar calificativos especiales, tampoco nos comunicamos
en un mismo plano ya que Ud. trabaja en un escritorio colocado
como medio metro más alto que los demás mortales
y además separado por una baranda que ni siquiera
se puede tocar. En una oportunidad osé afirmarme
en esa baranda durante una declaración, fue peor
que hubiera tocado el "arca de la alianza". En
fin, Ud. vive en su mundo y yo lo acepto.
Yo
vivo en otro mundo, en el mundo empresarial. Las personas
como yo, dueños o altos gerentes de empresas, ya
sean éstas chicas o grandes, también tenemos
que trabajar de acuerdo a nuestras conciencias, pero tenemos
que cumplir horarios. Sin embargo, nuestro trabajo se extiende
a todo los momento de nuestras vidas, en todo lugar y a
toda hora. Somos responsables de la seguridad de nuestro
personal, de los plazos a cumplir, de la calidad de los
productos, de las innovaciones tecnológicas, de los
flujos de dinero, de percibir utilidades y de muchas otras
cosas propias de nuestro desempeño; pero en definitiva,
ganamos por lo que logramos realizar.
Sí
Sr. Juez, vivimos en otro mundo; pero no sólo Ud.
y yo, así también otras personas, como en
el mundo laboral, profesional, mundo de la política,
de los servicios religiosos, de los médicos, etc.
Cada uno de nosotros vivimos en mundos diferentes, y en
cada uno de estos mundos siempre existen los que se creen
superiores y se autocalifican y auto designan como "reycitos".
Por supuesto que reycitos con prebendas especiales, como
forma de trato, estacionamientos reservados en la vía
pública, vehículos ajenos con choferes, sobre
sueldos especiales, manejo de dineros ajenos, en fin, existen
tratados completos de psicología para satisfacer
la mente de estos reycitos.
También
es cierto que si bien todos vivimos en mundillos diferentes,
también lo hacemos en un solo mundo, el de los chilenos.
Y en este gran mundo de los chilenos, que por sólo
tener el privilegio de pertenecer a él, se nos exige
a todos por igual: responsabilidad, sabiduría y valores;
honradez, patriotismo, honor, también eficiencia
y eficacia, en cuanto al conocimiento aplicado como al tiempo
empleado.
Sr.
Juez, así como los médicos trabajan con la
salud para dar vida, Ud. trabaja con la libertad, expresada
en diferentes formas, para hacer justicia. Creo que no se
puede lograr plenamente ni lo uno ni lo otro, sin embargo
se trata. Pero igual, Ud. trabaja allá en lo alto,
cerca del cielo para asemejarse más a Dios. ¡Qué
complicado tanto poder Sr. Juez! Y poder supremo, porque
si se equivoca en su juicio, ni a Ud. ni a su familia nada
le pasa, ni le quita el sueño. Qué raro debe
ser sentirse así y acostumbrarse a ello. Yo, humildemente,
creo que Ud. debiera contratar un lacayo, similar a los
que iban junto a los Generales en los carros de la victoria
entrando a Roma, obligándole a que les recordara,
cada diez minutos, diciendo: "acuérdate que
eres mortal.......
acuérdate que eres
mortal
. acuérdate que eres mortal"
..,
ya que a más de uno se le ocurrió deificarse.
Sea
juez o no, el humano que más se cree Dios, más
pobre infeliz es; y ojo, que en esto se puede llegar hasta
la perfección, hasta la perfección de lo infeliz
por cierto.
Saludo
atentamente a Ud.
FBL
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P.D. Lector, ¿eres tú
juez?