Señor
Director
Después
de ver todos los lamentables acontecimientos que ocurrieron
con el sensible fallecimiento del General (R) y ex presidente
Augusto Pinochet Ugarte, desde una perspectiva desinteresada
y ajena a la vinculación partidaria he creído
oportuno dirigirme a esta importante tribuna para plantear,
a la luz de mis recuerdos y visión personal de un
chileno, ciudadano, que como la gran mayoría, no
se siente representado por la clase política, lo
siguiente:
Si
recordamos los acontecimientos ocurridos durante el gobierno
de la Unidad Popular, cuyo presidente fue elegido gracias
a un irresponsable acuerdo político con la Democracia
Cristiana, más interesada en mantener el poder que
en los verdaderos intereses de la nación, podemos
concluir, en base a los antecedentes históricos verificables
en toda la prensa de la época, que fue el peor gobierno
que ha tenido Chile. En menos de tres años que duró
aquel nefasto e irresponsable gobierno, aparte de la extrema
polarización, el país fue destruido en todas
sus formas. Con una inflación superior al 1.000%,
con todas las empresas, salvo la papelera, requisadas por
el gobierno, también la mayoría de los predios
agrícolas tomados por la fuerza por sus partidarios
y mediante la imposición de cadenas interminables,
se tomó el dial de las radioemisoras y televisión
chilena, impidiendo con ello el acceso a la información,
sin ningún respeto a la propiedad privada y a los
derechos fundamentales de la persona humana. El desabastecimiento
se hizo extremo y el pan de cada día eran las colas,
se llegó a extremos miserables en que mediante las
Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP), se racionaba
la entrega de alimentos a las familias chilenas.
En
aquel entonces, época de la llamada guerra fría,
a nivel mundial existían dos principales corrientes
ideológicas, Occidente y Oriente, el primero liderado
por Estados Unidos de América y el segundo liderado
por la entonces Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas, cuya costumbre era permanecer en el poder
por la fuerza, ajeno a toda práctica democrática,
y en todos aquellos países, cuando no asumieron el
poder por la fuerza, donde fueron elegidos democráticamente
gobiernos proclives a la Unión Soviética,
se desataron cruentas guerras civiles que concluyeron con
sangrientos genocidios. En Chile, el gobierno de la Unidad
Popular, liderado por Salvador Allende, fue proclive a la
Unión Soviética y con él comenzó
a gestarse, la toma y permanencia en el poder por la vía
armada. Así, principalmente en el año 1973,
se hicieron innumerables allanamientos en las sedes de la
Unidad Popular, Partido Comunista, empresas "tomadas"
y otras agrupaciones afines, y fue sorprendente la cantidad
de armas de guerra, la mayoría de fabricación
soviética, que fueron encontradas y requisadas por
las fuerzas armadas, arsenales que, por cierto, fueron traídas
clandestinamente al país para ser utilizadas en contra
de los propios chilenos.
Todo
el desastre económico, el atropello a los derechos
fundamentales de las personas y a todos los poderes del
estado llevaron a que tanto la clase política opositora,
incluida la Democracia Cristiana, como la mayoría
de los chilenos, pidieran cada vez con mayor fuerza, la
intervención de las Fuerzas Armadas, quienes, por
respeto a la institucionalidad, demoraron en exceso su intervención.
Fue
así como nació el pronunciamiento militar
que lejos de ser un movimiento golpista, como hoy la clase
política gobernante quiere hacerlo aparecer, fue
un acontecimiento histórico, responsable y valiente
por parte de las fuerzas armadas que se anticiparon a que
las armas, que fueron encontradas antes y después
del pronunciamiento, incluso en la propia moneda, fueran
usadas en contra de los chilenos, previniendo el triste
devenir que ello hubiera significado al salvar a Chile de
una inminente y devastadora guerra civil. Sobre el particular,
recuerdo como, en una clase de historia, en el Instituto
Politécnico de Curicó, un conocido profesor
oficialista nos dio una clase magistral de guerrillas y
estrategia militar.
Todos
quienes participaron hasta las últimas consecuencias
en el gobierno de la Unidad Popular, seguramente estaban
convencidos que el único camino posible, para alcanzar
una patria más justa, era su permanencia en el poder
aun si ello debiera hacerse por la vía armada y sin
importar sus consecuencias, además que con ello,
se sumaría un ejército más a las filas
de la Unión Soviética, que visto desde la
perspectiva de la guerra fría, internacionalmente,
era una derrota para los ideales, justos o no, liderados
por Estados Unidos.
