Al
iniciar esta presentación quiero agradecer muy especialmente,
y por partida doble, a los organizadores de este evento
minero.
Primero porque, evidentemente, para un chileno es un orgullo
poder exponer en Argentina sobre un tema en que Chile es
líder a nivel mundial y, en segundo término,
porque a estas alturas de la vida, en que los "muchachos"
de 50 nos ven a los algo mayores como desechables, una oportunidad
como esta es una especie de "viagra profesional"
que tonifica y da nuevos ímpetus.
Ahora
bien, hablar del desarrollo que provoca la minería
en Chile es sumergirse en la historia de Chile.
Sin embargo, hablar de minería es mucho más
amplio: Es hablar de la historia de la humanidad.
La
minería, a no dudarlo, está entre las actividades
más antiguas y fundamentales desarrolladas por el
hombre.
No es una casualidad que la historia de la humanidad se
refiera a la edad de piedra como el período en que
el hombre aparece en la escena mundial.
De
la extracción de materiales de canteras para la confección
de herramientas y armas, se evoluciona a la edad del hierro
y luego a la edad del cobre, una vez que el hombre domina
el fuego y desarrolla ciertas técnicas que le permiten
procesar y elaborar los metales, constituyéndose
esa etapa en la primera revolución tecnológica
de la humanidad, la que, a todas luces, resultó en
un espectacular mejoramiento de la calidad de vida de los
pueblos de la época.
Hoy
en día, la utilización de elementos metálicos
y no metálicos provenientes del subsuelo se ha generalizado
a todos los ámbitos del quehacer del hombre, incluyendo
desde elementos básicos para la fabricación
de enseres, la construcción de viviendas, fabricaciones
industriales, comunicaciones, generación y transmisión
de energía, electrónica, medicina, hasta los
productos más sofisticados utilizados en tecnologías
de punta, incluidas las exploraciones espaciales.
La
realidad indica que en el mundo, en la actualidad, difícilmente
puede identificarse alguna actividad donde, directa o indirectamente,
no se utilicen productos cuyo origen sea la minería.
En
Chile la evolución de la actividad minera ha estado
estrechamente ligada a su historia, coincidiendo, en distintas
épocas, los períodos de mayor esplendor, con
el auge de esta actividad, al igual que, desde la conquista
misma, la minería ha tenido especial repercusión
en momentos difíciles para la nación.
La
extracción de metales del subsuelo y su elaboración
posterior, eran actividades que desarrollaban los grupos
originarios del país mucho antes de la llegada de
los españoles en el siglo XVI.
Durante
la colonia, el oro y la plata financiaron a la Capitanía
General de Chile.
Según
Von Humboldt, en 1800 Chile fue el mayor productor de oro
del mundo: 2.000 kilos al año.
Cuentan
las crónicas que cuando Francisco Pizarro capturó
al gran jefe Atahualpa, le exigió el rescate más
elevado de la historia: trazando con su espada una señal
en lo alto de la muralla de la pieza donde estaba el prisionero,
le propuso llenar todo ese espacio de oro a cambio de su
libertad. Sabemos que el oro se obtuvo, no así la
libertad de Atahualpa.
Lo que no es muy conocido, sin embargo, es que el oro del
rescate habría venido en buena parte del norte de
Chile
El
historiador Benjamín Vicuña Mackenna relata
que "en el largo y penoso curso del siglo XVII, con
sus graves crisis, hubo un campo minero cuya riqueza sostuvo
al reino y con sus producciones evitó el cataclismo".
Más
adelante, cuando en 1832 un modesto arriero descubrió
el riquísimo mineral de Chañarcillo, "la
aldea de Copiapó adquirió la categoría
de ciudad, convirtiéndose, en virtud de la fiebre
argentífera, en una especie de California chilena"
El
carbón y el salitre marcaron toda una época
en la vida nacional.
Hay
incluso quienes hacen referencia a nuestra trayectoria económica
como país antes y después del salitre.
No es de extrañar: la extracción salitrera
era la única actividad que pagaba impuestos en esa
época
En
el caso del cobre, no hay duda de que éste sigue
y seguirá siendo gravitante en la actividad y economía
chilena.
En
los años 60 el cobre llegó a significar más
del 80% de las exportaciones del país.
En esos años se consideró al cobre como "la
viga maestra de la economía chilena" y otros
lo llamaron "el sueldo de chile"
Pero,
¿es todo esto maná que cae del cielo y basta
con tener riquezas minerales para cosechar sus frutos?
