Los
sistemas dinámicos y la teoría del caos formulada
a mediados del siglo pasado por Lorez, Mandelbrot y otros,
como un intento de explicar el orden del cosmos, nos habla
de una relación intima y continua de acontecimientos,
una cadena de causa y efecto que va ligando de forma impredecible
eventos singulares, pero que en forma general adoptan un
orden que obedece a una geometría denominada Fractal
(Benoit Maldelbrot 1975).
De
ahí que la afirmación "Una mariposa aletea
en Pekín y llueve sobre Europa" (efecto mariposa
1963) refleje esa relación causa efecto; es decir,
en sistemas no lineales, pequeñas variaciones en
el estado inicial generan inmensas diferencias en el estado
final. Al aletear sobre Pekín, una mariposa modifica
una serie de acontecimientos que producen una lluvia sobre
Europa.
¿Es
eso posible? ¿Tiene tanto poder una mariposa? ¿Cuánto
podría hacer un hombre con mínimo esfuerzo
físico?
El
hecho de que la mariposa no sea conciente de las consecuencias
de su aletear no le resta capacidad, ella pudo, con solo
aletear, hacer llover sobre Europa.
Y
si pudiéramos ser concientes de nuestros actos. ¡Si
el hombre pudiera levantar la vista y observar las consecuencias
más remotas de su actuar!
Pareciera
que nuestra mente no tiene semejante capacidad, escasamente
somos concientes de las consecuencias inmediatas de nuestras
acciones
requeriríamos una mente "supra-conciente"
una mente tremenda capaz de integrar una cantidad gigantesca
de variables y calcular las respuestas a una infinidad de
eventos en forma simultanea.
Un
trabajo difícil para nuestra mente, sin embargo todos
lo hemos hecho en alguna oportunidad, una expansión
de la conciencia que nos ilumina un segundo y tenemos la
certeza de que algo sucederá, la intuición
clara y firme de algo. Nos asombramos, y luego queda nuestra
historia personal marcada por un hecho mágico y asombroso,
pero eventual.
Si
pudiéramos ser plenamente concientes de nuestros
actos, nuestro poder sería infinito y nuestros actos
posiblemente extraños a la vista de los inconcientes.
"Pero
nuestra conciencia no se desarrolla inconcientemente",
es necesario un trabajo continuo sobre nuestra voluntad
y nuestra inteligencia, una manera puede ser escuchar a
aquellos que lograron una conciencia iluminada y seguir
la luz de sus enseñanzas, me refiero a la Enseñanza
de los Grandes Maestros de la Humanidad.
El
hacerse conciente de los efectos de nuestros actos requiere
comprender que, causa y efecto, son parte de un fluido continuo
y que nosotros podemos actuar en vez de reaccionar, es decir
actuar con conciencia.
Este
fluido continuo de causa y efecto toma un orden, una geometría
especial denominada "Fractal". Esta geometría
de los acontecimientos guarda una relación entre
lo menor y lo mayor, un ejemplo de esto es la geometría
de los árboles. La relación entre el tronco
y las ramas es similar a la de las ramas y las ramitas,
las ramitas y hojas etc. En general la relación formal
repite lo menor en lo mayor.
En
la antigüedad, un maestro egipcio llamado Hermes Trimegisto
formuló algunos principios, uno de ellos decía:
"Como es arriba es abajo", como es en lo pequeño
es en lo mayor, entonces no sería necesario mirar
tan lejos, solo observando lo menor podemos intuir lo mayor.
Observando el proceso podemos intuir un final.
Pareciera
que esta Fe en el resultado, al realizar una determinada
acción, esta certeza de que las consecuencias de
mi actuar me conducirán al fin esperado, es una virtud
que se presenta cuando hacemos "lo correcto",
cuando obedecemos a nuestra "conciencia", cuando
hacemos cosas porque están bien y nos olvidamos del
resultado. A esa virtud la llamo La Esperanza, la primavera
en nosotros.
La
intuición y la esperanza parecen vibrar en este principio
de correspondencia, parecen obedecer a la geometría
fractal entregando una luz de unidad atemporal que son causa
y efecto a la vez.
Si
nos observamos a nosotros mismos podemos identificar distintos
niveles de conciencia:
El
más básico responde al input de necesidades
físicas tales como la sed, el hambre, el sueño
y genera un mecanismo de respuesta, una inteligencia animal
o INSTINTO destinado a cuidarnos.
Al parecer la voluntad del instinto es cuidar y preservar.
Un
segundo nivel responde al input de necesidades emocionales
tales como el afecto, el cariño, la alegría
y todo el mundo de emociones que nos permite reaccionar
y responder ante los estímulos de nuestro pensamiento.
La inteligencia emocional de este nivel nos vincula como
grupo y su voluntad es QUERER.
Un
tercer nivel que nos conecta con nuestro ser más
interno, su inteligencia tiene que ver con la intuición
y su voluntad es la esperanza (similar a la voluntad del
Padre). Aquí radica la Esperanza, como la virtud
que guíe todos los niveles de nuestras conciencias.
La Esperanza de que el movimiento generado por tu intuición,
alcanzará la voluntad del Padre.
La
ley de correspondencia permite que la voluntad de lo superior
domine sobre la inteligencia del plano inferior.
La INTUICIÓN domina sobre la EMOCIÓN.
La EMOCIÓN domina sobre el INSTINTO.
La conciencia superior prevalece.
Al
parecer el asunto no es como desarrollar nuestra conciencia
sino más bien como permitir que la conciencia nos
desarrolle. Como dejar que la conciencia superior nos bañe
y nos transforme para que nuestras acciones estén
alineadas con la voluntad de lo Alto.
"pequeños
cambios en las condiciones iniciales del sistema generan
enormes cambios en el resultado".