Posteriormente,
cuando colapsaron las ideologías denominadas de oriente
y se impusieron, naturalmente, las de occidente, cuyos principales
hitos son el desmembramiento de la Unión Soviética,
y la destrucción del muro de Berlín, todas
aquellas ideologías totalitarias y antidemocráticas,
que nos llevaron irresponsablemente al caos y que atropellaron
sin contemplaciones los derechos fundamentales de todos
los chilenos, vuelven a surgir, pero con el apellido de
renovadas. Así, es posible ver a los mismos políticos
de ayer, que durante el gobierno de la Unidad Popular, en
beneficio propio, omitieron defender la propiedad privada
y los derechos humanos, ahora como sus más fervientes
defensores. En definitiva, un cambio "angelical"
que les ocurrió, de la noche a la mañana,
por ejemplo, a los socialistas "renovados", la
izquierda "renovada", etc. Un milagro que por
la "magia" de la política, los dejó
libres de toda culpa, todo lo sucedido entre los años
1970 y 1973, fue por culpa de otros pero jamás de
ellos.
Si
bien son reconocidos, aunque no se digan, los cambios trascendentales
que hubo durante el gobierno de las Fuerzas Armadas, gracias
a cuya estructura el país hoy puede disfrutar de
estabilidad y progreso económico que le ha dado prestigio
y respeto en todo el mundo, son reconocidos, también,
el atropello a los derechos humanos, hecho lamentable, difícil
de superar y que tiene negativamente marcada a la sociedad
chilena. Sin pretender justificar aquellos lamentables acontecimientos,
a juzgar por la experiencia de otros países, peor
hubieran sido los resultados si el Gobierno de la Unidad
Popular hubiera desatado una guerra civil, como se veía
venir.
En
ambos casos, el idealismo extremo, hasta fanático,
nos condujo a esas lamentables consecuencias y pareciera
ser, por los acontecimientos desatados con la muerte del
General ® Pinochet, que de ello Chile nada ha aprendido
y que la clase política, lejos de buscar mecanismos
para superar esas heridas, le interesa más mantenerlas
siempre latentes y con ello las mismas odiosidades que en
antaño nos condujeron al fracaso. Tal vez el lema
es "dividir para reinar", pues a río revuelto,
ganancia de pescadores.
Ahora
bien, con la entrega del mando que hiciera el Presidente
Pinochet, en una transición pacífica a la
democracia, al primer presidente elegido democráticamente
después del pronunciamiento militar, se inicia el
gobierno de la Concertación, cuyos dos primeros gobernantes
fueron miembros de la Democracia Cristiana a quienes les
cupo una activa participación en la elección
de Salvador Allende como presidente de la república
y posteriormente en la coalición que pedía
su salida y la intervención de las Fuerzas Armadas.
Este conglomerado con mucha fuerza y justa razón,
utilizó como una de sus principales banderas de lucha,
el esclarecimiento de la verdad en los atropellos a los
derechos humanos acaecidos en Chile durante el régimen
militar, pero, por otra parte, por la misma responsabilidad
y complicidad que les cupo en el nefasto gobierno de Salvador
Allende, no han sido capaces, ni suficientemente responsables,
ni han tenido el valor de reconocer, con la misma fuerza,
los errores que la misma clase política cometió
en el pasado y que nos llevaron a la necesaria intervención
de las fuerzas armadas. Así, mientras se criticaba,
perseguía y condenaba a los uniformados por los atropellos
a los derechos humanos, paralelamente, en diciembre de 1991,
se otorgaba protección diplomática y posterior
asilo político, supuestamente por razones humanitarias
a Erick Honecker, uno de los más sanguinarios y genocidas
gobernantes de Alemania Oriental, que hizo construir el
muro de Berlín, vergüenza mundial que dividió
a Alemania en dos y donde fueron asesinados miles de alemanes
orientales por el solo delito de intentar cruzar hacia occidente.
Este hecho, impidió que este tirano fuera extraditado
por la nueva Alemania unificada, que también, con
justa razón, pretendía seguirle un juicio
por sus múltiples violaciones y atropellos a los
derechos humanos. Un doble estándar que, a la luz
de la mencionada bandera de lucha, resultaba desconcertante
y contradictorio para un ciudadano como yo.