Ciertamente que no y en Chile tuvimos que vivir días
muy duros para llegar a convencernos de esta realidad.
Esa
dependencia del cobre tan extremadamente marcada, dejaba
al país en un grado de vulnerabilidad extrema. Bastaba
que el precio de Londres cayera algunos centavos para que
la economía nacional se estremeciera. La viga maestra
de un solo apoyo presentaba riesgos más allá
de lo que la prudencia aconsejaba.
Vale
la pena también preguntarse ¿por qué
esas distintas etapas en vez de complementarse se fueron
sucediendo una a una dejando atrás, en el olvido,
a la anterior?
En
el caso del oro y la plata, se fueron agotando los yacimientos
y lavaderos de alta ley y fácil acceso y no existían
las tecnologías para ubicar y luego explotar yacimientos
de baja ley.
El carbón chileno perdió posición
en los mercados internacionales al ubicarse yacimientos
de calidad superior en otras latitudes.
El salitre, uno de cuyos usos principales era la fabricación
de pólvora y explosivos, fue sustituido por salitre
sintético elaborado por Alemania para enfrentar
los conflictos bélicos en que se vio envuelta.
El cobre, la viga maestra, cuyos precios se dan en función
de la demanda internacional, debió enfrentar sustituciones
y bajas de precios en varias oportunidades
Como broche de oro, el cobre chileno debió enfrentar
embargos y litigios internacionales cuando, a inicios
de los años 70, el gobierno de la época
decide expropiar los 4 grandes yacimientos en manos de
empresas extranjeras, cuyas producciones equivalían
al 90 % de la producción nacional, sin compensación
de ninguna especie.
En cada oportunidad, esta imprevisión, tan propia
de nuestros países sudamericanos, tiene un altísimo
costo para el país y su población.
En
los años 30 la actividad salitrera se paraliza y
produce una de las peores cesantías de la historia.
Aunque
la economía de Chile sigue estrechamente ligada a
la minería, en los 20 a 30 años anteriores
a 1970 no se desarrollan trabajos significativos de prospección
ni exploración geológica, lo que dejaba al
país sin yacimientos alternativos o de reposición.
El tema no es menor si se considera que para desarrollar
un yacimiento minero se requiere de fuertes inversiones
y de años de exploración geológica
antes de iniciar producciones.
El estatismo reinante, la tributación exagerada y
la inestabilidad de las reglas del juego no solo desincentivaban
cualquier intento de inversión. Simplemente los ahuyentaba.
Este ambiente, generalizado al resto de las actividades,
es el preludio del desastre económico y político
de principios de los 70, que lleva al quiebre de la institucionalidad
del país.
Evidentemente,
para desarrollar un sector minero sólido es indispensable
contar con yacimientos factibles de ser explotados. Sin
embargo, tan importante como contar con yacimientos explotables,
se requiere de condiciones que aseguren operaciones de largo
plazo, sin interferencias, entre las que se cuenta como
fundamentales, contar con reglas claras y estables, con
seguridad jurídica y con instituciones que, efectivamente,
funcionen.
En
resumen: confianza para invertir.
A
partir de 1974, en Chile se da paso a cambios trascendentales
que permiten revertir la situación de inseguridad
y de desconfianza para invertir en el país que se
arrastraba por demasiado tiempo: Se establece una economía
abierta con fuerte acento en la iniciativa privada en reemplazo
del estatismo y centralismo de los anteriores 60 a 70 años
y, paralelamente, se promulgan legislaciones y normas que
incentivan la inversión privada, garantizando un
trato igualitario y no discriminatorio a inversionistas
nacionales y extranjeros
Elemento
fundamental de este proceso es la promulgación del
estatuto del inversionista extranjero, más conocido
como el Decreto Ley 600 de 1974 o, comúnmente, DL
600
Entre
los principales elementos del DL 600 se destacan:
-
Una inversión extranjera se formaliza mediante
un contrato- ley entre el Estado de Chile y el inversionista
- Tales contratos leyes no pueden ser modificados unilateralmente
- Trato igualitario a inversionistas nacionales y extranjeros
- Garantía de acceso sin limitaciones al mercado
cambiario
- Garantía para repatriar utilidades y capital
- El inversionista puede optar por la tributación
normal del país o acogerse a tributación
invariable, aunque más alta, por plazos determinados
La
importancia de este cuerpo legal, promulgado el año
1974, no pasa inadvertida y en 1992 es ratificado en forma
unánime por el congreso en pleno, en todas sus partes.
