Fue hace años atrás cuando en un viaje con
mi hijo Diego a Santiago, al entrar por el sector de Av.
Santa María, en un semáforo, se acercó
a la ventana del auto un niño pidiendo dinero, debería
haber tenido unos 6 o 7 años, una edad similar a
la de mi hijo
. Yo le dije que no con un gesto de la
mano sin abrir la ventana.
Diego
se hincó en el asiento mirando al niño por
la ventana de atrás
me miró y me pregunto
que quería
estaba asustado. Le explique que
quería dinero, que en Santiago es común ver
niños pidiendo dinero, él me bombardeo con
varias preguntas
que para qué quería
dinero, que dónde estaban sus papas, que qué
hacia solo en la calle a esa hora, que quién lo llevaría
a su casa..uf
no fue fácil pero le di todas
las explicaciones más convincentes de porque ese
niño no necesitaba mi ayuda
parece que no fue
suficiente porque, sin una actitud de reproche, me pidió
que le recordara traer sus ahorros la próxima vez
que viajáramos a Santiago.
La
siguiente vez ya no le llamó la atención.
Pensé
en el cuento de Pinocho pero al revés, es decir,
el niño que se transforma poco a poco en un muñeco
de palo
y reflexioné muchos días tratando
de encontrar el momento en que mi propio corazón
se perdió, como una manera de encontrar ese camino
errado
no lo logré.
Fue
hasta hace poco que encontré una clave.
Como parte de mi trabajo formo parte de una comisión
examinadora de título y tengo que pasarme largas
horas escuchando a nerviosos jóvenes explicando sus
proyectos.
Y casi siempre sucede que entre más larga es la explicación,
más malo es el proyecto. Comprendí que a mi
me sucedía lo mismo, entre más explicaciones
me daba, más escondía mi conciencia.
Decidí
hacer un experimento, decidí (en una actitud temeraria
que me costo muchísimo) no darme explicaciones ni
justificaciones de ninguna clase, solo presentarme ante
los hechos tal cual como son. El resultado fue terrible,
pero iluminador.
Un
destello de mi corazón vivo apareció por una
rendija de éste corazón de palo que tengo.
Y
recordé
la diferencia entre legítima
defensa y la agresión
. El obscurecimiento de
parte de mi conciencia de vida, el alejamiento de la realidad
y el sobre temor exagerado al sufrimiento, finalmente cerré
los ojos y perdí mi corazón de niño.
No
quise ver
y luego de muchas explicaciones me convencí
de que eso estaba bien
como ese mal proyecto que me
desagrada pero que de tanto hablar, ese estudiante nos ha
convencido a todos de que tenía que ser así.
Se
instala la cultura de la muerte, nuestra conciencia no lo
nota y nos parece correcto. Nos acostumbramos a cerrar los
ojos, a cubrirnos de explicaciones.
Un
bonito abrigo de piel que se te ve tan bien, que lo merecías
hace tiempo y además eres tan friolenta
., un
gran asado con la familia
, el mundo por delante
sin ese niño en mi vientre
., una muerte
digna asistida por alguien que te quiere, para que perpetuar
el dolor?...... explicaciones sobre mentiras, no queremos
ver como despellejan a esos animalitos, ni como los matan,
ni como los cortan, no queremos ver la sangre ni la muerte
ni el sufrimiento, obscurecemos nuestra conciencia y perdemos
nuestro corazón de niño.
Ver
las cosas sin explicaciones, sin adornos es tremendo, doloroso,
pero también es maravilloso, porque tener un corazón
es estar vivo y no ser de palo.
Tener
un corazón es ser consecuente con la vida, enfrentar
el sufrimiento y dar la Batalla a la ideología de
la muerte, tenemos un gran aliado, Cristo nos acompaña,
nos guía y nos protege
aun podemos ganar porque
no somos ovejas sino leones.
Ojos
que no ven, corazón que no siente.
No hay peor ciego que el que no quiere ver.
No
hay peor ciego que un corazón que no quiere sentir.
Hagamos
valer nuestra condición Humana, nuestro corazón
vivo, no necesitamos un hada madrina como Pinocho, sólo
maravillarnos con nuestra Vida y nuestro Mundo y no justificar
tanto lo necesario que es matar y sufrir
Finalmente
pensé que si Pinocho quería un corazón
de niño era porque en verdad tenía uno.