José
Piñera
(jose@chile.com)
Noviembre 2006
Milton Friedman termina su histórica carta del 21.4.75
al Presidente Pinochet afirmando que "si Chile toma
hoy la senda correcta, creo que puede lograr un milagro
económico: despegar hacia un crecimiento sostenido
que proveerá una ampliamente compartida prosperidad".
Ya
nadie en el mundo desconoce que ese "primer milagro"-
el crecimiento acelerado y el incremento del standard de
vida de todos los chilenos- ocurrió una vez que,
a partir de 1975, los economistas liberales chilenos ganaron
el dificilísimo combate contra la hiperinflación
heredada del gobierno de Allende y realizaron, contra viento
y marea, trascendentales reformas estructurales.
Años
después el Premio Nobel escribió que el "milagro
chileno" no era tanto que el modelo de libertad económica
hubiera provocado una explosión de prosperidad para
todos, pues esa es una correlación probada por la
teoría y la experiencia mundial. Más bien,
le parecía que el milagro había sido que los
economistas liberales hubieran tenido el coraje de aplicar
esas conocidas ideas y la capacidad de convencer a decenas
de generales y almirantes, entonces habituados a la planificación
central de sus actividades y al estatismo en sus vidas diarias,
a que aceptaran una estrategia de desarrollo basada en la
libertad personal, la empresa privada, el rol subsidiario
del estado y la apertura al mundo.
En
cierta ocasión le comenté al profesor Friedman
que sin duda hubo un ejercicio de verdadero liderazgo y
un enorme logro "educacional". Pero que, tras
mi experiencia en la concreción y aprobación
de tres modernizaciones radicales, podía testimoniar
que no fue un "milagro", sino la consecuencia
de un compartido amor por Chile y un prisma lógico
convergente de dos grupos de genuinos servidores públicos.
Y
le manifesté que el verdadero milagro, o si se quiere
el "tercer milagro chileno", fue cómo algunos
economistas liberales lograron impulsar un original proceso
de "democratización desde adentro" y construir
una "democracia al servicio de la libertad".
Fueron
dos proezas de manera simultánea:
a)
convencer a un gobierno de emergencia, y legítimo
de origen, a entregar el poder político, algo
único en la Historia, y más aún
hacerlo en el clímax de su éxito económico,
b) construir una democracia con poderes limitados, en
la línea del equilibrio de poderes, necesario
para proteger la libertad, que consagró en su
texto el padre de la Constitución de Estados
Unidos, James Madison, y que explicó brillantemente
en "El Federalista".
Los cuatro puntos de inflexión de esta epopeya fueron:
1.
El modelo económico iniciado en 1975. La fuerza
objetiva más potente detrás de la dinámica
del retorno a la democracia fue el modelo económico
de libre mercado y apertura al exterior que amplió
los espacios de libertad individual, descentralizó
el poder económico y social como no lo había
hecho antes ningún gobierno, y finalmente creó
una clase media propietaria que fue una aliada crucial
en la transición hacia un estado de derecho y elecciones
políticas. Como lo ha demostrado Alvaro Donoso,
al elevar la tasa de crecimiento del PIB per cápita
desde 0,9% anual (1810-1983) a 4,3% anual (1984-2004),
"el modelo chileno lleva a que los nietos puedan
aspirar a ser 8,2 veces más ricos que sus abuelos".
2.
La democracia laboral ya en 1979. El primer paso efectivo
hacia la democracia se dio en 1979 con las elecciones
sindicales que permitió el Plan Laboral. En efecto,
la ley de organizaciones sindicales de junio de ese año
estableció en Chile el sindicalismo libre y restauró
la plena democracia laboral. En esos días William
Thayer, ex Ministro del Presidente Eduardo Frei Montalva,
denominó a la elección libre de miles de
dirigentes sindicales "un ensayo general para el
retorno a la democracia". Un año después,
el mismo Thayer afirmó en una entrevista: "El
Plan Laboral ha creado una total democracia sindical en
un país que está todavía en una situación
de emergencia. Es notable que haya sido en el área
laboral donde la democracia haya sido primero restablecida".
(Revista Qué Pasa, 24.7.80).
3.
La Constitución aprobada en 1980. Los economistas
liberales fueron miembros claves del equipo civil que
logró la aprobación de la Constitución
de 1980. Ella no sólo introdujo innovaciones que
explican la estabilidad actual (segunda vuelta presidencial,
iniciativa excluyente del Ejecutivo en materias de gastos
e ingresos, protección efectiva del derecho de
propiedad, libertad de trabajo sin restricciones gremiales,
etc.), sino que contenía en sus disposiciones transitorias
un cronograma detallado de retorno a la democracia, el
cual se cumplió estrictamente. Tengo ante mí
"copia fiel" del original del decreto ley No
3.464 firmado en la sesión de gabinete extraordinaria
del viernes 8 de agosto de 1980 en que se selló
el retorno a la democracia. Se titula "CONSTITUCION
POLITICA DE LA REPUBLICA", y lleva la firma de tres
economistas liberales. Las incoherencias puntuales de
ese texto con la concepción liberal (como senadores
designados y comandantes en jefe votando con sus superiores
civiles en un consejo de seguridad nacional) fueron modificadas
consensualmente en la reforma del 2005, como era esperable
y deseable.
4.
Las instituciones de la libertad construidas durante la
transición 1981-90. Fareed Zakaria en su libro
"El Futuro de la Libertad", una versión
moderna de "Democracia en América", el
clásico de Alexis de Tocqueville, argumentó
a favor de crear las llamadas "instituciones de la
libertad" antes de llamar a elecciones de autoridades.
Sin ellas sólo se tiene una "democracia iliberal",
como aquellas que han jalonado la historia de América
Latina y del Tercer Mundo. Pues bien, durante el período
de transición (1981-1990), los economistas liberales
lograron, entre otros avances de esta naturaleza, la libre
creación de universidades privadas, la puesta en
marcha del Banco Central autónomo (que ya había
sido incorporado a la Carta Fundamental), la apertura
a la televisión privada, y la Ley Constitucional
Minera.
Todo
lo anterior no fue un mero documento con ideas o un plan
de acción, sino que algo que se hizo, y que se hizo
en las más difíciles circunstancias internas
y externas imaginables.
Esta transición constitucional condujó a la
consolidación del modelo económico y las modernizaciones
sociales, lo que le permite a Chile aspirar a ser un país
del Primer Mundo para su bicentenario (aunque ya no el 2010,
aún es posible el 2018).
El
proceso chileno es un caso emblemático de secuencia
virtuosa en la construcción de sociedad libre y es
la experiencia más exitosa de "redemocratización
desde adentro" en todo el siglo XX.
(Publicado
en La Tercera, Domingo 26 de Noviembre, 2006)
(Haga
clic aqui si desea leer: "Cómo
se destruyó la democracia en Chile", del
mimo autor).