Tales
legislaciones y normas garantizan una seguridad jurídica
que se traduce en reglas del juego claras y estables en
el tiempo.
A
continuación, en 1981 y 1983 respectivamente, se
promulga la ley orgánica constitucional sobre concesiones
mineras y un nuevo y actualizado código de minería.
Fundamental
es el rango constitucional que se da a la ley minera.
Para ser modificada requiere quorum calificado.
El
otorgamiento de concesiones mineras se canaliza a través
del poder judicial, donde el descubridor de un yacimiento
es quien tiene derechos prioritarios, sin interferencias
políticas ni administrativas, evitando así
situaciones de discriminación o corrupción.
Como
resultado de este proceso, en el sector minero se diversifica
notablemente la actividad extractiva, dejando atrás
las permanentes incertidumbres provenientes de la dependencia
de un solo producto, mientras, paralelamente, otros sectores
de la economía se diversifican y multiplican.
En
un plazo de 15 años, Chile experimenta un cambio
radical en materia de inversión local y extranjera
y de ahorro interno que lo lleva a un crecimiento sostenido
como jamás había tenido en su historia.
Tan
solo entre 1986 y 1990 se crean más de un millón
de plazas de trabajo, donde la minería, entre plazas
directas e indirectas, tiene una significativa participación.
El
impacto de la nueva legislación y en particular del
decreto del inversionista extranjero, es de tal magnitud
en la actividad nacional y con especial acento en la minería,
que hoy se puede diferenciar entre el Chile antes y el Chile
después del DL 600.
De
una producción anual de cobre de 800.000 toneladas
a inicios de los 70, Chile da un salto para hoy en día
producir anualmente 5.500.000 toneladas
Especial
mención merece el hecho que las 4 grandes minas estatizadas
en 1971, que en esa época representaban el 90% de
la producción de cobre del país hoy significan
solo el 40% de ésta, mientras las nuevas minas en
manos privadas responden por el 60% restante.
En el cobre, se ha logrado, entonces, consolidar un sector
minero estatal tradicional con un creciente y competitivo
sector minero privado.
Por otra parte y adicionalmente a la puesta en marcha de
nuevos yacimientos y la reapertura de otros gracias a la
aplicación de modernas tecnologías, Chile
ha alcanzado cifras de producción a nivel mundial
en oro, salitre, yodo, litio, renio y molibdeno e, igualmente,
ha logrado producciones sustanciales en carbón, selenio,
plata, plomo, cinc, bórax, fosfatos, azufre, diatomitas,
ulexitas, baritina, caolín y, en general, no metálicos.
Además
y afortunadamente para el país, este nuevo escenario
incentiva y permite el desarrollo de otras áreas
de la economía: pesca, acuicultura, salmones, vinos,
maderas, celulosa y papel, productos agropecuarios, software,
turismo y una gama de actividades "no tradicionales"
¿Qué
ha significado todo esto para Chile?
En primer lugar, ingresos por exportaciones que bordean
los US$ 40 mil millones, de los cuales el componente producción
minera, en 2005, significó 22,6 mil millones de
dólares.
Las cifras anteriores se traducen en que para el país
el aporte de la minería equivale a 16 % del producto
interno y el 57 % del total de exportaciones.
Seguidamente, trabajo directo, estable y muy bien remunerado
para 74.000 personas.
Trabajo indirecto para otras 370.000 personas.
El desarrollo de actividades nuevas o adicionales, relacionadas
con la minería:
¢
Servicios de variada índole,
¢ Investigación,
¢ Ingreso al país de tecnologías
de punta.
Especial
relevancia tiene el trabajo indirecto que genera la actividad
minera en forma permanente, el que se desarrolla a través
de asesorías, consultorías y contrataciones
con terceros o subcontratos.
Entre éstos, sin que sean excluyentes, están
los servicios en materias mineras, geológicas,
de metalurgia, de seguridad, de capacitación, entrenamiento
y desarrollo de personal y de materias ambientales. El
transporte en sus distintas formas, aéreo, marítimo
y terrestre. La topografía y fotogrametría
son herramientas de uso diario.
Agréguese los requerimientos de energía
a gran escala al igual que las comunicaciones y los servicios
de computación.
La construcción tiene una cabida prácticamente
permanente en la minería: Obras civiles, montajes
industriales, montaje de maquinarias y equipos, construcción
de aeropuertos, puertos marítimos, caminos y líneas
férreas, plantas de generación eléctrica,
líneas de transmisión de energía
y tendidos de tuberías.