Hoy,
a cuatro gobiernos liderados por la concertación
de partidos por la democracia, gracias a los lineamientos
y bases fundamentales establecidas durante el gobierno militar
Chile es el país que presenta los mayores índices
de desarrollo de la región y del mundo, pero también,
por otra parte, en todos estos años de gobierno democrático,
la clase política poco ha hecho para disminuir los
excesivos niveles de desigualdad social que ha generado
la economía de mercado. Pero además, resulta
triste ver cómo han crecido los índices de
delincuencia y de inseguridad en las calles y, a manera
de ejemplo, resulta vergonzoso ver a Carabineros de Chile,
custodiando una marcha de encapuchados pertenecientes al
FPMR, personas incapaces de protestar o manifestar sus ideas
de cara al país y, en un hecho posterior, donde,
a vista y paciencia de todos, uno de esos encapuchados,
frente a la moneda y en un acto indigno y cobarde es aplaudido
por quemar una bandera de Chile, mi querida bandera. Demás
está decir que en todas las protestas quienes causan
los mayores actos de violencia y vandalismo son, precisamente,
encapuchados ante los cuales, Carabineros se ve impedido
de intervenir, so pena de ser sancionados, aun cuando los
ataquen directamente con piedras, palos y bombas incendiarias,
porque a fin de cuentas, ante la autoridad, sólo
los Carabineros son violentistas, en consecuencia, avanzamos
hacia el absurdo en que el agresor es la víctima
y el agredido el victimario. Del mismo modo hemos sido testigos
de innumerables casos de corrupción en que un grupo
de personas, pertenecientes al gobierno, aparte de repartirse
los cargos públicos, se arrogan la propiedad de dineros
que pertenecen a todos los chilenos y lo más triste,
destinados a los más pobres de Chile, por ejemplo,
el uso de los gastos reservados para campañas políticas
o para justificar sobresueldos o mayores ingresos de personeros
públicos y privilegiarlos además con el no
pago de impuestos, el último de ellos el caso Chile
Deportes, en donde un senador oficialista del PPD, pese
a haber reconocido haber manipulado la información
con antecedentes falsos acerca del financiamiento de su
campaña electoral, permanece impune, todos flagrantes
dolos que son una vergüenza nacional y que gozan de
especial protección, lo mismo que el abuso de poder,
tal cual como ocurrió, por ejemplo, con un carabinero
que fue agredido en Rancagua por un hijo de la entonces
Ministra de Relaciones Exteriores y hoy Senadora de la Democracia
Cristiana, Soledad Alvear, en que el carabinero agredido,
en un juicio que la prensa debiera reeditar, fue dado de
baja y posteriormente, gracias a un fallo judicial, debió
ser reintegrado y donde además debió renunciar
un valioso oficial de carabineros, seguramente por no favorecer
los intereses de la Ministro, porque no hay que olvidar
que también los cargos superiores de las fuerzas
armadas, hoy se rigen más por cánones políticos
que técnicos. Estoy seguro que estas personas, lejos
de buscar el beneficio del país, buscan el beneficio
personal, pues los hechos así lo demuestran.
Al
margen si corresponde o no rendirle determinados honores
al ex presidente Pinochet, claramente con su fallecimiento
quedó demostrado que el país se encuentra
dividido, pero no en dos, sino en tres principales grupos.
Los primeros, pertenecientes al oficialismo y que le siguen
rindiendo homenajes al ex presidente Salvador Allende, como
si hubiera sido un gran gobernante, única forma de
justificar u ocultar la complicidad de los actuales dirigentes
oficialistas; los segundos, los partidarios del ex presidente
Pinochet a quien la clase política, tal vez por envidia,
nunca le ha reconocido su gran obra en el plano económico,
revolución que jamás serán capaces
de emprender, pues si se verifican las leyes que son promulgadas,
claramente se puede apreciar que están preocupados
de temas secundarios legislados, además, pobre o
inconclusamente y, en las cosas importantes, basta con ver
el vergonzoso caos que ha generado la reforma a los tribunales
de justicia impulsada por la Concertación; y los
terceros, que no nos sentimos plenamente identificados ni
con el oficialismo ni con la oposición y que en el
fondo son quienes sufrimos las consecuencias de la cada
vez mayor cantidad de desatinos de la clase gobernante y
de la clase política en general y que somos los que
en definitiva, en nuestro país cada vez más
corrupto, jamás tendremos cabida, pese a ser ciudadanos
chilenos, porque, desinteresadamente, estamos dispuestos
a trabajar, verdaderamente, por un Chile mejor, y por lo
mismo, donde se respeten las áreas verdes y la vida
silvestre, donde no se roben la plata de todos los chilenos,
donde no se usen los cargos públicos para enriquecimiento
personal, donde los delincuentes, cualquiera sea su calificación,
no abunden por las calles y sean severamente sancionados,
donde la democracia no signifique dar espacio a pedófilos,
narcotraficantes ni falsificadores, donde se construyan
viviendas dignas, seguras y sólidas hasta al más
humilde de los chilenos, donde la buena educación
sea un derecho y una realidad para todos, donde el acceso
a la salud sea de calidad y para todos por igual, donde
los parlamentarios no se fijen sueldos millonarios que son
una vergüenza para todos, especialmente para los más
pobres del país; donde las cuentas públicas
sean claras y transparentes y estén al alcance de
todos, donde nos respetemos unos a otros, donde construyamos
un país que alcance para todos y no para algunos
pocos, en definitiva, donde todos unidos trabajemos para
hacer de Chile una verdadera gran nación.
JUAN
DOMINGO MUÑOZ RECABARREN
RUN 7.902.262-4