El Sábado 9 de Diciembre, fuimos convidados con mi
señora, a pasar ese fin de semana en un hotel enclavado
en la montaña, casi al final del valle de Paihuano,
donde los ocres contrastan con los fuertes verdes de los
parronales. Una tarde apacible junto a unos huasos preparando
el ganado que pronto subirían a los valles aun más
arriba, en la cordillera de Los Andes. Después, la
noche atrayente, iluminada por estrellas que a esas altitudes
se multiplican en un sinfín de rosarios.
Era
un preámbulo calmo para lo que venía. El Domingo,
bajamos por cerca de una hora a través de un buen
camino de tierra, serpenteando el valle hasta llegar a Pisco
Elqui. Ahí oímos misa católica en una
gran iglesia típica del norte chico, muy bonita.
Después de degustar un exquisito jugo de fruta natural,
seguimos bajando por el valle hasta llegar a almorzar al
Halley, un restaurante de la ciudad de Vicuña. Estábamos
saboreando una cazuela chilena y un rico pastel de choclo,
cuando sentimos un pequeño grito de angustia, nos
paramos a ver, se pidió que aumentaran el volumen
de la televisión. Eran las dos y cuarto de la tarde,
anunciaban la muerte del general Pinochet. La cara de los
comensales era de congoja, hubo silencio, cada uno meditó
lo propio. Yo sentí pena, una gran pena, en la hora
de la muerte del hombre que me salvó la vida y la
de mi familia. En esa pequeña meditación,
junto a mí, pasó un garzón de unos
treinta y cinco años, bigote, no muy alto, abarrilado,
de no menos de unos 180 Kgs. de peso, diciendo en voz alta:
"este es el día más feliz de mi vida".
El
contraste del paisaje hacía honra al sentir de los
chilenos.
De aquí en adelante, fue sólo escuchar el
rugido de animales heridos, tal vez asustados, dando rienda
suelta a tropeles de mentiras; haciéndose, casi por
consigna, escritores y jueces de la historia. Ahí
estaba en primera plana: Pamela Pereira diciendo que Pinochet
dividió el alma nacional; Sergio Bitar, con una bola
de vidrio, haciendo juicio histórico; Patricio Halles,
ex comunista, enojado porque le van a rendir honores militares;
un democristiano haciendo gala de algo similar, etc. Ya
mucho más tarde, después de pedir permiso
al partido comunista, que a esa hora se apostaba en la plaza
Italia, junto al lumpen que siempre los acompaña;
salió a dar la cara el ministro Lagos Weber, por
primera vez turbado y hablando como autómata, sin
capacidad de razonar ante preguntas obvias.
Desearía
dejar en esta nota, algunos alcances que contribuyan para
el juicio de futuras generaciones, porque lo que hasta ahora
he escuchado, son muchos dichos inexactos.
Ante
todo, tenemos que estar de acuerdo que Pinochet no salió
por varita mágica. Salió porque el marxismo
había introducido su cola en Chile, dividiendo el
alma nacional con su "lucha de clases" y su "dictadura
del proletariado". Definitivamente, no fue Pinochet
el que dividió a Chile.
En
seguida, el gobierno de Pinochet se enfrentó a:
1º
Ordenar un país que se encontraba totalmente fuera
de control,
2º
Dar una nueva institucionalidad que nos permitiera estabilidad
social, en el marco del respeto y libertades individuales,
y
3º
Impulsar una reingeniería al aparato estatal, haciéndolo
más pequeño y eficiente; y estableciendo
las bases de una economía de libre mercado que
permitiera un buen desarrollo para el bienestar de la
población.
La tres propuestas se cumplieron, algunas no tan bien,
como el ordenamiento, donde desgraciadamente se rompieron
las libertades individuales, contradiciendo lo que precisamente
se deseaba reestablecer; y digo reestablecer, porque los
derechos humanos ya se habían pasado a llevar por
el régimen marxista del gobierno del presidente
Allende. De hecho, mandó a asesinar a mi entonces
jefe, don Edmundo Pérez Zujovic.
En
definitiva, Pinochet y su gobierno: derrotó al marxismo,
al menos en Chile; salvó la vida a todas las generaciones
futuras descendientes de padres, que como el que escribe,
estaría bajo tumba en un régimen como el que
se trató de establecer en nuestra patria; reorganizó
un país moderno y productivo, que hoy nadie puede
desconocer por sus frutos. Durante su gobierno, llamó
tres veces a consulta a través de votación
popular, en la primera lo elegimos presidente de Chile;
en la segunda, aprobamos la constitución del año
80; y en la tercera, decidimos cambiar de gobierno. Entonces,
Pinochet entregó el mando y respetó la transición.
¿Dictador?
Chile
fue el único país del mundo que resistió
el embate marxista, lo combatió y lo derrotó.
Este es un hecho, que a pesar de haber ocurrido en un país
lejano y de pocos habitantes, no podía pasar como
inadvertido ni ser perdonado por el socialismo internacional.
No olvidemos jamás, que el socialismo internacional
marxista, constituye el genocidio más grande de la
historia universal, con más de 110 millones de asesinados,
lo que corresponde a 20 Hitleres, este último sí,
con otro tipo de socialismo, el nacional socialismo, pero
ambos ateos y sin reconocer al hombre como ser trascendente.
Estos son algunos de los socios de la actual "concertación":
socialistas, radicales y que tienen como repuesto al partido
comunista.
Son
millones y millones de experiencias personales tanto de
un lado como del otro. Chile se encuentra dividido en dos,
con cantidades más o menos iguales. Ambas mitades
debemos convivir lo mejor posible y tratar de que una mitad
no destruya a la otra. Para esto, todos, tenemos una disyuntiva
en un camino que se divide en dos.
Un
camino es el de la guerra, la destrucción y el odio,
que no solamente nos carcome la sana convivencia sino nuestra
alma, entre ellas el alma nacional. Teniendo además,
un fin incierto, toda vez que no sabríamos decir
con seguridad cual fracción va a ganar.
Modestamente,
yo invito a todos los chilenos a transitar por un camino
más sano aunque más difícil, es el
camino del amor, el de la entrega, el bien del otro, en
fin, el camino que tiene un fin decididamente claro, cual
es el de la felicidad de una nación. Este camino,
indudablemente pasa por el perdón, podemos pensar
que es el camino que nos da la oportunidad de perdonar.
Tú, que eres de un lado, ¿perdonarías
de corazón al que más daño te hizo,
del otro lado?... Este camino es difícil, muy difícil
.
Perdonarnos entre nosotros es una cosa, pero mucho mayor
e imprescindible, es perdonar a nuestros enemigos; y es
aquí donde se va a marcar la diferencia de nuestra
futura nación.
Vuelve
a anochecer, el cielo se vuelve a estrellar, la luz de la
noche nos vuelve a excitar, una estrella fugaz se hizo notar.
La noche pasará y mañana habrá otro
día, pero no olvidarás la estrella de la otra
noche.