Viviendas, oficinas y edificios en general.
No menores en importancia son las asesorías legales,
contables y tributarias, ni tampoco son ajenas a la actividad
una amplia gama de servicios y asistencia médica.
En términos de necesidades de abastecimiento la
minería, a no dudarlo, lidera la demanda en cuanto
a provisión de materias primas, de reactivos, de
combustibles, de agua, de maquinarias, de herramientas
y equipos y de repuestos.
Las actividades y servicios enumerados se traducen en
que la minería, en forma estable, por cada plaza
de trabajo directo genera otras 5 plazas de trabajo indirecto.
Las
cifras, datos y antecedentes descritos tienen como resultado
un impacto gravitante para el país y, muy particularmente
en las Regiones mineras.
Quien
haya conocido las ciudades del norte chileno hace 30 años,
hoy día no las reconocería: Iquique, Antofagasta,
Copiapó y La Serena, por mencionar algunas, son ejemplos
de actividad bullente, prosperidad y mejor calidad de vida
para sus habitantes.
Noticias
de reciente publicación confirman en forma categórica
las afirmaciones anteriores:
o Antofagasta tiene los sueldos más altos de
Chile
o Proveedores mineros alcanzan ventas por US$ 4.600
millones con17 firmas
o Fundación Escondida entrega cinco clínicas
dentales en Calama: este proyecto permitirá mejorar
la atención odontológica a más
de 32 mil personas de escasos recursos.
o Inician capacitación para trabajos que requerirá
Pascua Lama
o Dinamismo minero impulsa fuerte aumento de la construcción
en Antofagasta: el sector registró un crecimiento
record de 97% en 2005.
o Fundación Escondida entrega becas a indígenas
o Avanza construcción de puerto minero Punta
Totoralillo
o Precio del cobre desata boom de pequeña minería
Ahora
bien, ¿que se viene a futuro? Emprendimientos e inversiones
en el desarrollo de nuevos yacimientos o en la ampliación
de operaciones existentes. Entre los que se destacan como
de desarrollo inmediato:
Pascua Lama, Barrick, el primer proyecto minero en que
Chile y Argentina aúnan esfuerzos para desarrollarlo,
que, después de una larga y prolongada espera,
hoy está convirtiéndose en realidad.
Inversión: US$ 1.600 millones
Spence, BHP-Billiton
Cobre, inversión US $ 900 millones
Escondida, 5a etapa o lixiviación de súlfuros.
Cobre, inversión: US $ 800 millones
Expansión Los Bronces, Anglo American
cobre y molibdeno, inversión: US $ 1.100 millones
Gaby, Codelco en conjunto con Minmetals de la República
China
Cobre, inversión US $ 800 millones
Parece
ser que esa confianza que se ha logrado construir con el
esfuerzo de años, esta dando frutos y Chile está
consiguiendo superar esa imprevisión que tanto daño
le ha hecho.
Sin
embargo, para el mediano y largo plazo, el país debe
anticiparse a situaciones de agotamiento u obsolescencia
de sus yacimientos mineros y tener, en el área de
la minería, actividades alternativas que le permitan
aprovechar la experiencia de siglos en este campo.
Aunque
las reservas minerales que el país tiene definidas
permiten visualizar la ausencia de turbulencias por un prolongado
período, la anticipación y visión de
futuro que el país adopte serán claves y determinantes
en no repetir los errores e imprevisiones del pasado
Me refiero específicamente al desarrollo y exportación
de tecnologías relacionadas con la minería
tal como lo hicieron países de tradición minera
como Suecia y Finlandia, cuyos yacimientos minerales están
hoy en su mayoría agotados, que hoy venden maquinarias,
equipos y tecnología aplicables a la minería
a prácticamente todos los países donde hay
operaciones mineras
Chile
ya ha incursionado en este campo: Hace más de dos
décadas que la tecnología del Convertidor
Teniente II se vende al exterior. Software relacionado con
geología y minería es producido y utilizado
localmente y exportado a otras latitudes
Para
concluir debe reiterarse e insistirse que la minería
continuará teniendo una marcada gravitación
en las actividades del país y que las políticas
y líneas de acción que se han descrito y que
Chile adoptó y mantiene, son las que le han permitido
lograr el desarrollo, crecimiento y avance que hoy le son
reconocidos en todo el mundo y, a su vez, le están
permitiendo superar ese lastre que ha arrastrado por décadas:
El de ser un país potencialmente rico habitado por
gente pobre.
Muchas
gracias por su atención.